ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

martes, 31 de marzo de 2015

Decálogo de Mario Escobar Velásquez. (Desde el recuerdo)

Decálogo de Mario Escobar Velásquez. (Desde el recuerdo)

El fallecido escritor colombiano no solo fue un depurado escritor y pionero del asunto de los Talleres Literarios en Medellín. Durante mucho tiempo se dedicó a pensar la literatura. Presentamos una cosecha de sus pensamientos sobre el arte de escribir, acopiadas por algunos de sus alumnos que recopilaron su legado.


Este es un aporte de uno de sus alumnos, Juan Fernando Uribe Arcila, tomados de sus apuntes

Copiado en clase... Con cariño.

1- No se pegue de 'chorros chiquitos'.(Hay que tener un deseo razonable de escribir cosas que valgan la pena, con ideas y motivaciones que tengan valor. Lo irrelevante es desechable y prescindible).

2- Todas las líneas son importantes. Hay que saber adonde va, no "a ver que sale".

3- Use adjetivos de una sola interpretación.  No les tenga miedo gratuito. Se pueden usar, si valen la pena, si son un hallazgo, una propuesta, no un lugar común. Como Borges: "laboriosamente trivial", "con escandaloso decoro", "la unánime noche"

4- No amontonar palabras. Use las palabras precisas, prefiera la "economía de las palabras".

5- Los personajes deben ser ellos, no tu.

6- La idea se tiene que parir. Llega un momento en que nace, siempre le ha de llegar su hora.

7- Todas las historias han sido contadas, todos los personajes ensayados. Lo único que nos queda es el estilo.

8- No diga que es avaro, póngalo a ser avariento. Que se vea, que se sienta, que duela, que repudie.

9- No le haga concesiones al lector.  Las conclusiones las debe sacar el lector.

10- Use una agenda de escritor y llévela a todas partes. Y no pierda detalle, anote todo y más...





Su nieta, la escritora Julia Escobar, también nos presenta una recopilación de sus "mandamientos":




MANDAMIENTOS DE UN ESCRITOR SEGÚN
MARIO ESCOBAR VELÁSQUEZ

1-No se escribe para darse el tono de ser escritor. Se escribe porque, o lo hace uno o se revienta: escribir es una compulsión.

2-Se escribe porque se tiene que contar: sólo por eso. Antoine de Saint-Exúpery pensaba lo mismo cuando escribió que “Escribir es una consecuencia”.

    3-No por agradar a nadie: sólo por el propio agrado.

4-Se escribe únicamente de lo que se conoce bien. De lo que es o fue carne de uno, piel de uno, dolores o alegrías de uno.

5-Hay que buscar hasta hallarlo por completo, el estilo propio. Se encuentra cuando se ha descifrado el estilo de los demás. No hay estructuras de cuento ni de novela, ahora, que sean originales: pero el estilo sí puede serlo.

6-Se debe ser claro: no hay que poner al lector a armar rompecabezas.

7-Pero no se debe ser tan claro como el agua: el buen escritor no dice de uno de sus personajes que es avaro, sino que lo pone a nadar en la avaricia.

8-Se debe escribir para ser el mejor: no hay otra meta. Esto supone una disciplina de legionario, una planeación de astronauta. Ser mediocre es fácil, pero destacarse es producto de una labor.

9-No se improvisa: detrás de cada página bien escrita hubo horas y horas, y más horas, - y aún más – de análisis y meditaciones. Y todas esas horas, y más, de perfeccionamiento del texto.

10-La literatura no es la gramática. Pero castizo o no castizo, al lector tiene que “amarrarlo” el hilo de la narración. El arte del escritor es arte de amarrar lectores, si es que se escribe para que a uno lo lean.



Además: la fama no existe: es un imponderable, y sobre todo una molestia. Y el ejercicio literario, cuando es sincero y se practica con honradez, se paga a sí mismo. No hay mejor satisfacción que la producida por un trabajo que uno mismo aprueba. 

******


Frases sueltas tomadas de los apuntes de clase. ( La mayoría recopiladas por Orlando Ramírez-Casas –ORCASAS, y tomada de una conferencia suya sobre Escobar )

 - “Las palabras tienen un significado preciso que está en el diccionario y ustedes deben aprender a escribir con precisión.  Para escribir hay que pulir y repulir y luego volver a pulir hasta encontrar las palabras precisas que expresen lo que uno quiere decir.  Hay que tener siempre a la mano el diccionario académico.  No significan lo que uno cree o se imagina. Significan lo que es y para que nos pongamos de acuerdo, vamos a creer en nuestra santidad el DRAE; de pronto, pero sin sostenerlo a viva voz,  el Pequeño Larousse  o el  María Moliner, y paremos ahí…”

 - “un semillero de escritores no es como uno de futbolistas.  Pateadores de balón se consiguen en las esquinas, pero los escritores deben buscarse con lupa.  Crean y defiendan los talleres literarios. No le nieguen la posibilidad, por prejuicio o por recursos,  a los que están interesados, a estos dos, o a uno, si no quedara sino ése.  Uno podría aprender a escribir por sí solo, como aprendieron los escritores desde Homero hasta nuestros días, los talleres lo único que hacen es acortar el camino y evitar que se cometan errores que otros cometieron, evitar los extravíos que dan al traste con una vocación o un talento inseguro” 

 - “El lenguaje tiene que tener un marco de referencia para evitar la anarquía.  Ese marco, para que lo definamos y no tengamos equívocos, es la Real Academia de la Lengua.”

 - “…en literatura no se dicen de alguien sus cualidades o defectos, sino que se los pinta con hechos. No sé por qué eso tan simple se le hace tan difícil a los principiantes. Adjetivos, muchas veces gratuitos e innecesarios. Debe ser una secuela del mal periodismo que tanto daño nos ha hecho”

 - “…las palabras no se ponen porque suenen bonitas sino porque desempeñan un oficio que en esa frase ya está desempeñando la palabra que se quiere encontrar.  Cuando los adjetivos son innecesarios, se convierten en estorbo.” 

 - “Ahora, si en realidad quiere ser escritor, debe seguir trabajando solo y con dureza todos los días del resto de su vida.  Debe aprender a corregirse a sí mismo, porque nadie lo hará con la misma propiedad y el mismo conocimiento que usted tiene.  A partir de ahora lo que yo como profesor sería para usted es un simple corrector de textos, y no tengo tiempo para eso.  Hay otros, pero no les delegue la tarea, hágala usted.”

 - “Me estoy llenando de chécheres. Son libros leídos.  No me gusta tener libros por tener.  Los libros del otro cuarto están esperando su oportunidad de ser trasladados.  Los tengo allá para que estorben y algún día tome la decisión de leerlos o de regalarlos.  No tienen otra opción.” 

 - “Nada más equivocado que el gusto popular.  El pueblo tiene mal gusto.  Escuche  esa canción, mire las colas para ver esa película, cómo me dice usted que ese futbolista es el ídolo de moda. No me vaya a decir, con esos ejemplos, que lo masivo o lo popular es equivalente a lo que es bueno o que tiene valor artístico o cultural, mejor entonces, empaquemos y volvamos a las cavernas. Las cosas buenas son para escogidos. Muy rara vez lo popular tiene valor estético; en algunas ocasiones la música popular nos da gratas sorpresas, pero la mayoría es basura desechable, o de consumo rápido y empalagoso o utiliza el atajo del cerebro para hacerle el quite al buen gusto y garantizar una rápida digestión…”





sábado, 28 de marzo de 2015

10 CONSEJOS PARA CREAR PERSONAJES INOLVIDABLES


10 CONSEJOS PARA CREAR PERSONAJES INOLVIDABLES

Los  tutores de la Escuela de Formación de Escritores ofrecen consejos basados en su propia experiencia creativa y en su experiencia lectora y docente.
Tomado de:
http://escueladeformaciondeescritores.es/10-consejos-para-crear-personajes-inolvidables/

Los  tutores responden a la necesidad de los alumnos, de crear personajes inolvidables:

Chris J PeakeChris, tutor de Novela Fantástica:
1) Conoce a tu personaje: debes saberlo todo a cerca de tus personajes, y especialmente sobre tus protagonistas (y antagonistas): su pasado, sus motivaciones, sus miedos, sus traumas, sus gustos, su familia, amigos y enemigos… en definitiva, su personalidad y todos aquellos rasgos que te indiquen cómo se comportaría en una situación concreta. Respeta su propia voluntad.

Para ayudarte en esta labor, puedes crear “fichas de personaje”, donde incluyas toda la información que creas necesaria, información que no tienes por qué dar después al lector, se trata simplemente de una guía para conocer a tu personaje.

Jaume Vicent, tutor de Novela negra y de misterio y de Introducción al terror
2) Los personajes deben ser fácilmente reconocibles por el lector. Cada uno de tus personajes debe tener su propia personalidad, tiene que hablar de forma que se le distinga del resto. Todos los personajes deben ser únicos (aquí entra también el nombre, no hagas como en Cien años de soledad, tú no eres Márquez) y reconocible. Haz que tenga una voz única, una apariencia única. Tus lectores, además, querrán sentirse identificados con uno de ellos no importa si son buenos o malos, dale a cada uno algo diferente, algo a lo que tu lector pueda agarrarse.

Isabel Martínez Barquero, tutora de Iniciación en el relato
3) Que el personaje resulte inolvidable para el lector va a depender del grado de humanidad con que lo dotemos. Ha de ser contradictorio, como lo somos los humanos, pero sin que esa característica anule una forma de ser que el lector identifique enseguida o, dicho de otro modo, ha de tener coherencia, incluso dentro de las incoherencias que su carácter le imprima. Ha de mostrarse abiertamente en sus sentimientos y pensamientos.

Si el autor se enamora del personaje, se nota y adquiere una gran fuerza. También si el autor detesta a un personaje, se nota.

Yolanda González Mesa, tutora de los talleres de Productividad para escritores y Scrivener
4) Hay tres estereotipos femeninos que se repiten hasta la náusea en miles de novelas y películas. Repasa tu historia y comprueba si tus personajes femeninos corresponden a estos clichés. Si es así, cámbialos, aléjalos del tópico, y lograrás hacerlos únicos:
– La madre/reposo del guerrero: da igual que espere al héroe con su postre favorito o medio en pelotas en una cama, su función es la misma: dar un respiro al protagonista y de paso recordarles a él y al lector que es el más dulce hijo o el mejor de los amantes, y en general un tipo sensible, aunque lo esconda.
– Detonante/víctima: el malo ataca a “la chica” de algún modo y el héroe la rescata, la venga, o ambas cosas. En tu historia y en otras cinco millones que han contado antes.
– Loca/mala: es mala, el origen de su maldad es que está loca y además histérica, y el origen de su locura no es necesario explicarlo, porque total, está loca. Y es mala.

José Juan Picos, tutor de Novela Histórica
5) Un personaje literario inolvidable es un crash test dummie, un muñeco de prueba que impide que nos mate la frustración y la rutina. Sufre lo indecible, ama con pasión y miedo, aspira, ambiciona, teme, es derrotado, cae malherido, se levanta y, a veces, vence.
Como los muñecos de prueba automovilísticos, un personaje se pone al volante, se lanza a toda velocidad, se estrella y no muere (o sí). Combina el anhelo de vivir intensamente y el terror a la muerte, extremos esenciales del ser humano. Lo mejor es que, al cerrar el libro, dejamos reposar la cabeza en la almohada y vivimos otro sueño. Cuanto más cerca del muro de impacto nos lleve, más inolvidable.

Rebeca Rus, tutora de Novela Romántica
6) Lo más importante para que tu personaje funcione es que tenga un motivo interior, algo que le inspire y que le haga evolucionar, moverse, ir más allá a lo largo de la historia que estás escribiendo. Ese motivo no tiene por qué estar exteriorizado de cara al público (puede ser su secreto, como dicen los guionistas), pero tú sí tienes que ser consciente de ello mientras escribes, no olvidarlo nunca y que se destile con cada acción o palabra de tu personaje. Lo convertirá en un ser de carne y hueso.

Ana Bolox, tutora del taller de Novela Policíaca
7) Los personajes más convincentes y persuasivos para el lector son aquellos que presentan una consistencia interna, capaz de asombrar o sorprender. Y, para ello, es necesario dotarles con cuatro particularidades:
1. Un deseo, necesidad o ambición.
2. Un secreto.
3. Una contradicción.
4. Una debilidad.



Víctor J Sanz, tutor de varios talleres de Narrativa:
8) Para conseguir personajes increíbles debes proyectar personajes creíbles. Los lectores se cansan de los personajes que pueden con todo, pero también de los que no pueden con nada.

9) Encuentra la manera de conectar a tu personaje con el lector mediante los sentimientos. Los personajes más interesantes son aquellos que tienen defectos o limitaciones conocidas por el lector y ante los que se abre el abismo de enfrentarse a ellas. Esas limitaciones pueden suscitar en el lector la incertidumbre sobre el resultado de ese enfrentamiento, así como la necesidad de vivir esa misma experiencia de primera mano, pero sin correr ningún riesgo


10) Todo personaje principal debe experimentar un proceso transformador durante el relato. La profundidad de esa transformación puede determinar el grado de aceptación por parte del lector.

lunes, 23 de marzo de 2015

Señales particulares de un gacetillero feliz-Alberto Salcedo Ramos

Señales particulares de un gacetillero feliz-Alberto Salcedo Ramos

* La crónica es un género que se inventó para poner al periodismo a salvo del envejecimiento.

* Crónica: la oportunidad del periodismo y la belleza de la literatura.

* El yo que corrige es el mejor amigo del yo que escribe. Asegúrate de que él también acuda a tu estudio cada mañana, cuando te sientes frente al computador. El lector te lo agradecerá.

* La realidad es una dama esquiva que se resiste en los primeros encuentros. Por eso suele esconderse de los reporteros impacientes.

* No es un dogma sino solo una sospecha: quien no lee buena poesía jamás tendrá buena prosa.

* Si quieres contar historias, ten en cuenta este sabio consejo de Ryszard Kapuscinski: “dentro de una gota hay un universo entero. Lo particular nos dice más que lo general”.

* Piensa en tu texto, incluso, cuando no estás escribiendo. Seguro se te ocurrirán ideas que mejorarán tu enfoque y frases que serán de gran utilidad. Recuerda el sabio consejo de Mailer: una parte muy importante del trabajo de escribir se hace lejos del computador.

* Intenta llegar a ese punto en que el personaje te habla con tal grado de confianza que es como si simplemente estuviera a solas reflexionando en voz alta.

* Siempre habrá alguien que hablará horrores de ti a tus espaldas. Quizá hasta tenga razón, pero lo tuyo es la escritura: concéntrate en eso.

* La tía que lo ama a uno demora para leer lo que uno escribe. El envidioso madruga a leerlo a uno. El amor aplaza, la envidia es puntual.

* Un escritor borracho me dijo en un bar: “tú me caes muy mal y por eso no te leo. ¿Qué tal que te lea y resultes gustándome?”.

* Sembrar un árbol, tener un hijo, escribir un libro. El árbol es para ahorcar al hijo cuando se ría del libro de uno.

* Echarle a la televisión la culpa de que muchos no lean es como culpar de la infidelidad a los moteles.

* Como has leído tanto y eres tan curioso, ya sabes cómo se hace. Pero recuerda: saber cómo se hace no es lo mismo que saber hacerlo.

* A un primo vago en el colegio le decíamos Atila: era el rey de los “unos”. Y además sin hache porque tenía mala ortografía.

* Si al escribir el texto te fluye sin tropiezos, lo más seguro es que estés haciendo algo mal.

* Tengo una novela lista: nada más me falta escribirla.

* Me encanta ese momento en que termino un texto y empiezo a buscarle defectos como si lo hubiera escrito un enemigo. Me encanta encontrar problemas donde parecía que todo estaba bien. Me encanta el mapa de tachaduras que entonces va apareciendo ante mis ojos. Me encanta desbaratar, rehacer. Escribir es, sobre todo, reescribir.

* En los libros oigo voces que me ayudan a oír mejor mi propia voz.

* El universo de la literatura nos ayuda a soportar el universo que cada mañana nos muestra el periodismo.

* Cuento historias porque quiero seguir vivo cuando ya esté muerto.

Tomado de:



Los diez mandamientos de la escritura POR LILIANA HEKER

Los diez mandamientos de la escritura
POR LILIANA HEKER

1) Las ganas de escribir vienen escribiendo. Es inútil esperar el instante perfecto en que todos  los problemas han desaparecido y solo existe el deseo compulsivo de escribir: ese instante no existe. En general, uno se sienta a escribir venciendo cierta resistencia —salir del estado de ocio no es natural—, uno oficia ciertos ritos dilatorios, uno por fin, con cierta cautela, escribe. Y en algún momento uno tal vez descubre que está sumergido hasta los pelos, que todos  los problemas han desaparecido, y que no existe otra cosa que el deseo compulsivo de escribir.

2) La primera versión de un texto es sólo un mal necesario. Suele estar bien lejos de aquello completo e intenso que uno difusamente ha concebido. Corregir no es otra cosa que ir encontrando a Moisés dentro del bloque de mármol.

3) En literatura no existen sinónimos ni equivalencias: no es lo mismo un rostro, que una cara, que una jeta, “Dijo que estaba harto” no equivale a “—Estoy harto — dijo”. Aferrarse a una frase o una palabra simplemente porque ha salido así del alma, es por lo menos un riesgo: el alma, a veces, dicta obviedades. En Filosofía de la composición, Poe cuenta que, durante la escritura de su poema El cuervo, decidió que necesitaba un animal parlante para que repitiera un leit motiv al final de cada estrofa. Y naturalmente el primer animal que se le cruzó fue el loro. A veces conviene sacrificar al loro.

4) Ni la espontaneidad ni la velocidad son valores en literatura. Tantear, tachar, descubrir nuevas posibilidades, equivocarse tantas veces como haga falta, ir acercándose paso a paso al texto buscado: ese es el verdadero acto creador. Lo otro es como estornudar.

5) Cuando se escribe, no hay que tenerles miedo a los sentimientos, pero tampoco hay que tenerle miedo a la lucidez. Uno tiene tan pocas cualidades que no veo razón para que se despoje de alguna de ellas para hacer literatura.

6) La realidad proporciona buenas situaciones pero no construye obras artísticas. Tajear un hecho, distorsionarlo, cambiarle o anularle alguna pieza, son atribuciones que un autor de ficciones puede tomarse sin ninguna culpa. No es al acontecimiento real al que debe serle fiel sino a la luz secreta que él descubrió en ese acontecimiento y lo tentó a escribir.

7) No hay que empezar un cuento si no se sabe cómo va a terminar. Se corre el riesgo de ir de acá para allá, sin ton ni son, esperando que el final caiga del cielo. Los buenos finales no suelen tener origen celestial: aunque no se lo note, vienen mandados desde la primera frase.

8) Una novela requiere una escritura y una estructura rigurosas como las de un cuento. Si tiene páginas grises, esos grises deben estar tan cargados de tensión como lo están en el Guernica, de Picasso. Si no, son meramente un plomo.

9) La inspiración no existe; en eso se parece a las brujas. Entonces, cuando las palabras parecen cantarle a uno  en la oreja, y siente que todo lo que está escribiendo tiene la música justa, el ritmo exacto, la tensión precisa que debe tener, uno puede llamar a ese estado de privilegio como más le guste, pero lo mejor es que suelte el freno y deje rodar la locura. Es hermoso, solo que no hay que creer que es el único estado en que se hace literatura. Porque se corre el riesgo de no escribir más que una página en toda la vida.


10) Hay que nutrirse de los credos y hay que aprender a dudar de ellos. No existen reglas universales para el oficio de escribir. Es uno mismo que a la larga, con verdades y mentiras propias y ajenas,  va estableciendo sus propios ritos, va permitiéndose sus propias manías, va construyendo su propio credo.

Tomado de:

miércoles, 18 de marzo de 2015

Patricia Highsmith y sus consejos para escribir historias de misterio


Patricia Highsmith y sus consejos para escribir historias de misterio

Literatura en 13 mandamientos

Esta es una lista arbitraria de mandamientos de Highsmith. A diferencia de los del Reino de Dios, cada lector podrá hacer la suya. Y no es literal.

1. Un secreto para el éxito. No hay fórmulas mágicas ni secretos, salvo la individualidad y la personalidad. Solo al individuo le corresponde expresar lo que le diferencia de los demás. Es “la apertura de espíritu”, pero no es nada místico. Es una especie de libertad, de libertad organizada.

2. Objetivo: la diversión. La primera persona a la que deberías complacer es a ti mismo. Si eres capaz de divertirte escribiéndolo, divertirás a los editores y a los lectores.

3. Planificación, la justa. Un argumento nunca debe ser rígido ni estar terminado. Tengo que pensar en mi propio entretenimiento y a mí me gustan las sorpresas. Si sé todo lo que va a pasar, escribirlo no será tan divertido. Es más importante que los personajes se muevan y tomen decisiones como personas de carne y hueso, que se les dé la oportunidad de deliberar, de elegir, de volverse atrás, de tomar otras decisiones, como en la vida real. Los argumentos rígidos, aunque perfectos, pueden hacer que los personajes parezcan autómatas.

4. Así empieza todo. Los gérmenes de una idea pueden ser pequeños o grandes, sencillos o complejos, fragmentarios o completos, quietos o móviles. Yo los reconozco gracias a cierta excitación que siento enseguida, la misma que produce una sola línea de un poema. El mundo está lleno de ideas germinales y si no las tienes es por fatiga física o mental. Entonces hay que viajar, pasear, el cerebro exige vacaciones. A veces nos rodean personas que no nos convienen.

5. Claves para una buena atmósferaSe consigue poniendo en marcha los cinco sentidos.

6. El diálogo, con moderación. Tres líneas de prosa son suficientes para transmitir lo esencial de una conversación. El diálogo es dramático y debe usarse con moderación.

7. Sin trucos. Los trucos proporcionan un entretenimiento endeble y no divertirán al lector inteligente. Son ideas ingeniosas que no tienen nada que ver con la literatura.
8. No hablar con escritores. No se me ocurre nada peor o más peligroso que comentar mi trabajo con otro escritor. Los escritores nadan unos junto a otros en la misma profundidad, dispuestos a hincar los dientes en el mismo plancton que flota a la deriva. Me llevo mucho mejor con los pintores.

9. Cuidado con el amor. Las personas que nos atraen o de las que estamos enamorados son como una especie de caucho que nos aísla de la chispa de la inspiración.

10. El lugar de las dificultades. Están en la mente del escritor, no en el papel.

11. El dinero. El escritor hará bien en tener otro trabajo.

12. Sin juicios morales. Las personas creativas no hacen juicios morales. Hay tiempo para ello después, en lo que crearán, pero el arte no tiene nada que ver con la moral, los convencionalismos ni los sermones.

13. El arte de escribir. Lo que hace difícil escribir sobre el arte de escribir es la imposibilidad de establecer reglas.

Es decir, y después de todo esto: que nadie se haga ilusiones.


MÁS DE SU COSECHA

Las buenas narraciones se hacen solo con las emociones del escritor”
Aunque un libro de suspense esté totalmente calculado, habrá escenas, descripciones —un perro atropellado, la sensación de que alguien te sigue por una calle oscura— que probablemente el escritor habrá experimentado en persona. El libro es siempre mejor si contiene experiencias como estas, de primera mano, realmente sentidas”.
"Todos construimos un caparazón para protegernos de los golpes emocionales y lo vestimos de decoro, corrección, juicio moral, ceguera o indiferencia adquirida, nos cuenta. ¿Cómo si no ser un granjero entero si coges cariño al animal que debes sacrificar? ¿Cómo ser psicólogo si te pueden contagiar la depresión? ¿O un geriatra efectivo entre ancianos que avanzan hacia la muerte? Para ser escritor se necesita, sin embargo, un grosor bastante más ligero en el caparazón: fino como para captar, sentir, comprender y trasladar las emociones, y sin morir en el intento. “Los escritores tienen un caparazón protector muy pequeño y durante toda la vida tratan de desprenderse de él, ya que los diversos golpes e impresiones que recibirán son el material que necesitan para crear. Esta receptividad es el ideal del artista”. Se llama empatía.
Muchos escritores principiantes creen que sus colegas ya consagrados deben tener alguna fórmula mágica para alcanzar el éxito. El presente libro conseguirá, sobre todo, que se desvanezca esta idea. No hay ningún secreto para alcanzar el éxito escribiendo, salvo la individualidad o, si se prefiere, la personalidad”.
Me gusta que la primera frase contenga algo que se mueva y dé la impresión de acción, en vez de ser una frase como, por ejemplo, ‘La luz de la luna yacía quieta y líquida sobre la pálida playa’”.
Un argumento nunca ha de ser una cosa rígida que se encuentra en la mente del escritor cuando este empieza a trabajar. Yo llevo esta idea un poco más lejos y creo que un argumento ni siquiera debe estar terminado. Tengo que pensar en mi propio entretenimiento y la verdad es que a mí me gustan las sorpresas”.
Los trucos pueden inventarlos muchas personas que ni escriben ni desean escribir. Son sencillamente ideas ingeniosas que por sí mismas no tienen nada que ver con la literatura, ni siquiera con la buena prosa narrativa”.
Si el escritor de suspense va a escribir sobre asesinos y víctimas, sobre gente que se encuentra en el vórtice de este terrible torbellino de acontecimientos, debe hacer algo más que describir la brutalidad y la sangre. Procurará iluminar un poco la mente de los personajes. En otras palabras, sus personajes inventados tienen que parecer reales”.
"Un verdadero escritor se distingue del falso porque seguiría escribiendo en una isla desierta aunque no hubiera lectores."
Escribir es una forma de organizar la vida. Y la necesidad de hacerlo sigue presente aunque no se tenga público”.


Tomado de:
Sus…pense. Cómo se escribe una novela de misterio.Patricia Highsmith. Círculo de Tiza. Madrid, 2015. 175 páginas.

sábado, 14 de marzo de 2015

Los 10 mandamientos del Periodismo Narrativo. Gay Talese

Los 10 mandamientos del Periodismo Narrativo. Gay Talese

Desde hace mucho tiempo se ganó el título de mejor cronista de los Estados Unidos. Acá están las razones que convirtieron a este reportero, autor de perfiles memorables, en un clásico del periodismo narrativo.

POR MARTA ORRANTIA.
Publicado en:

Gay Talese ha sabido reinventarse. Comenzó como reportero a mediados del siglo pasado, en un periódico estricto y rígido como The New York Times, y gradualmente se convirtió en el mejor cronista de los Estados Unidos, un puesto que aún hoy le pertenece. Ha entrevistado a artistas, atletas, mafiosos y personajes anónimos en todo el mundo y ha pasado de ser un redactor raso a hacer libros que se convierten automáticamente en best-sellers.

Aunque a veces la suerte ha ayudado, o las coincidencias, casi todo el trabajo de Talese ha sido fruto de una labor disciplinada y obsesiva que comenzó en su infancia. Aquí hay algunas claves que él ha utilizado y que le han servido para convertirse en un cronista legendario.

1 Empiece su carrera temprano.

El periodismo es una vocación, a veces a pesar de uno mismo. Aunque Gay Talese nunca fue el mejor alumno en la clase de inglés, desde que estaba joven colaboró con el periódico del colegio, donde cubría deportes y, paralelo a eso, fue corresponsal del Atlantic City Daily, un diario de su ciudad, donde cubría temas estudiantiles.

Más tarde, en la universidad, donde estudió periodismo, tenía una columna en el semanario del campus llamada “Gayzing”, donde, como él mismo lo explica, mezclaba humor con lambonería.

2 Tenga los ojos abiertos y los oídos atentos.

Desde niño, Gay Talese escuchaba las conversaciones de sus padres, tanto en la boutique de su mamá como en la sastrería de su papá.

Cuando tenía dieciséis, entró a la tienda un cliente nuevo, Garet Garrett, que trabajaba en la mesa editorial de The New York Times. El joven Talese se escondía mientras lo escuchaba hablar con su padre sobre Aldoph Ochs, el dueño del periódico, y tomaba notas. No solo le sirvieron para hacer un informe para el colegio, sino que esas anotaciones fueron la semilla para el exitoso libro The Kingdom and the Power, que fue publicado en 1969 y que hablaba sobre el todopoderoso Ochs.

Esa costumbre de escuchar conversaciones ajenas la mantuvo cuando era reportero del Times, donde dice que veía lo que los viejos estaban leyendo y anotaba los títulos para comprarlos y luego, en la cafetería, los escuchaba hablando de esos mismos libros.

3 No tergiverse los hechos, pero sí dé rienda suelta a su imaginación.

En la época en la que Talese trabajaba en The New York Times, era casi un sacrilegio escribir “literariamente”, como Tom Wolfe y otros ya lo hacían en diarios menos tradicionales. Desde entonces, Talese siempre sostuvo que la escritura de noticias puede ser literaria y al tiempo veraz. Aún hoy dice que no modifica los hechos, pero que añade detalles de ambiente y descripciones de los personajes para que el lector sienta que narra una saga y no se limita a escribir una noticia.

4 Busque temas.

Proponga temas a los editores. Los verdaderos periodistas, como Talese, tienen unas obsesiones que persiguen, así no haya quién publique las historias. Primero está la idea, luego habrá a quién vendérsela o, en el peor de los casos, servirá en un futuro para un libro o para cultura general. Cada quien tiene unos temas que lo obsesionan. En el caso de Talese, él no busca hacer reportajes sobre los poderosos, los ganadores, los famosos. Por el contrario, casi siempre está más interesado en aquellos a quienes olvida el mundo. El atleta mediocre, el chef fracasado, aquellos que pueden contar la historia desde el punto de vista que nadie ve.

5 Vea la imagen completa.

Muchos periodistas se limitan a reportear el día a día, a cubrir una noticia, sin preocuparse por ver en qué contexto se produce. Cada vez que Talese ve una historia potencial piensa en el contexto más amplio y en cómo esa pequeña historia —que puede ser un matrimonio interracial, por ejemplo— puede servir para ilustrar una realidad más amplia —como la lucha de clases en el sur de Estados Unidos—.

Para hacer esto es necesario ser un lector incansable y obsesivo. La lectura no debe limitarse a los titulares de la prensa, sino que debe comprender desde las noticias mínimas, esas que nadie toma en cuenta (Talese descubrió la historia de Lorena Bobbit —la que le cortó el pene a su marido— por una nota en la sección científica del periódico), hasta las novelas y los libros de historia.

6 Adquiera una rutina de escritura.

Cualquiera que le funcione es válida. La de Talese es así: a las ocho de la mañana está sentado en su escritorio, con una bandeja de muffins y un termo de café caliente. Escribe durante cuatro horas y a las 12 va a una cafetería cercana y almuerza algo ligero, seguido por un partido de tenis con sus amigos. A las cuatro regresa a su oficina y lee lo que escribió en la mañana y se dedica a corregirlo. A las ocho de la noche tiene en su mano un dry Martini de ginebra y se prepara para comer.           También debe tener un ambiente de trabajo que funcione para usted, con equipos adecuados. Gay Talese casi siempre usa una Olivetti vieja porque no le gustan los computadores. Sus notas las clava en icopor, que le resulta más económico que el corcho, y en un archivador metálico guarda todos sus proyectos, marcados con el nombre y la investigación que ha hecho en cada uno de ellos.

7 Sea meticuloso.

No solo es importante hacerlo en el proceso de escritura, sino más adelante. Recuerde que su nombre y su reputación están en juego.Talese es un excelente ejemplo de la meticulosidad en la escritura, por la lentitud del proceso. “Escribo una frase muchas veces. Cuando siento que quedó bien, paso a la siguiente. Y luego a la siguiente, hasta que haya completado un párrafo. Después sigo el mismo proceso con varios párrafos hasta completar unas tres o cuatro páginas en papel amarillo a rayas. Cuando he hecho esto, las paso a limpio en mi máquina de escribir y vuelvo a leerlas. Si encuentro un error de escritura, paso la página de nuevo. Y si en el camino se me ocurren otras ideas, vuelvo a escribirla”, dice.

Sin embargo, es un buen ejemplo de la obsesión por ver las cosas bien una vez se han publicado. Cuando trabajaba en The New York Times y salía de su oficina, esperaba en un kiosco a que llegara la primera edición del periódico en la noche para ver cómo había salido su nota. Si los editores le habían cambiado mucho, llamaba a la mesa de redacción para pelear con el encargado de la edición nocturna, y le leía una copia de su texto original. Cuando no ganaba la batalla, prefería pedirle que entonces le quitara la firma a un texto que, pensaba él, no era de su autoría.

8 Investigue.

Según Gay Talese, la investigación es más o menos el cincuenta por ciento de su trabajo periodístico. De cada idea que se le ocurre (normalmente trabaja en tres al tiempo) lleva una carpeta con toda la información que pueda recoger: notas, recortes de prensa, monólogos interiores, trozos de novelas, documentos oficiales, fotografías, entrevistas, en fin.

Talese es capaz de viajar al otro lado del mundo para seguir una pista que tal vez no lo lleve a ningún lugar. De igual forma, puede durar meses buscando una entrevista con un personaje que no le diga nada nuevo. Nada de eso le importa. Lo que realmente interesa, a la larga, es el resultado.

9 Aprenda a entrevistar.

Cuando Talese llega a una entrevista ya conoce el tema, lo ha investigado y muchas veces los entrevistados no dicen nada nuevo, pero él se hace una idea de cómo son en persona, de cuál es el ambiente que los rodea y así las descripciones son más acertadas.

Una vez empiezan a hablar, Talese toma nota atenta de lo que dicen, no solo para indicarles que están “on the record” sino para mostrar un respeto por sus palabras, aunque muchas veces no estén diciendo nada interesante. Cuando el entrevistado se ciñe a un libreto preestablecido, Talese interrumpe la charla para hacer una pregunta que no tiene nada que ver con el tema. Algo que los deje fuera de base, que los descoloque tanto que los entrevistados no sepan cómo contestar y así terminan casi siempre diciendo la verdad. Esa es la única ocasión en la que se permite el lujo de interrumpirlos. Dice, sin embargo, que cuando un personaje titubea, trastabilla y no sabe cómo responder algo, el entrevistador debe mantener silencio. Son esas dudas las que le dicen al periodista mucho más que las certezas.

10 El periodista nunca es protagonista.

Es un observador y un escucha de lo que ocurre. “Los periodistas vivimos vicariamente a través de nuestros entrevistados. Somos sus voceros”, dice Talese, que con frecuencia se hace amigo de sus fuentes, las invita a comer, les habla largo rato y termina haciendo que confíen en él.


Aunque la objetividad no existe, Talese dice que fue entrenado para dejar a un lado sus sentimientos, y aún más, para no ser el personaje de ninguna de sus historias. “Soy un fastidioso exponente de la no ficción, o sea, un reportero que no quiere cambiar nombres, que no quiere hacer personajes compuestos de personas que ha conocido en la vida. Existe un conflicto de interés entre mi oficio como escritor y yo como sujeto de mi historia”.