ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

sábado, 26 de noviembre de 2016

Carl Sagan: Sus nueve reglas de pensamiento escéptico siguen valiendo veinte años después

 Carl Sagan: Sus nueve reglas de pensamiento escéptico siguen valiendo veinte años después

Tomado de: http://www.elplacerdelalectura.com/blog/actualidad/homenaje-carl-sagan-sus-nueve-reglas-de-pensamiento-esceptico-siguen-valiendo-veinte

Sus nueve reglas de pensamiento escéptico siguen valiendo veinte años después de publicarse en su libro  El Mundo y sus Demonios , de Carl Sagan, p. 232 a     234. Año 1997.

1. Confirmar la realidad.

Siempre que sea posible tiene que haber una confirmación independiente de los «hechos».

2. La prueba, a debate.

Alentar el debate sustancioso sobre la prueba por parte de defensores con conocimiento de todos los puntos de vista.

3. No confundir experto y autoridad.

Los argumentos de la autoridad tienen poco peso: las «autoridades» han cometido errores en el pasado. Los volverán a cometer en el futuro. Quizá una manera mejor de decirlo es que en la ciencia no hay autoridades; como máximo, hay expertos

 

4. Siempre hay más de una hipótesis.

Si hay algo que se debe explicar, piense en todas las diferentes maneras en que podría explicarse. Luego piense en pruebas mediante las que podría refutar sistemáticamente cada una de las alternativas. Lo que sobrevive, la hipótesis que resiste la refutación en esta selección darwiniana entre «hipótesis de trabajo múltiples» tiene muchas más posibilidades de ser la respuesta correcta que si usted simplemente se hubiera quedado con la primera idea que se le ocurrió. (Este problema afecta a los juicios con jurado. Estudios retrospectivos demuestran que algunos miembros del jurado deciden su opinión muy pronto quizá durante los discursos de apertura — y luego se quedan con la prueba que parece encajar con sus impresiones iniciales y rechazar la prueba contraria. No les pasa por la cabeza el método de hipótesis alternativas de trabajo).

5. No aferrarse a una hipótesis por que sea la nuestra. 

Se trata sólo de una estación en el camino de búsqueda del conocimiento. Pregúntese por qué le gusta la idea. Compárela con justicia con las alternativas. Vea si puede encontrar motivos para rechazarla. Si no, lo harán otros.

6. La cantidad es la clave.

Si lo que explica, sea lo que sea, tiene alguna medida, alguna cantidad numérica relacionada, será mucho más capaz de discriminar entre hipótesis en competencia. Lo que es vago y cualitativo está abierto a muchas explicaciones. Desde luego, se pueden encontrar verdades en muchos asuntos cualitativos con los que nos vemos obligados a enfrentarnos, pero encontrarlas es un desafío mucho mayor.

7.Si hay una cadena de argumentación, deben funcionar todos los eslabones de la cadena (incluyendo la premisa), no sólo la mayoría.


8. Lo más sencillo suele ser lo más probable.

Esta conveniente regla empírica nos induce, cuando nos enfrentamos a dos hipótesis que explican datos igualmente buenos, a elegir la más simple.

9. ¿Puede falsificarse la hipótesis?

Las proposiciones que no pueden comprobarse ni demostrarse falsas, no valen mucho. Consideremos la gran idea de que nuestro universo y todo lo que contiene es sólo una partícula elemental —un electrón, por ejemplo— en un cosmos mucho más grande. Pero si nunca podemos adquirir información de fuera de nuestro universo, ¿no es imposible refutar la idea? Ha de ser capaz de comprobar las aseveraciones. Debe dar oportunidad a escépticos inveterados de seguir su razonamiento para duplicar sus experimentos y ver si se consigue el mismo resultado.

sábado, 5 de noviembre de 2016

10 pasos para escribir un cuento - TOMÁS DOWNEY





10 pasos para escribir un cuento

El argentino Tomás Downey, uno de los cinco finalistas del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez que se entrega este miércoles 2 de noviembre, preparó para ‘Arcadia’ este decálogo en el que detalla su proceso a la hora de escribir.


1. La inspiración y el talento comparten una característica: son imposibles de evocar por medio de la voluntad. El bloqueo de escritor es permanente, los momentos en que la escritura fluye sin trabas son tan pocos que no entran en la estadística. Conviene quitar esas variables de la ecuación y quedarme solo con el esfuerzo; sentarme a escribir todos los días, dedicar la cantidad de horas que sean posibles a alternar la mirada entre la pantalla de la computadora y la ventana. Y leer siempre, todo lo que se pueda. 


2. Escribo sobre lo que no entiendo, no sobre lo que ya sé ni con alguna idea ingeniosa que creo poder manejar. El misterio que encierra un cuento, que es su núcleo, se devela a medida que lo voy escribiendo. Parto de una imagen que me inquieta, del rasgo de algún personaje, y busco qué hay ahí, qué pasa luego, hacia dónde va la historia. En algún momento, el misterio se percibe con cierta claridad, se lee sin estar enunciado. Recién entonces entiendo de qué trata el cuento; y cuando llego al final vuelvo al principio, empiezo a corregir para que todo apunte en la misma dirección. Como lector, lo más placentero son esos momentos epifánicos en los que comprendo algo sin que me lo digan.

3. A veces imagino la historia completa, con principio, desarrollo y final. En otras ocasiones es apenas una imagen, algo bastante vago que no toma forma hasta que empiezo a escribir. Lo que sucede siempre, en cualquiera de los casos, es que antes de bajarlo al papel ese cuento en potencia tenía una gracia que se pierde. Al rodear eso que vimos en determinada situación de coordenadas y descripciones, necesarias para que otro comprenda, se vuelve pesado y torpe. Es inevitable, lo importante es aprovechar el envión y seguir adelante, no detenerme en cuestiones de estilo, mucho menos preguntarme de qué trata el cuento hasta haberlo entendido sin necesidad de explicármelo.


4. Después viene el trabajo real, corregir. Una vez que tengo la primera versión, puedo hacerle al texto todas las preguntas incómodas que quiera, eliminar lo que sobre, tensar lo que está flojo y reordenar para acercarme lo más posible a aquel estado previo, de pureza y fluidez. Eso requiere tiempo y paciencia, dejar pasar uno o dos meses, releer con una mirada más fresca, corregir de nuevo. Y, por último, asumir la frustración de que nada de lo que escriba va a estar a la altura de mis expectativas.

5. Si algo no funciona, no funciona. Hay que ser honesto y despiadado. A veces cuesta tanto escribir una página, que luego parece un despropósito desecharla. Pero todo sirve, quizás como germen de otra historia, o al menos para saber que ese camino en particular no conduce a ningún lado. 


6. Las opiniones de colegas y amigos son más que útiles, son necesarias. Aportan la distancia y objetividad que yo no tengo. Y no tiene sentido defender mis interpretaciones frente a las de los demás, mucho menos ofenderme ante las críticas. Lo mejor es saber escuchar y aprovechar la oportunidad, única, de saber qué ve un lector en eso que escribí. Eso no significa que tenga que escribir para alguien en particular, no se escribe para complacer. Tengo que escribir pensando que a nadie le interesa lo que estoy haciendo, que nadie me lo pidió y que, quizás, nadie lo vaya a leer. Pero tengo que escribir de todas formas.


7. No importa qué estoy contando, lo importante es cómo. Tengo que avanzar con seguridad y sin ningún tipo de prejuicios, olvidar que estoy inventando a un narrador, a personajes que atraviesan situaciones que estoy imaginando. Hay que habitar ese mundo, observarlo como si fuese real y hubiese estado siempre ahí; e hilar una lógica interna que no se explique sino que se desprenda de las acciones de los personajes, de la causalidad del relato. La verosimilitud se construye en los detalles y las particularidades. Si uno escribe un cuento desde el punto de vista de un monstruo, ¿qué es la monstruosidad?

8. La novela suele apoyarse en sus personajes –con tiempo y espacio para desarrollarlos en profundidad– y en la empatía que generan, el arco que recorren. Un buen cuento, en cambio, se sostiene en la tensión de determinadas situaciones; en lo no dicho y la inminencia que genera. Tiene que haber algo contenido, que en general no termina de estallar y que se lee entre líneas e impide cerrar el libro.



9. El autor de un cuento tiene que ser invisible. No tengo que intentar lucirme con palabras rebuscadas o juegos de ingenio, mucho menos hablar de mí mismo. Tengo que crear un narrador que cuente lo mejor posible una buena historia, nada más. El cuento es un objeto estético autónomo, no se completa buscando en él pistas de la personalidad del autor, sus gustos o secretos.

10. Sentarse a escribir es un acto de fe. Por eso necesito recordarme estas cosas todos los días. Algunas de ellas, probablemente, sean mentiras, quizás solo suenen bien. Porque en literatura no existen las certezas, lo que me permite cambiar de opinión, adquirir mi propia experiencia, buscar respuestas nuevas para las mismas preguntas.
*Tomás Downey es uno de los cinco finalistas del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez 2016. Llegó a esa instancia con el libro Acá el tiempo es otra cosa, un total de "dieciocho cuentos extraños que oscilan entre el género fantástico, el terror y cierto naturalismo enrarecido", según reza la contraportada.

lunes, 31 de octubre de 2016

COMO ESCRIBIR UNA NOVELA DE MISTERIO

COMO ESCRIBIR UNA NOVELA DE MISTERIO 

(I)

***Guía para escribir una Novela de Misterio

Escrito por LOBO

A día de hoy surge cada vez más gente _da igual su edad, extracción social y dedicación_ que quiere probar a escribir una historia personal y original; sin embargo, muchas veces no saben por donde empezar y necesitan algunos consejos. Mis consejos van dirigidos concretamente al género de la novela de misterio, que es el que más me atrae; espero que os guste y sea útil. (Lobo)



PRIMERA PARTE : UNOS CONSEJOS BÁSICOS.

1.- Estructura el Misterio _ El misterio _como género_ es una trama más o menos larga con un gran secreto en su interior, que deberemos ir desarrollando y desvelando. Para hacerlo bien, al contar nuestra historia y con ella la trama que se oculta detrás, no debemos dejarla clara hasta que deseemos que así sea, pero nos veremos obligados a dar pistas para que al final, cuando desvelemos el secreto, el lector pueda decir: ¡Ha estado ante mis ojos todo este tiempo, pista tras pista! No hacerlo es de "tramposos" y aburrido para el lector. La clave para lograrlo es saber lo que queremos contar y crear una estructura fija pero flexible, en la que definamos el ritmo que queremos darle a la aparición de los personajes, las pistas, los momentos de acción, de investigación..., etc. Algunos autores escriben esperando que la historia se vaya desenvolviendo por sí sola y les diga cómo terminarla mejor; esto hace más entretenida la labor de escribir, pero no es la mejor forma de obtener un resultado de calidad, sobre todo si no tenemos experiencia.

2.- Estudia el Entorno _ Si queremos crear una historia coherente, debemos poder crear un entorno y personajes creíbles y coherentes. ¿Cómo? Inspírate para el lugar en el que desarrolles una escena a través de un lugar que conozcas o te inspire, incluso aunque tu trama se desarrolle en pleno siglo XVIII. Lee e infórmate (guías de viajes, enciclopedias, fotos, Internet...) para poder imaginarlo con claridad y que sus descripciones den personalidad a la escena. Hacer que una buena historia sea creíble a través de sus escenarios y protagonistas es tan difícil como inventar el misterio del que hablábamos antes. No es suficiente con saber cómo se puede matar a alguien que se encuentra totalmente aislado en una habitación, sino que debemos hacer que ese "alguien" le importe al lector. Por ello, debemos de crear una personalidad creíble y más o menos interesante y compleja para cada "actor" de la trama. Recuerda que una buena descripción de las calles o estancias que visitamos en nuestra novela, ayudan a crear ambiente y a situar al lector en el clima de tensión, sofisticación, relax... que nos interesa.

3.- Crea Personajes Creíbles _ Está muy relacionado con el punto anterior y se puede resumir en tres palabras: nada-de-estereotipos. En la ficción en general, sufriremos mucho con este problema, quizá porque seguimos la senda marcada por los primeros maestros (J.R.R Tolkien, R. E. Howard, Conan Doyle, Bram Stocker, Mary Shelley...) que a su vez se basaron en mitos comunes a muchos pueblos, de modo que parece que reutilizamos una y otra vez arquetipos creados hace cientos de años para nuestros héroes y villanos. Sabiendo esto, podemos encontrarnos copiando consciente o inconscientemente a Conan, Drácula o el clásico científico loco, por influencia de libros, películas e incluso cómics. Recurrir a los clichés puede ser perfectamente válido si lo hacemos de manera inteligente, pero nunca porque escaseen las ideas.

4.- Investiga _ Siguiendo con el segundo punto, lo que diferencia un escenario creíble e interesante de otro de cartón piedra es el trabajo de investigación que realizamos. Cuando somos capaces de responder a todas las preguntas sobre la ambientación que pudieran tener nuestros lectores, sin titubear, les estamos dando a entender que el mundo en el que se desarrolla la acción "es así", y por ello, el lector se lo imagina mejor en su mente. A veces ocurre que un escritor no hace esto bien y los escenarios bailan en mi imaginación en vez de estar fijos. Investigar proporciona esa seguridad al describir y además puede dar pie a buenas subtramas, anécdotas o aventuras completas que no habíamos planeado en nuestro esquema original (visitar un artículo de la Wikipedia y explorar sus enlaces es un truco que se usa a menudo y con el que se llegan a conocer cosas sorprendentes)

5.- Lee _ Hay que leer mucha buena literatura _da igual si el género leído es el que me impulsa a escribir o no_ para mejorar nuestro estilo y ampliar vocabulario y expresiones. Saber qué palabra expresa mejor lo que quiero decir, pormenorizar una descripción o bien saber cómo plasmar un largo diálogo es la gran diferencia entre una escena memorable y otra más de relleno.

6.- Escribe _ No podemos empezar a escribir nuestro relato de golpe, sino que hemos de practicar muy a menudo. Al menos 10 horas semanales. Prueba escribiendo con gracia alguna anécdota interesante y haz una descripción a fondo de un lugar bien conocido. La mejor manera de encontrar la inspiración es mantenerse activo, lo que ayuda también a saber plasmarla sobre el papel. Mucha gente tiene ideas geniales para una novela, pero la inmensa mayoría no sabe cómo narrar lo que imaginan.

7.- Sé Disciplinado _ Tener un horario y obligarse a cumplirlo es lo mejor para que el cerebro se ponga en marcha automáticamente y nunca perdamos la fluidez. Algunos escritores, incluso recomiendan tener un lugar específico en la casa, usar una música determinada, una máquina de escribir, un cuaderno concreto, una pluma, un número de páginas diarias... etc. Se trata en el fondo de organizar un ritual que inconscientemente nos dé seguridad en nuestras capacidades, que "invoque a las musas" y nos haga más sencillo escribir un par de páginas diarias con verdadero estilo, que es lo importante. No debemos ver la escritura como una obligación sino como una vocación, nuestra vocación, en la que empleamos nuestro tiempo.


LAS 10 PREGUNTAS CLAVE PARA CREAR UNA ESTRUCTURA FIABLE:

Esta pequeña sección os ayudará a crear un esquema capaz de sostener vuestra idea o al menos servirá para saber si tenéis bien organizadala historia en vuestra cabeza. Recordad que es muy importante plasmar en papel lo fundamental, ya que os ayudará a repasar la trama y mejorarla en vuestros ratos libres (yo he ocupado mucho tiempo de mis 70 minutos diarios en el tren mejorando con papel y bolígrafo algún punto oscuro)

Cada escritor aborda el trabajo de escribir una novela de forma diferente. Algunos se lanzan escribir a una palabra tras otra, frase tras frase, sin mirar atrás y, sólo cuando han llegado al final se preocupan de revisar si han conseguido o no lo que esperaban. No permiten que ninguna consideración al respecto de la técnica literaria se interponga en el camino de la emoción de escribir un libro. Una vez finalizado el primer borrador llega el momento de invertir mucho esfuerzo en el trabajo de reescritura. La idea es volcarse primero en la narración y  averiguar después qué es lo que no marcha. De esta forma se potencia la frescura y la creatividad frente a la pura técnica.
Hay, sin embargo, quienes opinan que este sistema supone una enorme pérdida de tiempo y que, además, puede desembocar en una catástrofe. El relato puede acabar escapándose de las manos, derivando hacia derroteros nada satisfactorios o muriendo por su propia inercia por la ausencia de motivaciones que dinamicen la trama. Estos escritores preferirán poder visualizar en su cabeza todo el desarrollo de la obra antes de comenzar a escribir una sola palabra. En este caso, el inconveniente reside en que el escritor puede encontrarse con algunas ideas estimulantes que surjan durante la escritura y que tengan difícil encaje en el desarrollo previsto, lo cual puede acarrear frustraciones y cierta tensión que acabe afectando seriamente a la novela.
Evidentemente cada escritor elige el método que más le conviene, pero parece que la forma ideal de trabajar será algo intermedio entre los dos extremos.
Conviene tener un plan de vuelo preparado antes de ponerse en marcha, así como una serie de indicadores que durante el camino nos digan si avanzamos en la dirección correcta.La mejor forma de lograr esto, consiste en hacernos las diez preguntas que se exponen a continuación. Podemos planteárnoslas antes, después, o en cualquier momento a lo largo del proceso de escritura; el caso es que si podemos contestarlas todas, será un indicador de que poseemos el control del relato. En el otro caso, si no tenemos respuestas claras, será señal de que no tenemos una idea muy precisa de la historia que estamos contando.

   01. En setenta y cinco palabras ¿cuál es la idea básica de la historia? Tómalo como la sinopsis de un libro, pero sin adornarte demasiado.
   02. ¿Quiénes son los protagonistas y antagonistas? En un par de líneas defínelos.
   03. ¿Cuál es el objetivo de los personajes principales? Tanto "buenos" como "malos", ¿qué pretenden? Usa dos frases por cada uno de ellos.
   04. ¿Cual es la motivación de los personajes principales? ¿Por qué hacen lo que hacen? Lo mismo: protagonistas y antagonistas. En dos líneas.
   05. ¿Qué plan de acción/actuación tienen los personajes (unos y otros) para triunfar en su empeño?
   06. ¿Cuál es el principal conflicto o el misterio que se oculta bajo la historia? ¿Cuál es su "por qué"?
   07. ¿Cómo evolucionan/cambian de los personajes protagonistas a lo largo de la historia?
   08. ¿Cuál es el hecho detonante de la historia? ¿Cómo y dónde empieza?
   09. ¿Cómo mantendremos la tensión durante la historia?
   10. ¿Cómo abordarán/enfrentarán los personajes (protagonistas-antagonistas) el clímax del relato?

Seguramente en los primeros momentos que plasméis esto al papel, las respuestas no serán muy claras. A veces se sólo ideas difusas. A lo largo del desarrollo, vuelve a menudo a revisar o rehacer algunas preguntas, para evitar desviarte demasiado y mantener la idea original, pese a los cambios que quieras introducir. Nuestra novela se acercará a su conclusión cuando todas y cada una de nuestras preguntas tengan una respuesta clara. Será la señal de que la novela está cerrada.

COMO ESCRIBIR UNA NOVELA DE MISTERIO 

(II)

***Guía para escribir una Novela de Misterio.

SEGUNDA PARTE : PROFUNDIZANDO.


 *LAS BASES:

Todos tenemos más o menos una idea de lo que significa "trama de misterio". Cualquier relato que nos proponga un acertijo en su planteamiento está basado en este modelo de trama misteriosa. Un acertijo es un juego de adivinación, a menudo provisto de una sorpresa en su resolución. Suele ser perspicaz, ingenioso y difícil de descubrir. Por lo tanto, el atractivo de esta trama reside en que despierta en el lector el deseo de superar un reto y a la vez supone un entretenimiento. El descubrimiento de la respuesta al acertijo proporciona además un placer intelectual en el lector.
El misterio debe poseer en su esencia una paradoja que exija una solución. Las cosas no son lo que parecen en la superficie. Las pistas se encuentran ocultas en el interior de las palabras, en los detalles. Y en la mejor tradición del misterio, la respuesta está a simple vista.
No es tan difícil si se conocen unas cuantas reglas básicas.
Elaborar una trama de misterio se parece al juego del “veo, veo…”. El objetivo del escritor es comunicar al lector, por medio de una serie de pistas, la información necesaria para la resolución del misterio. Sin embargo, las pistas serán parciales y ambiguas, de forma que una sola pista en sí misma no nos aporta demasiado. Las pistas no son siempre claras, y para encontrar la solución deben acumularse. Sólo una vez resuelto el misterio se advierte la base lógica que las sustenta.
Por supuesto, se ha de ser muy cuidadoso en la elaboración de las pistas, pues no han de contener soluciones claras u obvias. Si el lector alcanza la solución antes de que la novela llegue a su conclusión le supondrá una decepción. También hemos de tener cuidado de no dejar pistas falsas, es decir, pistas que en realidad son señuelos que no conducen a ninguna parte y que no tienen ninguna relación con la solución. El lector tampoco lo perdonará y se sentirá engañado. Lo cual no quiere decir que no podamos dejar pistas que se presten a una doble interpretación. El lector podrá interpretarlas erróneamente, pero una vez aclarado el misterio todo ha de cobrar su sentido correcto. A los lectores no les importará tomar el camino equivocado si notan que han interpretado mal las señales, pero sí se molestarán si descubren una señal falsa.
La elaboración de un misterio se basa, en gran media, en hacer que lo causal parezca casual. El mejor lugar para ocultar una pista es a la vista de todos.
Veamos ahora cómo hemos de estructurar la trama.

 _ Primera fase: la presentación del misterio.

Valle y Cáceres formaron parte en los noventa de un grupo de pop rock. Ensayaban juntos, tocaban juntos, se emborrachaban juntos. Llevan muchos años sin verse cuando se encuentran en un café. Allí charlan animadamente y recuerdan, entre risas, anécdotas del pasado. Después Valle le anuncia a su amigo que ha decidido matarlo y que lo hará pronto

En esta trama se nos plantea un crimen por anticipado. La esencia del misterio consiste en saber si el protagonista matará a su amigo y qué motivos le llevarán a hacerlo. El planteamiento despierta toda nuestra curiosidad, queremos resolver el enigma.
Esta primera fase introduce los aspectos generales. Conocemos a la víctima y al asesino. Sabemos que se cometerá un crimen (de forma inversa a la clásica novela de misterio en cuyo inicio el crimen ya se ha cometido). Pero consumado o no, la perspectiva de un asesinato introduce un elemento que atrae poderosamente nuestra atención. El acertijo se presenta en su sentido más amplio. Aún no hemos profundizado en la caracterización de los personajes, pero conocemos lo suficiente de ellos (un par de amigos que rememoran recuerdos de su juventud) como para sentirnos identificados con ellos en cierta manera.

 _ Segunda fase: los detalles.

Es el momento de desgranar los elementos de la historia. Mostramos los detalles acerca de los personajes, acerca de la naturaleza del misterio, y los esfuerzos de los personajes por resolver el enigma que se les plantea. Las pistas van aflorando a lo largo del camino. La historia del misterio posee dos historias en una: la historia de lo que sucedió y la historia de lo que parecía que había sucedido. La clave consiste en camuflar la información importante que describe lo que realmente sucedió para que parezca una parte natural de la acción. Solo cuando el lector conozca la resolución y miré atrás se dará cuenta de la importancia de las pistas que pasó por alto. Y para camuflar las pistas debemos crear un entorno adecuado (contexto) que sea acorde con la pista que se quiere mostrar y que ha de pasar desapercibida.

En la novela “El Alquimista impaciente” de Lorenzo Silva, se utiliza como arma de un crimen los residuos radiactivos de una central nuclear. La central nuclear forma parte del paisaje desde el principio de la novela. La víctima del crimen que motiva la investigación (diferente del asesinado mediante los residuos) trabaja en la central, y ese es el motivo de que se hable de ella con naturalidad. Se nos muestra su funcionamiento y a las personas que trabajan allí como una parte rutinaria de la investigación. La aparición de la central nuclear nos parece casual. El lector asume que si la víctima hubiese trabajado, por ejemplo, en un banco, serían las oficinas del banco y sus directivos los descritos como parte del contexto natural del relato. Y sin embargo, la existencia de la central nuclear resulta fundamental a la hora de desvelar el misterio del segundo asesinato y que por ende, conduce a resolver el primero. Si el autor no hubiese dedicado tiempo a describir la central, a hacerla formar parte del “paisaje” de la historia, su aparición en la última fase de la novela hubiese resultado brusca y forzada, dando la impresión de que el autor se saca un “conejo de la chistera” para la resolución del misterio.

 _ Tercera fase: la resolución.

Las generalidades del misterio se han presentado en la primera fase, y sus detalles en la segunda, donde hemos dejado una serie de pistas camufladas en el contexto de la narración. Ahora es el momento de resolver el enigma. La respuesta debe hacer que encajen las partes generales y las particulares, como piezas de un rompecabezas. Individualmente, una pieza puede parecer poco importante o inofensiva, pero en realidad puede ser la clave para desentrañar la imagen completa.


*LOS DETALLES:

Por supuesto, las tres fases anteriores constituyen una línea narrativa básica que incluso nos puede resultar demasiado sencilla, pues ha sido utilizada hasta la saciedad en miles de novelas y relatos. No obstante la idea fundamental sigue funcionando, y podemos encontrar la estructura básica de la trama de misterio en la mayoría de las novelas (probablemente camuflada entre otra serie de tramas) como medio para captar nuestra atención desde el principio.
Además, las tramas de misterio se pueden anidar, combinando una dentro de otra, relacionándose entre sí, creando la impresión de una trama extremadamente enrevesada que con toda seguridad causará la admiración del lector hacia el autor por su capacidad de urdir un misterio complejo. Pero en realidad, el autor lo único que habrá hecho será disponer una serie de tramas simples de misterio y entrelazarlas entre sí utilizando elementos comunes. El truco para crear tramas sofisticadas consiste en elegir una o varias pistas y hacerlas pertenecer a dos o más tramas diferentes, lo cual producirá un notable efecto de complejidad.

Antes de comenzar a hablar sobre la creación de un personaje, quizás deberíamos empezar preguntándonos qué es un personaje. ¿En qué momento un puñado de palabras escritas en un trozo de papel se convierten en una persona "real", viva y humana? ¿Qué significa amar a un personaje de ficción, sentir que lo conoces? ¿Qué tipo de conocimiento es ese?
Existen muchas formas de crear, de mostrar o simplemente de esbozar un personaje en una narración. Puede tratarse de un personaje protagonista con el que convivimos a lo largo de toda la novela, o simplemente de un personaje secundario que asoma por unos instantes a la narración para cumplir una determinada función y desaparecer. No obstante, sea secundario o principal, protagonista o no, todo personaje creado correctamente deja en el lector una huella duradera.
Pero, ¿qué es un personaje? Podríamos decir que un personaje parece conectado a la conciencia, al uso de una mente, pero en seguida podemos encontrar muchos y soberbios ejemplos de personajes que parecen pensar muy poco.
Si intentásemos distinguir entre personajes mayores y menores, en términos de sutileza, profundidad o tiempo concedido en la página, podemos llevarnos la sorpresa de que muchos de los personajes considerados secundarios resultan en realidad mucho más vivos y más interesantes, aunque estén poco tiempo con nosotros, que los personajes redondos a los que se supone que se hallan supeditados.
Un personaje realmente logrado debe de poseer _al menos_ una cualidad, rasgo o sentimiento, con el que todos podamos identificarnos y que bien podamos reconocer en nosotros mismos, o llegar a descubrir en nosotros o en otros a través del personaje.
Un personaje resulta más conseguido en la medida en que nos invite a depositar parte de nuestra identidad personal en él durante el tiempo que dura la experiencia de la lectura. De esta forma, un personaje tendrá más o menos éxito, resultará más o menos universal, en la medida en que tenga cualidades, emociones y motivaciones que todos hayamos experimentado en uno u otro momento de la vida: la venganza, el enojo, la lujuria, la competitividad, la territorialidad, el patriotismo, el idealismo, el cinismo o la desesperación.
Pero los personajes también deben ser personas únicas, y no criaturas estereotipadas o predecibles y sin defectos. Necesitan buenas dosis por igual de originalidad y universalidad. Un personaje real, como cualquier persona real, no es un simple rasgo, sino una combinación única de muchas pulsiones y cualidades, siendo así que algunas de ellas puedan entrar en conflicto. Y cuanto mayor sea el conflicto, mejor. Un personaje que evidencia una combinación única de impulsos contradictorios, tales como la confianza y la sospecha o la lealtad y la mentira, siempre parecerá más realista y humano que uno que solo muestre un rasgo de su carácter.
Decíamos que un personaje se convierte en real cuando nos muestra un sentimiento, idea o cualidad que podemos reconocer en nosotros mismos. Partiendo de esta idea, si mostramos a nuestro personaje sintiendo miedo, amor, odio, celos o cualquier otro sentimiento básico, sin duda nos podrá parecer vivo durante un breve instante, pero no será más que un personaje plano que olvidaremos en cuanto pasemos la página o cerremos el libro. Pensemos por un momento en aquellos personajes de novela que perduran en nuestro recuerdo incluso largo tiempo después de haberla leído. ¿Qué les diferencia entonces de otros que cayeron inmediatamente en el olvido? ¡NADA!
Desde un punto de vista meramente técnico nada les diferencia del resto, salvo que nos ayudaron a descubrir algo en nosotros mismos de lo que no éramos conscientes hasta que pudimos identificarnos con ese sentimiento precisamente a través de ellos.
Ese es el verdadero milagro del autor: dotar a su personaje de un rasgo psicológico lo suficientemente profundo como para que no esté al alcance de la vista de cualquiera, pero que reconocemos en nosotros mismos en cuanto nos lo ponen delante.

No hay nada más difícil que la puesta en escena de un personaje de ficción. Es común que los escritores poco experimentados se esfuercen por presentar a sus personajes mediante una enumeración más o menos extensa de sus características físicas: la fisionomía de su rostro, la ropa que llevan, la expresión de su cara, y todos aquellos rasgos que, en su opinión, describen el carácter del personaje. Incluso podemos encontrarnos con una descripción de sus sentimientos, de sus emociones, de sus deseos o miedos. Tal vez el autor piense que, cuanto más extensa y más compleja sea la descripción, mejor conoceremos al personaje. Se equivoca. Lo único que habrá conseguido es que lo olvidemos todo en cuanto nuestra atención recaiga sobre el siguiente objeto de interés de la novela.
¿Qué hacer entonces? ¿Cómo lograr que el lector conozca en el acto a nuestro personaje y se interese por él sin aburrirle con una larga lista de detalles? La forma de identificar una mala descripción de un personaje es visualizar en nuestra mente lo que vemos al leerla. Si la imagen se parece a una fotografía estática, por muy detallada y rica que sea, vamos por el camino equivocado.
El mecanismo efectivo, consiste en poner en movimiento el retrato estático. Mantener al personaje en marcha desde el primer momento que entra en escena. No es necesario comenzar con una soporífera descripción de su apariencia. Podemos saber mucho de un personaje por la forma que tiene de hablar, por sus gestos, por su actitud frente al mundo.




Toda novela se sustenta en tres aspectos que conforman un todo, si bien por motivos didácticos se suelen analizar por separado. Estos son:

    * El argumento, tema o idea. Se trata de ese relámpago creativo que parece iluminar la novela, la idea principal, o el conjunto de ideas, sobre el que sustentamos la historia.
    * Los personajes. Son aquellas personas de ficción que, por medio de sus actos, ilustrarán el argumento o idea. Esencialmente, los personajes surgen en la mente del escritor del mismo modo que surgen los argumentos.
    * La trama. Se trata de los actos que realizan los personajes debido a sus motivaciones, a las relaciones y contactos que mantienen entre sí y a las fricciones que surgen de dichos contactos. También puede venir provocada por los propios conflictos internos del personaje o por situaciones del mundo exterior.

Así que tenemos una idea para una novela. Urdimos una escena inicial que nos parece muy adecuada para comenzar la historia. Tenemos unos personajes que ponemos en movimiento en esos primeros compases del relato, que parecen cobrar vida. De acuerdo. Y ahora, ¿por dónde seguir? Algunos escritores nos encontramos con esos confusos momentos en los que la novela tiene una cierta entidad abstracta en nuestra cabeza y nos resulta desalentadoramente difícil materializarla en un papel. Cada vez que planteamos una situación nos genera una serie de interrogantes sobre como resolverla. Luego la enfocamos de otra manera, pero cada vez que abordamos un cabo suelto encontramos que, simplemente, plantea más interrogantes…, y así sucesivamente hasta caer en un ataque de nervios. De manera que necesitamos una herramienta para tomar un atajo en esta confusa fase inicial.
En definitiva, el escollo lo encontramos al tratar de crear la trama detallada, al intentar construir un esbozo cronológico y secuencial que haga que el argumento impregne los actos de los personajes, y viceversa. El objetivo: conducir a los personajes desde el principio al final del relato.
Existe una regla fundamental que nunca debemos perder de vista, esto es, que el relato debe fluír según el siguiente orden:

Idea -> Personajes -> Trama generada por los personajes -> Desarrollo y pormenores de la trama que expresan la idea.

En realidad, los tres aspectos avanzan simultáneamente, con pausas y comienzos para hacer ajustes en uno de ellos al objeto de avanzar, o para potenciar cualquiera de los otros. Sin embargo, el orden de importancia debe ser siempre: idea, personajes, trama inspirada por los personajes y pormenores de la trama.
Esto significa que siempre se deben crear los pormenores de la trama (la secuencia cronológica de acontecimientos) después de haber dado vida a los personajes. En realidad, la trama, todo lo que suceda en la novela, debe fluir de forma natural del personaje. No obstante, existen casos en los que la trama no fluye del personaje, sino que éstos son arrastrados por los acontecimientos, de un lugar a otro, sin que su carácter, sus decisiones o sus motivaciones influyan lo más mínimo en los sucesos en los que se ven involucrados. Este tipo de tramas constituyen lo que suele conocerse como novela de aventuras. Pero incluso en las novelas de aventuras, al menos aquellas que alcanzan cierta altura literaria, los personajes tienen algo que decir, son dueños de sus actos y empujan en cierto sentido a la trama hacia su resolución.
Dicho de otra forma, podemos caer en la tentación de desarrollar primero la trama y luego simplemente poblarla con los personajes, pensados expresamente para la ejecución de la misma. Sin embargo esto no funcionará. Lo único que obtendremos será una trama vacía y unos personajes de cartón piedra, muy poco creíbles. Sólo dando prioridad a los personajes la novela elevará su nivel y se convertirá en una obra de arte, en literatura.
Dicho lo anterior, seguimos teniendo la necesidad de expresar nuestras ideas de una forma progresiva y lógica, relacionando a los personajes entre sí y propiciando que éstos avancen en la dirección que, como escritores y dueños de la historia, queremos conducirlos. Los pormenores de la trama. Y es aquí donde con frecuencia podemos caer en la confusión y en la desesperación. Afortunadamente, existen algunas herramientas para ayudarnos.
El acontecimiento y el mensaje. Éstos son los dos instrumentos más importantes para crear los pormenores de la trama. Un acontecimiento es algo que le ocurre a un personaje, externa o internamente, en el mundo real y objetivo, o subjetivamente en su mente. Toda narración consta de una serie de acontecimientos. Por su parte, el mensaje es la tesis o idea que, como escritores, queremos comunicar. En ambos casos, se trata de concebir hechos que ilustren nuestra idea. Es decir, los hechos narrados deben determinar circunstancias que permitan a su personaje hacer una observación que exprese su tesis.

Es probable que imaginemos un gran número de éstos acontecimientos. O que una escena especialmente intensa o interesante venga a nuestra mente de repente. Las escenas se nos pueden ocurrir sobre la marcha, en cualquier fase del desarrollo de la novela, y no necesariamente tienen por qué encajar con el instante temporal que estamos escribiendo en ese momento. En ocasiones ni siquiera sabremos dónde encajarlas. Para no olvidarlas es útil anotar cada una de ellas en fichas, de forma que podamos recurrir a ellas después. Bastará con un párrafo y un sucinto texto descriptivo.
En un principio no debemos preocuparnos del orden de los acontecimientos, simplemente dejaremos volar nuestra imaginación y anotaremos todos los acontecimientos que surjan en nuestra mente al pensar en nuestros personajes y en el mensaje que queremos mostrar en la novela. Disponer de una serie de escenas esbozadas de antemano nos ayudará enormemente a avanzar en la narración y a evitar quedarnos estancados. Será más tarde, en el transcurrir de la historia, cuando hagamos uso de éstos acontecimientos según vayamos necesitándolos. En realidad, serán nuestros personajes y sus motivaciones quienes avancen de forma natural hacia estos acontecimientos.

Uno de los elementos indispensables en toda novela es la existencia de conflictos. Los conflictos afectan a nuestros personajes, crecen y se realimentan a lo largo de la trama, provocando que aumente la tensión. Iniciamos con éste una serie de artículos donde trataremos de explicar qué entendemos por conflicto en una narración, cuales son los mecanismos para crear tensión y cómo utilizarla para el correcto desarrollo de una historia.
Comencemos apuntando que el concepto de tensión narrativa está íntimamente ligado a la trama (entendiéndose la idea de trama tal y como se expuso en un artículo anterior). Hasta tal punto es así que podemos afirmar que sin tensión no hay trama. Sin tensión obtendremos una historia plana que probablemente resultará aburrida.

Para ilustrarlo consideremos una trama romántica: Chico conoce a chica. Chico le pide a chica que se casen. Chica acepta. ¿Ya está? Por mucho que adornemos la historia, por muchos trucos y recursos estilísticos que apliquemos en la prosa, no tendremos nada. Si reflexionamos sobre cómo se desarrolla cualquier historia romántica que hayamos leído nos daremos cuenta de que en seguida el autor se apresura a mostrar toda una serie de dificultades que impidan el objetivo de los protagonistas. El ejemplo clásico lo tenemos en la historia de Romeo y Julieta, paradigma de la trama romántica. En este caso, la tensión proviene del exterior. Son las familias de los enamorados los que impiden la relación y contra los cuales la pareja deberá luchar. Pero en realidad la historia resulta más interesante cuando la tensión surge del interior de los personajes: por ejemplo, la chica se enamora, pero sus miedos e inseguridades le impiden comprometerse en una relación duradera, o esconde algún secreto de su pasado y teme que si el chico lo descubre la pueda rechazar, etc. Las posibilidades son tan numerosas como lo son las motivaciones y los sentimientos humanos. Es el autor quien decide qué historia quiere contar, qué tipo de problemática concreta desea mostrar. Mediante la trama el autor examina el interior de la naturaleza humana y las relaciones entre las personas.
La tensión se crea mediante la oposición de dos fuerzas. Frente al deseo del peronaje de alcanzar un objetivo se contrapone una fuerza antagónica que intenta frustrar sus intenciones. Como veíamos en el ejemplo anterior, este antagonista puede ser externo (bajo la apariencia de una persona, lugar o cosa: un enemigo, un rival un competidor, las fuerzas de la naturaleza, etc.) o podemos tener un antagonista interno que se encuentra dentro del carácter del personaje (una duda, un miedo, un defecto, etc.) que le impide alcanzar lo que desea.
Las tensiones externas pueden darnos una serie de empujones que nos sirvan para desarrollar la historia, pero son insuficientes. Las malas novelas están construídas mediante una sucesión de tensiones externas que el protagonista se apaña para superar. Si el escritor es hábil la lectura puede resultar entretenida, e incluso adictiva (ya que el autor suele dejar en suspenso la resolución de un conflicto para presentar el inicio de otro nuevo en un capítulo diferente), pero la lectura de semejante trama nos acabará dejando un poso de vacío, la sensación de que la novela no tiene un contenido real.

¿Cómo crear estructuras de tensión profunda convincentes?

El mejor conflicto que podemos presentar es aquel que no tiene una resolución evidente, en términos de lo moralmente aceptable o no. La tensión profunda surgirá con fuerza en la novela cuando venga dada por situaciones imposibles, situaciones donde no exista certeza entre lo bueno y lo malo, donde no haya un ganador y un perdedor claros. Esta es la auténtica fuente de toda literatura.
Por lo tanto, el autor debe esforzarse en mostrar a los personajes antagonistas (o las motivaciones internas si se trata de conflictos internos) dándoles igualdad de oportunidades. Tolstoi expresó la idea perfectamente: “Los mejores relatos no proceden de la oposición bueno-contra-malo, sino de bueno-contra-bueno”.
Los argumentos opuestos derivan de una situación irreconciliable. La tensión aumenta cuando no existe una respuesta definitiva ante un problema, tan solo soluciones temporales, precarias, que pueden funcionar en unas determinadas circunstancias durante un tiempo determinado, pero no para siempre. Todos hemos conocido e incluso vivido en primera persona situaciones en las que hacer lo correcto era obviamente lo peor posible, y situaciones donde hacer lo incorrecto era lo obviamente acertado. Hemos de observar atentamente los dilemas y olvidarnos de las soluciones fáciles.

Quizás éste es el mayor descubrimiento que un escritor novel debe hacer durante el proceso de aprendizaje de los mecanismos internos de la ficción: las buenas novelas no han sido escritas, sino reescritas.
Comprender el proceso de creación de una novela no es fácil. La dificultad podría compararse a la de tratar de entender como funciona internamente un ordenador a base de observar lo que nos muestra en la pantalla y su respuesta ante el usuario. Una buena novela transmite una sensación de fluidez al leerla: el tiempo avanza en sincronía con nuestro propio tiempo subjetivo de lector; los personajes evolucionan; los acontecimientos se suceden con naturalidad de forma lógica. Existe una causalidad en todos los actos y motivaciones. Las descripciones de lugares y paisajes, las sensaciones que nos evocan, los diálogos de los personajes y sus actos, los sucesos que se relatan, las palabras elegidas en cada momento, el ritmo de las frases, el tono del narrador, las figuras literarias, y un largo etcétera, constituyen un todo entrelazado donde cada parte se relaciona, depende y ha sido concebida en función de las demás, careciendo de sentido o significado pleno por sí sola. Es ingenuo pensar que un novelista puede lograr la conjunción perfecta de todas las piezas de una forma espontánea, que una obra de arte compleja es solamente fruto de la inspiración instantánea.

La dificultad para comprender el proceso de creación de una novela radica precisamente en que, cuando está acabada, el laborioso proceso de creación queda necesariamente oculto. La impresión de fluidez que nos transmite hace pensar que fue escrita de la misma forma, al mismo ritmo que las estamos leyendo. Nada más lejos de la realidad.

Un escritor profesional que trabaja de forma exclusiva en una novela le dedica, de media, entre ocho y diez horas diarias de trabajo. El periodo de tiempo total que tarda en escribirla suele variar entre unos cuantos meses y varios años, dependiendo básicamente de la extensión y de la complejidad de las tramas que desarrolle. Un escritor que dedique jornadas de ocho horas a su trabajo puede tener un primer borrador de su obra en un mes aproximadamente. Un borrador completo significa la redacción de la novela de principio a fin. Si consideramos que a partir de aquí se pueden tardar años hasta que la obra esté completamente finalizada, podemos empezar a hacernos una idea de lo que significa realmente el proceso de escribir una novela.

Reescribir no consiste en corregir. Ese es un error común del aprendiz que da sus primeros pasos: escribimos nuestra novela de un tirón, poniendo todo nuestro empeño, esfuerzo e imaginación, y al finalizar esta primera redacción creemos que ya hemos realizado la labor principal. A continuación pensamos que solo resta la ingrata tarea de corregir los errores de escritura: revisar el texto palabra por palabra, arreglando frases o palabras aisladas, pensando: esto no suena bien, esto es incorrecto; incorporando algún que otro detalle… Este enfoque es totalmente erróneo. Un escritor profesional (alguien que escribe novelas que son publicadas) aborda el proceso de reescritura como una parte más del proceso creativo. La revisión sirve para mejorar globalmente el texto. Afecta a fragmentos extensos de texto, a las ideas principales y a la mismísima estructura. Un escritor profesional tiene objetivos concretos y una imagen clara de cómo quiere que sea la narración. Durante la revisión, compara esa imagen con el texto real y actúa en consecuencia.

¡YA ESTÁ! Acabé, ahora os toca a vosotros.

jueves, 14 de julio de 2016

CONSEJOS LITERARIOS (recopilación frases de varios autores)

CONSEJOS LITERARIOS (recopilación de frases de varios autores)



Lo que han dicho los que saben escribir:

"Si quieres ser escritor, escribe" (Epicteto).
"El arte de escribir consiste en el arte de interesar" (Jacques Delille).
"Escribir es un ocio muy trabajoso" (Goethe).
"El que escribe para comer, ni come ni escribe" (Quevedo).
"La literatura es mentir bien la verdad" (Juan Carlos Onetti).
"La única recompensa que puede esperarse del cultivo de la literatura es: el desdén si se fracasa, y el odio si se triunfa" (Voltaire).
"La papelera es el primer mueble en el estudio del escritor" (Ernest Hemingway).
"La literatura está llena de cosas inútiles absolutamente necesarias" (Rosa Montero).
"Ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar solo" (Fernando Pessoa).
"El primero que comparó a la mujer con una flor fue un poeta; el segundo, un imbécil" (Voltaire).
"Para que lo que se escribe pueda denominarse literatura es necesario que produzca al lector un placer. No sólo por lo que se dice, sino por la manera de decirlo" (R. Brooke).
"Repetir cosas ya dichas y hacer creer a la gente que las lee por primera vez; en eso consiste el arte de escribir" (Remy de Gourmont).
"¿Crees acaso que si Laura se hubiese casado con Petrarca éste le hubiera escrito sonetos toda su vida?" (Lord Byron).
"El hombre que escribe sobre sí mismo y sobre su tiempo, es el único que escribe sobre todo el mundo y sobre todas las épocas" (G.B. Shaw).
"La claridad es necesaria en la ciencia, pero en la literatura, no. Ver con claridad, es filosofía. Ver claro en el misterio, es literatura" (Pío Baroja).
"En literatura no hay temas buenos ni malos. Hay tan sólo temas bien o mal tratados" (Cortázar).
"El secreto para ser aburrido, es contarlo todo" (Voltaire).
"Los artistas y escritores son un producto de la generosidad de los demás" (Borges).
"Tiemblo por no haber escrito más que un suspiro, cuando creí haber descubierto una verdad" (Sthendal).
"Todos tenemos un gramo de poesía" (Álvaro Mutis).
"Hay que escribir muchas veces mal para aprender a escribir bien" (Carmen Bueno).
"Los dedos se mueven sobre el teclado sin que yo los gobierne. Las palabras surgen en la pantalla como si no las escribiera. Es como caminar y caminar por una ciudad desconocida y estar muerto de fatiga y no detenerse nunca" (Antonio Muñoz Molina).
"La casualidad es el novelista más grande de todos. Basta estudiarla para ser fecundo" (Balzac).
"La inventiva de la realidad no tiene límites. En cambio, las situaciones dramáticas se agotan rápidamente. No hay 36, sino 3 grandes situaciones dramáticas: la Vida, el Amor y la Muerte. Todas las demás caben ahí" (García Márquez).
"Poesía es todo lo bello que no se puede explicar y que no necesita explicación" (Juan Ramón Jiménez).
"El poeta es algo alado y sacro y no puede crear sin sentir antes la inspiración, salir fuera de sí y perder el uso de la razón" (Platón).

"Escribir es una forma de reconocerme. Es el resultado de insólitas sesiones terapéuticas, en las que soy el paciente y el médico en una sola pieza. Los poetas románticos pensaban que la voz que quedaba en sus versos era la suya propia verdadera. Sé que quien habla en mis poemas es un personaje de ficción, que trata vanamente de imitarme, que intenta incluso hacerse pasar por mí mismo, disfrazándose con mis trajes. A veces trata de engañarme, pero no lo consigue nunca. Sé que su verdad es el reverso de mi mentira. Yo lo trato como a uno de esos muñecas de magia negra, a quienes los brujos clavan alfileres para producir dolor en sus enemigos. Lo que ocurre es que, en vez de clavarle alfileres, yo se los quito" (Ángel González).

Y para terminar, 3 de León Tolstoi: 

-Cuando critiques tu propia obra siempre colócate en la posición del lector más limitado, que solo busca entretenimiento en un libro.

-Los libros más interesantes son siempre aquellos en los que el autor oculta su opinión personal sin dejar de ser fiel a ella.

-Cuando releas y corrijas tu obra nunca pienses en lo que podrías agregar, por más admirable y profundo que sea lo que se te ocurra, sino en cuánto puedes eliminar sin alterar su espíritu.


22 Tips para Escritores ROBERTO PALACIO


22 Tips para Escritores

ROBERTO PALACIO


  1. El primero y fundamental; sigue siempre el consejo de Anton Chekhov: "Don’t tell me the moon is shining; show me the glint of light on broken glass."– .( "No me digas que la luna está brillando ; muéstrame el destello de luz sobre el vidrio roto.") Es mejor decir: ‘Cuando 40 inviernos hayan pasado sobre tu frente..’ a decir ‘¡Te estás envejeciendo!’
  2. Escribir consiste en borrar más que en teclear. Si te duele borrar, crea un archivo con basura eliminada y guárdalo para siempre.
  3. Cada hombre ve su entendimiento a la mano -por lo cual lo ve lúcido y original-, y el de los demás a distancia. Por eso no te enamores de frases que has dicho y que quizá sólo sean una revelación para ti.
  4. El texto es como un embarazo de exnovios; suele llegar cuando no lo estás esperando. La mente resuelve un texto, pero no en la manera en que el texto debe ir sobre la página; lo va botando por partes inconexas, borbotones. Lleva siempre una libreta.
  5. Un texto terminado es un mueble de Ikea, armado cuidadosa y pacientemente usando piezas pre-existentes. Cuando se te dificulte el desarrollo de una parte, escríbela en un documento limpio; cuando sientas que no lo puedes hacer de manera distinta, incorpóralo al texto principal.
  6. Si el texto te aburre, al lector lo aburrirá.
  7. No intentes mostrar tu corrección política todo el tiempo, no intentes mostrar lo inteligente que eres. Si los textos son sinceros, serán un reflejo de tus creencias.
  8. Un texto no tiene valor si no está diciendo algo que venga de la espiritualidad de un hombre y aun así, no todo espiritualidad es interesante. De la misma manera, no todo el que tiene una historia que contar por ello la sabe contar. Los oprimidos, los tiranos, los dolientes, a menudo tienen historias que contar, pero no por ello la saben hacer venir a la vida.
  9. Nunca escribas una primera frase si no estás seguro, luego será imposible no ver las cosas más que a la luz de lo que has dicho.
  10. Busca una primera frase que arranque enganchando al lector…busca una última frase que cierre el universo que has creado.
  11. No escribas sobre ti todo el tiempo…cuando lo hagas, asegúrate de ser un personaje más. El lector no perdona los panegíricos de si mismo que hace un escritor; tampoco perdona que no diga nada de sí.
  12. Elimina palabras parasitas como “generalmente”, “casi”, “desde un punto de vista”…etc. Puedes escribir con ellas si esto te hace fluir, pero que no pasen la prueba de inspección.
  13. Encuentra un tono para decir lo que has de decir. La credibilidad de un escrito depende de ella. Una vez encontrada, cabálgalo: que tu texto siempre recuerde esa voz.
  14. No pretendas escribir perfecto el primer día que te sientas a ello por la falsa ilusión de que manejas la materia prima de la escritura: el lenguaje. Saber redactar una carta no es saber escribir. Saber componer impecablemente no es saber escribir; ni siquiera, para usar una idea de Truman Capote, saber escribir con ingenio es saber escribir.
  15. Escribir rápido es una imposibilidad similar a dormir rápido. El poeta Passolini decía que para ser escritor se necesita mucho tiempo.
  16. Debes estar más preocupado por escribir que por publicar. No temas experimentar.
  17. Las expresiones: “imaginario colectivo”, “onírico”, “realidad distópica” y similares, son detestables. No supongas una complicidad con el lector que no hayas creado.
  18. Un cliché, como por ejemplo: “…el que no conoce su historia está condenado a repetirla”, es la antítesis del pensamiento y no debe ser objeto de un texto. Si vas a escribir para decirle a todo el mundo lo que cree que sabe, mejor no escribas nada.
  19. Cuando te den una tarea literaria, llévala contigo, duerme, respira, come y vive por y para esa piecita. No importa que sea la redacción de un documento que no tiene mucho sentido para ti…imprímele lo tuyo.
  20. Lee, lee, lee y luego, vuelve a leer. Un escrito no se resuelve sin investigar. Tus fuentes no pueden ser un escrito sobre el mismo tema hecho por otro...es pasto masticado.
  21. Leer lo que se ha hecho sobre un tema es arma de un doble filo; a veces da la clave para despertar las propias ideas y a veces es imposible olvidar una figura, una expresión, y terminarás apropiándotela inadecuadamente.
  22. No hay temas malos, hay temas mal tratados.

viernes, 27 de mayo de 2016

Gramática de la conversación (Decálogo de aquel que escucha) Julio Cesar Londoño

Gramática de la conversación

(Decálogo de aquel que escucha)
Julio Cesar Londoño
Las habilidades lingüísticas son cuatro: leer, escribir, hablar y escuchar. Las tres primeras son estudiadas y promovidas. Leer y escribir, porque sobre ellas descansan las estrategias pedagógicas. De hablar no se habla. Se supone que todo el mundo sabe hacerlo. Pero algunos cultivan esta habilidad porque abrigan la esperanza de alcanzar una curul o un púlpito y llevar una vida descansada. Escuchar, en cambio, es el patito feo del grupo. Nadie, si exceptuamos los servicios de inteligencia, quiere escuchar a nadie. Quizá es por esto que fracasan los diálogos.
Escuchar es una actividad tan descuidada que ni siquiera hay una buena palabra para designar al que la domina, como sí existen, sonoras y prestigiosas, para las otras habilidades: orador, lector, escritor.
Debemos prestarle más orejas al asunto porque si no escuchamos naufraga la conversación, ese arte que nos permite pensar en grupo, seducir y conspirar en privado, hacer negocios con extraños y fiestas con los amigos.
Todos dicen amar la conversación pero olvidan que se trata de un contrapunto delicado, del equilibrio justo de frases y silencios, de pausas y cortesías. Propongo, entonces, que inventemos una gramática de la conversación. Por ejemplo:
Regla 01: si le preguntan ‘cómo está’, entienda que es una fórmula social, no una pregunta. No le vacíe al infeliz su historia clínica ni el proyecto que tiene entre manos. Diga simplemente ‘Bien gracias, ¿y usted?’, como un inglés, o ‘excelente y mejorando’, como los paisas, o ‘¡A usted que le importa!’, como los alemanes.
Regla 02: no haga intervenciones largas, a no ser que hable desde el púlpito o desde una curul.
Regla 03: respete al mudo. Hay personas que hablan poco. Cuando una de ellas intervenga, muérdase la lengua. Es probable que no tenga otra oportunidad de escucharla.
Regla 04: sostenga el tema. Si alguien dice que está feliz leyendo a Z, no lo interrumpa para decir que a usted le encanta K, porque entonces otro gritará que no hay como H, y al final no hablarán de Z ni de K ni de H. Es de elemental urbanidad sostener el tema durante un lapso prudente… o cerrar la jeta.
Regla 05: Yo. El tema más difícil es uno mismo. Termina uno minimizándose, reptando bajo la mesa como cualquier Gregorio Samsa, o pavoneándose con una ‘modestia’ que no convence a nadie. Consejo: si lo acorralan, diga dos frases y escurra el bulto, generalice, vaya de lo particular (usted) a lo general (su profesión, por ejemplo).
Regla 06: los temas tabú. Si el anfitrión le insinúa que no hable de política ni de religión, aséstele una conferencia sobre ecuaciones diferenciales, para que no joda.
Regla 07: no arme corrillos. Hable en voz alta, para todos, y mírelos a los ojos. (Inciso: no le mire fijamente los pechos a su interlocutora).
Regla 08. no dé consejos… ¡o trépese de una vez a su maldito púlpito!
Regla obvia: no interrumpa nunca, y menos al principio. Si alguien empieza una historia, o aún no redondea su intervención, es una guachada cambiar el tema. Excepción: interrumpir al parlanchín, al zoquete que vive extasiado con el sonido de su propia voz, es un deber cívico, un imperativo categórico y una bondad social.
Regla recta: evite la digresión. Si la tentación es irresistible, sintetice y retome rápidamente el tema central.
Reglita: sea breve. Todos perdonamos las bobadas cortas. Las largas arruinan hasta la mejor fiesta.
Regla de reglas: escuche con sus oídos y con su corazón. Póngase en los zapatos del otro. Trate de entenderlo.

Tomado de: http://www.elpais.com.co/elpais/opinion/columna/julio-cesar-londono/gramatica-conversacion