ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

jueves, 5 de octubre de 2017

12 lecciones para el ensayista contemporáneo. Andrés Malamud

12 lecciones para el ensayista contemporáneo. Andrés Malamud

Una buena idea puede malograrse en un texto pantanoso, poco claro. Y una idea simple puede brillar si el texto está bien resuelto. El politólogo Andrés Malamud se ha convertido en un experto en el arte del ensayo breve y polémico. Hace poco le pidieron el secreto de su método y lo sistematizó en un decálogo que, como todo buen decálogo, contiene más de diez lecciones.
“¿Cómo escribís una nota?” – me preguntó Juan Pablo Varsky al aire. Varias veces le había dado vueltas al tema, pero la respuesta salió medio improvisada. Decidí que tenía que pensarlo mejor.

La ocasión surgió en el Congreso Nacional de Ciencia Política, a principios de agosto de 2017. En un panel sobre periodismo y ciencia política, el mismo Juan Pablo, María O’Donnell, Esperanza Casullo y yo reflexionamos en voz alta y con el público. María tiene la virtud de ser periodista con título de politóloga; Esperanza, el talento para ser politóloga con título de comunicóloga. Para satisfacción de los cuatro, el auditorio estaba lleno, intrigado y entusiasta. Transcribo acá lo que dije entonces, una suerte de decálogo que resume mi experiencia como politólogo que procrastina en los medios. Espero que sea de utilidad para quienes, además del trabajo académico, deciden dedicar su tiempo a la divulgación científica o el análisis político.



1. Prioridad. Los médicos tienen un lema: primum non nocere – lo primero es no dañar. Si pueden, curan; si no, al menos no empeoran. Salvando las distancias, la comunicación de ideas debería parafrasearlos: primum non abhorrere, lo primero es no aburrir. El mejor argumento es estéril si la audiencia cambia de canal.


2. Tema. Para elegir el contenido no hay reglas: puede responder a un pedido del editor, a un tema candente, a una antigua obsesión. Pero el supremo estimulante son las ganas de ganar una discusión, de demostrar que el otro está equivocado. Los argumentos mejoran cuando tienen rivales.

3. Objetivo. Aunque la motivación sea ganar una discusión, la finalidad es ayudar a entender al que la mira de afuera. Un artículo cumple su función no cuando el público aclama sino cuando exclama: “ahhh…”.

4. Foco. Pensar, decía Borges, es olvidar diferencias. No sirve de nada el mapa cuando tiene el mismo tamaño que el territorio. Hay que identificar lo esencial y relegar lo accesorio. Los matices son importantes, pero el detallismo y los firuletes juegan para el rival.

5. Secuencia. Los mejores artículos de opinión o difusión siguen la fórmula de The Economist: entender, simplificar, exagerar.

6. Estilo. La clave de la buena escritura es KISS: Keep It Short and Simple. Frases cortas y sin miedo al punto y aparte. Ni cero ni dos: una idea fuerte por párrafo. Limitar las enumeraciones y los adjetivos. Minimizar las oraciones subordinadas. Riqueza de vocabulario sí, jerga no.

7. Conceptualización. Hace falta definir los conceptos, sobre todo cuando el uso cotidiano es ambiguo o disputado. Pero puede hacérselo mediante metáforas, que denotan menos pero connotan más. El truco es convertir al lector en cómplice, y no en víctima, del texto.

8. Datos. Las opiniones son como las narices: todos tenemos una, y sólo nos sirve a nosotros. Los argumentos se defienden con evidencia, no con impresiones. No pretendamos que el lector crea en nuestra palabra sólo porque es nuestra: a la brigada de los sin datos se la combate mostrando aquello que más detestan.

9. Fuentes. Una nota periodística no es un paper: hay que evitar el tono y la forma del académico. Pero tampoco hay que robar. Cuando una idea tiene autor, es cortés recordarlo. Y también es útil: el lector curioso (o desconfiado) puede así chequear nuestras afirmaciones y, si lo desea, ir más allá y ampliar sus lecturas. La presentación conjunta de datos y fuentes contribuye a tornar una columna de análisis política en una de divulgación científica.

10. Encuadramiento. ¿Nuestro tema es un caso de qué? ¿A qué reino, familia, género y especie pertenece? Es crucial distinguir si tratamos de una regularidad histórica o una coyuntura crítica, de tiempos normales o excepcionales, de un estado, un gobierno o un régimen. Si hay dudas, las respuestas están en El Príncipe, El 18 Brumario, El político y el científico o cualquier trabajo de Giovanni Sartori.

11. Comparación. A partir de un caso es imposible generalizar, ¡pero también es imposible individualizar! ¿Cómo saber que algo es único si no miramos otra cosa? Quien solo conoce su país no conoce ningún país. Y así con todo.


12. Humor. Un chiste contribuye a no aburrir, pero además cumple otra función: enfriar. El humor obliga a tomar distancia y da perspectiva. Porque un ciudadano indignado es un buen ciudadano, pero un analista indignado es un mal analista.

sábado, 30 de septiembre de 2017

“¿Qué es una buena novela?”, Virginia Woolf

“¿Qué es una buena novela?”, Virginia Woolf

1.       Una buena novela es cualquier novela que le hace a uno pensar o sentir.

2.       Tiene que meter el cuchillo entre junturas del cuero con el que la mayoría de nosotros estamos recubiertos.

3.       Tiene que ponernos quizás incómodos y ciertamente alerta.

4.       El sentimiento que nos produce no tiene que ser puramente dramático y por tanto propenso a desaparecer en cuanto sabemos cómo termina la historia.

5.       Tiene que ser un sentimiento duradero, sobre asuntos que nos importan de una forma u otra.

6.       Una buena novela no necesita tener trama; no necesita tener final feliz; no necesita tratar sobre gente simpática o respetable; no necesita ser lo más mínimo como la vida tal como la conocemos. Pero tiene que representar alguna convicción por parte del escritor.

7.       Tiene que estar escrita de modo que transmita la idea del escritor, ya sea simple o compleja, tan fielmente como sea posible. No tiene que repetir aquello que es falso o trillado simplemente porque al público le resulta fácil mascullar una y otra vez sobre lo falso y lo trillado.

8.       Todo esto se refiere a las novelas escritas en el pasado. Es imposible estar seguro de cuáles serán las características de una buena novela en el futuro. Las novelas contemporáneas nos sorprenden a menudo por ser muy distintas de aquello que hemos aprendido a admirar y crean una belleza que, al ser tan distinta de la antigua, resulta mucho más difícil de apreciar. Pero lo contrario también es cierto; algunas de las mejores novelas también se han hecho inmediatamente populares y del todo fáciles de entender.

9.       El único método seguro de decidir si una novela es buena o mala es simplemente observar nuestras propias sensaciones al llegar a la última página. Si nos sentimos vivos, frescos y llenos de ideas, entonces es buena; si quedamos hartos, indiferentes y con poca vitalidad, entonces es mala. Pero estar seguro de lo buena que es una novela y el tipo de virtud que tiene resulta extremadamente difícil.


10.   El mejor método es leer lo antiguo y lo nuevo uno al lado del otro, compararlos y así desarrollar poco a poco un criterio propio.

lunes, 4 de septiembre de 2017

EL OFICIO DE ESCRIBIR (APUNTES DE MEMO ANJEL SOBRE EL CUENTO)


EL OFICIO DE ESCRIBIR (APUNTES DE MEMO ANJEL SOBRE EL CUENTO)

José Guillermo Ánjel Rendo, “Memo Ánjel”

Extractos de una conferencia dictada en UNAULA. Tomado de : http://publicaciones.unaula.edu.co/index.php/ratiojuris/article/view/239/219

1. En esto del oficio de escribir es como todo, un oficio. A mí me gustan mucho las frases de las señoras antioqueñas cuando le dicen a alguien: coja oficio, usted no tiene oficio, fulano no tiene oficio. El oficio es aquella tarea que hago permanentemente y en la cual, de tanto estarlo haciendo, necesariamente mejoro y desarrollo lo que nunca antes se me había ocurrido. Entonces, cuando hablamos del oficio de escribir o del oficio de pintar o del oficio de tomar fotos, por ejemplo, hablamos de oficios que se mejoran en la medida en que vamos haciendo más. Si el día de mañana alguno de ustedes quisiera escribir, tiene que empezar por escribir todos los días, o si quiere pintar tiene que pintar todos los días. Es como aprender un idioma, asunto que resulta muy fácil cuando uno repite todos los días las palabras que va aprendiendo, porque las palabras son una costumbre. En el momento en el que a usted se le vuelve una costumbre hacer algo, en ese momento usted mejora necesariamente. Se discute mucho sobre las rutinas. Una rutina es rutina cuando no tengo conciencia sobre ella, pero si logro racionalizar una rutina, eso que es rutina de todos los días se convierte en un nuevo descubrimiento. Esto, más o menos, es lo que pasa cuando empezamos a escribir.

2. ¿De qué escribimos? ¿Cuál es el territorio de la escritura? El territorio más cercano de la escritura es mi propia gente. O sea, cuando soy capaz de contar historias sobre los míos.

Personajes: Y cuando estoy hablando de mi gente, hablo de mis tíos, mis primos, mis hermanos y demás parentela, que es la gente más cercana. Ahí lograríamos una primera idea de producir literatura. Estas personas que nos son cercanas son muy fáciles de imaginar para nosotros. En todas las casas antioqueñas hay uno que siempre ha vivido no sabemos cómo. A ese lo sostiene la familia y si algo hace, no sabemos cómo lo logró. Pero ese señor sobrevive a lo largo de la historia y se muere de viejo y más sano que todo el resto. Aparece, entonces, este territorio cercano, que es el primer ejercicio y espacio propicio de escritura.

Entorno: Eso es lo más importante de todo, situarse. Por eso Borges decía: “lo primero que hice fue poetizar mi barrio”. Y escribe un libro bellísimo sobre su propio barrio, Adrogué, que se llama Fervor de Buenos Aires, donde define la ciudad a partir de su propio espacio: por ahí caminaba, por ahí lo conocían, por ahí sabían quién era quién, quién era el uno, quién era el otro. Así, toda esa cercanía nos permite dar un testimonio de si estoy en el mundo, ¿dónde estoy?

Influencias: Lo mismo pasa con la escritura. En la medida en que uno lee buenos escritores, en esa medida uno se motiva a escribir. O sea, los que escribimos somos el fruto de otros escritores. No sería capaz de decir que  a mí no me ha influenciado nadie. Sí, he tenido el influjo de mucha gente, incluso tengo un maestro y ese fue el que seguí. Un escritor que me gustó, un escritor muy completo, al que me puse a estudiarlo para saber cómo escribía, de qué hablaba, cómo desarrollaba su mundo. Ese maestro fue Isaac Bashevis Singer. Si uno no tiene un maestro es muy difícil acertar. Lo mismo pasa en las profesiones, uno siempre tiene un referente teórico grande.. Lo mismo sucede con la literatura, uno tiene que ser un gran lector y, aclaro, un gran lector no implica leer muchos libros, sino leer bien un libro. Cuando me gusta un libro, lo fotocopio y digo que me dejen libre la hoja de atrás porque ese libro lo leeré haciéndole anotaciones en la hoja que está limpia. De esa manera me puedo gastar dos meses, lo que sea, y logro sacarle al libro lo mejor que contiene. Ya, el libro que compré, lo tengo en la biblioteca para llevármelo a leer. Un libro se debe aprender a trabajar. Ya, cuando uno logra hacer carrera literaria, es porque domina a ese maestro que lo influyó. Y ese dominio es contar lo que él no pudo contar.

Inmersión en el tema: Hay un tercer elemento que a mí me gusta mucho cuando estamos hablando de estos temas y es que un escritor tiene que caminarse la ciudad. Y caminársela es a pie, es meterse a todas partes, es comer lo que la gente come, es no privarse de nada de lo que me da la ciudad, la ciudad me da de todo. Ahora que venía para la Autónoma, había un montón de negocios en donde venden madera, telas, de todo, ahí hay cantidad de historias para contar, que las lograré contar si tengo muy claro el espacio que yo camino, si soy curioso con mi propia ciudad. Medellín a mí, por ejemplo, todos los días me asombra. Cada vez que estoy aburrido (o estoy, como les pasa a todos, desmoralizado) me voy a caminar la ciudad. Y ahí vuelvo y me reconcilio con la vida porque encuentro gente que está haciendo algo maravilloso por simple que sea. Vuelvo y repito, no podemos caer en la trampa en la que se está cayendo ahora en Colombia de producir sólo novela de violencia, como si un panadero no pudiera ser un gran personaje de novela, como si un estudiante universitario no pudiera contener en sí una historia maravillosa. Hay historias más especiales y trascendentes que esa, que es noticia rutinaria en los periódicos. Este tercer elemento, y es muy bueno que hagamos de esto un conversatorio, es mi ciudad. Montar en buses, dominar el metro. Eso es lo que uno tiene que saber narrar, porque yo no puedo narrar sólo lo que veo, tengo que narrar lo que siento.

Dominio del tema: Hay un cuarto espacio importante y es que yo no puedo narrar nada que no conozca a pesar de que la literatura es una ficción y se define como algo que pudo haber pasado. El sitio donde se da la historia tiene que ser completamente real, el momento histórico en el que se da la ficción tiene que ajustarse a lo que realmente pasó. Lo anterior implica que, para uno narrar, tiene que conocer sobre eso que narra. A mí me gusta narrar esas historias de los inventores que fallan, pero para eso tiene uno que estudiar física y geometría a fin de saber de qué máquina está hablando. De inmediato se nota que un escritor sabe de qué está hablando, no está inventando nada, lo único que no es cierto es la historia que cuenta, el resto existe, es cierto.

Y viene un quinto elemento: es la pasión, uno sin pasión no hace nada. La pasión es lo que lo lleva a uno a hacer posible las cosas. Soy profesor en la universidad y cuando uno pone un trabajo, los alumnos lo miran a uno y se preguntan: “¿este señor cree que yo tengo tiempo, que a mí me sobra el tiempo, será que cree que yo me puedo partir en dos?” Uno a los estudiantes les pide lo imposible para que hagan cosas que ellos mismos no creían que eran capaces de hacer. Así que la exigencia es para que desarrollen pasión. Cuando uno crea pasión por algo, llega a donde no se imagina. Y llegar donde no se imagina es el primer marco de la escritura. Pero no basta la pasión. El escritor se fundamenta, toda literatura y toda forma de escritura se fundamenta en algo.

3. Tipos de escrituras. Cada vez que usted está escribiendo, está escribiendo historia, o sea, usted está produciendo un documento que en las manos de un historiador, dentro de 100 ó 200 años será tremendamente valioso si está bien escrito. Nosotros sabemos qué ha pasado, cómo estudiaba la gente, qué cosas estudiaba, precisamente porque hubo gente que escribió bien sus trabajos y quedaron tan claros que después los tomó un historiador, como Georges Duby, por ejemplo, que investigó la vida privada, y a partir de ellos recreó lo que la historia oficial no cuenta: la historia de las mentalidades. O sea, al escribir algo uno no está cumpliendo con una mera tarea. Uno, en la universidad se está imponiendo una tarea. Y es la de que a través de mí doy testimonio de lo que yo soy capaz de hacer, de lo que pienso, de la manera de resolverlo. Ese testimonio es lo que se convierte en historia el día de mañana. Diría que la primera forma de escritura es cualquier documento, cualquier trabajo que esté bien hecho, ¿para qué?, para no equivocarme, para que nos podamos reconocer en la historia y no nos condenemos a repetirla. Esto ya se ha discutido mucho.
Habría un segundo tipo de la escritura y es aquella escritura que discute conceptos. Los filósofos, los científicos, los teóricos sociales, discuten formas de pensar y actuar. Y si bien pueden estar equivocados, al menos hay un documento de partida. La verdad es una búsqueda que vamos construyendo y a partir de ahí mejoramos. Nadie tiene la verdad, la verdad es la exposición de unos códigos, porque el código tiene que partir como verdad para que las sociedades funcionen o sino no funcionarían nunca. De igual manera damos como ciertos los manuales tecnológicos, construyendo verdades normativas, verdades para que esa tecnología nos funcione. Ya el día de mañana, le agregarán cosas al código, le agregarán nuevas normas al manual, lo que sea, pero hoy estamos dando fe de cómo pensamos y de cómo, a través de nuestras normas, evitamos cometer el mayor error. La norma es clara, es escritura que plantea lo que ahora damos como lógico.
Con la escritura doy, dejo de estar solo, soy útil. Pero no se trata de escribir tonterías sino de dar un testimonio. La poesía, por ejemplo, se encarga de nombrar lo que no está nombrado, de encontrar posibilidades donde no han sido halladas. La poesía no es hacer versos que rimen, no. La poesía es como una fotografía. Una buena fotografía se convierte en una idea, y esa idea tiene palabras y a partir de ahí se descubren nuevas formas de ver y sentir.

4. La búsqueda. La búsqueda hace parte de cualquier profesional que se respete. Así, en lo que escribimos hay una búsqueda. El trabajo del escritor es el de buscar y en eso que busca (en las preguntas que se hace) está la literatura. En aquello que accionamos, inventamos todo el tiempo con base en dos inventos nuestros: las palabras y los números. Hay dos cosas que nunca existieron en la naturaleza, las palabras y los números. Esto lo inventamos nosotros para comparar las cosas, para medirlas, para darles un sentido, pero de palabras y números no existe en la naturaleza. El mundo es un problema de lenguaje, una construcción de nuestro lenguaje. La creación de nuestras palabras y números sirve sólo para nosotros. Escribimos para dar testimonio de nuestra época, para contar qué pasa, para contar cómo me siento, para contar lo que es capaz de hacer un ser humano.

5. La necesidad de hacerlo verosímil. La literatura ha terminado salvando la condición humana, porque, como los escritores contamos lo que no es mera realidad sino algo más, lo que no es sólo cierto sino posible, logramos trascender lo evidente. La literatura advierte sobre un asunto y lo representa como verosímil; presenta un valor, la moral verosímil, el desorden moral verosímil. Y con base en la verosimilitud, piensa el ser humano y se hace preguntas. Hay muchas maneras de llegar a las cosas. En mi caso, las novelas que leo, me marcan de alguna manera. Me marca la buena escritura. Esta es la tarea del escritor, marcar al lector, darle una idea del mundo. Los que escribimos literatura somos más libres para escribir y pensar, no tenemos compromisos, los personajes hacen lo que quieren, piensan como quieren, no se comprometen con nada que no sea su propia historia. El escritor, simplemente, está frente a una ventana mirando y si le gusta mucho la historia, se mete en ella y da sus razones sobre la vida y el mundo. Así, siguiendo una frase de Augusto Roa Bastos, el gran escritor paraguayo, uno escribe el libro que uno quisiera estar leyendo. Eso es lo que hace el escritor que, al igual que un buen lector, mientras escribe, se pregunta: esto para dónde va, qué es lo que hacen esos personajes, por qué ven de esa manera el mundo, cómo se aman y se pierden o encuentran, sobre qué discuten y reflexionan. La literatura termina siendo una visión de las cosas, una idea sobre algo. Una gran pregunta que se resuelve.

6. Ir más allá de la anécdota. La anécdota sin reflexión no es literatura, es periodismo o historia objetiva. Esto debe quedar claro. ¿Qué sucede con lo que ha pasado en la ciudad? Si a alguno de ustedes le gusta escribir, la ciudad plantea realidades múltiples. Nosotros, como los de cualquier parte, no tenemos una sola realidad. Esto sería terrible. La realidad es múltiple y diferenciada. Cuando se va a Buenos Aires, lo primero que hace uno es no mirar mucho las vitrinas de las librerías por la cantidad de libros que narran la ciudad. ¿Y por qué hay tantos libros sobre Buenos Aires? Porque todos cuentan situaciones diferentes: amor, delirio, sueños, absurdos, magia, humor, etc.. Nosotros, en Colombia, hemos caído en una trampa. Producimos una sola realidad: la violencia. Y si a esto le añadimos, como dice Javier Marías, el monoteísmo rabioso, sólo tenemos una sola persona para legitimar lo que se hace: un mejor jugador de fútbol, un mejor escritor, un mejor pintor, un mejor tal cosa. Y, claro está, una mejor realidad (la necro filia que las editoriales venden). Es un problema de monoteísmo mal entendido. Como decía Mel Books, un humorista norteamericano, los hebreos eran tan pobres que sólo tenían un solo Dios. Creo que somos muy pobres porque sólo tenemos de a uno. Y si no hay uno, tenemos uno y muchas crías de ese. Nos adelantamos en esto de la clonación. Hace un par de años estuve en una librería en Berlín y allí pedí que, por favor, me recomendaran un libro del mejor escritor alemán. El librero se quedó mirándome y me dijo: “señor, mejor en qué. Aquí hay muchos escritores, dígame qué quiere usted, novela policíaca, histórica, contemporánea, científica”. Fue una buena lección. A García Márquez lo leo como un clásico del Caribe, igual que leo a Homero y el Mediterráneo. Pero no estoy condenado a leerlo ni aceptarlo como escritor único. Pero no, en nuestro medio sólo hay uno y ese uno habrá de resolverlo todo. Como digo, es un monoteísmo mal entendido y una trampa que los medios y las editoriales ponen a los demás escritores, obligándolos a hacer copias o a desaparecer. Este problema, que nos impide leer novelas de amor, de situación de los homosexuales, de problemas financieros, de inmigrantes, etc., como si sólo hubiera un tema único (la tanatofilia) y estuviéramos obligados a rendirle culto, es lo que ha hecho que ya nadie se interese en traducir nuestra literatura. Realmente, no hay nada qué traducir. “Tráigame algo distinto”, me decía un editor en Zürich, algo que no sepamos”.

7. Las opciones. Claro que hay otro problema y es que los lectores no protestan contra esta literatura única, que niega las otras versiones de la realidad. No, hay muchas opciones de novela en la ciudad y los escritores deben buscar esas opciones: la historia de la empleada, la del obrero que estudia, la del cura que se niega a reconocer que no puede serlo, etc. No quiere decir esto que niegue que matan en las ciudades. Claro que sí matan, pero también hay gente que va al cine y enamora, que fracasa con un invento, que vive silenciosamente una tragedia con su mujer. La tarea de escribir, entonces, es hacerse una pregunta y darle rienda suelta a la imaginación, estableciendo lo que pudo haber pasado. Por esta razón, lo primero que se hace necesario para escribir es tener una historia que contar, no necesariamente cierta (para no caer en el anecdotismo). La literatura vuelve verosímil lo que se cuenta.

8. Los temas. No hay nada más libre que la literatura. La literatura reitera los temas: novelas del amor, novelas de la muerte, novelas del odio, novelas de la guerra, novelas de la locura, novelas del absurdo, pero siempre de manera diferente. Cada escritor es un mundo, un asteroide como los que conocía El Principito. Los temas literarios son muy pocos, pero se reescriben permanentemente porque cada uno es una reacción distinta. Así, uno comienza a escribir cuando ya se montó en la historia. Y entonces, comienza la película, con sus escenarios y personajes, con el lenguaje bien escrito, con sus sensaciones y preguntas. Y en esto soy claro, para escribir se necesita saber hacerlo bien. Alguien recomendaba aprender idiomas extranjeros para valorar la propia lengua, para encontrarle más posibilidades.

9. Las herramientas. He descubierto en el español muchas posibilidades después de conocer otras lenguas, porque uno tiene que escribir de manera gramatical. ¿Qué es la gramática? Es pensar en orden. Por eso los grandes profesionales son grandes gramáticos, piensan de manera ordenada. La misma gramática del lenguaje es la gramática de las matemáticas y de la ciencia. Es una manera clara de expresar algo. Y si no se tiene clara la estructura gramatical, pensamos de forma confusa. De aquí que quien está demostrando si piensa de manera ordenada o no, quien tiene una redacción (incluyendo la ortografía) impecable, tiene un orden mental impecable. La ortografía es la forma de escribir correctamente lo que estoy diciendo. La ortografía es la manera de no contradecirse con lo que se dice de manera oral, es llevar sonidos a la escritura, la forma de hablar, por eso las tildes y las letras correctas. La gramática, entonces, es lograr de lo que pienso el orden mayor, el mejor de los órdenes. Y si se pasa por encima de la gramática, lo que se muestra es un gran desorden. Sucede cuando se habla una lengua extranjera: si se habla bien, se obtiene un reconocimiento. Una buena pronunciación, una buena disposición de la frase, acerca a las personas, las hace más confiables. A quien le va mal en un país extranjero, se debe a que no habla bien. Todo inmigrante que comienza a hablar correctamente en el país donde está, sube inmediatamente. Con palabras y frases correctas, los demás saben que lo pueden oír, que ya sabe entender. Llevemos esto a la literatura: nos admite en la medida en que sabemos escribir y lo que se cuenta obedece a un orden. En la escritura todos somos inmigrantes.
El Premio Nobel de Literatura se da a la escritura, a quien cuenta sobre una cultura y da razón de sus espacios y encuentros, de la Filosofía y el Derecho, de lo cotidiano y la humanidad que allí se desenvuelve. Y en esa escritura se hace la demostración de saber argumentar lo que pudo ser, eso que es verosímil porque no va contra la razón.





Un cuento es una situación 
(Apuntes sobre el asunto de la fragmentación)

1.Los hombres —sean éstos mujeres u hombres o una mezcla de los dos— nos inventamos el lenguaje, algo tan enorme que únicamente podemos acceder a él a través del fragmento: la palabra. Y también las matemáticas, con las que medimos y pesamos, establecemos cantidades y un lugar en el espacio, preciso y pequeño para lograr ser entendido. O sea que habitamos el fragmento, un pedazo, nunca nada entero. Por esta razón, frente al cosmos evidenciamos apenas el microcosmos. Y en éste nos encontramos con nuestro yo, con unas circunstancias, con el otro o con lo otro. Somos en espacios reducidos.

2.La vida de una persona está compuesta por muchos cuentos, algunos bellos, otros atroces. La tarea de psicoanalista se centra en reescribir estos últimos. Y de esos cuentos con los que construimos nuestra educación sentimental (los bellos, los feos, los invisibles), nunca sabemos cuáles fueron ciertos o imaginarios. Nuestra vida es un acto de fe. La memoria no es ninguna certidumbre, es sólo la literatura que hemos hecho de nuestra vida. La historia, que trata de demostrar lo contrario, termina mintiendo para que los hechos narrados sean verosímiles. Y si miente, como bien sabemos, imagina. No estoy, entonces en contra de la historia sino de su presunción de convertir lo general en un hecho único, evadiendo los fragmentos que la hicieron posible como algo digno de saber. La historia, como descubrió Georges Duby, más que acontecimientos que se representan en estatuas o en catecismos (hoy los llamamos manuales), es fruto de las mentalidades, de los cuentos que nos creamos para ponernos de acuerdo en lo bueno y en lo malo, en que D’s existe o en que tenemos una geografía y, a partir de ella, un sitio leído para imaginar. Y siendo en el cuento, pues sólo estamos en lo que pensamos, como dice Rabí Israel Baal Shem Tov, nos enteramos de nuestra existencia, que puede ser real o fabularia. Lo importante no es el hecho sino la impresión del hecho, la marca que crea en nosotros, la palabra que tomamos o escupimos, ésa con la que nos untamos o nos limpiamos.

3.El cuento, la situación única posible, no niega el resto de la literatura. Una novela, como bien demostraron Plinio Apuleyo y Miguel de Cervantes, es un compuesto de cuentos que se dan en torno a un mismo personaje. De ahí que la tradición de la novela se centre en cuentos por capítulo. Igual pasa con la poesía, que es un cuento que narra la sensación de sentir. Y con una oración, que narra el cuento de someterse a la obediencia. Y con el ensayo, que narra el cuento de un hombre que reflexiona. Esto quiere decir que seguimos en el fragmento como única posibilidad de saber qué somos y hacemos en un momento determinado.

4.En nuestro medio, salvo algunas dignas resistencias —gracias a cualquiera de los dioses—, la literatura sobre la violencia es una constante (es el tema general) y se pasa de un sicario a otro, de un sapo al otro, de una prepago a la otra, como si el mundo se hubiera reducido a la tanato-porno-miseria. El resto del mundo no existe, sólo el dolor y la necesidad apremiante de dinero. El despecho cantado, la inflamación genital, las balas rezadas, se han apoderado del espacio narrativo. Sólo hay una memoria: la del dolor. Y con ella una expresión única: la guerra. Las demás puertas, esas otras realidades ajenas al religionerismo y a la morbosidad de asistir a la muerte atroz, permanecen cerradas. ¿Qué ha pasado con el amor y el erotismo del que sabe que la caricia existe? ¿Qué ha sucedido con el humor y el absurdo? ¿Ha desaparecido la inteligencia y la capacidad de reflexión? ¿Somos una gran máquina que escupe muertos? Creo que no tenemos cuento. ¿Y cómo tenerlo si únicamente vemos la generalidad y lo que es peor, la más delirante de las generalidades?

5.Los cuentos, eso que los norteamericanos llamaron a short story, son hoy, en primera instancia, la única posibilidad de leer las múltiples realidades humanas. Y si tenemos en cuenta que en cada espacio se da una historia diferente, ya que los hechos son distintos, no importa que se vean asediados por lo mismo (como en el caso del Decamerón de Giovanni Bocaccio), la posibilidad de salirse de la realidad única (la mediática y la que obedece a intereses extraños) es muy amplia. En este momento en una cuidad del tamaño de Medellín, pueden estar sucediendo muchas cosas. Y digo pueden, porque la literatura cuenta lo que pudo haber sucedido y no lo que sucede, para ello están los periódicos libres y autónomos —muy pocos, por cierto—. Digo entonces que pueden suceder hechos que tienen que ver con el amor de una muchacha que espera el bus, con la economía de un obrero, con el asombro de alguien que reza, con la muerte sin sumario de un hombre que debe dinero, con una señora que sube unas escaleras, con un niño que se masturba por primera vez, con una maestra a la que la mens­truación no le llega, con un profesor de química invadido por los celos, con una mujer madura a la que se le ha despertado de nuevo el deseo, etc. Estos hechos son dignos de ser narrados. En lo que puede pasar no sólo está el acontecimiento violento. Sin embargo, nuestro cuento sigue siendo general. Pasa igual con los negocios que se copian y a nadie se le ocurre más sino lo mismo. Ahora, si esto debe ser así, quiere decir que en Colombia no hay inteligencia y menos creación. Los animales se caracterizan por hacer lo mismo. Los hombres por no hacerlo.

6.Pues bien, siempre estamos al lado de algo que se puede narrar. ¿Cómo no hablar de Darío, de sus caminatas bajo el sol y la lluvia, de sus peleas con las palabras (las ciertas y las mentidas), de sus desencantos frente a una ciudad que se automatiza y convierte la acción entre dos (del mismo o de diferente sexo) en un mero acto de consumo? ¿Cómo no hablar de mi pasado, distinto en geografías y concepciones del mundo? ¿Cómo no hablar de mis viajes en bus, de las caricias negadas en un cine, de mis ascensos hasta un séptimo piso subiendo unas escaleras deformes? ¿Cómo no hablar de ustedes, aquí presentes, que oyen lo que decimos, que quizá nos odian o nos quieren? Un escritor siempre vive a la orilla de un cuento, está en vecindad con él, puede ser en él. Ya lo decía Horacio Quiroga en su decálogo: el autor es uno de los personajes.

7.Para hacer literatura hay que saber de qué se habla. Y con eso que se sabe, hacer una transformación. Uno de esos disfraces que tanto le gustaban a Gustave Flaubert. Y en esto soy claro: el cuento que está a nuestra orilla no es un hecho anecdótico sino un acontecimiento fenomenológico. Es decir, enfrento el hecho con lo que sé, los conceptos que tengo del mundo y mis posibilidades de relación con él. Y sumando lo que hay ahí con lo que quiero que sea, y con lo que tengo para que sea así y no de otra manera, lo transformo. El cuento, entonces, aparece como una segunda realidad, más necesaria que la primera para que haya algo nuevo sobre la tierra.

8.Un cuento es una situación inesperada pero posible. Y lo posible es aquello que está dentro de lo verosímil. No es entonces una verdad ni una mentira. Es lo que hay entre estos dos conceptos, la memoria que va entre lo vivido y lo imaginario. Es un acontecimiento fragmentado que permite dobles: Una realidad doble, una situación doble, una palabra doble, una orilla doble como ésa que usan los hombres y mujeres que caminan sobre las aguas.

9.Estar a la otra orilla del cuento es asistir a la vida. Y como dice Norman Mailer, dotarla de una pregunta. Porque la realidad es real (lo que los griegos llaman una apóstasis), cuando nos confronta y nos obliga a responder. Y esta respuesta es un cuento primero, algo inverosímil que se vuelve verosímil a medida que le agregamos o quitamos palabras. De los cuentos de Tennesse Williams nacieron sus obras de teatro. Los cuentos de William Faulkner produjeron novelas. Es que entraron al otro lado de la orilla, haciéndose preguntas, que es la mejor manera de escribir. El cuento, entonces, es una situación. Y entre más simple, más evidente. No es una vitrina llena de asuntos, como las que se ven en los almacenes de promoción. Es un cartel, un grito pegado a la pared. Y como en unas buenas vacaciones, quien pase por él debe salir transformado. O, en términos religiosos, una oración que si al ser rezada no cambia el mundo, sirvió para nada. Así, cada vez que entramos en un buen cuento (leyéndolo o escribiéndolo) pasamos de un paisaje a otro. Y ese paisaje ya no se va, así lo cubran de publicidad y propaganda. Y lo más excepcional: nadie me lo puede quitar, ni D’s ni un presidente loco.


10.Los hombres creamos las palabras para volvernos humanos. Y a más palabras, más humanidad.. De lo que se trata es de que en la orilla, en ese cuento que no habíamos tenido presente a pesar de estar ahí, hay palabras que no habíamos tenido en cuenta, insignificancias que cobran significado. Esto es quizá lo maravilloso de un cuento, que solo tiene más palabras. Y que la orilla no es una barrera sino una entrada. 

miércoles, 30 de agosto de 2017

CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA NEGRA

CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA NEGRA (En 8 sencillos pasos, consejos de diversos autores)

Artículo original:

“How to write… crime fiction” es el título que usa Mark Sanderson (de quien no hay información)  quien escribió una novela llamada “Snow Hill” que es la primera de una trilogía que fue publicada en Enero por HarperCollins. El artículo es viejo, pero la novela policíaca no envejece así, que el textico tampoco. No sé qué tan erudita será, conozco poco de literatura de esas características y menos inglesa, que es el mayor número de referencias hechas por el autor, por lo que no me atrevo a dar un juicio directo de contenidos. Sin embargo, hay cosas que me gustaron y por eso la pongo.

CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA POLICÍACA

Las novelas policíacas y los thrillers cuentan con más del 30 por ciento del total del mercado de libros. Lo cual hace al crimen el delito favorito de la nación (Reino Unido). Esto significa que la competencia para ingresar a la lista de Best-sellers es feroz. El listado siguiente, basado en la experiencia de destacados profesionales, proporciona una guía esencial que mejorará sus oportunidades de pasar a impresión.

1. “Tenga algo que quiera decir…” dice Ian Rankin, el creador de John Rebus. “Puede ser un argumento ingenioso, o un asunto polémico. Debe tener una necesidad imperiosa de interactuar con los lectores. De lo contrario ¿por qué escribir?. Su nueva novela The Complaints, recién publicada, es un ejemplo de eso. En ella, utiliza una compleja conspiración, en la que retrata la crisis post-crédito de Edimburgo (?) , al tiempo que muestra el qué es ser bueno.

2. “Creo que una novela policíaca (como cualquier historia) tiene éxito o no dependiendo del personaje…” dice Michael Connelly, el creador del detective Harry Bosch “Crear y mantener un personaje con el que el lector sienta empatía, es la bola más importante con la que se debe hacer malabares cuando se escribe. También, es la tarea más difícil. El protagonista es el conductor del carro. El lector tiene que querer entrar a ese carro, confiar en ese conductor, sin saber siquiera a dónde se dirige. La última novela de Connelly es Nine Dragons, publicada en octubre de 2009.

3. Una trama enrevesada no es esencial . “Cada vez estoy más convencido de que el suspenso genuino no se crea con sorpresas y giros inesperados, sino con personajes por lo que se preocupe el lector” dice Mark Billingham, creador del detective inspector Thorne. “Un buen escritor de novela negra necesita un par de trucos, por supuesto, pero el personaje lo es todo”.

4. “Compromete al lector desde el principio, sorpréndelo al final…” dice Kathy Reichs, creadora de la antropóloga forense, Temperance Brennan, cuyo 12vo caso, acaba de ser publicado. “Siempre mantengo en mente el comentario de Mickey Spillane de que la gente no lee libros sólo para llegar a la mitad, sino para llegar hasta el final” dice Jeffrey Daver, cuya última novela Roadsides crosses, fue publicada el mes pasado.

5. Trabajo duro. No hay sustituto para el talento, pero cuanto más se cultiva más se desarrolla. Anthony Burgess decía que los libros están escritos con “quemaduras en la silla y plumas sobre el papel” No es necesario pasar años investigando las últimas técnicas forenses o el período histórico en particular que se ha elegido, ni tampoco tener la última tecnología en computadores portátiles. Hasta el momento Colin Dexter no ha tenido ni usado una computadora. “Solía escribir en las noches, luego de escuchar The Archers y antes de ir por una cerveza”. Si escribes una página por noche son 365 páginas o un libro y medio al año. “El resultado fue The Last Bus to Woodstock, la primera novela protagonizada por el inspector Morse”

6. Habilidades supremas de organización. Una novela policíaca es como un castillo de naipes: haz una alteración en el último momento, mueve una cosa, y todo el edificio puede venirse abajo. PD James cuyo Talking About Detective Fiction se ha publicado recientemente, ha llegado a la siguiente conclusión “La novela policíaca, debe tener un argumento convincente y creíble, personajes que sean más que estereotipos, buena escritura y la integración creativa de ambiente, narrativa, caracterización y tema. Para ponerlo simple, una buena historia de detectives debe ser una buena novela”.

7. Previsión. Lee Child, creador del popular y mítico vagabundo Jack Reacher, dice: “No dé a sus lectores lo que los divertía el año pasado, déles lo que disfrutarán el próximo año”. Gone Tomorrow, publicada a principio de año, exploró el terrorífico fenómeno de los terroristas suicidas (Suicide Bombers) en New York.


8. Suerte. Incluso si sigues todas las sugerencias de esta lista, no hay garantía alguna de que te verás en la lista de los best-sellers. Sin embargo, si las ignoras, no tienes ninguna oportunidad. La Internet ha hecho de la auto publicación un juego de niños, pero el talento genuino necesita un editor. ¿por qué publicar tu trabajo en Internet –perderse en el montón de ciber-nieve-derretida– en lugar de intentar enviarlo a una agencia literaria establecida?  Cualquier agente respetable, sólo por su 15%, te hará saber si es bueno. Los editores rara vez aceptan manuscritos no solicitados, una agente puede ser la llave maestra para cruzar esa puerta. Dicho esto, algunas veces los consejos también se pueden ignorar.


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Esta entrada ha sido muy popular entre los visitantes del blog, quienes, nunca satisfechos, siempre piden más y más. Para darles gusto, hicimos una selección de varias páginas que tratan el tema, con su respectiva referencia. Puede haber repeticiones o frases irrelevantes, pero siempre algún consejo útil se puede rescatar. Les comparto:

Cómo escribir novela negra


Un cuerpo flotando, boca abajo, cabalgando la corriente de un río. El crimen  es algo tan oscuro como atractivo. Puedes ser sensual, maquiavélico, trepidante, cargado de emoción. Por algo, la novela negra se ha convertido en uno de los géneros más populares del mundo.

Esta popularidad lo ha convertido en uno de los más atractivos para nosotros los escritores. ¡Sobre todo para los noveles! Pero debemos ser conscientes del gran reto que supone publicar una novela negra con la gran cantidad de competencia con la que nos encontraremos.

“Escribe sobre lo que sepas” es uno de los consejos que más hemos oído. Y esta máxima, en este campo, puede ser un problema. Y es que la mayoría de nosotros ni ha participado en una investigación criminal ni, suponemos, ha participado de un crimen que merezca la pena ser contado (robar una lata en el supermercado, aparte de estar mal, no es interesante).

Pero lo cierto es que no siempre debemos escribir sobre lo que sabemos. A veces es suficiente poner palabras a aquello que nos emociona o excita.

 Las noticias, una fuente de inspiración

De acuerdo, nuestra vida no es una ola de crímenes de la que podamos sacar ideas, pero ahí fuera hay un mundo sucio, turbio y lleno de historias truculentas. Podría parecer que ese mundo está lejos y oculto, pero basta con coger el periódico y pasar unas páginas.

Es cuestión de tiempo que demos con una historia que nos llame la atención, que nos inspire y que nos empuje a escribir nuestra novela. Truman Capote se encontró con la historia de A sangre fría a través de la prensa.

Claro que no todos somos como el genio de Luisiana, pero tampoco hace falta que hagamos un relato quirúrgico del suceso. Podemos variar todos los elementos que nos convengan, y finalmente tal vez la novela no tenga nada que ver con el hecho que lo inspiró. Lo importante es ponerse en marcha.

 Trabajando hacia atrás

El crimen cometido será uno de los puntos álgidos de nuestra novela, y muy posiblemente sea el suceso a partir del cual se estructure toda la historia. Por eso es un buen ejercicio comenzar por él.

Imaginemos el crimen –el robo, asesinato, secuestro o lo que nos ocurra- y a partir de él desarrollemos qué tipo de persona podría haberlo realizado, sus razones y los hechos que le llevaron hasta ahí, y lo que pasaría después. Y ya tendremos un esbozo de la historia.

Tampoco compliquemos la trama con miles de giros. Raymond Chandler aseguraba que las historias de crímenes deben ser “lo suficientemente simples como para poder ser explicadas llegado el momento”.

El asesino siempre tiene una razón

Otra de las normas esenciales de Chandler para sus novelas negras era que “debía tratar de gente real en el mundo real”. En este mundo todos tenemos nuestras razones, todo cuanto hacemos tiene una justificación –correcta o incorrecta-. Lo mismo ocurre con nuestros personajes, incluso con el villano. Desde su perspectiva, ellos son los héroes de la historia.

De la misma manera, los protagonistas no deben ser perfectos ni agradables. Si un lector se interesa por la novela negra es para sumergirse en un mundo abyecto de gente mezquina y rastrera. Las personas buenas son aburridas.

¿Cómo hacemos entonces que el lector se vincule con un personaje? Por la empatía. Muestra a una persona en situaciones con las que el lector se pueda identificar: con un dilema o en una situación de víctima. En Dexter sufrimos por lo que le pueda pasar al asesino en serie. Pero es que Dexter sólo quiere encajar en la sociedad. ¿Y quién no?

 Entretengamos sin dar lecciones de criminología

Conocer los métodos que usan los criminales en sus tropelías y los protocolos que sigue la policía para investigar puede dar mucho color a nuestra historia. Si tenemos la posibilidad de hacerlo, no dudemos en hablar con investigadores o con antiguos criminales siempre que podamos.

Sin embargo, no podemos olvidar que nuestro principal objetivo es entretener y contar una buena historia, con unos personajes atractivos con los que explorar los rincones oscuros del alma humana. Si el lector hubiera querido una clase de criminología, se habría apuntado a un curso y no hubiera comprado nuestra novela.


ESCRIBIR NOVELA POLICIACA: ¿LA “FÓRMULA” PERFECTA?

El año pasado, con motivo del ciento veinticinco aniversario del nacimiento de Agatha Christie, el canal de televisión británico Drama se propuso descubrir la fórmula para escribir novela policiaca de éxito. Como si se tratase de un grupo de científicos dispuestos a descubrir una vacuna, varios expertos se reunieron para estudiar y analizar  los entresijos de las novelas policiacas escritas por la autora británica (bueno, no todas, solo veintisiete de las sesenta y seis) hasta que lograron extraer una serie de pautas o elementos comunes que se podían encontrar en la mayoría de sus obras, e incluso se atrevieron a diseñar una fórmula.

La investigación fue llevada a cabo por Dr. James Bernthal de la Universidad de Exeter; el Dr. Dominique Jeannerod, investigador en el Instituto para la investigación colaborativa en las humanidades en la Universidad de Queens, Belfast; y el analista Brett Jacob. Quién sabe si fumando cigarrillos rusos y bebiendo chocolate caliente para mimetizarse con Poirot, el caso es que, imagino que tras mucho leer y platicar, llegaron a la fórmula a partir de la cual podríamos obtener una novela policíaca como las de Agatha Christie. La fórmula es la siguiente:

k (r,δ, θ, c) = f {rk+ δ + θ {P,M },c (3≤4.5}

Siendo cada uno de los elementos que componen la ecuación:

K=la incógnita de la ecuación es la identidad del asesino

r= relación con la víctima

δ= medios de trasporte primarios asociados con la novela

θ= método del asesinato y caracterización del detective

P= hace referencia al detective Poirot

M= hace referencia a Miss Marple

c= capítulo en el que se introduce al asesino

f= ser refiere a mujer o femenino

Del este estudio, además, se puede extraer una serie de conclusiones, o elementos comunes en las novelas:

 El asesino se introduce dentro de la primera mitad del libro.
Esto es acorde con la técnica narrativa. El asesino no deja de ser un personaje que tiene cierta importancia en la novela, y ya sabemos que los personajes principales, salvo excepciones, deben aparecer en el planteamiento del libro.

 Si el asesino se involucra emocionalmente con la víctima, la mayoría de los asesinos son cónyuges o parientes de sangre de la víctima. Además, si la víctima del asesino es su pareja, el motivo más probable será amor, mientras que los asesinatos cometidos por las relaciones de sangre son más variadas en motivo.
Esto parece bastante lógico.

 Si hay una gran cantidad de vehículos terrestres en la historia, el asesino seguramente es una mujer.
¿Será porque somos buenas conductoras? ¿Y si los vehículos fueran un tractor y un camión de construcción?

Si hay un montón de vehículos náuticos o aeronaves en la historia, el asesino es más probable que sea un hombre.
Igual es una cuestión de estadística, ya que hay más pilotos hombres que mujeres, sobre todo en la época de la autora británica.

 Si la víctima es estrangulada, el asesino es probablemente macho (o varón con una mujer cómplice).
Esto tiene lógica, puesto que el estrangulamiento requiere que se trate de una persona fuerte.

 Si el ajuste es una casa de campo, el asesino es más probable que sea una mujer (con una probabilidad del 75%).
Debe ser una cuestión de estadística. Puede que a las mujeres, al menos a las mujeres inglesas, les guste la jardinería. Ya se sabe, regar las plantas, cultivar geranios y…, ya puestos, de repente una no sabe muy bien qué hacer con el rastrillo y le puede dar por clavárselo a alguien o golpear al vecino con la pala.

 El lenguaje utilizado en todo el libro para describir un asesino femenino es generalmente más negativo que al describir un asesino masculino.
Esto se obtuvo mediante un programa informático de análisis de sentimientos.

 Las asesinas se descubren normalmente debido a un elemento doméstico.
Lógico si pensamos que la mayoría de las mujeres de la época donde trascurren las novelas de Agatha Christie eran amas de casa.

 Los hombres asesinos se ponen al descubierto normalmente a través de información o lógica.
También tiene sentido. Si las mujeres de aquella época no estudiaban ni iban a  la universidad, no estaban tan acostumbradas a utilizar la lógica. Pero, ¿qué estoy diciendo? ¿Cuándo hemos utilizado las mujeres la lógica? Para desarrollar los argumentos y las tramas de una novela sí, pero para matar a alguien no la necesito.

 Si Poirot es detective y la causa de muerte es punzante, el asesino se menciona con más frecuencia al principio del libro.
Aquí me pierdo, lo reconozco.

Si Miss Marple es el detective y el motivo para el asesinato es asunto de dinero, el asesino se menciona más en las etapas posteriores de la novela que al principio.
Bueno, creo que hoy día ya sabemos que los asuntos de dinero son más difíciles de descubrir, sobre todo si uno lo tiene en un paraíso fiscal, con lo que el asesino aparece más tarde.

Esta fórmula para escribir una novela policiaca es válida solo para novelas policiacas basadas en la estructura de tipo Who do it? (whodunit), que es la que encontramos en la mayoría de las novelas policiacas clásicas y en las que se engloban las obras de Agatha Christie. El esquema básico que siguen estas novelas puedes resumirse de la siguiente manera:

Se encuentra el cuerpo (al principio de la novela).
Se presenta al lector un grupo de sospechosos. Un grupo cerrado y reducido, relacionado ente sí normalmente por pertenecer a un mismo grupo social o por su ubicación).
Se introduce y presenta el detective.
Salen a la luz una serie de pistas falsas (redharrings) o maniobras de distracción, importantes para que el desenlace no sea previsible.
El desenlace será rápido y eficiente, dejando al lector satisfecho.
6. La novela incluye además una “pista principal” que se revela a mediados de la novela y que se mencionará de manera destacada, de modo que el lector la recuerde, creando una sensación de fair play (juego limpio) evitando así que se sienta engañado o traicionado al llegar al desenlace.
Está claro que todo esto no puede considerarse en realidad una fórmula para escribir novela policiaca, tal y como se menciona en la noticia, sino que se trata solo de una serie de patrones comunes en las novelas de la autora británica. En cualquier caso, ¿toda la novela que se ajuste a estas premisas será un éxito? Evidentemente no. Como lectora de las novelas de Agatha Christie, sé que, una vez has leído tres o cuatro novelas, ya reconoces algunos estos patrones con facilidad. Pero, ¿qué es lo que hace que, pese a ello, muchos lectores sean adictos a sus novelas? En mi opinión, no es el estilo lo que hace destacar las novelas de esta autora del resto, sino la ambientación y, sobre todo, el trabajo con los personajes. Christie realiza una cuidada caracterización de sus detectives, les dota de singularidad, de virtudes y defectos; diseña el móvil del asesino con minucioso detalle (ya sea la venganza, un motivo económico o el deseo de proteger a alguien), un móvil fuerte que encaja además con la personalidad del criminal y, con frecuencia, todas las novelas tienen una historia oculta, que procede normalmente de su pasado y que es capaz de hacer florecer en el asesino el deseo de matar.

Aunque sus novelas se ajustan a la estructura del Who do it? (¿Quién lo hizo?), la autora británica despierta la curiosidad del lector más allá del descubrimiento del asesino. Lo que el lector quiere saber, en realidad, es por qué lo hizo, qué hay detrás de ese crimen, qué lleva a una persona en apariencia corriente a querer acabar con la vida de alguien.

Aprenda a matar en 300 páginas
Andreu Martín, maestro del género «negro», reúne en «Cómo escribo novela policíaca» consejos para quienes sueñen con convertirse en escritores y seguir sus pasos

«En la novela policíaca es imperioso ir al grano desde el principio de la narración sin entretenernos en rodeos que no tengan una utilidad precisa.» «También el suspense es imprescindible.» «Es muy importante saber gestionar bien la conservación y posterior revelación de los secretos.» «Antes de empezar a escribir, hemos de tener en cuenta que el final nunca puede ser menos original y sorprendente que el principio.» «El autor ha de meterse en la piel de cada uno de sus personajes para saber cómo sienten, cómo se mueven, cómo reaccionan, cómo justifican sus actos.» Son los consejos que un maestro de la novela negra, Andreu Martín (Prótesis, Barcelona Connection, Memento de difuntos), da a quienes quieran seguir sus pasos y convertirse en escritores del género.

A caballo entre las memorias, la guía práctica, la reflexión y en ensayo, Cómo escribo novela policíaca recopila no sólo la larga experiencia «criminal» de Andreu Martín, sino la de los cientos de autores que le han precedido. Anécdotas, ejemplos, recomendaciones: todo cabe en estas páginas, una auténtica coctelera en la que se agitan y mezclan la literatura (Hammett, Chandler, Highsmith, Chesterton, Poe, Ellroy, Markaris), el cine (Hitchcock, Truffaut) y las series de televisión (Starsky y Hutch, CSI).

Lo que dicen los clásicos
En la parte final de Cómo escribo novela policíaca, Andreu Martín cede la palabra a sus maestros. Que hacen mil y una recomendaciones, algunas bastante irónicas:

«No debe haber ninguna historia de amor, que es un sentimiento irrelevante que desbarata una experiencia puramente intelectual. Se trata de llevar al criminal ante el juez, y no a una pareja ante el altar» (S. S. Van Dine).

«Los personajes, el ambiente y la atmósfera deben ser realistas. Tenemos que tratar de gente real en un mundo real» (Raymond Chandler).

«El criminal debe ser alguien mencionado al principio de la historia» (Ronald Knox).

«Nunca empieces un libro hablando del clima. Hay algunas excepciones, claro. Si conoces más maneras de describir el hielo y la nieve que un esquimal, puedes hablar del clima tanto como te dé la gana» (Elmore Leonard).

Anécdotas, ejemplos, recomendaciones: todo cabe aquí
«Una vasta organización criminal es tan aburrida como una vasta recopilación de estadísticas: hace que incluso el crimen parezca leve y vulgar» (Chesterton).
«Los personajes deben ser auténticos seres humanos, cada uno de los cuales toma vida para el lector, no muñecos de pasta hechos para ser derribados en el último capítulo» (P. D. James).

10 consejos a los jóvenes escritores de novela negra

Anna M. Villalonga calificaba Andreu Martín como el “mejor negro en activo” del panorama literario catalán en un artículo publicado en Núvol el año pasado. Es imposible oír el nombre de Martín y no relacionarlo con la novela negra, aunque también ha escrito varias novelas para el público juvenil. Ha publicado más de un centenar de libros y ha recibido numerosos premios y reconocimientos por sus obras, como el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil (1989), el Premio Hammet, el Memorial Jaume Fuster (2003), el Crims de Tinta (2012), el Ciutat d’Alzira de Novel·la (2013) i el Gaziel (2016).

Recientemente ha publicado Com escric novel·la policíaca, editada por Pagès Editors, obra en la que reflexiona sobre los secretos del género negro. Este ensayo se dirige tanto a aquellos autores novatos y experimentados que quieran convertirse en expertos del género, como a los críticos, periodistas o lectores que quieran entender las bases de la novela negra. A continuación, os dejamos diez consejos seleccionados a partir del contenido del primer capítulo, “Escribir género. ¿Qué le pide el lector a una novela policíaca?”. El libro cuenta con un apéndice en el que pueden leerse los consejos de clásicos como Jorge Luis Borges, Raymond Chandler, Ronald Knox, Elmore Leonard o P.D. James, el cual no advertía que para escribir una buena novela negra era imprescindible investigar: “Investiga, investiga, investiga”.

10 consejos para escribir novela negra

1. El elemento más importante de esta tarea, para mí, siempre será la historia que se tiene que contar, como dejaré bien claro a lo largo de este libro, aunque no puedo negar que la atención del lector solo se puede captar, en primera instancia, a partir de la forma.

2. El estilo, la manera de relatar una historia, la forma que le damos, tiene tanta importancia como la voz, como el timbre, la impostación, la pronunciación, la capacidad de seducción del orador o del rapsoda. Sin embargo, para mí, lo que realmente acaba capturando y apasionando al lector no es como se dice sino qué se dice.

3. La esencia de toda novela policíaca reside en el hecho de que alguien viola la ley, principalmente la más transcendental de las leyes, la que dice que no matarás.

4. En toda buena novela, hay acción. Jardiel Poncela aseguraba que tiene que haber acción trepidante hasta en el monólogo de un tetrapléjico y puntualizaba que no debemos confundir la acción con el ajetreo. Tal y como decía Highsmith, “en las novelas de suspenso la acción tenderá a ser más violenta”.

5. El ingenio es el elemento más seductor de la novela policíaca. Hay ingenio en las tramas, como mecanismos de relojería, donde todas las ruedas encajan a la perfección y hacen avanzar el engranaje de sorpresa en sorpresa.

6. En el proceso de escritura, un secreto es un tesoro. Es la solución del enigma, es la curiosidad del lector que sabe que lo sabemos y está deseando que se lo expliquemos y va devorando páginas, entregándonos toda su atención y devoción, el anhelo más ferviente de todo narrador. Como decía Raymond Chandler, “el relato es la aventura de este hombre en busca de una verdad oculta”.

7. El subtexto (es decir, el análisis o crítica social) está, tanto si el autor quiere dedicarle su atención como no. Siempre se puede entre líneas e ir más allá, en la obra más ambiciosa y en la que se pretende más trivial, y el lector que disfrute más de una lectura será aquel que sepa buscar y encontrar esos tesoros ocultos.

8. “Las novelas de misterio tienen que estar escritas con un aire de distanciamiento; si no, nadie, excepto un psicópata, las querría escribir o leer”, escribe Raymond Chandler. La novela negra tiene que buscar el distanciamiento a través del humor o el cinismo. Jugar a escandalizar, a materializar los temores en historias de ficción, a ponerse del lado de los transgresores.

9. “El Mac Guffin es una curva, un truco, una complicidad”, apuntaba Hitchcock. El Mac Guffin es la excusa para que nuestros personajes entren en acción. ¿Por qué persiguen al protagonista, por qué lo quieren matar, por qué se pelean o mienten los unos a los otros? Por el Mac Guffin: porque alguien quiere robar unos papeles, unos documentos, un secreto, porque alguien sabe algo que no tiene que saber, porque alguien hizo una foto indiscreta, nada, algo breve de contar, vacío, una minucia.


10. La escritura de una novela —¿hay que decirlo?— es un proceso inteligente al margen de la transcendencia que quiera otorgarle el autor.


DECÁLOGO PARA ESCRIBIR LA NOVELA NEGRA PERFECTA J.L.Rod

DECÁLOGO PARA ESCRIBIR LA NOVELA NEGRA PERFECTA
J.L.Rod

CONSEJO # 1

Despídete de tu pareja, familia y amigos. "Hasta pronto, muchachos, me esfumo. Voy a escribir una novela y desaparezco del mundo. Pero volveré". Mándales a todos este mensaje por el conducto que más rabia te dé. A todos menos a tu cuñado. No seas imbécil, aprovecha la ocasión para demostrarle de una vez por todas que no es santo de tu devoción. Cuando te llame para preguntarte por qué él no ha recibido el aviso de tu próxima desaparición, confiésale que el hecho de que te bebieras esa botella de Vega Sicilia a solas en tu casa el día de Nochebuena media hora antes de salir hacia la suya para cenar con tu suegra no fue una mera casualidad.

CONSEJO # 2

El punto anterior no incluye a tus gatos o a tu perro. Si tienes un canario, también vale. No les saques de tu vida como si fueran un cuñado más. Necesitarás alguien a quien poder abrazarte cuando te entre un llanto desesperado a las cuatro de la mañana porque el capítulo siete es una auténtica mierda. Y puedo asegurarte una cosa: tu pareja ya no estará en casa a esas alturas. Te habrá dejado más o menos cuando estés escribiendo la mitad del capítulo cuatro.

CONSEJO # 3

Date de baja inmediatamente en Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest y WhatsApp. Este punto es importante, porque si aguantas una semana, no volverás a perder el tiempo en esas tonterías durante el resto de tu vida, y a partir de ese momento volverás a leer, escribir, cocinar, viajar y escuchar música. Incluso podrás follar de vez en cuando. Tu pareja (si es que no te ha dejado todavía) te lo agradecerá. De nada.

CONSEJO # 4

Desconecta la televisión. Pero hazlo ahora mismo, deja de leer esto inmediatamente y des-co-nec-ta-la-te-le-vi-sión. ¿Ya has vuelto? Fenomenal, sigamos. Coge este decálogo y vete al baño. Mírate al espejo. Levanta la mano como si fueras Obama jurando por sus niños que va a cerrar Guantánamo. Lee esto en alto: "Juro solemnemente que a partir de este momento no leeré ni un solo periódico ni escucharé ningún programa de radio ni volveré a ver jamás de los jamases un solo programa de televisión. Amén". No te va a pasar absolutamente nada, puedo asegurártelo. Cuando retomes dicho hábito unos cuantos meses después, el mundo seguirá siendo un infierno del carajo y, al fin y al cabo, con una hora de tertulia de radio te pondrás rápidamente al día con su rápido repaso diario de asuntos tremendamente dispares perpetrados a manos de expertos en nada. Si tienes alguna duda sobre este punto del decálogo, aplíquese lo indicado en el consejo número tres.

CONSEJO # 5

Ha llegado el momento de la verdad. Cómprate una Nespresso. Me da igual que no tomes café, hazme caso. Cómprate una Nespresso y aprovecha la pasta de los gastos de envío para hacerte con veinte o treinta cajas de Fortissio Lungo. Con esas solo tendrás para el primer mes, pero así, en el siguiente pedido aprovechas para hacerlo por teléfono y charlar un par de minutos con la teleoperadora. Te vendrá bien para mover un poco la comisura de los labios, ya que después del primer mes encerrado en casa escribiendo sin hablar con nadie, empieza uno a acartonarse. Cuando cuelgues el teléfono, repite en voz alta el abecedario cuatro o cinco veces. Las veces pares de atrás hacia adelante y las impares también. Si no te encasquillas y lo recitas de corrido, todo va bien, todavía no se te ha ido la olla. Insisto, tira a la basura el té verde, el colacao o cualquier otra cosa que tengas a bien desayunar habitualmente. Toma solo café y en grandes cantidades. Si no me haces caso, la segunda noche que te den las tres de la mañana sin que te salga una puñetera frase decente te acordarás de mí. Y entonces, no me llames ni me escribas. Te lo avisé.

CONSEJO # 6

Cómprate un par de cartones de tu marca de tabaco preferida, así te ahorrarás varios viajes diarios al estanco. ¡Cómo! ¿¡Qué no fumas!? Vamos, no me jodas. ¿Y pretendes escribir una novela negra? ¡Venga coño! Déjate de tonterías y hazme caso. Aprovecha tu visita semanal al estanco para intercambiar unas palabras con el dependiente, será el único ser humano al que verás durante una larga temporada. Si no se te ocurre nada inteligente que comentarle, dile lo mismo que ponías antes en el Facebook, se trata tan solo de mantener un mínimo contacto con el ser humano. Algunas sugerencias: "Jo, es lunes", "Yupi, es viernes". Si estas propuestas no te convencen y de verdad lo que deseas fervientemente es hacer el ridículo para llamar la atención, tienes varias opciones verdaderamente infalibles. "Mucho frío en Soria", "Mucho calor en Sevilla" o la primera del ranking de cualquier gilipollas que se precie: "¡Por fin es juernes!". Venga, ya has hecho el ganso diez minutos. Deja en paz al del estanco, vuélvete a casa y siéntate en el ordenador a escribir, que llevas siete meses con la novela y vas por el capítulo doce. Por cierto, se me olvidaba: cómprate también un par de ceniceros. Los vas a necesitar.

CONSEJO # 7

Han pasado doce meses. Si has seguido los consejos anteriores no habrás parado de escribir y escribir. Ha llegado el momento de comprobar si has hecho bien tu trabajo. Ahí va un test de autocomprobación. Contesta sí o no a las siguientes preguntas:

¿Tu cara tiene el mismo moreno cobrizo que Iniesta?
¿Has engordado doce kilos porque llevas un año comiendo bocatas de mortadela para no moverte del ordenador?
¿Cuando te levantas por la mañana toses justo como lo hacía tu abuelo tres meses antes de espicharla?
¿Ya tienes tus nuevas gafas de cerca con siete dioptrías más?
Cada "sí" equivale a un punto. Cada "no", resta dos puntos y además eres un mentiroso, tú no has escrito una novela negra. Suma los puntos. Si tienes menos de cuatro, vuelve al punto uno de este decálogo. Si suma más de cuatro, sería bueno que dejaras la bebida. Si, según tus cuentas, después de repasarlas varias veces -porque a estas alturas de tu vida tu cerebro no da para más- te da justo, ni uno más ni uno menos que un cuatro (la cara de tu retrato), ¡¡Enhorabuena!! Has escrito una novela negra

CONSEJO # 8

Necesitas contrastar la calidad de tu manuscrito. Alguien que te dé un mínimo feedback de tu trabajo. Tu madre no vale. No porque sea tu madre, que ya sabemos que te adora y te va a decir que la novela es una maravilla aunque le mandes algo de Paul Auster. No, no es por eso. Es que llevas un año sin hablar con ella y como que queda mal. Ya lo arreglarás en cualquier otro momento, basta con que vayas a comer un domingo a su casa y le digas que no hay nada como sus croquetas. Necesitas alguien que te diga la verdad, solo la verdad. Tu mujer tampoco vale. Te dejó a mitad del capítulo cuatro ¿Te acuerdas? Entonces es cuando decides llamar a tu mejor amigo para que se la lea.

- ¡Paco! ¿Qué pasa? ¡Ya he acabado la novela!. Confío mucho en tu criterio, me gustaría que te la leyeras....

- Hombre... ¿cómo estas?... estaba pensando en llamarte... es que... verás... no sé como decírtelo pero... Verónica lleva siete meses acostándose con Jaime. Sí, Jaime, nuestro amigo, el del mus, el que está en el paro. Dice que le podía dedicar tiempo y, ya sabes, es algo realmente importante. ¿Que por qué no te lo he dicho antes? ¡Coño, si nos mandaste un mensaje a todos diciendo que hasta pronto muchachos, me esfumo, voy a escribir una novela y desaparezco del mundo, ¿te acuerdas? Oye, te dejo que tengo que entregar unos informes. ¡Suerte con la novela!".

Joder, cuelgas el teléfono y llegas a la conclusión de que tu vida se ha ido verdaderamente a la mierda por esa puta novela. Pero no te arrepientes. "¡El esfuerzo ha merecido la pena! ¡Que coño, se la voy a mandar a las editoriales! ¡¡Pero si esto que he escrito es una obra maestra!!"

CONSEJO # 9

Ha pasado algo de tiempo desde que mandaste el libro a las editoriales. Unos doce meses más o menos. Se llama elipsis, te lo dijo el mentecato del profesor ese que era poeta en aquel curso de escritura creativa que hiciste. Sí, coño, el que se había autoeditado una antología poética que se titulaba Nódulos concéntricos helicoidales. Aprovechando que ya le has cogido el tranquillo, estás ya con la segunda novela. Eres feliz como un conejo. Tus gatos y tu perro te miran con cara rara, aunque no sabes exactamente por qué. Tu vida empieza por fin a encarrilarse. Has dejado la mortadela, el chóped es mucho más barato y engorda el doble. Ya te has acostumbrado a tu look de Marilyn Manson, con tu cara blanca y tu pantalón de chándal negro que usas a diario porque no te vale ni un vaquero. Y ya tienes el tabaco bastante controlado, has bajado de los tres cartones semanales a dos y medio. Todo te vuelve de nuevo a sonreír. Solo hay un problema. No te queda ni un puto duro y las editoriales sencillamente no contestan, se la trae al pairo. Tienen cubiertas sus ventas editando a presentadores de televisión que hasta ahora nos habían engañado y que habían ocultado hasta el último momento que realmente eran la reencarnación del mismísimo Benito Pérez Galdós. Decides darte algo más de tiempo. Al fin y al cabo, has escrito un novelón, alguien acabará por contestar, como a Jo March en Mujercitas.

CONSEJO # 10

El señor Amazon se ha convertido en tu mejor amigo y pasáis varias horas juntos al día. Han pasado doce meses más y no te ha contestado ni Dios. Has subido la novela a Amazon a un euro. Al fin y al cabo, lo que quieres es darte a conocer, el dinero ya llegará después. Compruebas tu lista de ventas a diario, así como los comentarios de los lectores. Si ves que ambos parámetros van bien, puede que estés en el camino del éxito. Aguanta amigo, puede que la cosa salga bien, solo te faltan dos cosas para garantizarte que vas a dar el pelotazo.

La primera de ellas, que quince hijos de puta cuelguen tu novela gratis en su web de descargas ilegales. Esta es una condición indispensable. Si todo el mundo que lee tu novela ha pagado el puto euro, estás jodido amigo, has llegado al final de tu carrera literaria. Estás fuera de onda, no eres guay, no eres cool. Estás muerto.

Si has tenido suerte y tu libro circula por la red a mansalva de forma gratuita sólo te falta una segunda condición completamente indispensable para alcanzar el éxito. Que a los cientos de opiniones de lectores dándote cinco estrellas, diciendo que tu novela les parece divina de la muerte se sume de vez en cuando un voto de una estrella de un tipo que dice que tu novela es una mierda, porque le falta una tilde en la página 43 y el protagonista conduce una Harley. Mi querido amigo escritor, cuando te pase eso, ten por seguro una cosa: estás dando el pelotazo literario del año. Cuando otros escritores, envidiosos de tu éxito, se toman el esfuerzo de poner un comentario para intentar joderte el libro, es que lo estás haciendo bien. Cuando te pongan diez es que vas a triunfar, puedo asegurártelo. Créeme, confía en mí.

Y entonces, cuando te pase eso, apaga tu último cigarro, tira el chóped a la basura, y coge el teléfono para llamar a tu chica y dile que te perdone, que la quieres mucho y que Jaime no deja de ser un gilipollas integral, y que además ella lo sabe. Si te dice que sí, date una buena ducha de una puta vez, que ya va siendo hora, aféitate esa barba, que no te sienta nada bien y sal a la calle. La vida te está esperando ahí fuera. Y si tu ex te dice que no, que le gusta Jaime y que además es un tío estupendo porque adora a su madre, sal a la calle también y observa la vida para después contarla. Te vendrá bien.

CONSEJO # 11

"Oye, ¿pero esto no era un decálogo?", estarás pensando. Pues sí. Consejo Número Once. Es que soy un mentiroso. Soy escritor, ¿sabes? Mi trabajo es mentir. Mentir al lector. Mentirle página tras página para llevarle a un viaje alucinante, a un mundo nuevo y desconocido para él. Mentirle hasta el final de la novela para que cuando acabe el libro, lo cierre y piense "¡¡Hostias, que bueno!!". Esa será tu única recompensa. Imaginar el brillo de los ojos de tus lectores mientras devoran esas líneas que escribiste aquella noche en la que estabas aterrorizado porque se te había acabado el tabaco y el café. Si consigues eso, un día, el menos esperado, te llamarán cuatro o cinco editoriales para decirte que están como locos con tu novela. Pero esa es otra historia que ya te contaré. Ahora no importa. Tú ya has triunfado. Lo has conseguido. Hay miles de personas que te leen. Te ha acompañado la suerte. La buena, la mala o ninguna de las dos. La suerte de los irlandeses.

@jlrodbooks

J.L. Rod es guionista y escritor. Autor de La suerte de los irlandeses, la novela negra más vendida en la Historia de Amazon en España. Ahora en papel en Ediciones B.