ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

sábado, 9 de mayo de 2026

DECÁLOGO DE ANTI-CONSEJOS Y UN COLOFÓN DESENCANTADO Juan Manuel Roca

 DECÁLOGO DE ANTI-CONSEJOS Y UN COLOFÓN DESENCANTADO

Juan Manuel Roca
















Leyendo un agudo y divertido decálogo de Darío Jaramillo Agudelo para escritores, que parece escrito con cicuta más que con tinta, me dieron ganas de entrarle al mismo asunto.
La verdad, resulta mejor desaconsejar que dar consejos:
1. No le importe ser obvio si se trata de asuntos irrefutables: no ceda al deseo de decir verdades nuevas sin permiso del sol. Recuerde lo dicho por uno de los hermanos Goncourt: “un cuadro colgado en un museo es probablemente lo que tiene que escuchar más tonterías en todo el mundo”. No dudemos entonces en decir que es raro que las neveras no mueran de hipotermia. (posible lección para escritores realistas).
2. Aunque usted no hable, y menos escriba en alemán, lea en su lengua a los hermanos Schlegell. Hay que leerlos en esa lengua aunque no se entienda. Cuando ellos dicen -otra pareja que hablaba en contubernio como los Goncourt-, “que un crítico es un lector que rumia” y que necesita varios estómagos, no los oiga. Atienda a su único estómago de mamífero humano. De cualquier manera el único estómago que debe interesarle de las vacas en su anhelo de convertirse en escritor, debe ser, sin lugar a dudas, el librillo.
3. Ojo a los devaneos de Homero: no es prudente recibir caballos de madera de parte de un griego. Si uno de estos mañosos griegos le habla de calendas, de tiempos inexistentes pues los muy sabihondos no tenían calendas, cúbrase de cera los oídos. Si alguno le explica una etimología, no lo escuche, o caerá en la trampa que le tiende y no volverá a escribir por andar investigando el origen remoto de las palabras. No corra detrás de la sombra de Helena a no ser que así se llame la vecina pelirroja que tiene los ojos de un azul de piscina. Confórmese con el desabrido vecindario.
4. No haga caso ni siquiera a sus padres literarios. Ellos lo negarán tres veces antes de que cante un gallo. En verdad usted es su padre, su madre, su hijo y usted mismo, como diría un rebelde al que enjaularon por desobediente en un sanatorio francés.
5. Una severa recomendación: no lea decálogos de más de 5 puntos. Si acaso, quincálogos. Pero también el manifiesto del pintor Fernando Oramas, un bicálogo de cuño anarco-patafísico que dice de la siguiente manera: Artículo Primero, haga lo que le venga en gana. Artículo Segundo, si no quiere no cumpla el artículo primero.
6. Gesualdo Bufalino apunta que los escritores contemporáneos en vez de leerse se espían. Mejor ni los lea ni los espíe. Mientras no lo haga seguirán siendo buenos escritores, hasta unos artistas ejemplares. Seguro. Si no los lee no se llevará ningún chasco. Usted verá.
7. Consejo solo para poetas: no les crea nada, ni poquito, a los maestros de la lírica. Si son grandes, son redomados mentirosos. Ni siquiera a Rilke o a Pessoa, fingidores de oficio.
8. Siembre en su huerto un espantapárrafos.
9. No escuche los consejos de seres desdichados que se viven disputando la gloria a codazos, mendrugos de baratijas y caretas de sabio. Si no recuerda de quién es una frase inquietante con la que quiere impresionar, no lo dude, diga que es de Borges. Es de buen tono citarlo en los salones del verano.
10. No atienda a este decálogo. Ni a ningún otro. También puede dejar de escribir y dedicarse a otros menesteres. Fuera de usted no se lo reprochará nadie.
UN COLOFÓN DESENCANTADO
(Ejercicios de misantropía)
Remar a contravía de la isla de los obedientes y sentir la alegría de verla cada vez más lejana. Navegar hacia atrás para irse alejando del punto de destino.
Oír con alivio el vocerío de la fiesta que se apaga al mover los remos hacia atrás.
Sentir la alegría del pájaro que a la vez es su nido.
Escuchar el monótono taconeo del escuadrón que en vez de desfilar hacia el enemigo marcha hacia atrás.
Aplaudir la bandada de ciclistas que se rehúsa a la meta.
Trazar el camino que conduce al regreso. Deshacer una a una las jugadas de la partida de ajedrez hasta quedar en veremos.
Comprar boleto en un tren que no aspire a tocar la lejanía, sonar la campana para despedir a los que acuden a saludarnos.
Todo con tal de no encontrar la manada que habla de la misma manera, que piensa de la misma manera, mata de la misma manera y camina en puntas de pies para no perturbar su limbo.
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viernes, 23 de enero de 2026

Los 11 mandamientos de escritura de Henry Miller

 

Los 11 mandamientos de escritura de Henry Miller

Los 11 mandamientos de escritura de Henry Miller

Tomado de: https://hojaenblanco.com/posts/mandamientos-escritura-miller/


Lo ames o lo odies, Henry Miller escribía bien. Y, a pesar de esa imagen de bohemio de París hace cien años, era un trabajador disciplinado con una rutina férrea. Como prácticamente todos los escritores que hicieron algo y luego creaban esas narrativas de genio y caos alrededor de sí mismos.

Sabían que lo único importante es el mito y lo cultivaban, es una historia mucho más atractiva que la realidad del trabajador aburrido.

Y esa disciplina en el caso de Miller atendía a 11 reglas de escritura que seguir siempre, según él, y que me parece interesante compartir.

Son estas:

  1. Trabaja en una cosa a la vez hasta que la termines.
  2. No empieces más libros nuevos, no añadas más material nuevo.
  3. No te pongas nervioso. Trabaja con calma, con alegría y con temeridad en lo que tengas entre manos.
  4. Trabaja según el programa y no según el estado de ánimo. Detente a la hora señalada.
  5. Cuando no puedas crear, puedes trabajar.
  6. Cimenta un poco cada día, en lugar de añadir nuevo abono.
  7. ¡Sigue siendo humano! Queda con gente, ve a los sitios, bebe si te apetece.
  8. ¡No seas un caballo de tiro! Trabaja sólo por placer.
  9. Descarta el programa cuando te apetezca, pero vuelve a él al día siguiente. Concéntrate. Limita. Excluye.
  10. Olvídate de los libros que quieres escribir. Piensa sólo en el libro que estás escribiendo.
  11. Escribir es lo primero siempre. La pintura, la música, los amigos, el cine… todo eso viene después.

En general, son buenas reglas, contradictorias como la vida, porque, a veces, hay que ser caballo de tiro y es lo que hay, cosa que él mismo reconoce implícitamente en las reglas 4, 5 y 6.

Además de esos mandamientos, tenía su «Programa diario», al que hace referencia en ellos. Consistía en esto.

MAÑANAS:

Si estás aturdido, escribe notas y asígnalas donde corresponda, como estímulo.

Si estás bien, escribir.

TARDES:

Trabajo en la sección que toque, siguiendo escrupulosamente el plan de sección. No hay intrusiones, ni desviaciones. Escribir para terminar una sección a la vez, bien y del todo.

TARDE-NOCHE:

Ver a los amigos. Leer en los cafés.

Explorar lugares desconocidos: a pie si el suelo está mojado, en bicicleta si está seco.

Escribir, si se está de humor, pero sólo en un programa menor.

Pintar si se está vacío o cansado.

Tomar notas. Hacer gráficos y planos. Hacer correcciones de manuscritos.

Nota: Deja tiempo suficiente durante el día para hacer una visita ocasional a los museos o pintar un boceto ocasional o dar un paseo ocasional en bicicleta. Haz bocetos en cafés, trenes y calles. Dejar de lado las películas. Ir a la biblioteca en busca de referencias una vez a la semana.

Como vemos, incluso un agente del caos y la depravación como podía ser Henry Miller, tenía un plan, muy parecido al de la mayoría de escritores (trabajo por la mañana, lo demás luego). De hecho, era incluso demasiado rígido a veces, pura rutina en la que insertaba sus correrías, que también eran parte del programa a seguir.

Porque esa es la aburrida realidad del escritor.