ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

martes, 23 de febrero de 2016

Consejos para presentarse a concursos literarios(UNA RECOPILACIÓN)

Consejos para presentarse a concursos literarios

Alfredo Álamo

A casi todos nos gustaría ganar el Premio Planeta y saltar a la primera plana de la literatura con un buen dinero en el banco, pero la verdad es que, aceptémoslo, Planeta sólo hay uno al año y junto con otros como el Primavera, la verdad es que no hay demasiados capaces de ejercer esa presencia mediática. Pero lo cierto es que se convocan cientos de premios al año en los que participar, tanto en relato como novela o poesía, y, aunque complicado, ganar o quedar finalista de alguno de ellos siempre es una mejora a la hora de colocar nuestro trabajo o de encontrar una editorial o un agente que nos represente. Así pues, aquí os dejamos unos consejos básicos para participar en concursos literarios.

Escoge bien el concurso al que te presentas.

Parece de cajón, pero si, por ejemplo, tienes una novela negra, no la mandes al Premio Minotauro de literatura fantástica. Revisa los ganadores anteriores del premio –y sus finalistas, si es que los tuviera- y selecciona aquellos en los que veas una oportunidad para tu libro. ¿Sólo ganan autores consagrados y tú eres un escritor novel? Igual no es donde deberías mandar tu manuscrito.

Revisa la línea de la editorial que publicará el libro.

Si el premio lleva asociada la publicación, no está de más ver si tu texto se adaptaría sin problemas a la línea editorial que mantiene la colección o editorial que sacará el libro. Esto no es excluyente, por supuesto, pero las directrices que puede tener un jurado a la hora de escoger un ganador suelen ir por ese camino.

Lee bien las bases antes de mandar nada.

Otro consejo básico, pero que mucha gente no acaba de cumplir (y lo digo como jurado de varios concursos). Atente al número de palabras que te piden, a la manera de envío y si es necesaria una plica. Mira si te piden exclusividad durante el tiempo de decisión del concurso antes de mandarlo a más sitios. Y, por supuesto, revisa las cláusulas por si hay alguna que pueda resultar molesta, como por ejemplo que les cedas dos o tres años la posibilidad de publicar tu obra aunque no hayas ganado.

Capta la atención del jurado.

Hay concursos donde las obras llegan directamente al jurado y otros en los que se pasa por un comité de lectura que va seleccionando las mejores. Es un proceso tedioso y aburrido en el que hay que destacar. ¿Has mandado una antología? Pon tus dos mejores cuentos al principio y termina con otro que sea bueno al final. ¿Es una novela? Un inicio con fuerza es mejor que un cuarto capítulo impresionante.

Revisa y vuelve a revisar.

La mejor manera de ganar es presentar el texto lo más depurado posible. Incluso se puede considerar el contratar a un corrector profesional para que deje la obra sin fallos que puedan descartar tu libro en la primera ronda. Ten en cuenta que hay concursos donde participan cientos de personas y los pequeños detalles pueden hacerte descarrilar en la primera ronda.

No desesperes.

Ganar es complicado y si no lo consigues es muy fácil echarle la culpa a que todos los concursos están amañados. Lo cierto es que, pese a que hay galardones así, la mayoría los lleva gente normal que busca buenos libros. Ten en cuenta que a veces no gana el mejor libro, sino el libro de consenso, el que gusta a todos un poco frente al que gusta mucho a pocos. Sigue intentándolo. Sigue escribiendo.

Tomado de:
Cómo ganar un premio literario
Emilio Ruiz Mateo

¿Cómo presentarse a un premio literario? No hay ciencia que nos asegure ganar un premio literario, pero sí podemos fijar una serie de consejos que faciliten tu camino a la gloria… Deberás tener fuerza y ganas (al más puro estilo Rocky Balboa), pero no tires la toalla. A continuación tienes una serie de pistas:

Corrige bien tu texto antes de enviarlo
Si bien es cierto que muchos de los autores que llenan las librerías (y los premios literarios) cometen múltiples errores (ortografía, sintaxis, repeticiones, incongruencias, etc.) en sus textos originales, para ganar un premio literario no puedes permitirte el lujo de enviar tu cuento sin que esté impecablemente escrito. Claro está que los criterios de los lectores de premios (esos seres invisibles que hacen la criba de textos, para que al jurado lleguen solo los mejores) varían, pero un texto con faltas de ortografía y demás errores siempre es más incómodo de leer e inspira menos bondad que uno bien acabado…

Una buena presentación es esencial
¿Qué ganas presentándote a un concurso literario con un texto con márgenes minúsculos, espacios de más (o de menos), distintos tipos de letra…? Nada. Si acaso, algo de tiempo, pero ten por seguro que pierdes mucho más. Facilita la labor del que lea tu texto haciendo lo más agradable posible su estancia en él. Basta con saber manejar un poquito el Word o el programa que uses, no tienes que dominar programación web ni nada parecido…

Empieza bien
Por supuesto, este consejo sirve para cualquier obra que escribas en tu vida, pero aún más tratándose de un texto con el que pretendes ganar un premio literario, que será leído entre muchos, muchos otros… Ponte en la situación de la persona que estará leyendo tu texto antes y después de otras decenas y centenas, ¿no crees que tienes mucho terreno ganado captando su atención desde el principio? Por el contrario, un mal comienzo puede ser mortal.

Estudia el premio literario al que te presentas
No dudaremos de la calidad de tu escritura, claro que no, pero nuestro consejo es que no malgastes tus fuerzas en “la crónica de un fracaso anunciado”. No hay que ser muy listo ni conocer muy a fondo el sector literario para entender que el premio de la editorial Jamoncitos Verdes lo ganará un autor de la editorial Jamoncitos Verdes, o un autor de la editorial Pepinos Rojos al que los Jamoncitos le tengan ganas… Tampoco es muy común que un premio que suelan ganar autores superventas o premios nobel lo reciba un autor novel. No confundas esa b con esa v…
(Por si las dudas: los nombres de las editoriales citadas son ficticios, al menos por ahora).

Registra tu obra antes de enviarla
No nos caracterizamos en Estandarte.com por ser malpensados, pero nunca se sabe lo que puede pasar con tu relato una vez que le dices adiós con la manita al despedirte de él… En caso de enfrentarte a un plagio literario siempre te servirá como defensa moral, que a fin de cuentas es la que más fuerza acaba teniendo en estos problemas (a menudo acaban en un “tu palabra contra la mía”). Demostrar en qué fecha registraste un texto, anterior a presentarlo a un premio literario, puede servirte de mucho, aunque solo sea para limpiar tu buen nombre.

No tires la toalla
Hay escritores que se convierten en auténticos expertos de los premios literarios, llegando incluso a hacer caja mensual suficiente a base de premios. No hace falta tanto, pero seguro que hay muchos, muchos premios que encajan a la perfección en tu obra. Revisa una buena base de datos de premios literarios (como la nuestra: ojo, en la columna de la derecha tienes premios ya caducados, pero suelen repetirse anualmente, por lo que solo tienes que apuntar cuándo vence el plazo y estar atento para la próxima edición) y ¡a ganar un premio literario!
No te arruines
Afortunadamente, cada vez son más los premios literarios que permiten mandar los textos por correo electrónico, con el consecuente ahorro en fotocopias y envíos que esto supone para los participantes. Otros premios exigen copia en papel, y más de una (incluso 3, 4 o 5 copias…). Mira tu bolsillo antes de lanzarte.

¿Puedo fiarme de los jurados?
La pregunta del millón. No somos ingenuos: por supuesto que hay premios cuyo ganador está seleccionado de antemano, textos que llegan a los jurados acompañados de opciones pésimas con el único fin de facilitar el terreno al “elegido”, participantes que hacen cualquier cosa para que los miembros del jurado les elijan… Pero también nos consta la limpieza de la gran mayoría de los certámenes. Hemos conocido de primera mano algunos de ellos y podemos testimoniarlo. Así, que… ¡a escribir!

Tomado de:


Diez consejos para ganar un concurso literario
Víctor Selles
Sé que a muchos escritores no les gustan estos eventos por causas polivalentes: Hace tiempo participaron en algún concurso y nunca ganaron nada, creen que no merece la pena porque están todos amañados, o porque los jueces no se leen las obras, etc. Hay casos en los que todo esto puede ser verdad, pero otros muchos en los que no.

En mi opinión, los concursos son una vía más para entrar en el mundo literario, al igual que la autopublicación, los blogs, las colaboraciones o la participación en revistas. Un escritor debe, al menos, conocer bien todas las herramientas que están a su alcance y luego juzgar cuáles le conviene utilizar.

Esta primera tanda de consejos que presento abajo son el fruto de este medio año de experiencia buscando, filtrando y enviando manuscritos a diferentes convocatorias. Espero que los encontréis útiles y os animéis a participar en el futuro.

1# Aprende a buscar concursos

La mayoría de las convocatorias importantes suelen aparecer en las listas que se van actualizando regularmente en:

                Escritores.org
                Tregolam
           Sin embargo, si sólo consultas estas dos páginas estás perdiéndote un montón de oportunidades. Si quieres estar al día debes seguir las páginas web y las cuentas de Twitter de un buen número de editoriales pequeñas. Si escribes relatos de género (da igual de qué género), también debes investigar las opciones que existen en tu área. Algunas ideas:

Localiza los foros donde los aficionados se reúnen, normalmente incluyen secciones donde se anuncian los nuevos concursos.
  Sigue los blogs de otros escritores que están empezando, lee sus biografías, mira los concursos que han ganado o dónde han publicado sus primeros relatos. Busca esas editoriales o revistas en Google. Algunos concursos se convocan de forma periódica, incluso varias veces al año. En otros casos puedes encontrarte con convocatorias que estén abiertas.

2# Aprende a filtrar concursos

            Es inviable participar en todos los concursos, porque hay cientos. Por esa razón, cada escritor debe distribuir sus energías del modo más eficiente posible. No vale cualquier concurso. Tienes que tener muy claro qué objetivos persigues a la hora de participar. Por ejemplo, yo suelo enviar mis textos a concursos de relatos cuyo premio consiste en la publicación, a ser posible en formato físico. También tengo en cuenta quién convoca el concurso, la distribución que tendrá la obra, etc.

Mi objetivo es publicar, que me lean y hacerme un currículo de escritor, y de ahí vienen mis preferencias a la hora de elegir un concurso u otro.  Si tu objetivo, en cambio, es ganar dinero, tendrás que elegir concursos cuyo premio sea económico. Te advierto que si hay dinero en juego, ganar es siempre mucho más difícil.

               

3# No hay concurso pequeño

            Tenemos que ser realistas con nuestras pretensiones. No vas a ganar el Premio Planeta ni el Minotauro, no importa lo bueno que seas. Hay que ser humildes, y además es bonito y de recibo participar aportando valor a proyectos nuevos, a editoriales de small press, a pequeñas revistas literarias y a talleres de escritura.

Si consideras que todas esas cosas no están a tu altura como escritor, hasta luego y buena suerte con tu manuscrito. Aunque se suelen contar las historias de los novelistas que pegan el “pelotazo” y se hacen millonarios, la cruda realidad es que la mayor parte de los escritores van haciendo su carrera poco a poco. Sí, Zafón y Dan Brown también.

Dicho esto, si la entidad que convoca el concurso no te parece de confianza, es mucho mejor no enviar nada. Visita su página web y analiza con lupa sus actividades. Lo importante para mí no es que sea un proyecto grande, sino que se note que los organizadores son profesionales y le han puesto pasión y cariño. Si la maquetación de la web es horrible, las ilustraciones de las portadas de sus publicaciones se han hecho con Paint y los textos están mal editados y llenos de faltas de ortografía y erratas… En fin, yo no me atrevo a dejar mis relatos en manos de gente así.

4# Entiende por qué se convocan concursos



             Parece algo tonto, pero ¿te has parado a pensar por qué alguien se molesta en convocar un concurso literario? La razón más obvia es descubrir y promocionar el talento de nuevos escritores, pero puede haber muchas otras. Saber cómo funciona un concurso y por qué se convoca puede ayudarte a decidir si te interesa o no participar:

Algunos concursos de editoriales grandes se convocan por una mera cuestión de publicidad y márketing. El resultado es que en algunos casos se elige bajo cuerda y de forma poco honesta a un escritor importante, y se aprovecha el tirón del concurso para favorecer la promoción en prensa y poder poner algo llamativo en la cubierta del libro. Participar en un concurso de este tipo no merece la pena.
Otros concursos se convocan para conseguir clientes. Esto no es algo ilegal, pero sí deshonesto, y desgraciadamente cada vez es más común. La editorial en cuestión, que es una plataforma de autoedición encubierta, convoca un concurso literario para descubrir nuevos talentos para la cantera. En la práctica, el concursante recibirá un correo pasado el plazo diciéndole que su obra no ha ganado, pero que tiene mucha calidad y que están interesados en publicarla, siempre a cambio de una cantidad económica (el escritor se compromete a comprar los cien primeros ejemplares a un precio especial, por ejemplo).
Mi consejo es que huyáis de estas editoriales como de la peste. Si de verdad estáis interesados en coeditar o autoeditar es mucho mejor que analicéis las opciones disponibles. De hecho, en muchos casos y sólo con un poco de esfuerzo extra podéis ahorraros bastante dinero si contactáis vosotros mismos con la imprenta y contratáis los servicios de un corrector y un maquetador freelance.

Otros concursos no sólo premian al ganador, sino que también conceden accésits o seleccionan varios relatos de otros participantes para publicar una antología. En estos casos siempre es interesante participar porque, aunque no ganemos, tenemos la posibilidad de ver nuestro relato publicado en un sello editorial.
En general, si el premio consiste en la publicación de tu relato, es mucho más fácil ganar concursos de micro. ¿Por qué? El mejor cliente y publicista de un libro cualquiera es, casi siempre, el propio escritor. Las editoriales lo saben muy bien. Una antología de trece relatos será comprada, al menos, por los familiares y amigos de los trece escritores que participan en ella. Una antología de doscientos microrelatos… No es necesario hacer cuentas, ¿verdad?
             Esto en sí no es algo malo, simplemente algo que puedes tener en cuenta a la hora de decidirte. Yo he participado en concursos de micro, pero no es uno de mis géneros favoritos ni el mejor modo de mostrar mis habilidades como escritor, porque creo que funciono mejor en textos más largos. Que cada cual decida.

5# Lee las bases. Sigue las bases

 

            Parece otra obviedad, pero no está de más recordarlo. Las bases de un concurso son sagradas. Si la extensión máxima es de 2000 palabras, mejor 1800 que 2200. Intenta ser cuidadoso con los pseudónimos, la plica, las direcciones de envío y los datos personales. Si te piden el texto en formato rtf y con letra Times New Roman, por el amor de dios, ajusta el formato a los requisitos. Y si no especifican el formato, nunca envíes pdfs. Desconfía de aquellos que piden pdfs; la mayoría de los editores los odian, precisamente porque no se pueden editar.

            Quizá el mayor error es enviar un relato que no se ajusta del todo a la temática de la convocatoria. Esto ocurre cuando adaptamos relatos antiguos para darles una segunda oportunidad, o cuando no se nos ocurre nada que encaje en el tema propuesto. ¿Mi consejo? Si no sabes de qué escribir, mejor no escribas nada.

             Me pareció especialmente relevante el testimonio del editor Juan Ángel Laguna Edroso en su blog de Ociozero, tras la convocatoria de un concurso para una antología de terror que tenía como tema “Arañas”. Dice:

También se notó en la calidad y la pertinencia: “solo” 57 se consideraron aptos para la antología, algo más de la mitad frente a los dos tercios de la anterior convocatoria. Con algunos hubo discrepancias, pero me parece significativo y, además, es una tendencia que se mantuvo o empeoró en convocatorias posteriores.

         En otras palabras, casi la mitad de los relatos que se presentaron a ese concurso no eran pertinentes ni tenían la calidad suficiente y fueron descartados de inmediato. Si esto no nos hace reflexionar sobre cómo debemos adecuarnos lo más posible a la temática de una convocatoria, nada lo hará.

#6 Escribe algo específico para el concurso.

Aunque algunas veces se puede reciclar un texto para otra convocatoria, es mejor escribir una obra nueva para cada concurso (obviamente me estoy refiriendo a los concursos de relatos o de micro, no a los de novela). ¿Y esto por qué?

1             Si escribes una historia nueva, podrás adaptarte mejor a las bases del concurso: temática, extensión, etc. Siempre viene bien analizar quién convoca el concurso, cuál es el gusto de los jueces (si se indica quiénes son), y si es una editorial, echar un vistazo al tipo de obras que publican.

2             Lo último que escribes es siempre lo mejor que escribes: Aunque no sea del todo cierto, sí que es verdad que nuestro estilo va evolucionando con el tiempo. Participar en un concurso ofrece una nueva oportunidad para ser creativo. Si la temática del concurso no te inspira para crear una nueva historia, quizá es mejor no presentarte. Hay otras vías para dar salida a los relatos que no han sido seleccionados, siempre y cuando sean buenos.

#7 Mantén un registro.

                En cuanto te presentes a unos cuantos concursos te darás cuenta de que es importante seguirle la pista a tus relatos. La mayoría de las convocatorias no permiten los envíos simultáneos. Por tanto, es una buena idea saber con exactitud:

1             En qué concursos has participado y qué relatos has enviado a cada uno.

2             Las fechas en las que se publica el fallo de dichos concursos: En algunos casos el ganador es informado por correo electrónico, pero otras veces se publica una actualización en la página web de Facebook de la organización convocante. ¡Te puedes encontrar que has ganado algo y ni te has dado cuenta! Una vez conocido el fallo, si tu relato no ha sido elegido, eres libre otra vez de disponer de él para lo que quieras.

3             La parte legal de los concursos que has ganado: La mayoría de los concursos decentes que no ofrecen una remuneración económica, suelen permitirte conservar los derechos del relato. Sin embargo, otros concursos requieren exclusividad durante un cierto tiempo u otras exigencias. Imagínate que dentro de un par de años quieres publicar una antología con tus mejores relatos y algunos de ellos fueron premiados en concursos. En este caso es muy importante saber si conservas los derechos sobre todos ellos o no.

#8 Mira la letra pequeña.

                Esto está relacionado con lo anterior. A veces, a cambio del premio, la editorial exige algo así como: “Derechos absolutos  de reproducción en todos los formatos, para todos los países y durante el periodo máximo contemplado por la ley”.

Esto, además de bastante injusto, es una estupidez, ya que casi ninguna editorial va a ser capaz de ejercer todos esos derechos que quieren apropiarse. Para el autor, en cambio, sí supone un problema. ¿De verdad quieres ceder los derechos de tu obra para todos los idiomas, para audiolibros, para ebooks y todos los formatos que se puedan inventar en un futuro, y además durante muchos años? Si es así, asegúrate al menos de que el premio lo merezca.

#9 Registra siempre tu obra antes de enviarla.

                Algo obvio, pero que no todo el mundo hace. El registro es voluntario –el autor de la obra tiene todos los derechos sobre ella por el simple hecho de ser el creador de la misma-, pero el problema llega a la hora de intentar demostrarlo.

Olvídate de algunas ideas peregrinas que pueden leerse en otros blogs sobre auto-enviarte tu libro en un sobre cerrado. Lo mejor es registrar la obra en el Registro de la Propiedad Intelectual. Si tienes DNI electrónico y lector de tarjetas, puedes hacer esto online desde cualquier parte del mundo.  Cuesta poco dinero y podemos registrar todas las obras que queramos al mismo tiempo sin necesidad de pagar por cada una de forma individual.

Si no quieres registrarlas de este modo, al menos usa la opción gratuita de SafeCreative, o considera adquirir una cuenta de pago en este servicio, con la que obtendrás ciertas ventajas adicionales.

#10 Haz autocrítica.

                Esto es bastante importante, tanto antes de enviar el relato como después.

                Antes de enviarlo: Piensa si el relato te gusta. Si no te gusta a ti, difícilmente gustará a los jueces o a los lectores. Pero supongamos que, a pesar de todo, consigues ganar el concurso. Si tu obra se publica pero tú no estás satisfecho con lo que escribiste, la sensación será bastante desagradable.

                Después de enviarlo: Si ya han salido los resultados y tu relato no se encuentra entre los elegidos, párate a pensar por qué. Si es posible, lee las obras que ha resultado ganadoras y trata de identificar qué aspectos las han hecho más atractivas para el jurado. Es la mejor forma de aprender y de mejorar.

#11 Consejo extra. No te desanimes.

                Sin lugar a dudas, el consejo más importante. El objetivo de esta doble entrada era compartir mis humildes conocimientos sobre el tema y animaros a todos a echar un vistazo a las convocatorias.

Los concursos están para participar y para mejorar. A mí me sirven para marcarme objetivos y para escribir un poco día a día, y quizá para conseguir lectores. Hay otras formas de hacer todo esto. Está el blog, la autopublicación, las revistas literarias que piden relatos, las editoriales que aceptan envíos de manuscritos y las redes sociales de escritores.

                Los concursos son sólo una posibilidad más. Un amigo mío empezó así, enviando sus poemas a concursos. Hubo uno que perdió y, sin embargo, la editorial se puso en contacto con él y le dijo que estaba interesada en publicarle. Y publicó.

                Estas cosas también pasan, y más veces de lo que parece.
Tomado de:


10 Consejos para presentarse a Concursos Literarios
Por: Falsaria

1. Escoge los Concurso literarios adecuados

Este punto está en primer lugar porque es el más importante. Hay muchos factores que se deben tener en cuenta al elegir a cuál premio enviar tu obra: ¿Es un premio con buena reputación? ¿Es un premio que realmente elige el mejor o siempre elige a escritores locales? ¿Es un premio que se da a escritores noveles o de trayectoria? ¿Tiene sentido participar en el Concurso Literario del Premio Planeta, sabiendo que es el premio literario más amañado de la historia de la literatura? Por supuesto que no. Lo mejor es visualizarte como autor, tener claras tus expectativas y la calidad de tu trabajo. Hay premios que dan mucho dinero pero no publican tu obra ni le dan difusión. Hay otros que, por el contrario, dan menos dinero pero publican tu libro y pueden disparar tu carrera como escritor.



2. Respeta tu género literario

Es un objetivo obvio: debes saber qué tipo de literatura haces pasa saber a qué concursos enviar tu obra. No hay que saltar de género en género por el impulso de un premio. Por ejemplo, si eres bueno escribiendo cuentos conoce bien ese género, perfecciona tu técnica y tu estilo; no te desvíes a escribir poemas porque ha aparecido la convocatoria de un premio de poesía que paga 10 veces más. Pero si lo único con lo que sueñas es con el dinero del premio, adelante, escribe por el dinero. Lo más seguro es que te lleves una buena desilusión.



3. Lee adecuadamente y con paciencia las Bases de los Concursos Literarios

Sí, ya sé, no hay nada más aburrido que leer las Bases de los Concursos Literarios. ¿Se admiten textos publicados o solo inéditos? ¿Se puede enviar la obra por correo electrónico? ¿Cómo es el sistema de plicas? ¿Cómo enviar una obra utilizando pseudónimo? ¿Cuál es la extensión máxima o mínima de los trabajos? Estas son solo algunas de las preguntas que las bases de los Concursos Literarios suelen hacer hincapié, pero aun así, en cada concurso literario se eliminan cantidades increíbles de concursantes por no cumplir con las bases, o los autores se sorprenden al ganar porque no sabían lo que implicaba enviar su texto a un concurso. Hay que leer las bases una por una y con detenimiento.



4. Acógete por completo a las Bases de los Concursos Literarios

Lo digo de una forma simple: no hagas tonterías y acógete a rajatabla a las bases. Pensar que los organizadores no se van a dar cuenta de alguna falta a las bases del concurso, o que van a perdonar las infracciones porque eres muy bueno, es completamente inocente. Es más: muchos lectores de un concurso (que no son el jurado, sino becarios o empleados muy mal pagados) están deseando encontrar errores para no tener que leer más obras.



5. Céntrate en uno o en pocos concursos literarios

Es posible que nadie confiese esto: los Concursos Literarios pueden convertirse en una adicción. El deseo de reconocimiento puede despertar tu ambición y hasta tu locura. Hay quienes escriben para decenas de concursos literarios a la vez, con la ilusión de que a mayor cantidad de concursos literarios presentados mayores serán sus posibilidades de ganar. Mentira. Es más, hay escritores que adaptan sus cuentos (y hasta novelas) para ajustarlos a los criterios de las bases, por ejemplo, si la temática es que el cuento debe trascurrir en una zona rural de Teruel y el tuyo transcurre en Nueva York, no sientas la tentación de cambiarlo: se nota. Los Concursos Literarios (al menos los honestos) son otorgados por la calidad de las obras.



6. No te precipites

No seas ansioso, siempre habrá Concursos Literarios. Es cierto que terminar una obra (que posiblemente te haya llevado años) es una felicidad muy grande y en ocasiones una emoción irrefrenable. Pero la verdad es que una obra no se termina en el primer intento ni mucho menos, ese es el comienzo. Luego viene el proceso de corrección, reescritura y perfeccionamiento. Precipitarse en enviar tu obra a Concursos Literarios por el afán de cumplir con una fecha límite de cierre suele ser un gran error. Es más, tu obra, una vez pasadas las etapas de corrección (si es que eso existe), debe pasar por varias lecturas. Elige para ello gente con criterios literarios, que sea honesta, que esté dispuesta a decirte la verdad. Jamás pienses en eso de: “A lo mejor, pese a los errores, le gusta al jurado”. Eso no pasará.



7. Es fundamental la corrección ortotipográfica antes de envía tu texto a Concursos Literarios

A ver, borremos de una vez por todas esos tristes tópicos sobre que las faltas de ortografía, si el texto es bueno, no importan. ¡¡FALSO!! Repito lo dicho anteriormente: el lector/cribador de concursos literarios (becario y pésimamente pagado) está harto de leer obras (en el mejor de los casos, recuerda, solo lee 3 página si está de buen humor) y si le haces las cosas más difíciles mandará tu obra a la pila de basura. Es duro, pero es así. Un texto no corregido es una forma de decirle al lector que no te importa tu material y entonces, ¿por qué debería importarle a lector/cribador? Un texto enviado a Concursos Literarios que contenga muchos errores es una pésima carta de presentación para un escritor. No lo hagas, es más, si puedes contratar a un corrector profesional para ello habrás ganado mucho terreno. La mala ortografía puede descalificar tus escritos de la posibilidad de ganar un concurso literario.



8. La presentación debe ser impecable

La presentación de una obra a un Concurso Literario es muy importante. Un material mal presentado (roto, mal impreso, desordenado, mal encuadernado o maquetado) es una muestra de poca profesionalidad y volvemos a lo mismo que antes: si a ti no te importa, entonces, ¿por qué debería importarle al cribador? Una buena presentación da una idea de un escritor que es, a su vez, cuidadoso en su forma de escribir.



9. Participa de Talleres Literarios

La tarea de escribir puede ser algo muy solitario y de ese modo se sule perder la perspectiva ¿Es realmente buena tu novela? ¿Són únicos tus relatos? ¿Hasta que punto son sinceros o están preparados tus familiares y amigos para valorar tu obra? Una de las mejoras formas de saber la calidad de tu obra y, a su vez, aprender es participando en Talleres de Escritura Creativa o Cursos de Escritura donde, usualmente, se suelen leer fragmentos o relatos en voz alto para que el resto de alumnos, con otros perspectivas a las tuyas o un docente profesional, digan su opinión. No subestimes el poder de los Talleres de escritura creativa, no todo se trata de críticas, en muchos cursos literarios se forman buenos grupos cuyos compañeros ayudarán y recomendarán mejoras antes de presentar tu obra a un concurso literario. Otra herramienta formidable es solicitar a un profesional un Informe de Lectura. Ojo, debe ser un profesional de las letras, asegúrate que quien revise tu obra posea experiencia y títulos universitarios: ¡Un mal Informe de Lectura puede hacer mucho daño!



10. Jamás te desanimes si no logras ganar

No siempre se puede ganar. Recuerda que, además, los concursos literarios suelen estar abarrotados de participantes y todos, o casi todos, muy buenos. Un dato más: a los concursos literarios cuya cuantía de premio es alta (supera los 6.000 €) también participan escritores profesionales o incluso consagrados que necesitan un impulso a su carrera. También contra ellos compites. Por lo demás: no siempre escribimos nuestro mejor trabajo, la literatura es una carrera de fondo. Y además, debes entender que los Concursos Literarios no siempre son justos: están atravesado por múltiples intereses: las editoriales quieren que gane alguno de sus escritores cuyos derechos ya poseen, los ayuntamientos prefieren escritores de su zona, los lectores de obras no siempre hacen un buen trabajo (sí, y con esto me refiero a que no siempre leen sus cribas…, triste, pero real), y un infinitud de etcéteras. Es cierto que no ganar puede llevarnos a cuestionarnos sobre nuestro talento, pero los grandes escritores no lo han sido siempre: se hicieron con el tiempo y con mucho trabajo. Muchos grandes autores jamás ganaron un premio ni fueron publicados (Cortázar es el mejor ejemplo). No te desanimes, simplemente sigue adelante, sigue escribiendo y participando en Concursos Literarios.
Tomado de:

COMO GANAR UN PREMIO LITERARIO : DIEZ PASOS HACIA EL ÉXITO

 JR CHAVES

    El camino fácil y más selecto para ganar un concurso literario es contar con fama de escritor, buenos contactos editoriales y cierta capacidad de intriga palaciega para promover la sensibilidad del Jurado. Sin embargo, la inmensa mayoría de escritores noveles no cuenta con tales virtudes y sin embargo el secreto del éxito está a su alcance con unos sencillos pasos. No quiero ser pretencioso, sino intentar aportar algo, pese a que solo he ganado un Premio por una obra científica (no literaria), autor de diez libros,  participado como miembro de media docena de Jurados (y presidiré el del I Concurso Internacional de Relatos Breves de Humor sobre la Administración pública “Sonrisa de Quevedo”) y sobre todo me precio de ser un gran veloci-lector. Quizás tengo presente aquello que decía Churchill de que no hace falta poner un huevo para juzgar una tortilla mejor que las gallinas.   Sígame si le interesa, que expondré mis leales consejos y en el próximo post ofreceré la visión de su implicación tributaria.

1º  Escribir y leer son las armas de un buen escritor.
     Pocos se consagran con su primera obra. Pocos nacen con talento espontáneo e infalible. Por eso, el escritor no nace sino que se hace. Para ello hay que leer mucho,  y hay que emborronar ( o mas bien teclear) muchos textos. Es cierto que el primer relato o poesía llena de orgullo a su autor como un padre primerizo. Y sin embargo, con el tiempo y cuando se consolide y domine los secretos de la escritura, se reirá de aquellos primeros escarceos creativos. Además hay que documentarse porque al lector hay que guiarle y no puede sentirse engañado ni perdido.
 Antes de empezar a escribir una obra tomo siempre abundantes notas de todos los libros, dramas, revistas o informes científicos.” ( Julio Verne).
  “Para escribir una buena novela hay que escribir antes varias docenas de novelas malas”
( W.Somerset Maugham).

2.-  Limpiar, fijar y da esplendor. Ese es el lema de la Real Academia de la lengua española en su atención al idioma y debería ser la divisa que inspira a todo escritor novicio respecto de su obra. Todo texto es mejorable, en  ortografía, léxico o en sintaxis. O en estructura narrativa o extensión. El texto hay que maquillarlo hasta la perfección. El escritor que se inicia debe tener la humildad de San Francisco de Asís.
  Puede que escribir las palabras no te lleve mucho tiempo, pero encajar las piezas puede volverte loco” (Paul Auster)

3.-  Someter la obra al juicio ajeno. Todos somos indulgentes con nuestras obras. Es precisa la distancia y a poder ser, someterla al criterio de varias personas de distinta sensibilidad estética y emocional. También es importante que no sean íntimos amigos para que su juicio no sea compasivamente benévolo. Siempre se descubren ángulos de la obra cuando los ojos ajenos nos lo muestran.  Hay frases que ayudan mucho: “ Un poco lenta”, “ palabras confusas”, “no se entiende el final”, “no acabo de ver el rostro del personaje principal”,etc. Y no se trata de dejar la propia voz para hacerse eco de la ajena, ni de seguir las críticas a pie juntillas, sino sencillamente de reflexionar sobre ellas y poder decidir con autonomía si hay algo que rectificar.
Los críticos son como centinelas en el gran ejército de las letras que se hallan estacionados en las esquinas de los periódicos y las revistas para echar el alto a todo escritor nuevo.” (H.W. Longfellow).

4.- Dejarla reposar y volver a releerla. Las buenas historias hay que rumiarlas. La obra elaborada y antes de ser divulgada requiere un paso por la “Cámara de enfriamiento” . Ir un poco mas allá de la “consulta con la almohada”. Hay que dejarla un tiempo y volver a releerla. El relato, la novela o el poema se ofrecerá a nuestros ojos con vida propia, e incluso seremos capaces de verla bajo distinto prisma. La obra no ha cambiado pero habremos cambiado nosotros y nuestro estado de ánimo y circunstancias respecto del que poseíamos al tiempo de escribirlas.
Si entendieras algo de música, sabrías que el mejor piano es el que ya ha sido tocado” ( Cuando ruge la marabunta, 1954).

5- Un buen título y un buen final. Se dice que a los cinco minutos se sabe si alguien podría enamorarse de la persona que acaba de conocer. Lo mismo sucede con las obras literarias. Tras las primeras líneas, fragmentos o capítulos, sabemos si la lectura es deliciosa o fatigosa, si engancha o aburre. Por eso desde el mismo comienzo hay que seducir al lector. Prometerle un buen rato. Lo único que permite asomarse al pozo de la felicidad de un libro es el título. No es una decisión baladí sino crucial.
 E igualmente los finales, como los buenos postres, son lo que deja el paladar agradecido y ganas de volver a idéntico ceremonial. Nada de callejones sin salida, ni desenlaces crípticos. No ayuda.
 ¿Qué lector crees tú que llega al segundo párrafo? “(Primera Plana,1974)

6. Una historia. Algo que decir. Una obra literaria no es un ejercicio de psiconálisis, ni un reportaje periodístico ni una combinación de palabras rebuscadas. No. Un relato bellamente escrito pero sin historia consistente es como un bombón de licor: bello por fuera y amargo por dentro. Las obras literarias son la respuesta o traducción de una idea o historia y no a la inversa. Tampoco hay que pensar que toda la obra tiene que ser redonda y genial: basta con conseguir un par de momentos o fragmentos mágicos, que el lector lleve consigo y asocie con la obra.
 Cada historia trae consigo su propia técnica. Lo importante es descubrirla” ( Gabriel García Márquez).

 7. Sea original. Citas ajenas, las mínimas. Una cosa es inspirarse en un estilo o idea de obra literaria consagrada y otra muy distinta el plagio descarado. El corta y pega informático casa mal con la originalidad. Es cierto que todo escritor es hijo de su experiencia y sus lecturas y puede que la obra sea la voz inconsciente de algo leído, pero el toque de originalidad tiene que estar ahí. El germen de “La Vuelta al Mundo en Ochenta Días” nació de la lectura por Julio Verne de un anuncio turístico en un periódico.
Además, ser original no se improvisa.
 Para ello, hay que darse tiempo frente al folio o pantalla en blanco. Mejor, recrearse en la historia mirando el horizonte y barajando posibilidades. La musa es remolona pero si llega, tarda en irse.
Tuve una idea para aplicar a John Silver…: tomar a un amigo mío…, privarle de sus mejores cualidades y de las gracias más elevadas de su temperamento, dejarlo sin nada más que su fuerza, su valentía, su rapidez y sus magníficos rasgos de genio y expresar todo esto a través de la cultura de un rudo marinero. Esta cirugía psíquica creo que es una forma corriente de fabricar personajes y tal vez sea, en realidad, la única forma” ( Robert L. Stevenson).

8- Olvidarse  de políticas, fanatismos, casquería y excesos. Nada de psicoanálisis ni onanismo intelectual. Al público lector le gusta que el autor fabule, juegue  con las palabras y excite su imaginación. El lector no es tonto y le gusta “escuchar con sus ojos” y sacar sus conclusiones, no que se las dicten. No le gustan los panfletos ni las intoxicaciones ideológicas. Diríase que entre una novela sugerente y una novela agria hay la misma distancia que entre el erotismo y la pornografía.
 Los pasajes narrativos tiene que ser vivos, ir directamente al grano, y no más largos de lo que sea necesario para explicar los motivos de los personajes, dejando claras y convincentes las situaciones en que ellos se hayan colocado” ( W. Somerset Maugham).

9.-  Participar en los Concursos y Premios. Dentro de los miles de concursos que anualmente se celebran hay uno esperando por usted. ¿Finalista, galardonado,accésit? . No se trata de ir a los Premios Planeta, Adonais, ni similares. Hay infinidad de premios y concursos modestos, con premio modesto, y que quedan desiertos o con mínima concurrencia. ¿Qué puede perder?. La lotería solo le toca a quien juega. Si es valiente para poner negro sobre blanco su relato o poema, también lo será para enviarlo al certamen. No lamentará enviarlo y que no le premien pero sería lamentable que por no haberlo enviado hubiere perdido tan enorme respaldo a su creatividad.
“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar” (Forrest Gump).

10.- Esperanza. Hay que tener confianza en la propia labor. Antes o después llegará el reconocimiento y si no llega, siempre nos quedará el manido consuelo de que Van Gogh no vendió un cuadro.
 Lo mas increíble de los milagros es que ocurren” ( Gilbert K. Chesterton).
Tomado de:

ELOGIO DE LA TRAMPA EN EL FALLO DE LOS PREMIOS LITERARIOS
Cristina Fallarás

En España se dan anualmente premios literarios. Punto. No intente averiguar cuántos: hay quien dice que 300, hay quien ofrece 1.000. La web especializada premiosliterarios.com afirma tener las bases de 3.500 concursos en distintas lenguas. A la hora de concursar, España es una idea limitada.
Pero ciñámonos. Cojamos diez premios españoles aparentes: Planeta de novela (ed.Planeta), Primavera de novela (Espasa/Planeta), Nadal de novela (Destino/Planeta), Alfaguara de novela, (Alfaguara), Herralde de novela (Anagrama), Biblioteca Breve de novela (Seix Barral/Planeta), Anagrama de ensayo (Anagrama), Espasa de ensayo (Espasa/Planeta), Hiperión de poesía (Hiperión), Loewe de poesía (Visor). Pongamos que a cada uno se presentan 200 aspirantes (ellos declaran más): son 2.000. Multipliquémoslo por diez (filfa, teniendo en cuenta los centenares de convocatorias), por no llamar a escándalo: Vendría a darnos unos 20.000 aspirantes anuales a ganar un premio. Como somos de letras, estas cifras nos valen.

Pues bien, hay quien cree que todos esos premios están amañados. También hay quien cree que todos son limpios. E incluso hay quien sencillamente no se preocupa por estos asuntos, y lee.
Lo que sigue son algunas razones (de la autora) para defender los premios amañados, a base de argumentar en tres cadenas razonables que, gracias a esa trampa:
1. Se puede descubrir un valor inédito.
2. Se editan libros que no son ni serán jamás rentables.
3. Los propios premios, y todo lo anterior, no desaparecen.

CADENA Nº 1: GRACIAS A LA TRAMPA, LE DESCUBRIRÁN.

1.Usted no va a ganar un premio.
Si usted fuera a ganar un premio no se quejaría de que los premios están amañados y ese tipo de cosas. Usted se queja porque cree que tiene posibilidades, es decir, porque conserva algo de autoestima, lo que delata que usted aún no ha puesto un pie en el mundo editorial.

2.Si usted se queja es que aspira a publicar.
Sin embargo, si usted se queja, es porque aspira a publicar un libro. Nadie que no aspire a ello tiene queja alguna, que yo sepa.

3.Si aspira a publicar, necesita que le lean.
Para que usted publique su libro, éste tiene que llegar a manos de un lector de editorial. El lector de editorial, trabajo sufrido donde los haya, es el encargado de escribir un informe donde explica si su libro es bueno o malo, y por qué. También explica si la publicación de su libro es recomendable, al margen de si es bueno o malo, y por qué.

4.Si necesita que le lean, déjese de gaitas.
Presentarse a un premio literario, aunque esté vendido, tiene una ventaja innegable para usted que quiere publicar: le van a leer y van a escribir un informe sobre su libro.
Si usted es bueno, lo sabrán.
Los informes sobre los libros no suelen ser dulces con los autores, pero si un libro es bueno, realmente bueno, acostumbran a detectarlo. Otra cosa es que la editorial les haga caso.

CADENA Nº 2: GRACIAS A LA TRAMPA, EL RESTO PUBLICA.

1.Si gana un premio, el libro vende.
El primer paso para que un libro venda es que alguien se entere de su existencia. Dada la situación actual de los medios de comunicación y el espacio que dedican a la industria editorial, ese paso empieza a ser francamente improbable. Sin embargo, aún guardan un pequeño rincón para anunciar los premios literarios.

2.Si el libro vende, la editorial gana dinero.
Esto quiere decir que el libro premiado, sea o no de encargo, haya trampa o no, dará ese primer paso. Es decir, su existencia llegará a la mayoría de los lectores y los regaladores de libros (que no son lo mismo). Como esa mayoría aún confía en el criterio de los premiadores (no como usted, descreído aspirante), comprará el libro. Es decir, la editorial ganará dinero con la publicación de una obra, oh, pequeño milagro de la economía.

3.Si la editorial gana dinero, publica libros que no venden.
Pero no sólo de premios viven los editores. También está el prestigio (que no vende), también está el catálogo. O sea, que la editorial tiene que publicar una serie de libros que no venden, y ni si quiera dan ese primer paso de existir para el lector/regalador. Gracias a que gana dinero por algún lado (llamémoslo peste de premio pactado), publica a todo el resto de desgraciados.

CADENA Nº 3: GRACIAS A LA TRAMPA, EXISTE EL PREMIO.

1.Si se convoca un premio, debe premiar una buena obra.
A excepción de un par de casos tan conocidos como perdonables, la editorial que convoca un premio debe otorgarlo a una obra que cumpla unos mínimos requisitos –es más, se le debería exigir que garantizara su concurso– de calidad y comerciabilidad.. De lo contrario, el inocente lector que aún confía, dejaría de hacerlo y, por lo tanto, de comprar libros.

2.Si no hay una buena obra, el premio se declara desierto.
En el caso de no pactar la obra con un autor que garantice los requisitos anteriores, la editorial convocante del premio se expone a que ninguna merezca la pena. En ese caso, el premio se declara desierto. [Este supuesto sólo puede darse en el caso de que no medie entidad bancaria, fundación, empresa, ayuntamiento, diputación o similar con participación parcial o total en la pasta para el premiado].

3.Si el premio se declara desierto, desaparece.
Sí, claro, un premio puede declararse desierto cada vez que las obras, multitud de obras aspirantes no pactadas, sean deficientes. Y eso es algo que ha dado al traste con más de un galardón e incluso alguna colección memorable.

4.Si el premio desaparece, ni 1, ni 2, ni 3.
Cuando ocurre lo anterior, y el premio desaparece, ni el lector informa sobre su obra, ni se enteran de que su manuscrito es una joya, ni los lectores/regaladores sabrán de su existencia en el improbable caso de que la publique, ni la editorial ganará dinero, ni por lo tanto se permitirá el lujo de publicar esas joyas económicamente desastrosas… Y el mundo será por fin una gran catedral de best-sellers. Un mar de lágrimas, o sea.

Pero todo lo anterior sólo es un juego de conjeturas para callar la boca de los descreídos. La verdad verdadera es que la autora cree firmemente que los premios son limpios, que los insignes escritores que componen los jurados son honestos, y por todo ello conserva la esperanza en que algún día le toque a ella.


LIMPIO POR EJEMPLO.
Y sí, los hay tan libres de mácula como bien dotados. Vamos allá con un ejemplo. En 1981, el Ayuntamiento de Villanueva de la Serena (Extremadura) decidió crear un premio literario para honrar la memoria del escritor local Felipe Trigo. Actualmente, este premio está (usemos la terminología al uso) dotado con 20.000 euros para obras con una extensión mínima de 150 folios y máxima de 300. Una ojeada a boleo por lista de autores galardonados permite confirmar su limpieza: José Joaquín Rodríguez Lara, Anastasio Fernández Sanjosé, Fanny Buitrago, Carlos Murciano, José Luis Sevillano, Francisca Gata o Dolores Soler-Espiauba.
En cualquier caso, para creyentes y descreídos, allá van unas cuantas direcciones con las que elaborar un buen calendario de concursos (sepan que tienen obligación de leerles):

Tomado de:


domingo, 21 de febrero de 2016

UMBERTO ECO: UNA RECOPILACIÓN DE SUS MEJORES FRASES

UMBERTO ECO: UNA RECOPILACIÓN DE SUS MEJORES FRASES

A lo largo de su vida, Eco se caracterizó, además de por su éxito profesional, por dictar sentencia sobre muy diversos temas.
Escritor, semiólogo y filósofo italiano Umberto Eco, fallecido a los 84 años de edad, fue -además de uno de los 17 intelectuales del Foro de Sabios de la UNESCO y Premio Príncipe de Asturias de Comunicación en 2000-, un autor de éxitos literarios como El nombre de la rosa.

Como dijo Diego Aristizabal en El Colombiano del 25/02/16: "Eco hizo bien las dos cosas: fue un gran profesor y un gran novelista, publicó 43 libros, el último “Número cero”, su séptima novela, y siempre, como escribió Juan Cruz, fue “un sabio que sabía todas las cosas simulando que las ignoraba para seguir estudiando”.

A lo largo de su vida, Eco se caracterizó, además de por su éxito profesional, por dictar sentencia sobre muy diversos temas. Estas son algunas de sus frases más célebres:

Los libros
"El mundo está lleno de libros preciosos que nadie lee".

La filosofía"
¿Qué es la filosofía? Lo siento por mi conservadurismo trivial, pero no puedo encontrar una mejor respuesta que la definición que da Aristóteles de la Metafísica: una respuesta a un acto de asombro".

La sabiduría
"Sabiduría no es destruir ídolos, sino no crearlos nunca".

La relación con el lector
"El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, si no, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones?"

El periodismo
"No estoy seguro de que internet haya mejorado el periodismo, porque es más fácil encontrar mentiras en internet que en una agencia como Reuters".

Las redes sociales"
Las redes sociales han generado una invasión de imbéciles que le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios"

La creatividad
"Nada es más nocivo para la creatividad que el furor de la inspiración".

La televisión
"Hoy no salir en televisión es un signo de elegancia."

La honestidad
"El verdadero héroe es héroe por error. Sueña con ser un cobarde honesto como todo el mundo".

La religión
"Cuando los hombres dejan de creer en Dios, no quiere decir que creen en nada: creen en todo".

Otras frases:
“Los libros se respetan usándolos, no dejándolos en paz”.

“Hacer una tesis significa divertirse y la tesis es como el cerdo, en ella todo tiene provecho”.

“Los objetos están semánticamente desgastados antes que su materialidad”.

“Hay libros que son para el público, y libros que hacen su propio público”.


“Adoro a los gatos. Son de las pocas criaturas que no se dejan explotar por sus dueños”.

“Los libros son esa clase de instrumentos que, una vez inventados, no pudieron ser mejorados, simplemente porque son buenos. Como el martillo, el cuchillo, la cuchara o la tijera”.

“Nada consuela más al novelista que descubrir lecturas que no se le habían ocurrido y que los lectores le sugieren”.

“Nada es más nocivo para la creatividad que el furor de la inspiración”.

“El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, si no, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones?”.

UMBERTO ECO, EL HOMBRE QUE SABÍA TODO. UNA LISTA.

A Umberto Eco le encantaban las listas. Es más, les dedicó un libro: El vértigo de las listas.  Este post tiene forma de lista, un inventario muy personal que rinde homenaje a uno de los intelectuales que más me marcó en los últimos treinta años.

La idea de totalidad (“l’uomo che sapeva tutto” de La Repubblica,  el “humanista total” de El País, el hombre “que parecía saberlo todo” en Página 12) atraviesa la obra de Umberto Eco de punta a punta. Quizá ese espíritu transversal le haya llegado vía la semiología francesa de los años sesenta, ese momento de explosión del estructuralismo cuando todo, absolutamente todo -desde la publicidad de pasta Panzani hasta el Pato Donald, el  mito del cerebro de Albert Einstein o las estructuras narrativas de E.A. Poe– fue analizado bajo el potente microscopio Made in Paris. Eco parecía uno de esos filósofos previos a la explosión de conocimientos de la modernidad, cuando ya se volvió imposible para un único individuo dominar todo el saber humano. O sea, Eco era un filósofo pre-Newtoniano.

“La maquinaria que permite producir un texto infinito con un número finito de elementos existe desde hace milenios: es el alfabeto.”

“La objeción más común dirigida al semiólogo ‘imperialista’ es: ‘si para ti hasta una manzana es un signo, no hay duda de que lasemiótica se ocupa también de la compota… pero en ese caso el juego deja de ser válido’. Lo que este libro desearía demostrar es que desde el punto de vista semiótico no hay diferencia alguna entre una manzana y una compota de manzana, por un lado, y las expresiones lingüísticas /manzana/ y /compota de manzana/, por otro. La semiótica se ocupa de cualquier cosa que pueda considerarse como signo. Signo es cualquier cosa que puede considerarse como substituto significante de cualquier otra cosa. Esa cualquier otra cosa no debe necesariamente existir ni debe sustituir de hecho en el momento en que el signo la represente. En ese sentido, la semiótica es, en principio, la disciplina que estudia todo lo que puede usarse para mentir. Si una cosa no puede usarse para mentir, en ese caso tampoco puede usarse para decir la verdad: en realidad, no puede usarse para decir nada. La definición de ‘teoría de la mentira’ podría representar un programa satisfactorio para una semiótica general” (Umberto Eco, Trattato di Semiotica Generale, 1975).

“Los libros se respetan usándolos, no dejándolos en paz.”
Cuando estudiaba Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario a mediados de los años ochenta Umberto Eco era “el” intelectual de referencia. Después de haber estado censurado durante la dictadura –¿qué podían pensar los neandermilithares argentinos de un intelectual barbudo que proponía la “guerrilla semiótica”?– Eco era “uno de los prohibidos” que se podía volver a leer. Por entonces se pusieron de moda los graffitis en Rosario. Uno de los grupos más activos durante la visita del Papa a la ciudad en 1987 era Los Ecos de Umberto. Recuerdo una de las consignas más difundidas (“Viene el Papa. Viene Cristo”) y la intervención de Los Ecos de Umberto: “Viene el Papa ¿Viene Cristo?”. Y a los pocos metros: “Cristo no viene. Es otro de los desaparecidos”. Puro juego semiótico.

 “En la segunda mitad de la década de 1960, Eco estuvo de visita en Buenos Aires para dictar unos cursos en el Centro de Altos Estudios Musicales del Instituto Di Tella, que dirigía en esos años Alberto Ginastera. El tema era la obra abierta, pero Eco, que decía tocar la flauta traversa, no se conformó con su papel profesoral: muy en línea con las formas abiertas de las que tanto escribió, quiso participar también en los grupos de improvisación musical del centro de vanguardia. Según le gustaba recordar al compositor Gerardo Gandini, que coordinaba esos grupos, Eco se esforzaba, pero la verdad era que no tenía ningún dominio de su instrumento. Con todo, la anécdota tiene algo bastante serio: el filósofo y semiólogo no tenía miedo de implicarse resueltamente en aquello sobre lo que hacía teoría” (Pablo Gianera en La Nación).

“De cualquier cosa que se estén ocupando hoy los medios masivos, la universidad ya se ocupó hace veinte años. Y aquello de lo que hoy se ocupa la universidad, será tratado por los medios masivos dentro de veinte años. Cursar bien la universidad quiere decir llevar veinte años de ventaja.”

En octubre de 1990 me fui vivir a Italia y lo primero que hice fue recorrer el país con un pasaje abierto de tren. Torino. Milano. Venezia. Bologna. Bajé del tren un viernes por la tarde. Me puse a caminar por los pórticos -Bologna tiene más de cuarenta kilómetros de veredas cubiertas- hasta llegar a las dos torres. Doblé a la izquierda sin saber dónde me metía (faltaban 15 años para el lanzamiento de Google Maps). Me detuve frente a uno de los edificios de la Università degli Studi di Bologna. Entré. Vi un cartel con los horarios de clases. Ese viernes era la clase de Umberto Eco. Me metí en aula.

“Siempre he sostenido que el proyecto Erasmus tiene valor no sólo intelectual, sino también sexual, o si prefieren genético. Conocí muchos alumnos y alumnas que, después de una estancia en el extranjero, se casaron con una alumna o alumno local. Si se intensifica esta tendencia van a nacer niños bilingües y, en treinta años, podríamos tener una clase dirigente europea al menos bilingüe. Y no sería poca cosa.”

“Existe una teoría singular de los orígenes del lenguaje en la obra de un pensador árabe del siglo Xl, lbn Hazm. Los lenguas no pueden haber nacido por convención, porque para establecer las reglas los seres humanos habrían tenido necesidad de una lengua precedente. Existió por lo tonta al principio una lengua dada por Dios, y tan rica de nombres y de sinónimos que a través de ella Adán ha podido nombrar sin ambigüedad todas las cosas del universo. Pero entonces esa lengua debe comprender todos las lenguas. Lo confusión que habría seguida no debería entonces responder a la invención de nuevas lenguas, sino a la fragmentación de aquella lengua única que existía ab initio, y en la que estaban contenidas todas las lenguas por venir. El don recibido por Adán era el multilingüismo. Precisamente por esto todos los seres humanos son capaces de comprender la revelación, en cualquiera que sea la lengua en la que se expresen. En tal caso, y una vez más, Babel no representaría la herida de la que se debe sanar, sino el don primordial que debemos reconquistar” (Umberto Eco, La búsqueda de la lengua perfecta, Lección inaugural en el Collége de France, 2 de octubre de 1992).
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En esa época -finales de 1990- Eco venía de publicar El Péndulo de Foucault y seguramente estaba trabajando en su próximo libro, La búsqueda de la lengua perfecta. Su clase en Bologna fue un maravilloso viaje por los orígenes de esa utopía europea. Al final lo saludé y me volví a la estación de trenes -la mítica estación de trenes de Bologna, donde se había producido uno de los atentados más infames de la historia reciente italiana- para seguir viaje a Firenze-Roma-Napoli con la sensación de que el viaje ya estaba amortizado.

“La más grande revolución política realizada en Italia en el último siglo, la Marcha a Roma, la hizo el capo con su organización en la cucheta de un tren.”

En 1979 Eco publicó la que considero su mejor obra teórica, la más disruptiva (me refiero a Lector in fabula. La cooperación interpretativa en el texto narrativo, un texto donde termina de dar forma a su teoría interpretativa), el mismo año en que Italo Calvino saca de la imprenta Si una noche de invierno un viajero. Ambos libros hablan de lo mismo: de la complejidad del trabajo interpretativo y del texto como espacio donde se enfrentan dos estrategias: la del lector y la del autor. Cuenta la leyenda que Calvino le envió un ejemplar a Eco dedicado con la siguiente frase: “A Umberto, superior stabat lector, longeque inferior Italo Calvino”. Dejemos que el mismo Eco nos explique su significado: “La cita proviene obviamente de la fábula de Fedro, el lobo y el cordero (‘Superior stabat lupus, longeque inferior agnus’, el lobo aguas arriba del arroyo y el cordero aguas abajo), y Calvino se refería a mi libro Lector in Fabula. ‘Longeque inferior’ significa ‘más abajo’, ‘hacia el valle’, pero también ‘estado de inferioridad’, ‘menos importante’, una ambigüidad referencial. Si la palabra ‘lector’ indica mi libro, Calvino elegía un rol irónicamente humilde o, al contrario, se asignaba orgullosamente el rol positivo del cordero, dejándome, en tanto teórico, el disfraz del Lobo Malo. Si, por el contrario, la palabra ‘lector’ indica al Lector, entonces Calvino estaba realizando una afirmación decisiva, rindiendo homenaje al rol del lector…”. Literatura y semiótica. Filosofía del lenguaje y medievalismo. James Bond y James Joyce. Santo Tomás de Aquino y el hipertexto. Todos los caminos conducen a Eco.

“Leer alarga la vida. Quien no lee solo tiene una vida y, se  los aseguro, es poquísimo. En cambio nosotros, cuando moriremos, nos recordaremos de haber atravesado el Rubicón con César, combatido en Waterloo con Napoleón, viajado con Gulliver y encontrado a enanos y gigantes. Una pequeña compensación por la falta de inmortalidad.”

“Recuerdo que tenía 22 o 23 años cuando se publicó por primera vez Ficciones. Se habían hecho una 500 copias, prácticamente nadie se había dado cuenta. Entonces vino un poeta italiano (¿Sergio Sogni?), que me dijo: ‘Lea este libro. Es de un argentino que nadie conoce aquí’. Me enloqueció. Me pasaba noche y noches leyéndoselo a mis amigos. Me reconocí de inmediato en Borges. Fue un amor a primera vista.” (Entrevista con Jorge Halperín).

A mediados de los noventa decidí hacer el doctorado. Me acerqué a los semióticos italianos que trabajaban en Torino –Guido Ferraro, Paolo Bertetti– y publicaban la revista Lexia. Durante el 25° Congreso de la Associazione Italiana di Studi Semiotici (AISS, Torino, octubre de 1996) Gianpaolo Caprettini coordinó una mítica mesa redonda titulada “Dalla Retrospettiva alle Prospettive Verso il Futuro” donde participaron Umberto Eco, Gianfranco Bettetini (futuro director de mi tesis doctoral), Cesare Segre, Maria Corti y Antonio Buttitta, los fundadores de la semiótica italiana. En esa ocasión Eco definió a la semiótica como “una capacidad de atención hacia un objeto que llamaremos semiosis, y que no es sólo un signo sino aquello que está antes y después… La semiótica es como la medicina. La medicina tiene ciertamente un objeto, el cuerpo humano y el problema de hacerlo estar en buena forma. Después está la dietética, la cirugía, la acupuntura, etc. Cada médico, si no estamos de frente a un Mad Doctor, tiene la intención de hacer estar bien un cuerpo humano y de retardar al máximo posible la muerte, pero los métodos, los enfoques y las ideas son infinitos. En el fondo el objeto o la finalidad de la semiótica es tener en buen ejercicio a la semiosis y ‘hacerla estar bien’… Alguien podría decir: ¡Para eso bastan los poetas! Pero, para mí, no bastan.” A Eco no le bastaba ser semiótico. Fue filósofo del lenguaje, novelista, periodista, guionista y no me extrañaría que algún día salgan de sus archivos sus poemas. De frente a la hiperespecialización que propone el academicismo avanzado, Eco prefería replegarse al enciclopedismo medieval.

“Nada consuela más al novelista que descubrir lecturas que no se le habían ocurrido y que los lectores le sugieren.”

Entre los días 6-8 de octubre de 2000 se realizó el 28º congreso de la AISS en Castiglioncello. Decidí enviar un paper titulado “Por un puñado de hiperlibros: interactive fiction, narrativa y retórica hipertextual“, posteriormente incluido en el libro Forme della testualità: teoria, modelli, storia e prospettive (Bertetti y Manetti, 2001). El paper fue aceptado para una mesa redonda sobre el hipertexto. Unos días antes del congreso Bertetti me avisó: “Viene Eco. Quiere hablar sobre el hipertexto así que se sumará a la mesa redonda”. Nueve años después de ese encuentro en la mesa redonda sobre el hipertexto -donde Eco hasta hizo un chiste con mi nombre (“Scolari, otro italiano con apellido argentino!”)- publiqué un artículo precisamente sobre las contribuciones de Eco a la teoría del hipertexto y las nuevas formas de comunicación digital interactiva: “Digital Eco_logy. Umberto Eco and a semiotic approach to digital communication “

“El narrador no debe facilitar interpretaciones de su obra, si no, ¿para qué habría escrito una novela, que es una máquina de generar interpretaciones?”

En las Apostillas a El Nombre de la Rosa Eco explica por qué el bibliotecario ciego se llama Jorge de Burgos (cito a memoria): “Porque la suma de biblioteca, ciego y laberinto no puede dar otra cosa que Borges. Y porque las deudas se pagan”. De la misma manera, la suma de hipertextualidad, enciclopedia, laberinto e interpretación solo puede dar un único resultado: Umberto Eco. Digital Eco_logies.

“La lectura de los periódicos, como decía Hegel, es la oración de la mañana del hombre moderno. Y yo no consigo tomarme mi café de la mañana si no hojeo el diario; pero es un ritual casi afectivo y religioso, porque lo hojeo mirando los titulares, y por ellos me doy cuenta de que casi todo lo había sabido la noche anterior. Como mucho, me leo un editorial o un artículo de opinión. Esta es la crisis del periodismo contemporáneo. ¡Y de aquí no se sale!” (declaraciones de Umberto Eco en 2015 con motivo de la publicación de su novela Número Cero).

“Los libros son esa clase de instrumentos que, una vez inventados, no pudieron ser mejorados, simplemente porque son buenos. Como el martillo, el cuchillo, la cuchara o la tijera.”

En los últimos Eco se atrincheró en la defensa del libro impreso -ver mi texto “Mientras miro las nuevas hojas. Una lectura semiótica sobre la muerte del libro” incluido en El Fin de los Medios Masivos (Carlón y Scolari, 2009/14)- y arremetió contra algunas cosas que pasaban en la red. La última polémica alrededor de Eco se generó por sus declaraciones sobre los “imbéciles” que frecuentan las redes sociales. Obviamente a los periodistas sólo les quedó la parte final de su intervención -donde arremetía contra las  “legiones de imbéciles” que se expresan en las redes- y se olvidaron de las premisas iniciales: “el fenómeno de las redes sociales también es positivo, no solo porque permite a las personas estar en contacto entre ellas. Pensemos a lo sucedido en China o Turquía, donde el gran movimiento contra Erdogan nació gracias a las redes, gracias al tam-tam. Alguno ha dicho que, si hubiera existido Internet en los tiempos de Hitler, los campos de exterminio no hubieran sido posible porque la información se hubiera difundido viralmente…”.

“La computadora no es una máquina inteligente que ayuda a las personas estúpidas, sino una máquina estúpida que sólo funciona en manos de personas inteligentes”.

“Los libros no se han hecho para que creamos lo que dicen, sino para que los analicemos. Cuando leemos un libro, no debemos preguntarnos qué dice, sino qué quiere decir.” (Guglielmo de Baskerville)

“El autor debería morirse después de haber escrito su obra. Para allanarle el camino al texto.” (Umberto Eco)

“Hace frío en el scriptorium, me duele el pulgar. Dejo este texto, no sé para quién, este texto, que ya no sé de qué habla: stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus.” (Adso de Melk)

ÑAPA:
1. Sobre los libros
"Los libros no están hechos para que uno crea en ellos, sino para ser sometidos a investigación. Cuando consideramos un libro, no debemos preguntarnos qué dice, sino qué significa". El nombre de la rosa.
2. Sobre los padres
"Creo que aquello en lo que nos convertimos depende de lo que nuestros padres nos enseñan en pequeños momentos, cuando no están intentando enseñarnos. Estamos hechos de pequeños fragmentos de sabiduría". El péndulo de Foucault.
3. Sobre Dios
"Cuando los hombres dejan de creer en Dios, no quiere decir que creen en nada: creen en todo".
4. Sobre el amor
"El amor es más sabio que la sabiduría". El nombre de la rosa.
5. Sobre los héroes
"El verdadero héroe es héroe por error. Sueña con ser un cobarde honesto como todo el mundo".
6. Sobre los villanos
"Los monstruos existen porque son parte de un plan divino y en las horribles características de esos mismos monstruos se revela el poder del creador". El nombre de la rosa.
7. Sobre la poesía
"Todos los poetas escriben mala poesía. Los malos poetas la publican, los buenos poetas la queman".
8. Sobre el periodismo
"No son las noticias las que hacen el periódico, sino el periódico el que hace las noticias y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia". Número cero.
9. Sobre internet
"Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles". Eco al diario La Stampa.
10. Sobre la corrupción

"Hoy, cuando afloran los nombres de corruptos o defraudadores y se sabe más, a la gente no le importa nada y solo van a la cárcel los ladrones de pollos albaneses". Eco a la Agencia Efe.

Tomado de:
http://hipermediaciones.com/2016/02/20/umberto-eco-el-hombre-que-sabia-todo-una-lista/
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160219_cultura_umberto_eco_frases_ap


Cómo escribir bien
Para rematar, alguien se tomó el trabajo de recopilar los consejos de ECO para escribir bien. A pesar de ser un tanto genéricos y que no falta quien dude de su originalidad, de todas maneras los incluimos. -

Por Umberto Eco

1.- Evita las aliteraciones; solo gustan a los “estúpidos”.
2.- No abuses del subjuntivo: utilízalo solo cuando sea necesario.
3.- Evita las frases hechas: son como la “sopa recalentada”.
4.- Escribe tal y como te expresas.
5.- No uses siglas comerciales ni abreviaciones.
6.- Acuérdate (siempre) de que el paréntesis (aun cuando parece indispensable) interrumpe el hilo del discurso.
7.- No te propases con los puntos suspensivos.
8.- Limita el uso de las comillas. Las citas no son “elegantes”.
9.- No generalices.
10.- Los barbarismos no son de buen gusto.
11.- Restringe las citas. Emerson dijo con razón “Odio las citas. Cuéntame solo lo que sabes”.
12.- Las comparaciones son equivalentes a las frases hechas.
13.- No seas redundante y no repitas dos veces la misma cosa. Redundancia es explicar algo que el lector ya ha entendido.
14.- Solo los necios emplean palabrotas.
15.- Intenta siempre concretar.
16.- La hipérbole es una excelente técnica expresiva.
17.- No construyas frases de una sola palabra.
18.- Cuidado con las metáforas demasiado atrevidas: son “plumas sobre las escamas de una serpiente”.
19.- Pon las comas en el lugar adecuado.
20.- Aprende a distinguir entre la función del “punto y coma” y la de los “dos puntos”: no es tarea fácil.
21.- Si no encuentras el vocablo idóneo, no recurras a la expresión coloquial: “el parche es peor que el agujero”.
22.- No uses metáforas incoherentes, aunque suenen bien.  Son “como cisnes degollados”.
23.- ¿Son de verdad necesarias las preguntas retóricas?
24.- Sé conciso y trata de condensar tus pensamientos empleando el mínimo número de palabras y evitando las frases largas; así evitaras que tu discurso esté contaminado (una de las tragedias de nuestro tiempo dominado por el poder de los medios de comunicación).
25.- Los acentos no son ni incorrectos ni inútiles, quien los omite se equivoca.
26.- No se apostrofa un artículo indeterminado antes de un sustantivo masculino (el apóstrofo [‘] es una coma que se coloca en la parte superior derecha de una palabra. En castellano apenas se utiliza, solo por influencia del inglés con el genitivo sajón).
27.- ¡No enfatices demasiado! ¡Mide los signos de admiración!
28.- Ni siquiera los amantes de los barbarismos pluralizan las palabras extranjeras.
29.- Escribe correctamente los nombres extranjeros como Baudelaire, Roosevelt, Nietzsche y parecidos.
30.- Cita sin perífrasis los autores y los personajes a los que te refieres, tal y como lo hizo el más grande escritor lombardo del siglo XIX, el autor de El 5 de mayo.
31.- Al principio del discurso utiliza la “captatio benevolentiae”, para congraciarte con el lector (pero a lo mejor ustedes son tan estúpidos que no entienden lo que estoy diciendo).
32.- Cuida con detalle la ortografía.
33.- No hace falta decir que las pretericiones (decir lo que no vas a contar) son desesperantes.
34.- No pongas punto y aparte muy a menudo; solo cuando sean necesarias.
35.- No uses el plural “majestatis”. Causa una impresión pésima.
36.- No confundas causa con efecto: podrías equivocarte y cometer un error.
37.- No construyas frases en las cuales la conclusión precede a las premisas: si lo haces, las premisas se podrían deducir de las conclusiones.
38.- No utilices arcaísmos como “hápax legomena” u otros lexemas inusuales, así como estructuras profundas de rizomas, que superen las habilidades cognitivas del destinatario.
39.- No seas prolijo, pero tampoco te quedes corto.
40.- Cada frase ha de tener un significado, con independencia del contexto.