ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

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sábado, 27 de abril de 2019

Las diez características de los escritores altamente efectivos-Consejos de James Scott Bell


Las diez características de los escritores altamente efectivos



Si hace poco os hablé de mis libros de escritura favoritos en castellano, hoy quiero hablaros de mi autor de libros de escritura preferido en inglés (por desgracia, sus obras no han sido traducidas a nuestro idioma, todavía).
Just Write
Se trata del escritor estadounidense James Scott Bell, con más de una docena de libros escritos sobre este maravilloso oficio, entre los que se encuentran joyas como The Art of War for WritersPlot & Structure o Just Write, uno de sus últimos lanzamientos que he aprovechado para leer este verano.
Aunque reconozco que el libro en sí no me ha sorprendido mucho, ya que se trata de un repaso general a todas las teorías del autor sobre las técnicas y recursos de la escritura, y cuando ya has leído sus libros anteriores parece más de lo mismo (eso sí, si no has leído nada del autor, puede ser un buen punto de partida).
Sin embargo, en el libro me he encontrado con un decálogo interesante con las diez características que el autor considera imprescindibles para un escritor altamente efectivo, y he pensado en traducirlas y compartirlas con vosotros, a ver qué os parecen:

1. Deseo


Si quieres convertirte en escritor —y con ello quiero decir lograr un grado de éxito que implica ganancia monetaria, así como el cumplimiento del trabajo— hay que desearlo. No a medias. Como dijo Phylips Whitney: «Debes quererlo lo suficiente. Lo suficiente como para aceptar todos los rechazos, lo suficiente para pagar el precio de la decepción y el desánimo mientras aprendes. Como cualquier otro artista, debes aprender el oficio y después añadirle el genio que te gusta».
¿Estás escribiendo algo que puedes imaginar no hacer? Si es así, no lo escribas. Lawrence Block dijo una vez: «Si quieres escribir ficción, lo mejor que puedes hacer es tomarte dos aspirinas, tumbarte en una habitación oscura y esperar a que se te pase. Si persiste, probablemente deberías escribir una novela». Revisa tus tripas, tu corazón y tu cabeza. Si los tres se alinean y te dicen que escribas, hazlo.

2. Perseverancia


Tu cuñado te dice que lo olvides, que no eres lo suficientemente bueno para ser escritor. Dice que ya hay demasiados ahí fuera y que tus posibilidades de conseguirlo son las mismas de que te conviertas en telonero de Justin Bieber. A ese pensamiento Andre Dubus responde: «No te rindas. Es muy fácil rendirse durante los primeros diez años».

3. Disciplina


De acuerdo, tienes el deseo de escribir. Yo tenía el deseo de jugar al baloncesto en la universidad, así que no podía sentarme y beber cerveza todo el día y luego aparecer para mi primer entrenamiento. Tuve que renunciar a cosas y trabajar duro, todos los días. Hay una disciplina que los gobierna a todos, como ese anillo único de la historia, ese que lleva el tipejo bajito de los pies peludos.
Tu única disciplina es producir palabras. Estoy hablando de una cuota. Y no, no puedes salirte de ella. En el pasado reciente he oído voces de protesta contra esta idea. «No, no tienes que ceñirte a una cuota. Es demasiado oneroso. Te chupará la vida. Después de todo, eres un artista. ¡No tienes que ser disciplinado! Solo enamorarte. Sí, enamorarte».
La disciplina en la escritura, incluso cuando no te sientes con ganas de hacerlo, es la marca del profesional. Profesional, sí, como esa gente que consigue dinero por su trabajo. Si quieres ganar dinero, produce palabras. Eso es lo que aconsejo en mis talleres. Revisa tu horario semanal. Fíjate en cuántas horas tienes que dedicar a tu escritura. Determina cuántas palabras puedes escribir de manera cómoda en el promedio de una semana. Ahora súbele un diez por ciento. También necesitas aprender la disciplina del estiramiento. Así que esa es tu cuota semanal. Divide esa cuota en días. Trata de cumplir el número de palabras diarias, pero si te saltas un día, no te preocupes. Reparte la cuota entre el resto de los días.
Lleva un registro de tus palabras totales diarias en una hoja de cálculo. Establece una fórmula para sumar tus palabras por día y por semana. Lo digo en serio. He seguido esta técnica durante más de diez años y puedo decirte cuántas palabras escribí en cualquier proyecto cualquier día de cualquiera de esos años. Puedo decirte cuántas palabras totales por año escribí.
¡Ah, sí! Tómate un día libre a la semana. Un Sabbath de la escritura. Incluso Dios se tomó un día de descanso. Te ayudará a recargar las baterías, y baterías es lo que necesitas para escribir esa cuota cada semana.

4. Estudia el oficio


También he oído unas cuantas voces clamando que no necesitan aprender —algunos incluso dicen que no pueden aprender— las reglas de la escritura. No les gustan las reglas. Prefieren pasar el rato con otros escritores que no escriben una cuota y fingir que todo va a llegar fluyendo de forma natural, como una huelga de petróleo —sin perforaciones, por supuesto—. Algunos odian la idea de que alguien les sugiera que hay reglas. «¡No para los artistas!», claman. «Somos rebeldes. Nacidos para ser libres. Como peces en el mar».
Solía haber un nombre para tales escritores: «inéditos». Ahora hay una expresión nueva, ya que pueden autopublicarse: «sin ventas». Yo camino detrás del éxito literario como un pobre hombre con una pica y una oportunidad para extraer el oro de la mina. Trabajo cada día. Lo hago porque me dijeron hace años que no podía aprender a escribir, que uno tenía que nacer escritor. Me lo creí, hasta que no pude soportar la idea de no darme una oportunidad.
En la escuela de leyes aprendí la disciplina del estudio concentrado. Estaba decidido a tomar clases y mostrar a mis opositores que podía hacerlo. Me suscribí a la revista Writer’s Digest y leí la columna de ficción de Larry Block cada mes como si fuera una página sagrada. Me uní al club de escritura de la revista y construí mi biblioteca. Leí y subrayé los libros, tomé notas de las cosas más importantes que aprendía. Y luego practiqué lo que había aprendido. Le mostré mi material a gente en la que confiaba y escuché lo que decían sobre qué era lo que no funcionaba, y luego retomé el trabajo y averigüé cómo hacerlo funcionar. Esto lo hacía prácticamente a diario. Y fue divertido. Aprender a mejorar lo que amaba nunca se me hizo pesado.

5. Ponte una piel de rinoceronte


En los “viejos tiempos” del negocio de la escritura —es decir, antes de 2008—, los escritores solo tenía una forma de alcanzar una carrera exitosa: convencer a unos editores para que les pagasen por escribir para ellos, y luego escribir para ellos de tal manera que les hiciera ganar dinero y ellos pudieran pagarle una parte de ese dinero. La única manera de conseguir que un editor hiciera eso, generalmente, era a través de un agente. Con lo cual había dos posibilidades de rechazo: el rechazo de los agentes y el rechazo de los editores.
Supongamos que conseguías atravesar esas barreras. Entonces quedaba el rechazo de los críticos y después el rechazo de los lectores. Y si los lectores rechazaban tu libro, el editor podría rechazar tu próxima obra y entonces tu agente volverse menos entusiasta y rechazar tu envío de manuscritos. Cada rechazo era como una flecha en el corazón, por eso los escritores tenían que desarrollar una piel de rinoceronte.
La novelista Octavia E. Butler lo expresó bien cuando dijo: «Deja que el rechazo duela durante media hora, no más. Luego vuelve a tu procesador de textos». Ahora es posible eliminar ese rechazo tradicional: se llama auto-publicación.

6. Establece metas


Las verdaderas metas son aquellas que pueden llevarse a cabo mediante acciones. «Quiero ser un éxito de ventas en la lista del New York Times» no es una meta, sino un sueño. No puedes pulsar un botón y hacer que ocurra. Lo que puedes hacer son cosas que te conviertan en un escritor mejor. Tú puedes determinar si pasas treinta minutos al día estudiando las técnicas del oficio y una hora a la semana generando ideas para proyectos. Y sobre todo, puedes determinar el número de palabras que escribes cada semana. Esas cosas sí pueden medirse y controlarse.

7. Consigue un mentor


Los mentores puedes encontrarlos en persona o impresos. Yo considero a Larry Block mi mentor, aunque nunca me ha instruido personalmente. ¿Por qué? Porque religiosamente he leído cada mes su columna en la revista Writer’s Digest y me he sentido como si me aconsejara cada vez que lo hacía. Tiene la habilidad de entrar en la mente del escritor, o al menos en la mía. Trato de modelar mis libros con sus consejos sobre técnicas narrativas. Un buen editor, de los cuales hay muchos por ahí afuera, puede proporcionarte consejos —normalmente a cambio de una tarifa, que es dinero bien gastado si el editor sabe lo que está haciendo—. Un buen compañero que te haga críticas se ajusta también a este papel.

8. Sé positivo


Según un artículo sobre los hábitos de éxito en los individuos ricos, estas personas tienen una perspectiva positiva de la vida, son optimistas y felices, y agradecidos por lo que tienen. Algunos de los resultados específicos fueron los siguientes: el noventa y cuatro por ciento son optimistas y felices en términos de sus perspectivas de vida; el noventa y ocho por ciento cree en las posibilidades y oportunidades ilimitadas; el noventa y cuatro por ciento disfrutaban de la carrera que habían elegido.
Los escritores también deben estar agradecidos por tener la habilidad de escribir y por su oportunidad de publicar. Cree en tus opciones ilimitadas. Nutre el amor por la escritura que tenías cuando empezaste.

9. Registra tus progresos


El artículo que citaba antes también encontró que las personas ricas eran meticulosas sobre sus progresos: el sesenta y siete por ciento llevaba a cabo listas de tareas; el noventa y cuatro ajustaba su cuenta bancaria cada mes; el cincuenta y siete contaba las calorías que consumía; el sesenta y dos por ciento se marcaba metas y registraba si estaba o no en camino de alcanzarlas.
¿Recuerdas lo que te dije de llevar un registro de las sesiones de escritura en la hoja de cálculo? He estado haciendo esto desde el 2001 y tú debes hacer lo mismo. De esta manera sabrás cuántas palabras gastas en cada proyecto, día tras semana, tras mes, tras año.

10. Asóciate con personas afines


Dedica treinta minutos al día a alimentar tus relaciones con otros escritores. Esto puede significar charlar, dar consejos o simplemente ser un compañero útil. Si construyes y nutres relaciones de confianza, es posible que estas se vuelvan recíprocas y estos escritores se conviertan en soportes valiosos. Los escritores son, en su mayoría, alentadores. Puedes encontrar lugares para pasar el rato con ellos a través de un blog con comentarios activos. Únete también a un grupo de escritores locales. Ve a buenas conferencias.
Diviértete, escribe, evalúa, mide, estudia, corrige; y luego diviértete otra vez, escribe… y nunca te rindas.

¿Qué os parecen estos consejos de James Scott Bell? ¿Estáis de acuerdo con ellos?

sábado, 9 de junio de 2018

Cómo escribir diálogos: 10 claves para escribir diálogos eficaces


Cómo escribir diálogos: 10 claves para escribir diálogos eficaces


Después de las entradas sobre las diferentes formas de diálogo y las funciones que tienen en la historia, por fin la tercera entrega de este tema para hablar de las claves para escribir un buen diálogo.
Si escuchamos una conversación real e intentamos llevarla al papel, en seguida nos damos cuenta de que ese diálogo no funciona a nivel narrativo. Las conversaciones reales están llenas de interrupciones, frases sin terminar e incoherencias. La clave está en mantener esa verosimilitud de una conversación real, aunque sin tantos tropiezos. Pero, ¿cómo lo hacemos?

1. Conoce a tu personaje
Es fundamental para ponerle voz a un personaje saber todo lo posible sobre él. Su personalidad, procedencia, edad, educación, profesión, época en la que vive… Son datos que nos darán las pistas necesarias para entender cómo ha de hablar.

Eso sí, ojo con los dialectos o defectos en la dicción de los personajes, porque puede cansar al lector encontrarse páginas llenas de frases mal escritas o difíciles de descifrar.

2. Interpreta su papel
Cuando tengas que dialogar, intenta ponerte en la piel de los personajes, interpretar su actuación. Hazlo en voz alta, no te cortes (ése es el motivo por el que, desde hace años, sólo puedo escribir en la intimidad).

Si te conviertes en el actor de tus propias obras y las interpretas mientras escribes, no sólo te resultará más sencillo crear diálogos que funcionan, sino que incluso descubrirás los gestos y las acciones que el diálogo te está pidiendo.

3. Dinamismo
Utiliza, en general, frases cortas, omite los verbos en algún caso, sé conciso, dinámico, no pierdas el ritmo y el diálogo fluirá mejor. Esto no quiere decir que no puedas añadir intervenciones de diálogo más largas o complejas, pero mejor que no sea la tónica habitual.

Tomemos como ejemplo un fragmento del diálogo que os puse en el post anterior sobre los diálogos.

—No se asuste.
—¡No estoy asustado!
—Sí, lo estás.
—Muy bien, estoy asustado, ¿qué otra cosa puedo hacer?
—Nada más que venir conmigo y pasarlo bien. La Galaxia es un sitio muy divertido. Necesitarás este pez en la oreja.

4. No expliques, avanza
No uses los diálogos para explicar lo que debería haberse entendido con la acción. El malo que expone su plan diabólico al héroe punto por punto sólo funciona en las parodias. Si tienes que explicar toda la historia a un lector al final para que se entienda, puede que tengas que revisarlo.

Tampoco uses el diálogo para decir cosas que todos los personajes del diálogo ya conocen o que nadie ha preguntado. Plantéate siempre si la frase que se pronuncia en cada diálogo tiene sentido, si alguien podría realmente pronunciarla.

Como ejemplo, tomando un fragmento del diálogo de Douglas Adams, está claro que no es lo mismo esto…:

—Lamentablemente, me he quedado en la tierra por mucho más tiempo del que pretendía —dijo Ford—. Fui por una semana y me quedé quince años. Hasta allí me llevó un pesado, uno de esos niños ricos sin nada que hacer y que van por ahí, buscando planetas que aún no hayan hecho contacto interestelar para anunciarles su llegada. Primero buscan un lugar aislado donde no haya mucha gente, aterrizan junto a algún pobrecillo inocente a quien nadie va a creer jamás, y luego se pavonean delante de él llevando unas estúpidas antenas en la cabeza y haciendo ¡bip!, ¡bip!, ¡bip! Realmente es algo muy infantil.

… que esto otro:

—Lamentablemente, me he quedado en la tierra por mucho más tiempo del que pretendía —dijo Ford—. Fui por una semana y me quedé quince años.
—Pero, ¿cómo fuiste a parar allí?
—Fácil, me llevó un pesado.
—¿Un pesado?
—Sí.
—¿Y qué es…?
—¿Un pesado? Los pesados suelen ser niños ricos sin nada que hacer. Van por ahí, buscando planetas que aún no hayan hecho contacto interestelar y les anuncian su llegada.
—¿Les anuncian su llegada? —Arthur empezó a sospechar que Ford disfrutaba haciéndole la vida imposible.
—Sí —contestó Ford—, les anuncian su llegada. Buscan un lugar aislado donde no haya mucha gente, aterrizan junto a algún pobrecillo inocente a quien nadie va a creer jamás, y luego se pavonean delante de él llevando unas estúpidas antenas en la cabeza y haciendo ¡bip!, ¡bip!, ¡bip! Realmente es algo muy infantil.

5. Interrumpe de vez en cuando
También tomando como ejemplo el diálogo anterior, una buena forma de hacer verosímil el diálogo y darle ritmo es a través de las interrupciones. Añade cortes, preguntas y comentarios para hacer la conversación más fluida.

6. Enfádalos, hazlos dudar
Los personajes tienen que vivir a través del diálogo, mostrar sus estados de ánimo, cambiar de opinión, estar alegres, dudar, enfadarse o mosquearse. De nuevo, interpreta y fíjate en cómo ha de decirlo, en cómo se siente el personaje cuando pronuncia esa frase. Así descubrirás qué palabras debe emplear y cómo las dirá.

7. Haz que importe
Como cualquier otro elemento de la narrativa, cuando hay un diálogo debería ser porque es la mejor forma de contar ese fragmento, porque tiene que haberlo. Así que, si escribes un diálogo, intenta que sea por algo, porque haga evolucionar la historia, porque al menos uno de los personajes cambie de estado de ánimo, porque pasarán cosas mientras hablan.

En el diálogo de Douglas Adams del ejemplo del post anterior, Arthur pasa por distintos estados de ánimo. Primero está en shock, no acaba de asimilar que la Tierra haya desaparecido. Se enfada luego, se asusta y, finalmente, se resigna.

8. Rómpelo con acción
No olvides que, mientras hablamos, no solemos estarnos quietos. Mientras hablamos, también pasan cosas y detener en ocasiones el diálogo para explicar lo que ocurre también aporta realismo a la escena, además de que nos ayuda a hacerla avanzar.

9. No te pases con los “dijo”
Este tipo de acotaciones han de hacerse notar lo menos posible. Sobre este punto escribí hace tiempo un post llamado el narrador en los diálogos, donde explico más detalladamente cómo usar las acotaciones mientras hablan los personajes.

10. Lee
Como en todas las técnicas narrativas, la mejor forma de aprender es escribiendo y leyendo. Fijarse en como lo hacen los maestros es fundamental para mejorar nuestra escritura.

Cuando leas una novela o un relato y encuentres un diálogo que funcione bien, subráyalo, fotocópialo, anótalo o márcalo de alguna manera. Luego vuelve sobre él y desmenúzalo hasta que entiendas su mecanismo. Pocas cosas te ayudarán más que ésta.

Más sobre el arte del diálogo, en el mismo portal:


domingo, 8 de abril de 2018

23 trucos para ser un escritor más creativo


23 trucos para ser un escritor más creativo



Por: Literautas

Tomado de:


 Hace un tiempo descubrí una lista en inglés de consejos para la creatividad (33 ways to stay creative) que pululaba por la red y que me llamó la atención.

La lista original de la que os hablo es una simple enumeración de 33 consejos. Me apetecía darle una vuelta y reflexionar algo más sobre el por qué de cada uno, así que he decidido tunearla un poco y convertirla en una lista de 23 trucos para ser un escritor más creativo. A ver qué os parece:



1. Haz listas

A veces nos agobiamos pensando que tenemos cientos de cosas por hacer, pero si las anotamos en una lista (en tareas y microtareas), resulta que no es para tanto. Podemos resolverlas de una en una e ir tachándolas. De esta forma, el cerebro se organiza mejor, se tranquiliza y tiene el camino más despejado hacia la creatividad.


2. Lleva una libreta a todas partes

Creo que ésta la he mencionado muchas veces, pero es fundamental: no te separes de tu cuaderno de notas. Nunca sabes dónde puede surgir la chispa y agradecerás llevarlo encima cuando ocurra.


3. Prueba la escritura libre

Lanzarse a escribir sin más, sin pensar, sin planificar nada, puede ser una magnífica forma de poner en marcha la inspiración. Para arrancar, puedes usar una frase o una serie de palabras, luego déjate llevar.


4. Aléjate de la tele y el ordenador

Si estás intentando activar la parte del cerebro que se encarga de darte ideas, apaga la televisión y el ordenador, desconecta internet y olvídate el teléfono en cualquier sitio, bien lejos. Son herramientas útiles para otros fines, pero en absoluto para estimular la creatividad.
  

5. Sé diferente, como de otro mundo

Atrévete a pensar distinto, a ser raro, un perro verde. No quieras ser como los demás, olvídate de eso: sé original siendo tú mismo/a.


6. Tómate descansos

El cerebro trabaja mejor cuando tú estás descansando, ¿lo sabías? Así que relájate de vez en cuando, tírate a la bartola un ratito cada día, verás cómo después las ideas llegan solas.


7. Canta en la ducha

Y en el coche, en el trabajo, por la calle… Canta y silba todo lo que quieras porque es muy sano para el cerebro y para el ánimo. Y una persona alegre es una persona más creativa. Además, cantar a voz en grito en la ducha, sin complejos, desinhibe, relaja y libera estrés.


8. Bebe café o té

Con moderación, claro. Una o dos tazas al día estimularán tu cerebro. Y además previene el enfermedad de Alzheimer (fuente: Artículo en La Razón).


9. Conoce tus raíces

Creo que es importante para un escritor o escritora tener claro de dónde viene, conocer su cultura, sus raíces y su origen. Esto nos ayuda a encontrar nuestra propia voz y a identificar el modo en el que vemos el mundo. Esto no quiere decir que tengamos que limitarnos a nuestra cultura, ni mucho menos. ¡¡La riqueza está ahí fuera!! Pero como me dijo un buen amigo hace tiempo: cuando sabes de dónde vienes, estás más preparado para saber hacia dónde quieres ir.


10. Escucha nueva música

Y lee nuevos libros, visita nuevas exposiciones, mira nuevas películas… Siempre. La cultura es algo vivo y en constante movimiento. Fíjate en las cosas nuevas que se están haciendo en todas partas porque te pueden aportar claves, puntos de vista frescos. 


11. Busca otras opiniones, colabora, ábrete

Si algo he aprendido gracias a este blog es que un escritor no debe ser un animal encerrado en su estudio escribiendo para sí. Ya sea virtualmente, ya sea de forma presencial, resulta muy enriquecedor el compartir, colaborar en grupos de escritura, comentar textos con otros escritores… En definitiva, intercambiar palabras con otros.


12. Rodéate de gente creativa

Siempre que puedas. La creatividad atrae a la creatividad.


13. No te rindas

Nunca. Sigue intentándolo. La perseverancia es fundamental si quieres ser escritor, tanto o más que el talento.


14. Practica, practica, practica

Escribir es como tocar un instrumento: has de dedicarle tiempo. Cuanto más practiques, más cerca estarás de la excelencia.


15. Atrévete a equivocarte

Aquí va una verdad absoluta, de las pocas que creo que existen: vas a equivocarte. Tenlo por seguro. Antes o después todos nos equivocamos. Todos. El que no se equivoca nunca es porque ni siquiera lo intenta. Hay que equivocarse muchas veces para poder acertar alguna.


16. Visita un sitio nuevo

Prueba una comida desconocida, atrévete a intentar cosas nuevas. Eso estimula la creatividad, por supuesto, y te aporta experiencias y material nuevo sobre el que escribir.



17. Mira películas viejas

Y libros antiguos. Acércate a los clásicos. Merecerá la pena.


18. Enumera tus virtudes

Los defectos solemos tenerlos muy claros, ¿verdad? Las virtudes nos cuesta más. Haz una lista con todas esas cosas buenas que tienes. Créetelas, disfrútalas, regodéate un rato en tus cualidades. La autoestima es buena compañera de la creatividad porque aparta los miedos y las inseguridades que no nos dejan pensar diferente.



19. Rompe las normas

Ya sabéis lo que suele decirse: las normas hay que conocerlas para poder romperlas. Pero, una vez vayas conociéndolas, atrévete de vez en cuando a transgredirlas un poco, a escribir de otra forma, a probar otras cosas. Seguramente te equivocarás muchas veces, pero alguna acertarás y descubrirás algo nuevo.


20. Aprende algo nuevo cada día

Este consejo me gusta mucho. Es difícil, pero estimulante. Te obliga a estar atento, alerta, buscando información para aprender. Todas esas cosas interesantes que aprendemos se van acumulando en el cerebro y él se encarga luego de darles forma para crear ideas.


21. Limpia tu espacio de trabajo

De la misma forma que se dice eso de “mens sana in corpore sano”, debería decirse que la mente también funciona mejor en un entorno cómodo. No se trata de volverse maniáticos del orden, pero darle un repaso de vez en cuando para que todo esté más despejado, ayuda.


22. Diviértete

Es fundamental. Diviértete en general y diviértete escribiendo. Habrá quien crea en el escritor atormentado, en el artista bohemio y deprimido, pero yo creo que escribir, pese a que en ocasiones pueda ser más duro o cansado, puede ser muy divertido.


23. Termina algo
  
O todo lo que puedas. Si terminas lo que empiezas, si acostumbras a tu cerebro a hacerlo, lograrás que se tome más en serio las cosas. Seguro que también la parte de generar nuevas ideas que luego materializarás y, al igual que esta lista de consejos, terminarás.