ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

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miércoles, 2 de junio de 2021

TEORIA DEL CUENTO: ESQUEMA TEORICO PARA ENTENDER SU ESTRUCTURA

 


En un Taller literario organizado por la editorial #Librosparapensar, los escritores Emilio Alberto Restrepo Y Carlos Alberto Velasquez hablaron sobre los aspectos técnicos del cuento, su estructura, las diferencias con otras estructuras narrativas. En este capítulo se revisa la estructura intrínseca del cuento, insistiendo en su UNICIDAD, característica fundamental




martes, 1 de junio de 2021

Breve taxonomía de ejercicios en los talleres de escritura Por: Andrés Delgado

 

Breve taxonomía de ejercicios en los talleres de escritura

Por: Andrés Delgado

OPINIÓN ONLINE | En esta breve taxonomía, Andrés Delgado examina y presenta algunos ejercicios de sus talleres de escritura creativa.

12/10/2018

https://www.semana.com/opinion-online/articulo/breve-taxonomia-de-ejercicios-en-los-talleres-de-escritura/71458/

 

 

La expresión “taller de escritura” es una divagación, un rodeo, una ambigüedad. Lo es porque es evidente que existen múltiples talleres para aprender y practicar la escritura. Por ejemplo, hay talleres de escritura periodística a los que van los poetas que evitan morir de hambre. Allí aprenden a resumir y concretar, evitando los adjetivos floridos y los juicios alborotados. Hay talleres de escritura académica: para aprender a firmar papers y ganar prestigio en la universidad. También existen talleres de escritura jurídica, administrativa, médica. Hay talleres de escritura científica: para bajar a la tierra el lenguaje de las ecuaciones diferenciales. A propósito, el matemático James Maxwell decía que hasta que no describía en inglés sus ecuaciones no tenía plena seguridad de haberlas entendido. Y, claro, hay talleres de escritura literaria, que transmiten una emoción: allí están los talleres de poesía, de cuento, de novela, incluso los talleres de crónica y ensayo, géneros donde el autor cobra lo suyo y no tiene que conservar el anonimato. En esta breve taxonomía de ejercicios comentaremos algunos que se proponen en los talleres de escritura literaria.

 

Ejercicios de estilo

En un taller de escritura literaria, doña Doralba alegaba que estaba harta de escucharme repetir que el estilo se refiere a las palabras que un escritor decidía utilizar. “El estilo es otra cosa”, decía, “el estilo no puede definirse de manera tan sencilla”. Ante tal enojo era mejor quedarse calladito, además porque a Doralba le encantaba escribir, pero no leer. De manera que yo cerraba el pico. Siempre es bueno saber en qué pelea ajustarse las mangas y en cual hacerse el bobo.

 

Ejercicios de estilo de Raymond Queneau está muy bien para estudiar el concepto. El libro va sobre una historia sencilla contada en dos párrafos. Luego Queneau la reescribe noventa y nueve veces de maneras distintas, aplicando diferentes estilos, diferentes maneras de usar las palabras. La historia sencilla cobra otro nivel.

 

En la tarea de escoger las palabras, en un primer momento, podría ayudar el estudio de La cocina de la escritura de Cassany. Luego, un poco al mismo nivel está el Manual de escritura de Andrés Hoyos donde se dejan consejos como “la voz activa es preferible a la voz pasiva”, “la afirmación es preferible a la retórica”, “el lead y la coda: lo que bien comienza bien termina”, “privilegie los sustantivos” y “pastoree sus adjetivos”.

 

Bien sea para escribir poesía, cuento o crónica es muy importante molerse el cerebro con las palabras que funcionan y con las que no, es decir, forjándose un inventario de cada categoría. Yo, por supuesto, tengo una tablita de Excel con una columna para cada una. De esta manera tener claridad para saber cuáles se ajustan para saber cuáles sirven en la descripción de un atardecer en el Peñol, en la Isla Martinica o en la Pampa argentina. Para pintar a un ladrón o a un policía, que por estos días algunas palabras funcionan para uno y para otro.

 

Por este lado, podría leer: Apegos y agotamientos: sobre las implicaciones estilísticas del uso de algunas palabras

 

Ejercicios creativos

El mercado está plagado de libros y ejercicios de escritura creativa. Keri Smith escribió varios: Este no es un libro y Destroza este diario. Son un par de inventarios al estilo de “escribe un mensaje secreto para un extraño, arranca esta página y déjala en un lugar público”. Un buen reto para talleres de escritura creativa para muchachos de colegios.

 

Otros títulos que marchan por esta línea son Este libro lo escribes tú, de Carlos García Miranda, en el que se proponen 78 retos de escritura creativa. Uno de los más graciosos es “las cosas están vivas”. La consigna es tomar la voz de algunos objetos y escribir lo que dirían. De esta manera, se pretende plasmar lo que pensaría la taza de tu baño, por ejemplo, las plantas que siempre olvidas regar, el limón podrido que mantienes en la nevera o el libro que tienes pendiente de leer en la mesita de noche desde hace más de un año.

 

Son libros livianos y entretenidos. Son para recrearse y jugar, para soltar el teclado, el lápiz, para destrabar las palabras a diestra y siniestra, es decir talleres de escritura creativa.

 

En esta misma parte de la biblioteca se podrían ubicar: El gozo de escribir de Natalie Goldberg y El camino del artista de Julia Cameron y otros libros con expresiones como “mayor libertad”, “disparadores creativos”, “desbloqueo”, “encuentros con el artista interior”, “el juego”, “introspección guiada”, “horizontes imaginativos”, incluso “camino espiritual” y “nuestra verdadera naturaleza”.

 

Hay ocasiones en que estos retos apelan más a las terapias de autovaloración que a la creación estética. Lo cierto es que en la escritura creativa hay una palabra clave: disparadores; es decir, los detonantes, la pólvora con la que se descubre una idea. Muy cerca de este punto está la escritura automática de André Breton y los surrealistas. Es seguro que me voy a ganar un problema con mis amigos poetas. No importa. Acá vamos. Ellos me perdonarán de antemano.

 

En la escritura creativa podrían encajar esas cosas del cadáver exquisito, la irracionalidad, la visceralidad, el trance y la fuma. Es un tipo de escritura que no tiene filtro y el autor permite que toda ocurrencia, cualquier asociación, recuerdo, nostalgia o apuesta por el futuro, cualquier juicio o justificación quede escrita. Desde esta trinchera disparó en muchas ocasiones el querido Andrés Caicedo y su flujo de la conciencia, la herencia de Joyce y Proust, y a pesar de ello Caicedo escribió cosas muy buenas. Por acá también aparece Cortázar y su combo.

 

En este cajón cabe buena parte de los talleres que se realizan en ferias y fiestas del libro, en espacios en los que se prioriza en el juego. Pero por supuesto, eso es claro (qué tal obligar a la gente a quebrarse el lomo con un buen cuento o poema).

 

Ahora bien, un taller de escritura literaria no debería detenerse solamente en estos ejercicios. Son necesarios otros prototipos de problemas que acá llamaremos ejercicios de rigor.

 

Ejercicios de rigor

En este tipo de ejercicios hay una palabra clave: edición. Cuando la escritura creativa pasa por la edición parece que se convierte en otra cosa. Las novelas, por lo general, tienen que salvar un filtro y aunque parezcan naturales y espontáneas son cerebrales y premeditadas.

 

¿Y los poemas no se editan? Dirán mis amigos poetas. Se editan, claro, pero no todos, y por eso algunos poemas también son “ejercicios técnicos”. Algunos libros que siguen esta línea son Mientras escribo, de Stephen King; Cartas a un joven novelista, de Mario Vargas Llosa; El guion, de Robert McKee. La crítica más común para ellos es que son muy flojos porque parecen enseñando trucos, porque dejan fórmulas, recetas, como si la literatura se tratara de una ecuación, como si el arte obedeciera a la operación de algunas variables que siempre arrojarían un resultado.

 

Son libros “muy aristotélicos” dicen los vanguardistas. Y es verdad, son trucos muy básicos, pero también es cierto que son necesarios. Lo que sucede es que este tipo de libros se ocupan de problemas fundamentales de la narrativa. No estoy seguro si estos mecanismos también se presentan en la poesía. En algunos casos también se necesitan para la crónica, sobre todo en la construcción de escenas, diálogos y descripción de personajes. 

 

Este tipo de libros, que llamaremos “textos aristotélicos” para darle gusto a la vanguardia, contestan las preguntas de la narrativa primaria: qué es un personaje, cómo se construye un villano, qué es un clímax narrativo, preguntas básicas que todo estudiante de escritor podría aprender. Qué es un acontecimiento narrativo, cómo se construye una escena, cómo se crea una conexión emocional con el lector, entre otros, son problemas narrativos que podrían estudiarse si se tiene la pretensión de contar historias.

 

En este punto vale la pena anotar que, por ejemplo, en la pintura antes de pasar al impresionismo siempre es bueno estudiar la teoría del color y la perspectiva, así como en la música antes de pasar por la atonalidad es conveniente estudiar la armonía básica y la polifonía.

 

Los “textos aristotélicos” ayudan a escribir literatura para el entretenimiento, porque es verdad, la literatura de la línea dura responde a otros pálpitos. Ya lo hemos dicho por otros lados. La literatura del entretenimiento es masiva, popular y aparentemente sencilla. Por los “textos aristotélicos” ayudan a resolver problemas de estructura, de conflictos, de escenas.

 

Se ha dicho que un taller de escritura narrativa es un gimnasio mental donde se fuerzan repeticiones para agilizar y fortalecer los músculos de las habilidades necesarias para el género. Si lo que quiero es aprender a crear un personaje necesitaré obligatoriamente repetir el ejercicio una y otra vez, inventar uno, otro y otro, hasta que incorpore la técnica para crearlos. Y lo mismo con la creación de atmósferas y clímax narrativos. La clave es ensayar, repetir, volver a repetir, como en un gimnasio, ejecutándolas muchas veces.

 

Los ejercicios creativos hacen hincapié en los disparadores mientras que los ejercicios de rigor en la técnica.  

 

¿Y entonces, cómo se ejercita el músculo en una maestría de escrituras creativas?

La creatividad es muy necesaria para el punto de partida, para la generación de las ideas y para aliviar bloqueos. Sin embargo, una vez superada la etapa inicial hay que vaciarlo todo en el colador, decantarlo, pulir para que se pueda leer. Y esto solo es posible si se racionaliza editando con las herramientas de la técnica.

 

En el libro Cómo se cuenta un cuento, que recopilan algunas sesiones del taller de escritura de guion de Gabriel García Márquez, se expone la metodología del taller: se proponen historias y entre todos los asistentes las van comentando y puliendo. El título del libro es un tanto engañoso pero enganchador, como todo lo de Gabo, porque no es un taller de cuento es un taller de guion. Pero no importa, aun así, es un gran libro para asomarse a esta metodología.

 

En una oportunidad, intentando solucionar un problema narrativo, al elegir un suceso entre varios posibles, el maestro resumió la diferencia entre ejercicios técnicos y creativos de la siguiente manera: “Sí, esta propuesta parece ser la mejor. Es la más creativa. Por cierto, estas palabras —creativo, creativa— las vamos a oír mucho aquí, en el taller. Las reservaremos para aquellas soluciones que no sean simplemente técnicas. A la técnica pertenecen algunos recursos… que nos ayudan a decir, de la mejor manera posible, lo que queremos decir. Pero las ideas fundamentales, las que hacen avanzar la historia, pertenecen al campo de la creación”.

 

Gabo señala que, si bien al principio se necesita pasar por ejercicios de creatividad, luego hay que hacer una ronda de ejercicios de rigor. Desde este punto de vista un taller de escritura creativa se queda corto cuando abarca algunos géneros como las novelas y los cuentos. El taller parece insuficiente porque encaja solamente un tipo de ejercicios, los que hacen avanzar la historia. Por eso, creo, es diferente un taller de escritura creativa a uno de escritura narrativa.

 

Ahora vamos al subtítulo. Al respecto se vienen varias preguntas. ¿En una maestría en escrituras creativas qué tipo de ejercicios se prioriza? ¿Los disparadores? ¿La técnica? Creo que el nombre de la maestría tiene ya una ruta y según lo que hemos comentado hasta entonces ya tiene un derrotero para seguir.

 

Por otra parte, en una entrevista el escritor mexicano Alberto Ruy Sánchez dijo que “la escritura se enseña mal, pero hay que aprenderla bien”. Y Gabriel García Márquez dijo que "la literatura no se aprende en la universidad, sino leyendo y leyendo a los otros escritores".

 

Para dar luces sobre el tema le pregunté al escritor y cronista Alberto Salcedo Ramos qué pensaba y esto me dijo: “Borges decía que un maestro es alguien capaz de contagiar un entusiasmo. Si en una maestría en escritura uno encuentra por lo menos un maestro capaz de inspirar, de abrir algún camino nuevo, ya se habrá justificado la experiencia. En todo caso, no creo que la maestría sea una fábrica de fórmulas milagrosas. Quien quiere escribir debe estar dispuesto a forjarse con sus propias equivocaciones y búsquedas. Nada está garantizado. Hay que aplicar el célebre verso navajo: ‘salta, ya aparecerá el piso’”.

 

Y lo mismo le pregunté al escritor Gilmer Mesa, y esto contestó: “Para escribir se requieren dos cosas: tener algo que contar y saber cómo hacerlo. Lo primero es indudable que solo se logra viviendo a fondo, partiéndose la crisma con el día a día, sin importar en donde se esté y cómo se viva. La segunda es algo más complicado y se aprende con atención y dedicación al oficio y en eso creo que sí cumplen un papel fundamental los cursos de escritura creativa. Nadie puede enseñar el talento, eso es algo imposible de definir y a lo más que llegamos es a descubrir quién lo tiene y quién no. Pero la técnica, el ritmo, la estructura y todas las herramientas que hacen de un texto algo digerible, encarretador y fluido se aprenden. De manera que se estudian estas maestrías para depurar la técnica y mejorar el estilo. Además, allí hay gente apropiada para leer las creaciones y encontrar quien lea objetivamente lo que uno hace.”

 

¿Un aprendiz de escritor para qué tendría que ir a la universidad? Entre otras, me parece, para aprender a leer, pero no a leer de cualquier manera, sino a aprender a leer como escritor. El inefable Ricardo Piglia lo explica en el libro El último lector y particularmente en el ensayo Cómo está hecho el “Ulysses”. Piglia desempaca su destornillador y su martillo para intentar abrir la máquina de Joyce. En las páginas siguientes destornillará y machacará abriendo los mecanismos y ojeando formalismos, retirará un tornillo y otro, limpiará y echará un ojo para descubrir qué hay dentro. Entonces encuentra algunos dispositivos formales que le interesan. Solo algunos, los que lo seducen, los que tiene tiempo de describir, los que le caben en el ensayo porque es claro que Piglia limita su trabajo descriptivo dejando otros dispositivos narrativos por fuera. Al escritor argentino le interesan, en este ensayo, como él mismo dice, “los problemas de la construcción y no los de la interpretación”.

 

Sigamos con la idea: aprender a leer “desde una posición cercana a la composición misma”. En Cómo está hecho el “Ulysses” Ricardo Piglia cita a Nabokov: “El buen lector, el lector admirable no se identifica con los personajes del libro, sino con el escritor que compuso el libro”. Efectos personales de Juan Villoro es otro ejemplo de esta propuesta, lecturas personales que describen cómo se relacionó el escritor con un texto desde la construcción.

 

Volviendo con la opinión de Gabo, por este lado también se difiere con él. Creo que, en una maestría de escritura, aparte de los ejercicios, sean cualquier que fueran, sería muy bueno entrenar un método de lectura, aquel que enseña a leer como escritor. En una maestría de escritura creativa, sería muy interesante que a un estudiante además de la hermenéutica, se le enseñe a usar el destornillador y el martillo. Con ellos podría desarmar los libros con las poéticas que le interesan. Si le interesa la literatura de la línea dura el estudiante podría aprender a desarmar las obras con los que se siente identificado. Si al aprendiz de escritor le interesa la literatura del entretenimiento podría buscar su poética en estos autores. Ahora, otro asunto diferente, y problemático sucede en los ámbitos académicos en los que se denigra de la literatura popular, la literatura masiva, y se cree que estas obras no merecen ser objeto de estudio. Pero esa es otra discusión.

jueves, 28 de enero de 2021

Mi taller de escritura (reflexiones de Julio César Londoño)

 

Mi taller de escritura



Tomado de: https://www.elespectador.com/opinion/mi-taller-de-escritura/

El Espectador 22 de enero de 2021

El oficio de enseñar es una tentación magnética. Enseñar literatura, por ejemplo, nos permite imponerle al estudiante nuestra antología personal, los autores que nos son más caros, y arriesgarnos en las arenas movedizas de la teoría, los géneros y las etiquetas, esas comodidades académicas que no debemos despreciar… ni tomarlas muy a pecho. Tratar de separar prosa y poesía, digamos, es absurdo; pero es innegable que “algo” esencial (no me pregunten qué) separa al verso de la prosa.

Dócil a la tentación, dirijo un taller de literatura online. El pénsum reúne mis amores prosaicos: el cuento, la crónica, el ensayo de divulgación y la crítica literaria. Para que lidie con los secretos del verso, una de las tantas cosas que la vida me ha negado, invité a la poeta Betsimar Sepúlveda, un poema ella misma, una criatura cuyas clases guardan un equilibrio perfecto entre el sonido y el sentido, como sus poemas. Las clases de Betsimar están atravesadas por las artes y la filosofía; las mías, por la ciencia y la política.

El cuento es una forma sintética y esencial cuyo protagonista es el argumento. Solo obedece tres reglas: no soporta mucha poesía, no soporta mucha reflexión y exige tensión en dosis altas. Lo estudiamos porque huele a mil y una noches y sabe a perniles dorados al fuego bajo la noche constelada de planetas.

Estudiamos la crónica porque es el más vital de los géneros periodísticos y salva del olvido al periódico de ayer. También, claro, porque “es un cuento que es verdad”. Si el periodismo es el minutero de la historia, la crónica es el alma del periodismo: lo suyo es el factor humano de la noticia.

Estudiamos el ensayo de divulgación porque es el mensajero de los sabios. Irresponsable, tiene licencia para conjeturar; leve, está libre de la pesadez del tratado. Lejos de la rigidez del óleo, el ensayo es grácil como un boceto y puede ser tan breve como un aforismo, el haikú del género.

Estudiamos la crítica literaria porque los necios la detestan, porque “jamás se le erigirá una estatua a un crítico” y porque es la materia de Poe, Borges y Wilde. O quizá porque no tiene que vérselas con la sucia realidad sino con su versión más decantada, la literatura.


Y estudiamos poesía para fracasar por lo alto: “Voz del pueblo, lengua de los elegidos, palabra del solitario. Pura e impura, sagrada y maldita, popular y minoritaria, colectiva y personal, desnuda y vestida, hablada, pintada, escrita, ostenta todos los rostros pero hay quien afirma que no posee ninguno. El poema es una careta que oculta el vacío, ¡prueba hermosa de la superflua grandeza de toda obra humana!”.

En el fondo, mi taller es un centro de pensamiento con énfasis en literatura. Nos movemos en las interfaces: delirio-realidad, cuento-crónica, rigor-conjetura. Velamos para sacarle jugo a ese viejo instrumento que nos tocó en suerte, la lengua española. Con una ingenuidad conmovedora, creemos que es posible frenar el avance de las hordas de los bárbaros con una barrera de música y palabras. De frágiles y eternas palabras.

Este año tengo el propósito de averiguar con los estudiantes por qué en los relatos (cuento, novela y drama) está mal visto el “mensaje” y los elementos de ficción son obligatorios, mientras que el ensayo y la poesía obedecen a una estética inversa: trabajan exclusivamente con la realidad y el “mensaje” está siempre presente y explícito.

Empezaremos clases el primer sábado de febrero del segundo año de la peste. El perfil que busco es simple: quiero estudiantes que sean muy buenos lectores y que tengan muchas, muchas ganas de escribir. Eso es todo.

sábado, 2 de mayo de 2020

Boom del taller literario - En busca del decálogo creativo

La proliferación de talleres provoca una pregunta clave: ¿cómo se escriben y corrigen una novela o un cuento? Reflexiones sobre dos géneros siempre ávidos de renovarse.

   



ClarínREVISTA Ñ



La primera obviedad es una paradoja: escribir es aprender a corregir, desde luego, pero en ese trance de corregirse un autor entra consigo mismo en relaciones contractuales que no controla y lo subyugan. Por eso, por conveniencia, no sirve olvidar que repetidas veces lo mejor de sí es lo involuntario, lo accidental, la clase de frase que no sabe de dónde llega –suelen tener parecido ritmo y tono– y que con suerte va conformando una familia que circunscribe la particularidad de su estilo.

Lo cierto es que cuando mejor se piensa es cuando se borra. No sin antes poner a prueba, de los modos más diversos, algún defecto insistente, con el fin de usufructuar el secreto de su doblez. Parece absurdo, pero iguales errores generan ideas distintas (y errores distintos pueden derivar en idénticas ideas).

Pueden presentarse debilidades extraordinarias en una oración. Y al revisar es fructífero aproximarse con la idea –no muy desacertada– de que cada oración que se ha escrito contiene una equivocación. Es factible que esa sola hipótesis origine más de una enmienda. O desde otro ángulo: cada oración esconde una omisión, es decir una oportunidad, al menos una, sobre todo cuando se corrige a mano, en papel. (Tachando, un escritor puede llegar a sentirse el novelista perfecto).

Una variante de lo extraño en literatura es la relación con el trabajo propio. Acaso la tarea de un escritor consista en convertir ese enigma que es para él su obra en un enigma para otro, con la intervención justa de su voluntad. En el camino se dan sorpresas: de pronto un texto se olvida de lo que venía siendo y sobrevienen hallazgos.

Aconsejable es confiar –como en poesía– en los lances del montaje, en los asombros que deparan las contigüidades fortuitas. El problema de una frase no es (sólo) su resolución, sino su ubicación. El salto es otra forma de transición, más arriesgada, invariablemente fecunda. Y es dable creer que lo elíptico –por sí solo– vuelve a un texto más interesante, y que si se domina el arte de la transición se lo domina casi todo.

Se aprende a escribir ficción en la medida que se aprende a sacrificar. Como es imposible e inútil contarlo todo, un relato concede lagunas que lo nutren forzosamente. Otra obviedad insuficientemente subrayada: si no se saben conjugar todos los tiempos verbales transitables no puede accederse a ciertas venas y vías de la memoria.

La línea entre lo apenas escrito y lo bien escrito, y entre éste y lo muy bien escrito, es muy delgada, comparable a grandes rasgos al momento en que un especialista, frente a dos cuadros abstractos, califica de excelente a uno y al otro de mediocridad.

Es saludable, mientras tanto, resignarse al alivio de saber que nunca podrá escribirse un libro impoluto, tener asumido que cada uno se ridiculiza de acuerdo con sus propias capacidades. Cada escritor elige sus propios excesos (y apuesta a su poder de persuasión). Encaminarse hacia la perfección y la imperfección simultáneamente no son sendas contradictorias. La tutelada arbitrariedad de lo que se cuenta va creando su propia credibilidad y autoridad. Otra manera de decir que cada estilo impone su propia verosimilitud (o fracasa en el intento).

Antes que nada, un factor indispensable: la disposición (en sus callados y múltiples usos y sentidos). Una vez conquistada esa cima, el repertorio de trucos es variado y el mago debe esconder la mano. Una vez embarcados, en ciertos casos es mejor preservar al narrador replegándolo ligeramente; que no se lo note excesivamente consciente de la obra en curso. Es como si se propusiera un acertijo que es un ejercicio: de qué modo consigue un escritor permanecer inaccesible en su novela. Sin ignorar que entre narrador y protagonista se produce un carteo, un intercambio clandestino que establece una reticencia, unas reglas y límites que sería riesgoso trasponer.

El personaje sí debería ser consciente de sí mismo, y reaccionar en consecuencia. Piensa todo el tiempo, digamos, no sólo cuando el escritor decide que reaccione. A diferencia del autor, nunca se ausenta de su libro. Lo mínimo –el acto casi imperceptible– es a todas luces lo más creíble, y resulta lo más difícil de consignar. Cuanto menos parezca que algo va a suceder, más atento hay que estar –durante la escritura– a los pequeños acontecimientos admisibles. Y en igual medida a los sonidos que hace un personaje o incluso a sus esfuerzos por pasar desapercibido.

Retratar a alguien solo en una habitación es una de las grandes pruebas: crear interés limitándose a acciones simples, levemente misteriosas, eludiendo descripciones ostentosamente líricas para que no parezca que el escritor se niega a salir de cuadro. Este tiene vedado explicarle al lector su pudor hacia tal o cual personaje, o los pudores de un personaje hacia otro. Esos márgenes de silencio crean una reserva, y se capta o no, como frente a una pintura. Es sabido, de paso, que un buen personaje disimula las fallas de una novela y cualquier lector puede corroborar que una criatura se vuelve más cautivante cuando idealiza puntillosamente a otra.

Atribuyéndole a un sujeto una impresión, el narrador se permite poner en juego o en escena un defecto que presiente en la novela, con el fin de diluirla: “Ciertamente, a Satz le resultó inverosímil que pudiera ocurrir semejante cosa...”. Siempre acatando el dogma laico de la sucesión: una cosa a la vez.

Intuiciones exóticas en un personaje siempre son útiles, sugerentes, y la figura excéntrica funciona como un rentable comodín. No hace falta, mientras tanto, que un personaje hable mucho con otro para que se instaure una relación intensa. En cualquier caso, es práctico escribir un diálogo como empezado, como si el testigo (la cámara) hubiera llegado apenas tarde.

Por su parte, la entrada, desplazamiento y salida de protagonistas puede aprenderse tomando debida nota, por ejemplo, del cine de Jacques Tati, maestro mayor de obras coreográficas. Es el detalle de un detalle lo que hace avanzar una narración y lo que a un instante puede volverlo memorable. Si se apuesta por el detalle es más difícil equivocarse y sólo con más particularidades puede incorporarse a un relato lo que no tiene (lo que lo hará, con suerte, único).

Un matiz elimina la gratuidad –de una escena– y aquí uno se adentra en terreno pantanoso: lo delicadamente gratuito versus lo vacuamente virtuoso. ¿La peluca de qué juez dictamina lo que pertenece a un libro o no, de un lado lo imprescindible y del otro lo presuntamente accesorio? La captura de misterio –máximo trofeo codiciado– es, por su parte, un acertijo en sí mismo.

Un narrador a veces provoca desconcierto para obtener cierta fuerza. Y en más oportunidades de las que se cree, es preferible confiar en lo que uno no comprende de lo que ha escrito. En ese terreno, llegado un momento de su relato, un autor puede descontrolarlo intencionadamente, arriesga echar todo a perder porque intuye que sólo violentándola podrá aparecer lo mejor de la obra. Maravillosos prosistas –la poesía es otra historia– han escrito como si no hubieran entendido cuál era la consigna inicial, o la hubieran desobedecido paciente y sigilosamente.

En ocasiones funciona una astucia de artista conceptual: basta que el cuento se interrumpa un párrafo antes –se elimine el último párrafo del primer borrador– y el texto mejora de manera considerable. Conviene y no –según lo insinúe cada caso– dejarse tentar por los finales aparentes. Como sea, claramente cada narración es un modelo de procesos de percepción y hay verdades –a nivel técnico– que se aplican a un solo libro y a ningún otro. Por no hablar de ese escrupuloso milagro tan fácil de olvidar: la puntuación (la carta robada de la literatura).

En la escritura siempre se está donde decía Leibniz sobre el estado de las cosas, en el mejor de los mundos posibles. Uno no puede redactar o corregir mejor de lo que lo hace en cada momento. Es una ley que buscan incumplir los que no se conforman con redactar una novela sólo legible o un cuento convencional, los que persiguen cada vez una forma que inaugure su propio dibujo.

lunes, 27 de abril de 2015

10 CLAVES FUNDAMENTALES PARA ESCRIBIR UN LIBRO

10 CLAVES FUNDAMENTALES PARA ESCRIBIR UN LIBRO
Tomado de:

Sabido es que tanto en la escritura como en el arte en general, no hay recetas que aseguren el éxito. No hay ofertas engañosas que te digan: "aplíquese esta crema dos veces al día y rebaje 15 kilos en dos semanas" o, más adaptado al tema:" use estos tips y automáticamente publicará todos sus libros y será uno de los escritores más famosos". Sin embargo, hay algunos fundamentos que son merecedores de ubicarlos en un decálogo de claves esenciales a la hora de iniciar un proyecto literario que, si bien no garantizan el éxito, al menos te ayudarán a organizarte mejor y tener mas opciones de culminar tu proyecto.

1.-Lee: La lectura es la verdadera escuela de un escritor. No son los talleres literarios, de narrativa o cursos (sin restarle méritos) sino la lectura, mientras más temprano empieces a leer, mejor. Ocurre que, si lees desde muy joven, podrás contrastar la manera en que entiendes de distinto modo las historias mientras vas madurando y eso también te ayuda a escribir. Las historias quedan plasmadas, pero no son estáticas, quienes las leen cambian de opinión y tienen otra visión de las cosas con el paso del tiempo. La lectura es la primera escuela de la técnica, te brinda no solo recursos, sino la manera de usarlos, de donde debe salir luego tu estilo propio. No se trata de copiar al calco, pero como en todo arte, hay ciertos fundamentos necesarios de la técnica que deben dominarse o como mínimo entenderse para alcanzar cierto nivel en tus obras.

2.-Usa un Diccionario: Un diccionario común te servirá para asegurarte de usar las palabras correctas, evitando errores que luego cuestan mucho al quedar el libro con palabras cuyo encuadre en la frase o párrafo es algo confusa. Un diccionario de sinónimos - antónimos te ayudará a buscar términos varios para no repetirte demasiado.


3.- Planificación previa: Para comenzar un proyecto primero debemos planificar los pasos a dar, saber bien sobre que vamos a escribir, hacer una guía, especie de mapa de toda la historia, que puede variar por alguna idea surgida en medio del proceso de creación, pero que a rasgos generales debe tener una dirección definida.

4.-Horario de escritura: Es importante tener disciplina en esto. No importa si solo dispones de los domingos en la mañana y los miércoles en la noche, pero si decides que tu horario de escritura serán esos dos turnos, debes respetarlos y no alterarlos por ninguna diversión ocasional. La constancia y la planificación son elementos fundamentales, difícilmente uno da resultados sin el otro.

5.-El Síndrome de la hoja en blanco: Quien me diga que no le ha pasado es un personaje de novela, uno bastante extraño, por cierto. Lo mas importante es entender que después de iniciar el asunto radica en terminar, lo escrito puede ser corregido (de hecho lo más común es que lo sea). es la presión propia la que fortalece este síntoma de la hoja en blanco. Fuerza, escribe sobre lo que quieras, si te trancas en un cuento puedes iniciar otro y quizás esto ayude a que nazcan nuevas ideas. Lo mismo si sales a dar un paseo, contemplas la naturaleza, a veces la cosa más sencilla nos ayuda a despertar ideas en nuestro interior.

6.-Documéntate: Esto, mas que necesario, se puede considerar un asunto de ética. Es muy desagradable que escribas una historia que se desarrolla en Italia y siquiera te tomes la molestia de investigar el nombre de algunos lugares reales de dicho país. si quieres hablar de religión no tienes que leerte los libros sagrados que existan, pero al menos leer al respecto, es desagradable conseguir disparates sobre ciertos temas, mas aún si al lector le interesa o se dedica a dicho tema.

7.-Desarrolla tu estilo: Sí, es obvio que esto cada vez es más difícil si tomamos en cuenta de que siempre tendremos presente lo que hemos leído, aunque pretendamos no hacerlo. Los nuevos estilos son compilados de viejos estilos con alguno que otro toque personal pero es ese toque el que le da relevancia a tu "estilo". ¿A qué se refiere en concreto? Eso no puede decírtelo ni enseñártelo nadie. Algo fundamental es no copiar íntegramente el estilo de otro escritor, por mucho que te guste, una cosa es la técnica y otra es que empieces una historia con:" 200 años después, frente al pelotón de fusileros con cañones laser, nuestro héroe recordó cuando su maestro lo llevó a conocer la nueva fuente de energia espacial". Todos somos seres únicos, seguro tenemos no solo algo que contar, sino alguna manera de hacerlo que en algo se diferencie de los demás.

8.- Esto no es un oficio artesanal, pero acá también se aprende "dañando": Mas allá de los gustos, es posible que tus primeras historias tengan muchas fallas, algunos incluso de técnica, no pasa nada, solo aprende de tus errores, reconociendo que siempre se ha de aprender en el arte. Es duro que dentro de 15 años te des cuenta de que arruinaste una idea genial por falta de técnica, quizás para ese tiempo podrías hacer maravillas con esa misma idea pero ya la usaste. Así es esto, debes elegir alguna idea para trabajar, a riesgo de que en el proceso de aprendizaje no le saques la cuarta parte del provecho que podrías.

9.- Pon a prueba tu libro ante algunos amigos, familares... Tres amigos en quienes reconozcas cierta experiencia como lectores deben bastarte. Eso si, busca sinceridad, no tiene sentido si se lo das a tu hermano y esposa, a menos que de manera excepcional, ellos puedan romper el lazo familiar para serte sinceros, pero no es lo más común. No luches para convencer a todos de que eres una maravilla de escritor, acepta las críticas con humildad y trabaja luego sobre lo que consideres debes mejorar.

10.- Revisa tu trabajo cada cierto tiempo: Hay quienes recomiendan dejar reposar una novela unas semanas, otros, al menos seis meses, otros años. Lo importante es que la dejas después de terminada a un lado mientras inicias nuevos proyectos. Desde luego, mientras más tiempo pase, mas habrás vivido, leído, conocido... y tu opinión sobre ciertas cosas variará más, pero no sería inteligente revisar una sola novela cada 5 años y nunca publicarla esperando para revisarla al volver de la tumba como zombi o resucitado. Lo que te recomiendo es revisarla al menos dos veces. Dejarla unas semanas, meses, año(s) y revisarla, para luego repetir la operación. Eso te ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva.


martes, 7 de abril de 2015

LECCIONES DE TALLER LITERARIO Compendio de Orlando Ramírez Casas (ORCASAS)

LECCIONES DE TALLER LITERARIO Compendio de Orlando Ramírez Casas (ORCASAS)

El escritor y blogero Orlando Ramírez Casas(ORCASAS) ha sido un acucioso  observador de la realidad y de la cultura popular. Dentro de sus muchas inquietudes está la escritura y en la búsqueda de la apropiación de técnicas literarias anduvo por varios talleres literarios de la ciudad, extrayendo lo mejor de ellos.

De su discurso, extraemos algunas frases de su experiencia como tallerista:

               
"Pecar es transgredir alguna norma, y en este párrafo ya he usado dos lugares comunes o clichés de los que los talleres literarios prohíben terminantemente a sus talleristas. Se reconocen porque están entre comillas y con letra cursiva, dos cosas que prohíben juntar a los escritores del idioma los académicos de la lengua."

"... pero cada día admiro más la vocación del maestro de taller porque considero difícil, supremamente difícil y desgastante, la tarea de leer continuamente textos de aprendices y hacerles crítica y señalarles sus errores."


"La lectura y la escritura tienen niveles. Aprender a leer y escribir está en el primer nivel que lo saca a uno de la categoría de analfabeta. Luego viene lo de aprender a redactar, que se requiere para escribir cartas, memorandos, informes, y cosas de estudio o de trabajo. Sin importar los logros dentro de su profesión como decir másteres, doctorados, y especializaciones, a este nivel llega la mayoría de las personas en el transcurso de su vida. Hay un nivel que requiere escribir bien, y muy bien, que es el de los periodistas y reporteros. La palabra es una herramienta de su oficio. Pero hay un nivel que podemos identificar con el rótulo de “escritura literaria”. Va más allá de la simple redacción."


"El primer requisito es que a uno le guste la tarea, que le nazca. Es un talento que se trae en la sangre el del “llamado de la escritura”.



"Si uno nació con el virus de la escritura, o si le picó el virus en el camino, creo que un siguiente ingrediente, indispensable, es ser un buen lector. Parece mentira, pero hay personas que quieren escribir literariamente… y no leen. Las conozco. Así no se puede."

"El lector debe volverse, pues, selectivo con su tiempo y reservarlo sólo para aquellas lecturas que le sean de utilidad en su propósito. No todo sirve a todos. Para el profesor Francisco Maturana debe ser primordial leer todo lo que se haya escrito sobre fútbol. Es parte de su objetivo y de su vocación. Pero, para mí, ¿Qué sentido tiene que ocupe mi tiempo en eso? Mi interés se dirige hacia otro horizonte. Hay que ser, pues, selectivo. En mi caso, estoy en este momento leyendo libros de historia sobre Medellín y Antioquia. Tiempo me falta para eso. No puedo ocupar mis horas en otros temas. Descarto, entonces, la lectura de los best sellers de semáforo."

"En el oficio de escribir está, claro, la disciplina. Escribir le debe gustar tanto a uno que no sea un estorbo en las tareas sino un placer dedicar varias horas al día a escribir. Como el nadador, como el ciclista, como el violinista, dedicar varias horas del día a la tarea. Uno no puede querer ser escritor si actúa como atleta “trotadorcito de domingo”. Tiene que escribir todos los días."

"Pero viene, entonces, la parte final explícita en tu pregunta: “¿Cuál es el papel de los talleres literarios?”. Desde Homero, todos los escritores recorrieron el camino solos y sin ayuda. Fue dispendioso, con seguridad. Los talleres literarios ayudan a acortar el camino. Allí le recomiendan a uno los autores y los libros que verdaderamente vale la pena leer. Allí ejercita uno, por el método de aprender oyendo, la crítica literaria y la elaboración de reseñas. Allí ejercita uno el análisis de textos y la reflexión. Esta es, pues, una herramienta muy útil e indispensable para el buen escribir. Aprende también allí a desarrollar la creatividad literaria, no sólo en el ingenio de la creación de imágenes metafóricas, sino en los temas y en la forma de presentarlos. Allí lo bajan a uno de la nube cuando le da por inventar novelas de ciencia ficción con invasiones al planeta Schreks en cohetes de proyección galacticoespacial. Hay locos a los que les da por ese tema. Y, finalmente, allí le lapidan a uno los textos inmisericordemente una y otra vez, haciéndole ver los errores que comete, hasta que el texto admita lectura pública y tenga posibilidades de ser aceptado por una crítica imparcial. Como le dicen a uno en los talleres, “si lo que usted quería era escuchar elogios, debió ir a leerle sus escritos a la abuelita”.

"Los talleres literarios, como todo, también están dirigidos a aprendices de distintos niveles. Hay unos muy simples, y otros más avanzados. Allí uno puede permanecer todo el tiempo que quiera, sin límite de años. Pero uno tiene que evolucionar. Si un escrito de hoy queda como un escrito de hace cinco años, uno perdió el año. No puede, entonces, decir que tiene cinco años de experiencia en el taller, porque sólo tiene uno repetido cinco veces. Quien no evoluciona, se estanca."

"Un día llegué a la conclusión de que yo no podía ser el eterno tallerista, y tomé la decisión de retirarme. Creo que uno debe retirarse a tiempo. Sentí que ya podía graduarme de escritor. Pero el más connotado director de taller que hemos tenido, el escritor Manuel Mejía Vallejo, dijo que “uno nunca se gradúa de escritor, ese es un aprendizaje de todos los días hasta la muerte”. Sabía por qué lo decía."

Comparto con ustedes mi respuesta a un amigo que me preguntó sobre el asunto de los talleres, y anexo la lista de los 50 puntos que recogí en mis observaciones al paso por los distintos talleres a los que asistí. Como ven, el temario da para un pregrado, un posgrado, y una maestría.

Hagamos entonces un recorrido a través de los cincuenta puntos que propone ORCASAS,  que son:

1.1       Humildad
1.2       Orientación
1.3        Lecturas modelo y técnicas de trabajo
1.4        Cursos de lectura rápida
1.5        Literatura vs. redacción
1.6        Talento
1.7         Experiencia de vida
1.8         Lectura clásica
1.9         Estilo propio
1.10       Apego a la Academia
1.11       Disciplina.  Escribir todos los días
1.12       Autocorrección y revisión.  Buscar la palabra precisa
1.13       Acepte críticas desfavorables.  Son más útiles que las            favorables.
1.14       El texto debe defenderse por sí solo
1.15       Corrector de estilo, de gramática, de redacción, de puntuación
1.16       Recoger material de trabajo
1.17       Dar crédito a lo ajeno
1.18       Ejercitarse
1.19       Vencer la página en blanco
1.20       Historia que contar
1.21       Credibilidad
1.22       Conocimiento del tema
1.23       Buscar el alma
1.24       Mostrar hechos
1.25       Filosofía o mensaje
1.26       Ambiente apropiado
1.27       Planeación de la obra
1.28       Semblanza del personaje
1.29       Descripción del entorno o atmósfera
1.30       Diálogos
1.31       Monólogos
1.32       Música y ritmo
1.33       Ponerse a tono con el tiempo
1.34       Tropos, licencias o recursos literarios:
1.35       La metáfora
1.36       Transpolación
1.37       Amarres
1.38       Título
1.39       Primera frase
1.40       Primera página
1.41       Primer capítulo
1.42       Captar la atención
1.43       Sostenerla, conmover
1.44       Cierre apropiado o final eficaz
1.45       Primero alimentar la obra de datos, volverla frondosa
1.46       Después podar, eliminar lo superfluo
1.47       Tomar distancia, dejar reposar, antes de volver a revisar
1.48       Hasta tener algo bueno para mostrar, que aguante lectura pública
1.49       Una vez puesto el trabajo a consideración del público, deja de ser suyo.  Despréndase de él como de un hijo que pone casa aparte
1.50       Ayuda editorial y de mercadeo

Quien quiera profundizar más sobre la actividad literaria de este amigo, todo un personaje de la cultura popular, puede navegar en su blog:



martes, 24 de febrero de 2015

MAS DE 100 CONSEJOS LITERARIOS Gabriella Campbell

MAS DE 100 CONSEJOS LITERARIOS Gabriella Campbell

Tomados de:

CONSEJOS DE FORMA):

1. Elimina palabras innecesarias, las palabras “ligeras” que no te llevan a ninguna parte. Como dijo Mark Twain: “Escribe maldito cada vez que estés dispuesto a escribir muy; el editor lo eliminará y la escritura será como debe ser”. Además,

2. Evita la repetición de conectores: sin embargo, es decir, en cuanto que, esto es…

3. La puntuación es fundamental, marca el ritmo del texto. Asegúrate de usarla bien. El punto y coma existe. Y los dos puntos. Y las comas a veces no se utilizan como crees que deben utilizarse.

4. Ojo con la concordancia. De número y género. Para dudas, Fundéu y la RAE son tus amigos. Y Wordreference es como ese colega de trabajo que está en las mismas que tú, pero que a veces te resuelve las dudas.

5. En general, debes estudiar y conocer tu herramienta principal de trabajo, que es el lenguaje. Aprende ortografía, aprende gramática, aprende sintaxis, aprende retórica. Toda la que puedas.

6. No te pases con los gerundios; no te pases con los adverbios terminados en –mente. Enlentecen y abigarran el texto. Del mismo modo,

7. No te pases con las subordinadas. Y no las hagas demasiado largas, ni metas que a tutiplén. Y por favor,

8. No te pases con los adjetivos. Si analizas tus textos, te darás cuenta de la gran cantidad de adjetivos que has usado que en realidad no aportan gran cosa.

9. En los diálogos, no te limites a identificar al hablante mediante el verbo de habla. Puedes meter incisos con lo que están haciendo, pequeñas descripciones sobre su indumentaria, etc. No tengas miedo de experimentar. Solo tienes que leer los diálogos luego en voz alta para ver si suenan bien.

10. Y evita los verbos de habla que no sean básicos (decir, preguntar). Que en cada intervención haya verbos como barbotar, especificar, inquirir, acusar… desconcentra al lector y le resta naturalidad a la comunicación entre tus personajes.

11. No utilices palabras rimbombantes. Como dijo Franzen: “los verbos interesantes rara vez son interesantes”. En resumen,

12. Haz que suene natural. Como dijo Elmore Leonard: “Si al leerlo suena a algo escrito, reescríbelo”.

13. Como ya hemos dicho con los diálogos, lee en voz alta tu texto. Así comprobarás si suena natural, entenderás mejor el ritmo de lo escrito. Y evitarás las rimas internas, para que tu escritura fluya de manera creíble y no se te cuelen pareados terribles (y otras cosas que riman con creíble).

14. Recorta sin piedad. En tu texto y en tu vida, para hacerle sitio a la buena escritura. Ya lo decía Susan Sontag: “Hay mucho que hay que entregar o que te quitarán si quieres escribir una obra”.

15. Evita la decoración innecesaria. Lo dijo Hemingway: “La prosa es arquitectura, no decoración de interiores”. Una buena forma de conseguirlo es la siguiente:

16.Relee tu frase y elimina todas las palabras que no aporten nada. Las que no sean necesarias. Como decía Vonnegut, todos los párrafos deben decirnos algo sobre el personaje o sobre lo que está ocurriendo. Lo demás acaba siendo accesorio.

17. No cuentes, muestra. Chéjov dijo: “No me digas que brilla la luna; muéstrame un destello de luz sobre cristales rotos”.

18. Como decía Orwell, “nunca uses una metáfora o expresión que estés acostumbrado a ver impreso”. En definitiva, no uses expresiones socorridas y habituales. También dice:

19. Nunca uses la voz pasiva si puedes usar la activa. Esto le proporciona mayor fluidez y sencillez al texto.

20. En caso de duda, el orden lógico de la oración suele ser el más eficiente (sujeto+verbo+predicado). Y para los adjetivos también (¡no los pongas siempre delante del sustantivo!).

21. En general, utiliza palabras cortas, frases cortas y párrafos cortos. Así, cuando metas una palabra larga, una frase larga o un párrafo largo, será extraordinario y recibirá la atención que merece. Intenta utilizar tiempos verbales simples. Un “ella llegó” suele quedar mejor que un “ella había llegado”.

22. Utiliza la palabra precisa. ¿Por qué decir “atravesó el umbral de la puerta para entrar en la habitación” (sic) cuando puedes decir “cruzó la puerta” o incluso “entró”? Si hay una sola palabra que puede sustituir a tres palabras, suele ser la palabra adecuada. Para esto es útil…

23. Aprender palabras nuevas. Visita el diccionario de vez en cuando. A mí me gusta utilizar generadores aleatorios de palabras, aunque todavía no he encontrado uno en español que me convenza del todo.

24. Elimina unos cuantos signos de exclamación. Decía Scott Fitzgerald que los signos de exclamación eran como reírte de tus propios chistes. Y queda mucho mejor en un diálogo que nos demos cuenta de la desazón de un personaje por su lenguaje corporal que por esos ocho signos de exclamación que toman al lector por tonto.

25. Aprende a utilizar los puntos suspensivos. No, no sirven para todo.

26. No abuses de la metáfora. Ni de los símiles. Que destaquen porque son escasos en un texto sencillo. Que destaquen porque tienen sentido (¡coherencia!), no solo porque suenen bien, y porque nadie los ha usado antes.

27. No solo percibimos con la vista. También con el oído, el tacto, el olfato… Usa estos sentidos en tu escritura, pero por favor no los uses siempre, ni todos a la vez.

28. Utiliza el lenguaje adecuado para tu público. Los tecnicismos, por ejemplo, no son ideales si no estás escribiendo para un público especializado.

29. Piensa en cómo sobrevivirá tu lenguaje al paso del tiempo. Utilizar palabras coloquiales actuales puede ayudarte a darle realismo a un diálogo, pero también puede hacer que tu texto se quede obsoleto en muy poco tiempo. Del mismo modo, no siempre es conveniente referirse a temas exclusivos de la actualidad o a memes efímeros.

30. Un conejo de corrección: ten cuidado con ciertas palabras que el procesador de textos no te va a identificar como errores.

CONSEJOS DE CONTENIDO

31. No te repitas. Ya sea en forma o contenido, no aburras a tus lectores. Si puedes decir algo una sola vez, hazlo.

32. Cuenta aquello que solo tú puedes contar. Neil Gaiman dice: “(…) siempre habrá mejores escritores que tú y siempre habrá escritores más listos que tú. Siempre habrá personas a las que se les dé mejor esto o lo otro, pero solo tú eres tú”.

33. Dale al lector por lo menos un personaje por el que apostar. Esto lo decía Kurt Vonnegut. Haz que tu lector empatice por lo menos con un personaje, que se involucre con este, que le importe lo que le pase. Y Vonnegut también dijo que:

34. Todos los personajes deben querer algo, aunque solo sea un vaso de agua. El deseo, en todas sus formas, es un motor poderoso.

35. Sé un sádico. Haz que a tus personajes les pasen cosas terribles. Es en su lucha donde el lector encontrará su entretenimiento.

36. No te guardes las mejores ideas. No reserves tu inspiración para más adelante. Como dijo Annie Dillard: “Gástalo todo, dispáralo, juégatelo, piérdelo todo, ahora, siempre. No te guardes lo que parece bueno para más adelante. Ya vendrán más cosas para más adelante, cosas mejores”.

37. Una vez terminado el primer borrador, elimina un 10%. Esto lo dice Stephen King, pero hay escritores que hablan incluso de eliminar un 30%.

38. No escribas las partes que la gente tiende a saltarse. Recuerdo que en el colegio me decían que Pío Baroja describía en pinceladas porque decía que las descripciones lo aburrían. Esto no quiere decir que solo tienes que escribir acción y diálogos, pero sí que te plantees si ese párrafo descriptivo de ochocientas palabras es realmente necesario.

39. Si escribes ficción, la verosimilitud es imprescindible. Tom Wolfe decía que el problema que tenía la ficción era que tenía que ser plausible, algo que no ocurre con la no ficción.

40. Y por esto, la coherencia es fundamental. Hasta en los detalles más pequeños. Si un niño lleva una gorra roja, no puede ser azul en el capítulo siguiente, por lo menos no sin una explicación satisfactoria.

41. Cuidado con las escenas o personajes a los que les coges especial cariño. Puede que te estén engañando, que no veas sus defectos por ese amor de padre. Como dice King, mata a tus queridos.

42. Dice Joyce Carol Oates que la técnica es importante, pero es el contenido el que permanece en la mente del lector. Obsesiónate con la forma, pero no demasiado. Crea una historia digna de recordarse.

43. Para Oscar Wilde, el arte está por encima de la moralidad: “No existen los libros morales o inmorales. Los libros están bien escritos o mal escritos. Eso es todo”.

44. Haz llorar. Haz reír. No tienes que hacer las dos cosas, pero eso también es posible.

45. Evita los tópicos, los clichés, aquello que has visto ya mil veces en todas partes.

46. Entrégalo todo en la primera línea. Sangra en esa primera línea. Esa es la que va a obligar al lector a seguir leyendo.

48. Frank Herbert decía que en realidad el final no existe. La historia termina donde tú decides parar. O, como dicen algunos escritores, un libro no está terminado hasta que se publica.

CONSEJOS DE PRODUCTIVIDAD Y APRENDIZAJE

49. Lee. Mucho.

50. Lee de todo. Hasta los géneros y temas más insospechados pueden ayudarte, inspirarte, enseñarte. Eso sí,

51. Lee a los grandes. Aprenderás de los maestros, de aquellos a los que quieres emular. De los malos solo se te contagiarán los errores y meteduras de pata. Y si te empeñas en leer a los malos, anota todo lo que hacen mal para evitarlo.

52. Lee a los grandes justo antes de escribir. La inspiración te acompañará, y aplicarás, sin saberlo siquiera, mucha de la habilidad de los grandes.

53. Escribe todos los días. Aunque sea solo media hora, escribe. Y es que…

54. Si tú apareces todos los días, después de un tiempo tu musa aparecerá también (Isabel Allende). La persistencia es fundamental porque, como dice Octavia Butler:

55. “No se empieza escribiendo bien. Empiezas escribiendo mierda, pensando que es bueno, y luego poco a poco vas mejorando. Por eso siempre digo que una de las virtudes más valiosas es la persistencia”. Para ello tienes que…

56. Escribir muchísimo. Cumple con tus 10000 horas bien hechas. Además, es la única forma de aprender a enfrentarse al rechazo.

57. Escribe según tu programa, no según tu estado de ánimo (Henry Miller). Del mismo modo, como decía Walter Benjamin:

58. No dejes de escribir porque te hayas quedado sin ideas. Con la disciplina, estas vendrán tarde o temprano. Pero escribe mientras.

59. Escribe una cosa a la vez, hasta que la termines. Esto también lo decía Henry Miller, y sin duda está destinado a aquellos escritores que se distraen con mil proyectos sin terminar ninguno. El enfoque es importante, aunque personalmente encuentro que llevar dos al mismo tiempo me ayuda a no odiar demasiado al primero.

60. Cuídate. Duerme suficiente. Tienes que estar en condiciones óptimas.

61. Café para disciplina, cerveza para creatividad.

62. Ten otras aficiones secundarias y creativas. Pinta, compón música, actúa. La creatividad es interdisciplinar y lo que aprendes de una disciplina acaba ayudando con tu progreso en otra.

63. Deja de escribir cuando todavía estás inspirado, cuando sabes qué va a pasar a continuación. Eso hará que comenzar de nuevo al día siguiente sea mucho más fácil (este consejo es de Hemingway).

64. Copia textos de los grandes, a mano. Aprenderás de manera indirecta las mejores formas de escribir. Y la conexión entre mano, vista y cerebro es diferente cuando escribes que cuando tecleas, así que dedica un tiempo a lo manuscrito.

65. Guarda, guarda tus textos. No solo en el ordenador, sino en un pendrive o un disco duro externo. Pocas cosas tan catastróficas hay como perder una novela por un fallo informático.

66. Exhíbete, sangra. Lo dijo Hemingway: “Escribir no es complicado. Te sientas delante de la máquina de escribir y sangras”.

67. Tiene que ser difícil, tiene que doler. Dijo Bukowski: “No escribas una novela si no duele como una caca caliente al salir”.

68. Utiliza tus propias experiencias, transforma la realidad: “Aspira experiencia, espira poesía” (Muriel Rukeyser). Para esto hay que…

69. Salir a la calle. Tendrás que vivir un poco, fijarte en cómo actúan las personas, cómo hablan, para llevarlo correctamente al papel.

70. Anota lo que te gusta de otros y úsalo. Con esto no me refiero al plagio, sino a utilizar semillas ajenas para crear lo tuyo. Como decía T. S. Eliot, “los poetas inmaduros imitan, los poetas maduros roban”.

71. Anótalo todo, en general. Las ideas se olvidan.

72. Y aprende de otros. Habla con otros escritores. Habla con tus lectores. Sobre todo habla con escritores que son mucho mejores que tú. No dejes que la envidia o la vanidad te lo impidan.

73. Cuenta historias, y escucha las historias que te cuentan (John Green).

74. Escribe como si tuvieras un plazo de entrega inmediato, como si tuvieras que convencer a alguien de algo en solo 500 palabras. Escribe esas 500 palabras.

75. Escribe el libro que te gustaría leer. Como dice Toni Morrisson, si hay un libro que quieres leer pero todavía no se ha escrito, entonces debes escribirlo tú.

76. Cuando llame la musa, aprovéchala todo lo que puedas. Dijo Saul Bellow que nunca tienes que cambiar aquello que tuviste que levantarte a escribir en mitad de la noche.

77. No pienses en el final. Como dijo Steinbeck, “abandona la idea de que terminarás algún día. Pierde la cuenta de esas 400 páginas y concéntrate solo en una página por día, eso ayuda. Así, cuando al fin se termina, te sorprenderás”.

78. Escribe para un solo lector. No pienses en el público. Escribe para una sola persona.

79. Protege el tiempo y el espacio en el que escribes. Como dice Zadie Smith: “Aleja a los demás de ese espacio, incluso a la gente que más te importa”.

80. Reescribe tus frases. Dijo Joan Didion: “Reescribo mis propias frases de forma constante. Todos los días vuelvo a la primera página y simplemente reescribo lo que ya tengo. Me marca un ritmo”. Pero recuerda que no puedes reescribir para siempre. Y es muy importante lo siguiente:

81. No edites mientras escribes. La escritura y la edición/corrección son dos procesos diferentes que utilizan zonas diferentes del cerebro. Hacer ambas cosas a la vez te paralizará y te impedirá avanzar.

82. El perfeccionismo no sirve de nada. Acabarás reescribiendo siempre, hasta el punto de que no publicarás nunca. Y para progresar hay que mostrar el trabajo realizado.

83. Al principio, trata la escritura como un hobby. Asegúrate de tener un trabajo principal. Pero tienes que escribir una página al día, dice John Grisham. Si no estás escribiendo una página al día nunca va a ocurrir nada.

84. El dinero no debe ser tu objetivo. O por lo menos eso decía Maya Angelou: “Persigue las cosas que te encanta hacer y luego hazlas tan bien que la gente no pueda quitarte los ojos de encima”. Por otro lado, también es útil lo que dice Mark Twain:

85. “Escribe gratis hasta que alguien te ofrezca dinero por ello; si nadie te ofrece nada al cabo de tres años, mejor que te dediques a cortar madera”.

86. Haz ejercicio. No solo para liberar tu mente de tal forma que se te ocurran las mejores ideas, sino para contrarrestar esas horas interminables que pasas sentado frente al ordenador. No conozco a un escritor que no tenga problemas de espalda.

87. Desconecta. G. R. R. Martin trabaja con un procesador de texto básico y usa un ordenador sin conexión a internet, y Franzen dijo que dudaba de que alguien con conexión en su lugar de trabajo estuviera escribiendo ficción de la buena.

88. No te cortes al principio. Suelta todo lo que quieras en ese primer borrador. Como dijo Hemingway, el primer borrador siempre es mierda.

89. Prepárate para la crítica. Dijo Harper Lee: “Aconsejo a cualquiera que quiera ser escritor que antes de desarrollar su talento desarrolle un pellejo duro”. Ten en cuenta también que:

90. La crítica es una herramienta, no un castigo. Este es muuuy difícil, lo sé. Pero si descontamos a los trols o a la crítica destructiva (esta se reconoce enseguida: es muy subjetiva y tiende a recurrir a los ataques ad hominem, confundiendo al autor con el texto), la lectura e interpretación de otros puede proporcionarnos información valiosísima sobre nuestro trabajo. Eso sí, personalmente aconsejo solo leer unas cuantas opiniones, o realizar esquemas con lo que se repite (bueno y malo) en todas las opiniones. Leer demasiadas opiniones es confuso, porque…

91. Puedes complacer a algunas personas parte del tiempo, pero nunca podrás complacer a todas las personas todo el tiempo. Acéptalo. Es liberador. De cualquier forma,

92. Ama a tus lectores de prueba (pero no sexualmente). Como dice Margaret Atwood, “(…) pídele a uno o dos amigos lectores que le echen una ojeada a tu libro antes de enviarlo a un editor. Este amigo no debe ser alguien con quien tengas una relación romántica, a no ser que quieras finalizarla.

93. Enseña, comparte. Y esto lo dijo la humorista Tina Fey: “Tienes que dejarle a la gente ver lo que escribiste”. Sí, a pesar de la posibilidad, muy alta, de rechazo.

94. Arriésgate. Escribe también sobre lo tabú, sobre aquello que está soterrado pero de lo que nadie habla. Que te tiemble la mano al escribir. Que te tiemble más al entregarlo a los demás.

95. Escribe de lo que sepas. Escribe sobre aquello que te apasiona, aquello que puedes compartir.

96. Escribe de lo que no sepas. Adéntrate en terrenos desconocidos, oblígate a aprender escribiendo en géneros que nunca has probado, documéntate sobre asuntos que nunca habrías considerado.

97. Si escribes novela, es muy útil tener un esquema previo, una idea de hacia dónde vas. Hay mil estrategias para planificar novelas, pero…

98. No te dejes arrastrar por un exceso de planificación. Lo importante es escribir.

99. El mejor momento para promocionar tu novela es tres años antes de que se publique. Esto lo dijo el especialista en mercadotecnia Seth Godin, que añade: “Tres años para hacerte una reputación, crear un blog, obtener seguimiento y credibilidad y hacerte con todos los contactos que necesitarás más adelante”.

100. No te asustes (don’t panic!). Me encanta lo que dice al respecto Sarah Waters: “A mitad de la escritura de una novela experimento de forma regular momentos de terror absoluto, mientras contemplo en la pantalla la porquería que he escrito; veo a través de ella, en rápida sucesión, las malas reseñas, la vergüenza de mis amigos, mi carrera fracasada, los ingresos que menguan, la casa desahuciada, el divorcio… Si sigo trabajando de forma obstinada a pesar de estas crisis, consigo llegar al final. A veces me ayuda dejar mi escritorio un rato. Si hablo de ello con otra persona a veces consigo recorder lo que estaba intentando conseguir antes de quedarme atascada. Dar un paseo largo casi siempre me hace pensar en mi manuscrito de una forma nueva. Y si todo lo demás falla, siempre está san Francisco de Sales, el patrón de los escritores, que me ha ayudado en más de una crisis. Y si quieres ampliar tus posibilidades, siempre puedes suplicarle también a Calíope, la musa de la épica”.

101. Busca y paga a un buen editor (Seth Godin). Con esto Seth no se refiere a una editorial, sino a alguien (corrector de estilo, editor a secas, etc.) que pueda ver tu texto con objetividad y transformarlo en algo legible. Lo de pagar debería ser obvio.

102. Como decía Beckett: fracasa. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor. Aprendemos de nuestros errores.

103. Ten claro por qué escribes. Italo Calvino dijo: “Lo que importa no es si lo amas u odias, solo que tengas muy claro cuál es tu posición respecto a la escritura”.

104. Haz que escribir sea siempre tu prioridad. Como decía Henry Miller: “Primero y siempre: escribe. La pintura, la música, los amigos, el cine… todo esto viene después.

Y, por último, nos quedamos con este consejo de Lev Grossman:

105. “No te tomes los consejos de la gente demasiado en serio”.

 Pero tras mucho leer e investigar al respecto, veo que hay una opinión que se repite entre expertos. El único consejo indispensable para que crezcas como escritor es el siguiente:


Empieza un proyecto. Un relato, un poema, una novela. Y termínalo. Y empieza otro.