ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

martes, 4 de julio de 2017

DECÁLOGO DE DAVID BETANCOURT


DECÁLOGO DE DAVID BETANCOURT

Con sus libros, sus premios en concursos literarios y las polémicas en las que se ha visto envuelto, además de su indiscutible calidad como narrador de cuento urbano, David Betancourt se ha vuelto un notable y reconocido cuentista. De la entrevista que publicó la Revista Corónica, y otras varias, extrajimos sus ideas sobre el cuento, y sin querer(queriendo), quedó diseñado un decálogo para ser leído, discutido, disertado o cuestionado por los interesados en estas lides y en los talleres se escritura creativa. Bienvenida la polémica.

Tomado con variaciones de la entrevista de Ángel Castaño Guzmán en:






1.     EL MÉTODO. Yo no escribo todos los días ni me pongo horario para escribir ni escribo para ejercitarme ni para soltar la mano ni para no dejar de sentirme escritor... El método mío es no tener método. Si tuviera horarios y esas cosas escribir se me volvería como un trabajo y no pasaría tan bueno como le digo. Desde hace casi un año no he escrito una sola línea, pero sí he leído parejo y comido ensalada y montado bicicleta.La musa de inspiración no es otra cosa que tener cosas por decir. Mi musa no sabe de disciplina. A veces se aparece durante seis meses y no me deja descansar, me dicta cuentos y cuentos, pero a veces sale a paro por un año y no escribo nada. Cualquier día me levanto con ganas de escribir y tengo algo para decir y escribo. No soy de los que tienen la escritura como un trabajo, mi caso es de más libertad, de disfrute. No me obligo a escribir. Cuando digo que un libro lo escribí en un año cualquiera solo estoy diciendo que me senté a redactarlo (escribo los cuentos primero en papel, los reescribo varias veces en papel, y luego los paso al computador, y puliéndolos, podándolos, corrigiéndolos… me quedo otro rato largo). Antes de ponerme a redactar ya tengo muy claro todo.

2.     ADEMÁS DE ESCRIBIR. Dejar de leer si no me dejo, no me lo permito. Yo escribo únicamente cuando me dan ganas y tengo ideas y cosas en la cabeza y como no trabajo ni estudio me puedo dar el lujo de sentarme un año enterito y darle todos los días todo el día. Pero siempre voy sin afán. Eso sí, todo el tiempo, cuando estoy barriendo, trapeando, cocinando, sacudiendo, arreglando el solar, jugando con los gatos, matando zancudos, viendo partidos, remendando las medias… estoy escribiendo cuentos en la mente y apuntando cosas en un cuaderno. Ahora tengo un libro terminado, sobre vicios, que no me falta sino escribir.

3.     PERSONAJES. Estos tres libros son los que más he disfrutado escribiendo y los escribí como te dije: se me ocurre algo, leo o veo o escucho algo que me gusta, lo pienso bien, lo voy escribiendo en la cabeza y cuando ya está terminado en mi cabeza lo escribo en papel. Los libros con un personaje que protagonice todos los cuentos se me facilitan más, paso más bueno escribiéndolos porque no tengo que ponerme a buscarle un tono a cada cuento (diez o quince tonos en total por libro), ni un personaje por cuento (o sea diez o quince), ni necesito inventarme diez o quince maneras de hablar ni diez o quince estilos…, sino que el mismo personaje se despacha, se desahoga, se contradice, se equivoca solo y el escritor, creo, el autor del libro, no se ve o se ve menos. El que se ve es el personaje.  Mis personajes son puras cosas leídas, vividas, escuchadas e inventadas.


4.     INFLUENCIAS. Yo no sé cuáles cuentistas me han ayudado a comprender los mecanismos de la ficción corta, como vos decís, pero sí sé que Felisberto Hernández hoy es el que más me gusta. Su humor, la espontaneidad, la ironía, la gracia, el personaje de sus libros, lo patético, lo raro. Felisberto no se pone a inventar cambiando de narrador cada dos renglones ni se inventa estructuras complejas ni se pone a inventar cambiando de tiempo todo el tiempo ni le interesa tener una “prosa potente” que vaya a mil ni lucírsele al lector ni quiere descrestarlo con trucos y experimentos… Lo que le interesa a Felisberto, como a mí, es contar una historia sencillita, cotidiana, en primera persona (excepto la novela corta Las Hortensias, que escribió en tercera persona) y listo. Pare de contar. Parecen cuentos chiquiticos, pero son inmensos y algunos llegan muy adentro de uno. También me gustan mucho Ibargüengoitia, Cepeda Samudio, García Márquez, Rulfo y muchos otros, por lo mismo.

5.     DEFINICIÓN. Antes  hubiera contestado que el cuento no debe desviarse, no debe irse por las ramas, que debe tener tensión e intensidad, que no debe contar más de una historia, que no puede ser más largo de la cuenta porque deja de ser cuento y se vuelve novela o más corto porque cambia de nombre, que debe ganar por nocaut y tener un inicio, un nudo y un desenlace y todas esas cosas que dicen los manuales y que la gente repite y que enseñan en algunos talleres. Ahora, hoy, te contesto que un cuento para mí puede ser cualquier cosa, que hay muchas maneras de escribirlo, que cada cuento tiene sus propias reglas, que nadie tiene la razón y todos la tienen cuando hablan de lo que es el cuento y que lo único que tiene que importar es que esté bien escrito.

6.     CARACTERÍSTICAS. Un cuento necesita libertad, que lo escriban como se le antoje al escritor. A mí me gustan mucho los cuentos espontáneos, que son como narraciones orales, con gracia, sin lenguaje rebuscado o refinado, sabiendo que detrás de esa espontaneidad hay muchísimo trabajo, mucho cerebro para que se lea espontáneo, o sea cero espontaneidad.


7.     PREMIOS. Los premios me han servido para motivarme a escribir, para agarrar confianza, para no tener que pasármela buscando editoriales que publiquen mis libros y para que lo que escribo sea más fácil de conseguir y la gente me lea más. Cuando uno no tiene amigos en este medio ni en los medios, cuando uno vive fuera del país, cuando uno no es de los que se mantiene tirando elogios por ahí a todo el que se le atraviese ni se mantiene metido en ferias y reuniones de escritores y redes sociales… ganar premios es una de las poquitas maneras de hacerse ver.

8.     DETRACTORES. Eso sí, ganar concursos también sirve, y mucho, para conseguir enemigos y gente que no lo quiera a uno ni poquito y, por eso mismo, que lo lea a uno todo el tiempo con juicio y hable de uno y lo mantenga vigente.

9.     MEDIOS. Con mis cuentos y con mis libros y con los premios que he ganado he conseguido más amigos y gente que me quiere y que piensa y habla bien de mí. Sin embargo, esta gente buena gente conmigo no ha logrado con sus comentarios positivos lo que sí han logrado los cinco que no me quieren. Por ejemplo: los cinco dicen algo malo sobre mí y entonces me entrevistan más, me buscan editoriales, revistas, aumenta la gente de la que es querida conmigo y por eso se venden más mis libros y a mí me va mejor. También me escriben escritores y me dicen puras cosas buenas y me apoyan y algunos me hablan de la frase famosa que una vez dijo Cochise. Además, me escribe gente contándome que los cinco que no me quieren aprovechan los talleres que dan para seguir hablando mal de mí. Eso pasa siempre en la vida. A muchos les duele que a los otros les vaya bien. Si los cinco que no me quieren tuvieran la razón y sus acusaciones fueran ciertas no me apoyarían escritores ni me buscarían editoriales ni me publicarían cuentos ni me invitarían a ferias del libro ni a charlas ni me estuvieras entrevistando vos ni llegaría tanta y tanta gente de la que es querida conmigo.

10. PLAGIO. Esto es algo personal que ya, y me lo han dicho varias personas, es evidente, patente. Ellos me acusan de algo que García Márquez, y solo lo menciono a él, hizo muchísimo: jugar, algunas veces, con una idea de otro escritor, sin copiar ni una sola línea. Desconocen que en la literatura las ideas no se protegen porque si se protegieran no existiría ni la mitad de los libros que existen. Yo a este tema no le paro bolas y no le voy a perder más tiempo. Mi tiempo lo invierto leyendo y escribiendo. Apunten lo primero, para que no lo olviden: la originalidad es un imposible.



   11  TEMAS. Para mí cualquier cosa es un tema. Mis historias parten de cualquier situación cotidiana. Y los temas en mis cuentos no varían de un libro a otro, del primer libro al último. Mis cuentos son de desamor, de vida, de muerte, de locura, de crímenes, de desencuentros, de enemigos, de muchachos… En fin, de lo que son todos los cuentos. Mis temas son los mismos de todos los escritores, la diferencia no está en el tema sino en la manera de abordarlo, en la manera de narrar la historia, entre otras cosas. Eso sí, en la mayoría de mis cuentos la niñez y la juventud son los protagonistas.

  12. GENEROS.Escribo cuentos simplemente porque es el género literario que más me gusta leer, el género que más disfruto y me divierte, el género que va más con mi personalidad. La extensión es lo de menos. He escrito cuentos de una página, pero también de veinte. Y mis libros tienen la extensión de novelas. Me gusta contar historias sin irme por las ramas, eso es todo.Se dice que el cuento es el entrenamiento para escribir una novela, y no estoy de acuerdo. No es más complejo escribir una novela que un libro de cuentos, es más, creo que es más difícil lograr un buen libro de cuentos que una buena novela. La diferencia entre los dos géneros es que la novela es extensa y el cuento intenso. Faulkner, por ejemplo, decía irónicamente que “todo novelista quiere escribir poesía, descubre que no puede y a continuación intenta el cuento, y al volver a fracasar, y solo entonces, se pone a escribir novelas”.Además, no he pensado en escribir una novela porque el cuento me gusta mucho. Me reta eso de la economía del lenguaje, escribir sin retórica, sin adornos, sin rodeos, sin ripios, sin irse por las ramas dejando abandonada la historia, sin personajes secundarios, digresiones… Me gusta el cuento porque va al grano, mientras que la novela divaga. A mi juicio, y entendiendo que la novela busca otros efectos y se mueve en un universo diferente, en su mayoría son ripiosas, relatos a los que les sobran muchas páginas, cuentos hipertrofiados. El novelista, el mal novelista, decía el escritor Julio César Londoño, es un parlanchín que sigue hablando cuando el lector ya se ha ido. Por eso me quedo con el cuento, porque le doy más importancia a la historia (a la anécdota), característica del cuento, que a la reflexión, característica de la novela.


13.   CONCURSOS. Sí, siempre es sorpresivo ganarse un concurso, a menos de que esté arreglado y uno sepa de antes que ganó. Uno confía en su libro, en su escritura, claro que tiene esperanzas, pero uno también sabe que hay gente muy buena que como uno puede ganar. Los concursos, además de la calidad de la obra, tienen un gran porcentaje de suerte: que no participe un libro mejor, que el jurado sea el más pertinente para el ganador (los mismos gustos), que en el momento de la lectura de tu libro los jurados no tengan sueño, que tu sobre de manila con el manuscrito llegue a la dirección correcta, que el concurso no tenga ganador antes de que salgan las bases, que los jurados no se encuentren con un amigo entre los participantes, muchas cosas.

14. HUMOR. Yo no es que quiera escribir cosas cómicas. Lo que pasa es que a mí me están gustando últimamente personajes raros o personajes no muy comunes y entonces yo solo escribo lo que son ellos y lo que hacen y a lo que se enfrentan, y eso hace reír. El humor en mi literatura está más que todo en los personajes que elijo. Me gusta mucho el humor, la literatura que es pura imaginación, la absurda, la que arriesga, la que le pierde el respeto a la misma literatura, la que ignora la solemnidad, la que está llena de ironía, gracia, sarcasmo, caricaturas, exageraciones, espontaneidad.

15. NOTORIEDAD. En general se publica y se vende al autor y no a la obra. Alguien con “nombre” no hace la fila, tampoco alguien recomendado por alguien con “nombre”, entonces la opción es enviar a concursos, que tardan meses o años en dar el resultado y solo gana uno. Además, los concursos tienen poca difusión como para sacar a un autor del anonimato. El tiempo y la calidad de la obra, creo, sacan del anonimato a cualquier escritor bueno. O un escándalo u otras cosas que no tienen que ver con la calidad.