ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

viernes, 9 de octubre de 2015

Los mejores consejos para escribir JAVIER MELENDEZ MARTIN

Los mejores consejos para escribir
JAVIER MELENDEZ MARTIN


Es fácil encontrar en Internet consejos para escribir artículos, ensayos, novelas… Consejos obvios como «escribe» y discutibles como «lee a Petrus Borel». También hay consejos prácticos sobre la técnica que un servidor tiene probados como efectivos. Aquí están.

1. DESBLOQUÉATE CON UNA FRASE VERDADERA

¿Bloqueo? No te preocupes. Todo lo que tienes que hacer es escribir una frase verdadera.
Hemingway.
Esta frase la tengo en mente antes de cada trabajo. Evito el bloqueo colocando como primera línea la frase de la calle, la duda o la escena que quiero comentar. Puede que esta frase caiga durante la edición. Lo importante es que FUNCIONA COMO MECHA.

2. ESCRIBE PARA SEDUCIR A UNA PERSONA

«Escribe para complacer a una sola persona. Si abres una ventana y pretendes hacer el amor con todo el mundo, por decirlo de alguna forma, tu historia pillará una pulmonía».
Kurt Vonnegut.
El consejo de Vonnegut no es una tontería. Steinbeck y Stephen King también sugieren escribir para una sola persona.

Los que escribimos para el público —no para las palmaditas de amigos y familiares— sabemos que es imposible gustar a todos. Otra cosa es asumirlo. Puede que cien lectores aplaudan, pero una crítica destructiva basta para hacernos torcer el morro. Es un comportamiento estúpido. Con el tiempo descubrí que Vonnegut tenía razón: solo puedes seducir, besar o hacer el amor a una persona a la vez. Hay que escribir para esa persona real o imaginaria que SIENTE PLACER CON LA PALABRAS DE UNO.

3. ESCRIBE DEPRISA, DEPRISA

«En la rapidez está la verdad. Cuanto más deprisa escriba, más sincero será».
Bradbury.
Al menos la verdad de quien escribe. Que la rapidez es amiga de la verdad se ve en las redes sociales: gritos de desesperación y notas de indignación sin filtro. Bradbury apela a la rapidez como método para ESCRIBIR COMO UNO VIVE O SIENTE.

Steinbeck, Kerouac y Pratchett también conceden importancia a la rapidez. El autor de la saga de Mundodisco escribe: «Me siento y suelto todo lo que tengo».

4. DEJA LA PALABRA PERFECTA PARA EL FINAL

«Escribe una palabra tras otra. Luego busca la palabra perfecta y escríbela debajo».
Neil Gaiman.
En la rapidez está la verdad, pero no la precisión. La rapidez se traduce en repetición de ideas, palabras de más y expresiones para salir del paso. La edición es la poda. Este es un ejemplo sencillo de una primera redacción:

El consejo de Vonnegut no es una tontería. Steinbeck y Stephen King también hablan de la necesidad de escribir para una sola persona

Y así queda el párrafo tras la edición:

El consejo de Vonnegut no es una tontería. Steinbeck y Stephen King también sugieren escribir para una sola persona

«La necesidad de escribir» surge de las prisas. La palabra correcta es «sugieren» (en un principio escogí «proponen»).

5. PALABRAS CORTAS

«Nunca uses una palabra larga donde puedas usar una corta».
Orwell.
Cómodo es una palabra más corta que confortable.

Bajar más corta que descender.

Andar más corta que deambular.

Conocemos las palabras de arriba, sin embargo, la acumulación de palabras largas hace pesado un texto. ESCRIBIMOS PARA QUE NOS LEAN, no para poner a prueba la paciencia ajena. (Ved cómo los inseguros prefieren las palabras largas, como si fueran más elegantes que las cortas).

6. SÉ INGENUO: SÉ ORIGINAL

Es preferible ser ingenuo. Arriesgarse a escribir como se piensa conduce a ideas propias».
Schopenhauer.
Hay personas que escriben como loros: repiten lo que han leído, visto o escuchado… sin aportar una idea propia. Otras escriben según una ideología o escuela de pensamiento. Aquí no hay originalidad. LA ORIGINALIDAD ES UNA IDEA SIMPLE que uno duda en desarrollar porque teme esta crítica: «Es una idea tonta». Un temor destructor.


Estos son los únicos consejos que tengo en mente a la hora de escribir porque funcionan.

jueves, 1 de octubre de 2015

Los diez pasos imprescindibles en la gestación de una obra de ficción

Los diez pasos imprescindibles en la gestación de una obra de ficción

Núria Ostáriz Lafuente (tregolam)

TOMADO DE: http://trucosdeescritor.blogspot.com.co/


Tienes una buena idea, un argumento original, un mensaje interesante que transmitir o simplemente la necesidad de expresarte. Y te lanzas a escribir. Durante un tiempo te sumerges en tu obra y llega el ansiado momento, escribes la palabra FIN. Pero inmediatamente después te planteas: ¿y ahora qué? Entonces es cuando comienzan tus dudas…


Te preguntas si será eficaz contratar los servicios de un profesional pero no acabas de decidir qué es lo que tú necesitas, y te preocupa también que tu obra sea juzgada con dureza porque solo es una primera versión.
Todas estas cuestiones nos llegan a diario a los servicios literarios de Tregolam y por ese motivo, y con objeto de intentar aclarar conceptos, hemos decidido aportar nuestra visión, que explicada en diez pasos es la que sigue.


1.- Antes de ponerte a escribir consideramos imprescindible que planifiques tu obra pero que dejes también un margen para la improvisación
Hay autores partidarios de seguir un esquema detallado; otros son más flexibles y dejan que los personajes, o las ideas sobre las tramas que van surgiéndoles, o ambos, los guíen. Tanto un método como otro puede funcionar, eso depende de la naturaleza y personalidad de cada autor, pero siempre partiendo de una base: es esencial esbozar un esquema general (también llamado escaleta) que estructure tus ideas o tramas y que tú te mentalices a seguirlo con un generoso grado de flexibilidad.
Esto, que parece una obviedad, no siempre es tenido en cuenta, y el resultado suele ser obras confusas y caóticas en su estructura, o bien obras muy rígidas que más bien se asemejan a un frío informe empresarial.

2.- Escribe una primera versión
Sigue el esquema en sus líneas generales e introduciendo los cambios que creas oportunos a medida que desarrollas la obra. En esta primera aproximación no debes obsesionarte con el tema formal (ortografía, sintaxis, estilo). Tu objetivo es desarrollar una trama cohesionada, perfilar unos personajes convincentes y conseguir unos diálogos adecuados a las situaciones y a cada uno de los personajes.
Si en este punto te das cuenta de que tu idea es buena pero te ves incapaz de desarrollarla con eficacia, entonces se hace necesario buscar otros caminos. Uno acertado podría ser contratar los servicios de un coach literario, que te acompañará en la ardua labor; otro, contratar directamente la coescritura de tu obra por encargo: tú aportas el argumento y un escritor profesional lo desarrolla.

3.- Tienes ya el esqueleto de tu historia y ahora necesitas dotarle de músculo y carne
Es decir, has de lograr que las subtramas se desplieguen y crezcan, que las escenas se amplíen con sentido, debes corregir incoherencias argumentales y desarrollar la personalidad de los personajes al tiempo que defines el idiolecto de cada uno.

4.- Ya estás en el siguiente estadio, ese en el que es necesario hacer el trabajo de orfebrería
Pulir el estilo, dotar de detalles a los escenarios y personajes, crear imágenes y metáforas ricas en contenido, corregir los aspectos formales… y retocar todos aquellos puntos que lograrán convertir tu texto en una obra literaria.

5.- Has llegado al ecuador de tu travesía. Has concluido la parte más dura del trabajo y ahora te enfrentas a algo inevitable pero que te procura zozobra: darla a leer.
Y entonces comienzas a hacerte preguntas: ¿vale la pena seguir?; ¿tiene suficiente calidad mi manuscrito?; ¿están los detalles argumentales bien cohesionados?; ¿funcionan los diálogos?; ¿son creíbles los personajes? Necesitas entonces que personas cercanas a ti lean tu obra y te den su opinión. Pero, cuidado, recuerda que estos lectores han de tener dos virtudes difíciles de encontrar: cierto criterio literario y la confianza contigo necesaria para poder comentarte lo que no les parece bien y lo que echan en falta.

6.- Deja entonces descansar tu obra durante unos días
Será un tiempo que servirá para alejarte de tu manuscrito primero, y de volver a él después, con la mente más abierta y con el ánimo más dispuesto a la objetividad. Además, ese tiempo es el que necesitarán tus lectores allegados amateurs para leer la obra y darte su opinión. Una vez recabadas ideas y tras una nueva lectura, llega el momento de que reescribas tu texto.

7.- Realizada la reescritura, ya tienes una versión de la que estás satisfecho… pero se impone la evidencia: necesitas opiniones objetivas de profesionales del sector
A este respecto tienes dos opciones: enviarla ya a agentes literarios y editores, o someterla primero al criterio de un lector y a la corrección de un profesional. Este paso es muy personal y depende del grado de confianza que tengas en tu propio trabajo.
Porque, eso sí, antes de pasar por la criba que de tu obra hará cualquier agente o editor, has de estar seguro de que tienes la mejor versión posible de tu obra. Porque los agentes y editores no corrigen ni asesoran: criban y solo dan una oportunidad.
Si te decides por los servicios profesionales aún te quedan tres pasos. En caso contrario, tu labor ha terminado, ya que solo te quedará enviar tu obra y esperar.

8.- Si has llegado a este paso, se te plantearán nuevas cuestiones: ¿Qué servicio contrato? ¿Informes? ¿Corrección de estilo? ¿Ortográfica?

¿A quién contrato si no conozco a nadie, ni he visto su trabajo y ni siquiera sé muy bien en qué consiste?
Nuestra sugerencia es que leas con detenimiento los servicios que ofrecen las diferentes páginas web para escritores, analices los puntos de los que consta el informe literario y qué ofrece el servicio de correcciones. Lee los comentarios de otros usuarios y asegúrate de quién o quiénes serán los profesionales que vayan a realizar el trabajo. Y si no estás seguro, pide contactar directamente con el lector o corrector.

9.- Ya has decidido quiénes van a ser tu corrector y tu lector, pero te surge una nueva pregunta: ¿la envío primero a un corrector profesional para que el lector no descarte mi obra por no estar bien escrita?; ¿o contrato primero el informe?
El orden correcto es obtener primero el informe literario. El lector no criba ni juzga, su trabajo es orientar, detectar errores argumentales, destacar debilidades y virtudes, sugerir cambios y aportar ideas para mejorar.
Además, si el lector considera necesaria una corrección profesional, te la aconsejará, y si opina que escribes con gran corrección y que tu obra solo necesita un último repaso, te lo advertirá.

10.- Has llegado al último paso
Ya tienes en tus manos la mejor versión posible de tu obra. Has reescrito y corregido siguiendo las indicaciones del lector, pero quieres estar completamente satisfecho y evitar que rechacen tu obra a causa de las erratas o por deficiencias de estilo. En este caso se impone que encargues una corrección de estilo u ortotipográfica, y no te preocupes, que será el corrector quien, tras leer un fragmento de tu obra, te aconseje un tipo de corrección o ambas.

El siguiente paso que has de dar será presentar tu obra a las editoriales con las mayores garantías de éxito. Pero para alcanzar tal objetivo, ya cuentas con el decálogo que publicamos anteriormente en el portal de Tregolam. Te deseamos la mejor de las suertes literarias, amigo escritor…

Núria Ostáriz Lafuente, asesora editorial de Tregolam y responsable del servicio “Presentación de obras a editoriales y agentes”, ha trabajado varios años en el departamento de lectura de la Agencia Literaria Carmen Balcells y ha realizado informes para el Grupo Random House y la editorial Temas de Hoy. Es lectora del Grupo Edebé y del Grupo Planeta, especialmente para la editorial Destino.



CONSEJOS LITERARIOS DE JAVIER MARÍAS

CONSEJOS LITERARIOS DE JAVIER MARÍAS

Recopilados de allí y allá. Esperamos seguir alimentando esta entrada


Sobre escribir, Javier Marías: Razones para escribir / Consejos a los jóvenes escritores

"Una de las razones por las que escribo es porque me parece que escribiendo pienso mejor sobre las cosas, que de ninguna otra manera. Y creo que eso en realidad le pasa a todo el mundo, sean escritores profesionales o no.
La gente escribe diarios, blogs o cartas y, a veces, para entenderse y explicarse mejor. La escritura da forma a los pensamientos. Ahora bien: de ahí a que uno entienda más sobre la muerte o sobre el amor media un abismo.
A mí me gusta recordar a menudo una cosa que dijo Faulkner sobre la literatura: “La literatura lo más que logra es lo mismo que un fósforo cuando se enciende en mitad de la noche, en mitad de un campo. Esa cerilla en realidad no ilumina nada, lo único que permite ver mejor es cuánta oscuridad hay alrededor."
"El único consejo que yo siempre puedo dar a los escritores jóvenes o en ciernes es que no quieran convertirse en escritores como temo que hoy en día, al menos aquí en España, sucede a menudo. Es como si para alguna gente lo importante fuera volverse escritor porque es un tipo de figura pública que no está mal, que es relativamente apreciada y respetada, que se puede hacer un poco famoso y que incluso, con mucha suerte, puede ganar mucho dinero. Y tienen la sensación, a menudo, de que escribir los libros que se precisan para convertirse en escritor es un trámite necesario, pero engorroso. Esa es el actitud que veo en muchos jóvenes, que me parece mala. La actitud realmente tiene que ser que a usted le guste escribir, que usted la pase muy bien escribiendo, aunque también sufra. Y si luego hay suerte y puede publicar su libro y tiene éxito, maravilloso. Pero lo importante es que disfrute escribiendo y leyendo. Yo siempre he creído que ahora que hay tantas escuelas de creación literaria, como todo esto que llaman en Estados Unidos creative writing y demás, la mejor escuela siempre sigue siendo la del lector"
http://mundoaseptico.blogspot.com.co/2011/06/sobre-escribir-12-javier-marias-razones.html



Yo le diría a un escritor principiante: «Mira, te tiene que gustar hacerlo. Te tienes que divertir, si eres novelista, imaginando historias y personajes y mundos posibles y el resultado de eso, si sale o no sale algo, si se publica o no, que sea secundario».



En cualquier caso, entiendo también que, a veces la gente, cuando alguien escribe una novela y luego otra y otra y no se las publican, abandone, es normal, aunque la gente es hoy más impaciente que antes.



 Creo que ha habido una especie de bajada de los niveles de calidad, en general, de lo que se escribe o, como hemos hablado antes, del cine que se hace. En cuanto a la pintura ha dejado de existir como tal, sustituida por performances o instalaciones. Sin embargo, también hay una cierta tendencia a decir que todo se ha acabado, que todo está muerto, y creo que eso, en cierto sentido, es falso. Aunque sigue habiendo cosas buenas y valiosas, a muchos les gusta negarlo y creo que, en parte, es porque hay muchos mediocres que prefieren pensar que realmente no hay nada valioso ya, porque así ellos se sienten más justificados en su mediocridad. Si nada vale nada, pues lo mío vale tanto como lo que más. Pero no es así.
Otra tendencia muy frecuente, entre los críticos y público, en general, consiste en decir, cuando sale una nueva novela mía, por ejemplo, que no está a la altura de la anterior. Tres años después, cuando publico otra, vuelven a decir que, lamentablemente, no es tan buena como la última [risas]...
Leer es la única manera de no ser un completo ignorante. Es verdad que hoy en día tenemos mucha información que nos viene por otros conductos distintos a la lectura, como la televisión o Internet… Y supongo que la gente tiene la sensación de que le basta con eso, pero creo que no es cierto, que las cosas bien contadas, bien estructuradas, bien elaboradas siguen estando sobre todo en los libros, no en una cosa improvisada o escrita con cierta rapidez para colgarla en Internet.



En cuanto a la lectura de literatura propiamente dicha, le acabo de explicar a un periodista inglés de The Guardian, en la entrevista que le concedí antes de vosotros, que cuanto más escribo, cuanto mayor voy siendo y más novelas he escrito, más me cuesta entender la naturaleza de la escritura y la naturaleza de la ficción… Por qué la gente lee novelas, por ejemplo, historias que no han sucedido sobre personajes que no han existido, etc. Finalmente, le dije que el único sentido que le veo es que, en el fondo, necesitamos que se nos pueda contar enteramente algo, aunque sea ficticio, ya que en la vida real es muy difícil contar nada. No sabemos casi nada de nada, ni siquiera de lo que uno cree que sabe más. Y creo que necesitamos que algo se pueda contar enteramente, aunque sea mentira, aunque sea ficción, inventado, para así sentir que a veces sabemos algo de algo, aunque sea de una historia inventada.



http://www.beatrizgalindo.org/vozbeatriz/index.php?option=com_content&view=article&id=125:javier-marias-leer-es-la-unica-manera-de-no-ser-un-completo-ignorante&catid=21:entrevistos&Itemid=116






Siete razones para no escribir novelas y una sola para escribirlas.
por Javier Marías
enviado por 
Carlos Ortuzar
Se me ocurren las siguientes razones para no escribir novelas hoy en día:
Primera
Hay demasiadas y demasiada gente las escribe. No sólo siguen existiendo y pidiendo eternamente ser leídas las del pasado, sino que cada año millares de ellas, enteramente nuevas, aparecen en los catálogos de las editoriales y en las librerías de todo el mundo; y no sólo eso, sino que muchos millares más son rechazadas por los catálogos de las editoriales y no llegan a las librerías, pero no por ello dejan de existir también. Se trata, por tanto, de una actividad vulgar, en principio al alcance de cualquier persona que haya aprendido a escribir en la escuela, para la que no se requiere ningún tipo de estudios superiores ni de formación específica.
Segunda
Escribirlas no tiene mérito. La prueba de ello es que se trata de un género que, ocasionalmente o no, practica toda clase de individuo, sea cual sea su profesión, y que por lo tanto debe ser fácil y sin ningún misterio. No de otra forma se explica que lo puedan cultivar los poetas, los filósofos y los dramaturgos; los sociólogos, los lingüistas, los banqueros, los editores y los periodistas; los políticos, los cantantes, las presentadoras de televisión y los entrenadores de fútbol; los ingenieros los maestros de escuela, los diplomáticos (a cientos), los funcionarios y los actores de cine; los críticos, los aristócratas, los curas y las amas de casa; los psiquiatras, los profesores universitarios y de instituto, los militares, los terroristas y los pastores de cabras. Esto hace pensar, sin embargo, que, dejando de lado su facilidad y su falta de mérito, la novela debe dar algo, o bien constituir un adorno. Pero ¿qué clase de adorno es ese que está al alcance de todas las profesiones, independientemente de su formación previa, prestigio y poder adquisitivo? ¿Qué es lo que da?
Tercera
La novela no da dinero, o, mejor dicho, sólo una de cada cien novelas publicadas – por aventurar un porcentaje optimista – da buen dinero a su autor. En el mejor de los casos son cantidades que no le cambian la vida a nadie, es decir, que no sirven para retirarse; además de eso, una novela de extensión regular y una mínima legibilidad, lleva meses, a veces años de trabajo. Invertir todo ese tiempo en una tarea que tiene un uno por ciento de posibilidades de resultar rentable es un disparate, sobre todo teniendo en cuenta que en principio nadie – ni siquiera los aristócratas o las amas de casa con servicio – disponen hoy en día de ese tiempo. (El Marqués de Sade y Jane Austen lo tenían, sus equivalentes de hoy no lo tienen, y lo que es peor, ni siquiera los aristócratas y las amas de casa que no escriben, pero leen, tienen tiempo de leer lo que escriben sus colegas escritores).
Cuarta
La novela no da fama, o, si la da, es pequeña y puede conseguirse por medios más rápidos y menos laboriosos. La verdadera fama, como todo el mundo sabe, la da hoy en día la televisión, en la cual es cada vez más raro que aparezca un novelista, a no ser que lo haga no en virtud del interés o excelencia de sus novelas, sino en su calidad de competente majadero o payaso, junto a otros payasos procedentes de otros campos, artísticos o no, eso resulta indiferente. Las novelas de ese novelista verdaderamente famoso – una celebridad televisiva – serán sólo el engorroso pretexto inicial y pronto olvidado de su popularidad, cuyo mantenimiento dependerá mucho más de su capacidad para manejar un bastón, enrollarse una bufanda al cuello, ladearse el peluquín, lucir camisas hawaianas o penosos chalecos, contar cómo se comunica con su Dios heterodoxo y su virgen ortodoxa o lo bien y auténticamente que se vive entre los moros (esto al menos en España), que de la bondad de sus futuras obras, que en realidad a nadie importan. Por otra parte, es un despropósito esforzarse en escribir novelas para ganar la fama (aunque sólo sea redactar de manera pedestre, eso lleva también su tiempo) cuando en la actualidad no se precisa nada de particular ni muy tangible para obtenerla: un matrimonio o un lío con la persona adecuada y la subsiguiente estela de conyugalidades y extra conyugalidades son mucho más eficaces. También es fácil el expediente de cometer algunas indecencias o barbaridades, siempre que no sean tan graves para llevarlo a uno a la cárcel durante demasiado tiempo.
Quinta
La novela no da la inmortalidad, entre otras razones porque esta ya apenas existe. Por no existir, ni siquiera parece existir la posteridad, entendiendo por tal la propia de cada individuo: todo el mundo es olvidado a dos meses de su muerte. El novelista que crea lo contrario es anticuadamente fatuo o anticuadamente ingenuo. Cuando los libros duran a lo sumo una temporada, no sólo porque los lectores y los críticos los olviden sino porque ni siquiera se los va a encontrar en las librerías a los pocos meses de un nacimiento ( tal vez ni siquiera haya ya librerías), es iluso pensar que una de nuestras obras será imperecedera. ¿Cómo van a ser imperecederas si la mayoría nacen ya perecidas o con la expectativa de vida de un insecto? Con la duración ya no puede contarse.
Sexta
Escribir novelas no halaga la vanidad, ni siquiera momentáneamente. A diferencia del director de cine o del pintor o del músico, que pueden observar la reacción de unos espectadores frente a sus obras e incluso oír sus aplausos, el novelista no ve a sus lectores leyendo su libro ni asiste a su aprobación, emoción o complacencia. Si tiene la suerte de vender muchos ejemplares, tal vez podrá consolarse con un número, despersonalizado y abstracto como todos los números por alto que sea, y además deberá saber que comparte ese tipo de cifra y consuelo con los siguientes autores: maîtres de cocina que divulgan sus recetas, biógrafos escandalosos de personalidades regias con la cabeza a pájaros, futurólogos con cadena, collares e incluso capa o chilaba, maldicientes hijas de actrices, columnistas fascistas que ven el fascismo por todas partes menos en sí mismos, palurdos gomosos que dan lecciones de modales y otras plumas así de eminentes. En cuanto al elogio posible dela crítica, es muy difícil que lo reciba; si lo recibe, es muy posible que se lo concedan perdonándole la vida y amenazándole para la ocasión siguiente; si no es así, es posible que él juzgue que su libros a gustado por razones equivocadas; y si nada de eso sucede y el elogio es abierto generoso e inteligente, lo más probable es que se enteren de ello cuatro gatos, lo cual, para una vez que se dan todas las circunstancias favorables, resultará de lo más desdichado y frustrante.
Séptima
Agrupo aquí todas aquellas razones inveteradas, tanto que resultan aburridas, tales como la soledad en que el novelista trabaja, lo mucho que sufre forcejeando con las palabras y sobre todo con la sintaxis, la angustia ante la página en blanco, el desgaste de su alma pateada por niños y paisajes y geografías y llantos, su descarnada relación con verdades como puños que le eligen a él y sólo a él para manifestarse, su perpetuo pulso con el poder, su ambigua relación con la realidad que puede llegar a hacerle confundir verdad con mentira, su titánica lucha con sus propios personajes que a veces cobran vida propia y hasta se le escapan (hace falta ser pusilánime), lo mucho que bebe, lo especial o directamente anormal que ha de ser por vivir como artista, y demás zarandajas que han seducido a las almas cándidas o directamente memas durante demasiado tiempo, haciéndoles creer que había mucha pasión y mucha tortura y mucho romanticismo en el más bien modesto y placentero arte de inventar y contar historias.
Y esto me lleva a la única razón que veo para escribir novelas, muy poca cosa comparada con las anteriores siete, y sin duda en contradicción con alguna de ellas:
Primera y última
Escribirlas permite al novelista vivir buena parte de su tiempo instalado en la ficción, seguramente el único lugar soportable, o el que lo es más. Esto quiere decir que le permite vivir en el reino de lo que pudo ser y nunca fue, por eso mismo en el territorio de lo que aún es posible, de lo que siempre estará por cumplirse, de lo que no está aún descartado por haber ya sucedido ni por que se sepa que nunca sucederá. El novelista realista o al que así se llama, aquel que al escribir sigue instalado y viviendo en el territorio de lo que es y sucede, ha confundido su actividad con la del cronista o el reportero o el documentalista. El novelista verdadero no refleja la realidad, sino más bien la irrealidad, entendiendo por esto último no lo inverosímil ni lo fantástico, sino simplemente lo que pudo darse y no se dio, lo contrario de los hechos, los acontecimientos, los datos y los sucesos, lo contrario de “lo que ocurre”. Lo que sólo es posible sigue siendo posible, eternamente posible en cualquier época y en cualquier lugar, y por eso se puede leer aún hoy el Quijote o Madame Bovary, se puede uno quedar a vivir una temporada con ellos dándoles crédito, esto es, no dándolos por imposibles ni por ya acaecidos, o lo que es lo mismo, por consabidos. La España de 1600 de lo que así se llama no existe, aunque es de suponer que se dio; como no existe ni cuenta más Francia de 1900 que la que Proust decidió incluir en su obra de ficción, la única que hoy conocemos. Antes he dicho que la ficción es el lugar más soportable. Lo es porque la diversión y consuelo a quienes lo frecuentan, pero también por algo más, a saber: porque además de ser eso, ficción presente, es también el futuro posible de la realidad. Y aunque nada tenga que ver con la inmortalidad personal, esto quiere decir que para cada novelista existe una posibilidad – infinitesimal, pero posibilidad– de que lo que escribe esté configurando y sea ese futuro que él nunca verá.
http://www.critica.cl/docs_ins/archivos/javier_marias.html



“Cuando un joven escritor me pregunta si tengo algún consejo que darle a la hora de abordar su incipiente carrera (…), si tiene la posibilidad de conocer una segunda lengua, le recomiendo traducir, traducir y traducir cuanto pueda”



“Yo no creo que se pueda enseñar cómo escribir. Todo el mundo cree que puede escribir un libro o una novela, no sucede lo mismo con otras artes. Al momento de escribir, se dan cuenta de que la cosa no es tan fácil”



“Si alguna vez tuviera un taller literario, Dios lo prohíba, lo único que haría sería admitir a alumnos que pudiera traducir de una lengua a otra. Creo que éste es el mejor ejercicio posible para aprender a escribir, mucho mejor incluso que la lectura” (Marías añadió que comúnmente se piensa que la traducción es un acto mecánico, sin embargo –continuó– el escritor que logra trasladar a lengua propia se está ejercitando extraordinariamente en el acto de escribir, porque debe lograr que el texto siga transmitiendo su sentido original, aún cuando ha perdido su lenguaje primigenio.)



 “Prefiero siempre ignorar con qué me voy a encontrar. Trabajo sólo con una brújula, tengo una idea de hacia dónde quiero ir, pero no tengo un mapa, no sé si me encontraré un río o un precipicio”



“Tengo una extraña manía. Me obligo a atenerme a lo que dije en la página cinco y hacer de aquello que fue, quizás, azaroso, algo real. Aplico el mismo principio que rige la vida. No podemos cambiar lo que decidimos hacer a los 15 o 20 años. No cambio nunca lo que puse”



https://javiermariasblog.wordpress.com/2009/03/26/javier-marias-recomiendo-traducir-traducir-y-traducir-cuanto-se-pueda/



9 errores clásicos al escribir una novela y cómo evitarlos ALEJANDRO QUINTANA

9 errores clásicos al escribir una novela y cómo evitarlos

Todos los novelistas, sin excepción, tienen algo en común.
Conocidos, desconocidos, profesionales, aficionados, genios de la literatura o juntaletras del montón.
Todos.
No se trata de una visión parecida de la vida, ni de una sensibilidad especial para las palabras, ni de su pasión por contar historias.
Tampoco es el afán inexplicable de dejar un legado que trascienda su muerte. No. Lo que tienen en común todos los escritores de la Historia es…

que todos ellos escribieron una novela por primera vez

Y todos ellos, que se sepa y hasta que alguien demuestre lo contrario, han sido humanos y cometido errores.
La mayoría contaron con la ayuda de editores o amigos avispados que les ayudaron a corregir o disimular sus meteduras de pata.
Hoy en día, esta función la realizan asesores independientes diversos… los editores están por otra labor.
Me gustaría ayudarte a minimizar los errores más comunes que cometen los escritores noveles (aparte de estos otros).
Espero que puedas detectar a tiempo…

NUEVE TÍPICOS ERRORES AL ESCRIBIR UNA NOVELA:

ERROR #1: la historia no arranca

… o bien lo hace como un motor Diésel.
El autor se recrea al inicio de la historia, contando cómo el personaje despierta, se levanta, hace el desayuno, piensa en sus cosas, se viste, sale de casa, llega al trabajo…
Así hasta que pasa algo relevante que le arranca de su mundo ordinario y le hace vivir extraordinarias peripecias.
Peripecias que el lector nunca conocerá, ya que abandonó la lectura en la página diez o doce, cuando la irrelevancia se le hizo insoportable.
No me cansaré de decirlo nunca:

El inicio de una historia es lo más importante. No solo va a enganchar al lector… ¡es lo que puede enganchar a un editor!

Dedícale más tiempo al inicio de tus historias que a cualquier otra parte.
El primer párrafo debe interesar, pero en el segundo el lector necesita tener cierta expectativa.
Luego puedes bajar la tensión, entretenerte más con algunos detalles… pero ya le habrás enganchado.
Variantes del inicio que no termina de arrancar
  • El idílico paisaje en el cual se desarrolla la acción no es relevante. El marco puede tener su relevancia, pero cómo se mecen las briznas de hierba con la cálida brisa del sur NO LA TIENE EN ABSOLUTO. Deja esos detalles para otro momento más oportuno.
  • El pasado de un personaje tiene importancia, qué duda cabe. Pero asegúrate que su niñez va a ser relevante para la historia que cuentas. Volveré a esta variedad en el ERROR #3
  • El conflicto inicial no tiene consistencia como para crear la suficiente expectativa en el lector. Ejemplo: las tribulaciones de un administrativo que ha perdido una caja de clips no interesan a nadie. Repito: A NADIE.
Lo cual tiene mucho que ver con el…

ERROR #2: confundir realidad con verosimilitud

El mundo real está plagado de coincidencias asombrosas.
Estas coincidencias se aceptan sin demasiadas reservas, ya que todo el mundo ha vivido casualidades extrañas alguna vez.
De esta natural aceptación nacen las leyendas urbanas y las conspiranoias más rocambolescas.
Pero un escritor no puede permitirse el lujo de dar por sentada la credulidad de sus lectores. Está obligado a crearla.
Un autor literario debe crear un mundo en el cual sucedan las cosas más extraordinarias de manera que el lector las crea.
Los acontecimientos “extraños”, las coincidencias, casualidades, las obras del azar y los caprichos del destino deben estar justificados o no serán aceptados de forma natural.
Pero esto que parece jugar en contra de los intereses de un escritor, es justo lo contrario. Porque

por la misma regla de tres, es posible crear mundos fantásticos tan creíbles y reales como el universo ordinario

A poco que sepas dotar de credibilidad tanto a universos oníricos como a cadenas de acontecimientos estrambóticas, serás capaz de hacer creer al lector cualquier cosa.
Así es la magia de la escritura.
Es frecuente cometer el error de confiar que el lector creerá lo que le cuentas porque es la narración fidedigna de un hecho real.
¿No has escuchado nunca eso de que la realidad siempre supera a la ficción?
Pues es cierto y el lector lo sabe. Así que, al escribir una novela, procura que suene verosímil, no que sea realista.
Ahora que ya lo sabes, no puedes cometer este error, como tampoco podrás cometer el…

ERROR #3: demasiados detalles impiden el avance

Este error tiene relación directa con el ERROR #1 pero no es exactamente el mismo.
La diferencia es que con el #1 el lector dejará de leer si el principio no le engancha.
Pero una vez te has relajado al avanzar en tu historia, ya tienes los puntos de tensión establecidos y te sientes cómodo llevando al lector por tu montaña rusa particular… corres el riesgo de andarte por las ramas y no concretar.
Te entretienes a cada paso, perdiéndote en descripciones largas, conversaciones banales, detalles sin importancia y acontecimientos irrelevantes para el eje narrativo e incluso para las historias secundarias.
En pocas palabras,

obligas al lector a entrar en modo de alerta por aburrimiento mortal

Lo cual es muchísimo peor que no haberle enganchado al principio.
Porque, en este caso, sí conseguiste captar su atención, pero en un momento determinado de tu novela le DEFRAUDASTE.
No cumplir las expectativas del lector (y encima aburriéndole) es el peor error que puedes cometer.
¿Cómo detectar que incurres en este fallo garrafal?
  • Síntoma 1: caes con demasiada frecuencia en recordar el pasado de los personajes. A no ser, claro está, que se trate de una estructura en forma de analepsis, es una señal de alerta.
  • Síntoma 2: explicas los sueños. Los sueños tienen que estar muy bien encuadrados en la historia y tener una utilidad lógica, práctica, coherente y decisiva en los acontecimientos. Si no cumplen como mínimo dos de estas premisas, elimínalos sin contemplaciones.
  • Síntoma 3: te metes demasiado a fondo y demasiadas veces en los pensamientos de los personajes. Incluso en las novelas que profundizan en las interioridades y miserias humanas, hay que marcar unos límites. Intensidad y frecuencia de diálogo interno deben estar equilibradas con la acción.
  • Síntoma 4: profusión de detalles y datos irrelevantes. Lo que escribas debe ayudar al avance de la acción, describir personajes y sus relaciones o lograr la inmersión del lector en la atmósfera de la novela. Si no es así, salvo en muy raras ocasiones, sobra.
Otro síntoma tiene unas connotaciones tan extensas y tantas variantes que es, por derecho propio, el…

ERROR #4: sermonear al lector

Este es un buen momento para que reflexiones sobre por qué escribes. De verdad, párate a pensarlo un momento.
Te espero.
¿Ya?
Está bien, cinco minutos más.
Ahora sí…
Aparte de que tal vez escribir es algo que no puedes evitar, está en tu naturaleza y algo te impulsa a hacerlo, posiblemente hayas llegado a la conclusión de que escribes porque tienes algo que contar, o quieres transmitir algo al mundo: tu forma de sentir, pensar, actuar, de ver la vida.
Pues tengo una mala noticia: al lector no le importa en absoluto tu punto de vista sobre la vida, el universo y todo lo demás.
El lector no busca una lección magistral sobre nada, ni que le adoctrinen o le vendan ideas revolucionarias.
Muchos son los motivos por los que se lee. Incluso algunas personas buscan el sentido de la vida en las novelas, profundidad existencial.
Pero adoctrinar es un derecho que el escritor debe ganarse, una vez se ha conseguido el respeto del lector por ser un narrador eficiente.
Por eso

la primera obligación de todo escritor es no aburrir

Una vez hayas conseguido enganchar a la lectura, hayas enamorado con tus personajes y tengas la plena atención de tus lectores, puedes transmitirles lo que deseas comunicar…
Siempre y cuando esté perfectamente integrado en la dinámica de la historia.
Porque en cuanto sueltes un sermón de cualquier tipo, es casi seguro que el lector se cerrará en banda.
Es como cuando en una película uno de los actores mira directamente a la cámara: se descubre el artificio y el espectador deja de creer en la magia del cine.
Variantes del discursito
El prólogo como Tratado de la Verdad Universal: esta parte del libro sirve para introducir algunos apuntes al lector.
Si lo utilizas para explicar al lector de qué va el libro, su sentido profundo y las intenciones que te impulsaron a escribirlo, puedes darlo por perdido.
Para explicar todo eso es para lo que escribes tu historia y creas a todos los personajes.
Ofrecer explicaciones tan solo denota una cosa: inseguridad por no saber si se conseguirá transmitir con precisión lo que se desea transmitir.
“Por si acaso nadie lo entiende, lo dejo claro al principio”. ¡Pero tu obligación como escritor es que se entienda!
El final o el epílogo como el Tratado de la Verdad Universal: ver la variante anterior. Es exactamente el mismo caso, pero al final del libro en lugar de al principio.
El personaje “altavoz”: cuando un personaje actúa como alter ego del escritor, soltando un discurso que resume en un párrafo o dos la intención del libro. Por si no ha quedado claro.
Y una variante del personaje “altavoz”, se da cuando el villano lo explica todo justo antes de matar al héroe: su plan al detalle, los motivos de su odio por el protagonista, la justificación de su maldad por una infancia atormentada…
Lo cual me recuerda el siguiente error:

ERROR #5: el mal absoluto y el bien puro

Escribir una novela bien y mal purosLos personajes sirven de canal entre el emisor (autor de la historia) y el receptor (lector de la misma). Son, por tanto, médiums.
La manera más efectiva para hacer esta comunicación fluida y efectiva es que estos personajes sean representaciones creíbles de personas, de forma que tanto emisor como receptor puedanidentificarse.
Por tanto, es necesario encontrar el equilibrio que permita al autor utilizar a sus personajes de manera que representen de forma simbólica cualidades que desea expresar.
Pero sin caer en la caricatura. Insisto: los personajes deben ser creíbles.
Y para ser creíble, un personaje necesita tener virtudes y defectos.
Esto se ha dicho hasta la saciedad en todos los manuales habidos y por haber sobre creación de personajes. No insistiré demasiado en ello.
Pero a menudo se olvida que siempre, o casi siempre, hay

una razón de peso para el hacer el mal, como suele haber algún motivo egoísta para hacer el bien

Con lo cual te interesa plantear bien cuáles son los motivos del villano para hacer el mal y qué impulsa al héroe a emprender la aventura y plantar cara al malvado.
Muchas veces no se trata de una lucha entre el bien y el mal, sino un conflicto de intereses entre personajes antagonistas.
Si miramos desde el punto de vista del villano, es perfectamente posible que él vea al héroe y sus aliados como a las fuerzas del mal.
No resultará convincente hacer malísimo al malvado y un dechado de virtudes al bueno.
Las aspiraciones del villano y las motivaciones del héroe deben tener cierta coherencia, no ser el mal puro o el bien absoluto.
Por ejemplo:
Un conde siniestro machaca a impuestos a sus súbditos, matándoles de hambre. Está presionado por el Rey, el cual necesita armar un ejército para su cruzada. Cada vez le exige más y más tributos. Si se niega, perderá unas tierras que pertenecen a su familia desde hace muchas generaciones.
Su mayor enemigo es un campesino que lidera una horda de proscritos. En verdad no es un revolucionario oprimido por la tiranía: se vio obligado a esconderse en el bosque porque robó en la iglesia, impulsado por el hambre. Su carisma y la suerte hicieron el resto, llevándole a dirigir la rebelión. Él solo quería comer y que no le ahorcaran por ladrón.
Cuidado con la siguiente trampa
Vigila que, por hacer más humanos a tus personajes, el malo tenga una sola cualidad bondadosa y el héroe un solo defecto.
Que el villano ame a sus hijos no lo hace bueno, igual que no hace más cercano al héroe que sea un poco engreído.
Esto sería lo mismo que pintar colmillos al cordero y disfrazar al lobo de oveja.
Y hablando de disfraces…

ERROR #6: ponerse el disfraz de escritor

Ya sea porque te has creído todos los tópicos de lo que debería ser un escritor, bien porque tienes miedo de mostrarte tal como eres, de no gustar a todo el mundo o del temido “qué pensaran de mí si digo esto”…

has escrito como se supone que se debe escribir y no como tú querrías escribir

Te has colocado una máscara, te has puesto el disfraz de lo que crees que es un escritor y, por tanto, no has sido auténtico.
Escribir bien no significa escribir bonito.
Escribir bien significa transmitir con exactitud aquello que deseas transmitir, contando una historia que funciona.
Y si además eres capaz de que la forma tenga una coherencia a todos los niveles con el contenido, escribirás una obra maestra.
Cuida a tus personajes y elige bien las situaciones que les harás vivir, antes de intentar que tu historia “suene” bien.
Síntomas de haberte puesto el disfraz de escritor
1) Utilizas palabras cuyo significado no conoces del todo porque no las empleas en tu día a día.
Es cierto que no siempre tenemos la oportunidad de soltar palabras como “inconmensurable”, “ontología” o “entelequia” en un bar, rodeados de amigos.
Pero si las utilizas en tu novela, mejor que sepas con toda exactitud qué significan.
2) Utilizar palabras ampulosas en lugar de las usadas en conversaciones corrientes.
¿Por qué decir “excelente” cuando se puede decir “superlativo”?
Pues por la sencilla razón de que “excelente” se comprende mejor y es más preciso que “superlativo”.
El uso de ciertas palabras puede distraer al lector del significado mismo de tales palabras, por su sonoridad o rareza.
3) Un lirismo excesivo puede dificultar la fluidez del texto. De hecho, puede impedir su comprensión.
Esto es muy típico al colocarse el disfraz del escritor, porque a veces se asocia literatura profunda con densidad… y se confunde densidad con florituras verbales.
Lo que construye la literatura es la profundidad del tema y el tratamiento coherente de su forma. Todo lo demás son casi siempre adornos innecesarios.
4) Los diálogos son confusos y poco creíbles.
A veces, la mejor manera para que el lector sepa quién dijo algo es utilizar el verbo “decir” en las acotaciones: un “dijo” siempre es más efectivo que “mencionó”, “apuntó”, “apostilló”, “afirmó” y un largo etcétera.
No temas evitar la repetición de “dijo”. En realidad el lector apenas repara en esta palabra, se lee de forma casi automática.
Introduce acotaciones en los diálogos para que el lector no se pierda.
Es importante no perder el hilo de quién dice qué en las conversaciones, igual que lo es saber en todo momento en la cabeza de qué personaje estamos metidos.
Lo cual es el tema del…

ERROR #7: un mareante punto de vista

Este error no solo lo cometen los escritores principiantes. A veces incluso cuesta detectarlo cuando el libro ya está publicado y en circulación.
Se le ha pasado a escritor, lectores, corrector y editor.
Puedes imaginar entonces la de veces que se da en libros autopublicados que se saltan elproceso lógico editorial.
¿En qué consiste? Pues te lo explico con un ejemplo:
“Marisa dudaba entre descolgar el teléfono y llamar a Esther o ponerse algo encima, coger un taxi y plantarse en su casa. Pero la fina llovizna de aquel domingo por la tarde no invitaba a salir. Tampoco le resultaría fácil encontrar un taxi libre. Aun así no se decidía a descolgar el teléfono y llamar a su amiga.
En esta indecisión, de repente, sonó el teléfono. Sonrió al ver el nombre en la pantalla: Esther.
— Qué bruja eres —dijo Marisa al descolgar—, estaba pensando en llamarte ahora mismo.
— Eso se lo dirás a todas —respondió Esther, riendo—. Pero voy a creerte porque imagino que sabes por qué te llamo…
Esther buscó el paquete de cigarrillos entre el desorden de su mesilla de noche. Sintió un cosquilleo en el estómago y pensó en cuánto le gustaban esas tardes lluviosas de domingo en casa…”
¡Alarma! ¡Cuidado, amigo escritor!
Aunque no te lo parezca, estás cayendo en el Error #7: esta escena comienza desde el punto de vista de Marisa. Estamos dentro de su cabeza, no en un punto cercano desde el cualobservamos sus movimientos.
Sabemos qué siente y qué piensa. Entonces ¿qué artificio nos ha permitido salir de la cabeza de Marisa y meternos en la de Esther sin previo aviso?
De acuerdo, el narrador puede ser omnisciente y saber lo que sucede en cualquier lugar, momento y lo que pasa por la cabeza de cualquier personaje.
Pero el lector se va a sentir mareado y descolocado si se salta de un pensamiento a otro: llegará un momento en el cual quien saltará de la historia será el lector.
¿Por qué?
El lector necesita identificarse con un punto de vista y tener la referencia de un personaje para poder vivir las situaciones de la ficción.
Este personaje puede cambiar las veces que se desee… siempre y cuando al lector le pongamos sobre aviso.
No basta una llamada de teléfono para pasar de un punto de vista a otro y salir de una cabeza para meterse en otra. Hay que finalizar una secuencia o indicar que una escena ha terminado.

Igual que hacemos punto y aparte para cambiar de tema, es necesario decirle al lector que hemos terminado de contar algo desde un punto de vista antes de pasar a otro.

En las novelas corales, cuando los papeles principales están repartidos entre muchos personajes y hay numerosos secundarios, esto es más necesario si cabe.
Imagina una novela de estas características e ir pasando de los pensamientos y puntos de vista de cinco o seis personajes en un solo capítulo.
Lo más recomendable es que en cada capítulo se cuente la historia desde el punto de vista de cada uno de estos personajes.
Toma siempre la referencia del personaje conductor de cada escena y presta especial atención cuando se relacione con otros.
¿Cómo podemos saber lo que piensan y sienten otros personajes si no estamos metidos dentro de sus mentes?
Como norma general lo sabremos por sus acciones o por el diálogo.
Si nos lo dice el narrador… ¡meeeec: error al canto!

ERROR #8: represión y mojigatería

Este tipo de error a veces lo he descrito como unbloqueo.
¿Dónde termina la vida privada y comienza el escritor? ¿Qué contar de la experiencia propia?
¿Pensarán los lectores que esto me ha sucedido en realidad a mí y no al personaje? ¿Hasta dónde tengo que desnudar mis pensamientos y sentimientos?
El resultado es un bloqueo que dificulta el acto de traspasar el Primer Umbral o el avance en la historia al llegar a un punto determinado.
Pero otras veces sucede algo peor:

la falta de naturalidad impide a un autor encontrar su propio estilo literario

El miedo al “qué dirán o pensarán de mí si escribo esto” ha destruido más carreras de escritor que la misma maquinaria de la industria editorial.
Donde más se puede notar esta falta de autenticidad es en las escenas de sexo.
No son pocas las veces que, en las asesorías privadas, llamo la atención sobre esto a los autores cuya novela superviso.
¿Por qué escatimar al lector detalles de las escenas más apasionadas?
El acto de leer es también un acto de voyeurismo, uno de los más invasivos.
Como lectores nos metemos en lo más íntimo de las vidas de los personajes.
Sus pensamientos y emociones, su pasado más oscuro, sus anhelos más secretos…
Pero resulta que al llegar a la intimidad de la alcoba, se le niega al lector la posibilidad de conocer también esa parte de la vida, la sexual, de unos personajes que conoce al detalle.
Cierto: a veces es mucho más sugerente insinuar que mostrar
Pero entonces tampoco se pueden mostrar otros detalles de su psicología, también hay que sugerirlos. Es cuestión, una vez más, de coherencia.
Ojo, que puede suceder todo lo contrario y entonces caemos en la pornografía.
Es ahí donde reside el error: en mostrarlo todo de un aspecto y poco o nada de otro; si insinúas, insinúas siempre y si muestras, lo muestras todo.
Una variante de esto es el uso de eufemismos…
Está bien buscar sinónimos para depurar el estilo de escritura y no repetir palabras innecesariamente.
Pero otra cosa es evitar a toda costa decir cierta palabra porque resulta malsonante o demasiado gráfica.

Di pene o vagina cuando sea necesario decir pene o vagina… ¡y polla o coño cuando toque decir polla o coño!

Tanto si tus personajes están al servicio de la historia o tienen vida propia, haz que digan lo que deban decir.
Ni más, ni menos.
Ejemplos de eufemismos
Persona de color: por negro/a
Persona de la tercera edad: por viejo/a
Dar a luz: por el verbo parir y el momento del parto
Persona invidente: por ciego/a
Estas expresiones se justifican a menudo diciendo que se pretende ser más elegante.
Enmascarar la realidad se convierte en eufemismo cuando la supuesta elegancia está inspirada por la mojigatería o la represión del “qué dirán o pensarán”.
Y el no querer ofender a un colectivo está muy bien… no utilices entonces expresiones del tipo “es un trabajo de negros” o “les hicieron una judiada” o “le engañaron como a un chino”.
Pero utiliza las palabras negro, judío, viejo… e incluso maricón.

Lo que es ofensivo no es usar ciertas palabras, es el cómo y el para qué se utilizan

De hecho, según lo que digas sobre negros, homosexuales o judíos puede ser un delitoperfectamente tipificado y comportarte problemas legales.
Problemas serios… y muy seguramente bien merecidos.

ERROR #9: condensar toda una obra literaria en una sola novela o relato

Escribir una novela 9 errores condensar

Es probable que comiences escribiendo relatos cortos, fruto de tus anotaciones constantes de ideas sueltas, pensamientos varios, ensoñaciones o divagaciones.
O todo ello a la vez.
Pero intuyes que esos relatos no expresan todo lo que necesitas expresar y vas acoplando ideas, amontonando pensamientos y ensoñaciones.
Un día lees un libro apasionante que te inspira y motiva a escribir una novela.
Comienzas tirando del hilo, te inventas unos personajes y los utilizas para soltar todo lo que llevas tiempo queriendo expresar.
Tienes tantas cosas que decir, tantas ideas que hierven en tu cabeza, tanta pasión que transmitir e historias que contar… que vas y las dices todas de golpe.
Con suerte, tú lo entenderás sin perderte en el laberinto de tu propia creación. Porque es justo eso: tu propia creación.
Pero para de contar ahí, porque no lo entiende nadie más.
Has volcado todo lo que tienes que decir en una sola historia. En pocas palabras

has confundido lo que es una idea para contar algo con un argumento para explicarlo todo

Deja que te explique la diferencia entre un relato, una novela y una obra literaria:
En un relato explicas algo concreto, que puede expresarse en algunas páginas.
Antes que intentar definir el amor universal, un relato procura expresar el amor que se siente hacia una madre o un abuelo.
Y ojo, porque al decir ideas sencillas no me refiero a ideas poco profundas. Hay mucha profundidad en el amor a una madre o a un abuelo.
Para expresar el amor universal tienes la novela.
Desarrollas una historia más compleja para expresar ideas más complejas.
Temas que necesitan muchas más páginas para que puedan calar en el lector a un nivel más profundo.
Con la novela puedes involucrar al lector en los hechos que ellos viven.
Les puedes transportar a otros estados de conciencia y hacerles sentir emociones determinadas, influirles a nivel inconsciente para que integren de manera profunda aquello que quieres transmitir.
Se podría decir que

la extensión y complejidad de una historia está determinada por la extensión y complejidad del tema que desarrollas en ella

… o el nivel de profundidad al que quieras llegar.
Es cierto que autores como J.D. Sallinger, Ernest Hemingway, John Steinbeck,  y otros llegan a mucha profundidad con relatos o novelas cortas.
Para eso es necesario ser un economista de recursos narrativos a nivel maestro.
Y sobre todo, tener claro qué quieres contarle al mundo con tu escritura.
Porque si lo tienes claro, podrás expresarlo de forma más clara, concisa y repartida en toda una obra literaria, evitando embrollos al decir todo lo que quieres expresar en una sola novela.
Pero en realidad, necesitas contarlo todo en esa primera novela: forma parte del proceso de convertirse en escritor.
Solo cuando te das cuenta de que has embutido toda una obra literaria en una sola historia, es cuando puedes comenzar de verdad a definir los temas que te interesa tratar.
¿Por qué escribe un escritor?
¿Qué impulsa a alguien a contar historias?
¿Por qué recorrer este incierto camino, existiendo otros mucho más fáciles y, desde luego,rentables?
Esas preguntas no tienen en verdad una respuesta. Al menos, no una respuesta sencilla. Recorrer el camino de la literatura tal vez te pueda dar algunas.
Ojalá te haya gustado esta entrada y mejor todavía si te ha ayudado a detectar esos errores tan típicos al escribir una novela.
Si es así, te agradecería que compartieras el post en tus redes sociales preferidas, solo te costará un click 

¡GRACIAS!






MAS DE ALEJANDRO QUINTANA, hablando del mismo tema y profundizando en él:

Tomado de: http://www.estandarte.com/noticias/idioma-espanol/errores-de-escritor-novel_2038.html

Los errores de los escritores novatos

Algunos trucos para no cometer fallos muy elementales.

26 de septiembre de 2019. Alejandro Quintana
Qué: Errores típicos de escritor principiantes Autor: Alejandro Quintana

Nadie nace enseñado. Todos hemos aprendido a leer y escribir en la escuela, incluso nos han enseñado reglas básicas de redacción. Como en la caligrafía y en la gramática, en los comienzos de la narrativa es sencillo cometer fallos muy elementales. Al igual que con el tiempo aprendiste a escribir sin (apenas) faltas de ortografía, con el tiempo puedes mejorar el estilo de tus textos. Observa estos tres errores al escribir en los que todo narrador ha caído en sus inicios y comienza a detectarlos.

Error #1: exceso de adverbios acabados en “-mente”
Qué sencillo es abusar de los adverbios terminados en “-mente”. Es cómodo, práctico, eficiente… y feo. Delatan dos rasgos principales de un escritor que no le hacen quedar en buen lugar:
-Escritor novato, con poca práctica en el dominio del lenguaje y sus normas
-Escritor perezoso, que no revisa a fondo el texto
No estoy diciendo que estos adverbios sean feos e ineficientes. Lo que es malo es la repetición constante de los “obviamente, cabalmente, constantemente, realmente, simplemente…”. Observa la cantidad de ellos que utilizas. Si en un mismo párrafo o en párrafos seguidos has usado dos o tres, seguro que puedes sustituir algún “desgraciadamente” en un “por desgracia…”
Puedes escribir tantos “-mente” como quieras cuando estés creando. Ayuda a avanzar porque es el recurso fácil, no te obliga a detenerte para buscar una frase mejor y así puedes continuar tu vorágine creativa. Pero después, en la fase de revisión, fíjate cuántos de ellos puedes eliminar.
Seguramente te sorprenderás. Mejor dicho: con toda seguridad quedarás sorprendido.
Ten en cuenta estas normas de estilo cuando decidas emplear un adverbio terminado en “-mente”:
-Conservan el acento de su raíz: débil = débilmente; jamás se acentúa la terminación.
-Si quieres poner dos de ellos seguidos sólo es necesario mantener la forma “-mente” en el último: “Se tendió allí, dulce y serenamente”…
-…o bien separar dos de ellos por comas para dar un matiz más subjetivo: “Se tendió allí dulcemente, serenamente”.
-Debes evitar la forma enfática “yo personalmente”: es una redundancia.
-Los adverbios “mayormente” y “mismamente” son considerados vulgarismos. Las formas más acertadas son: Mayormente = principalmente (o también “sobre todo” si quieres evitar el adverbio); mismamente = precisamente.
Truquillo: puedes usarlos para ponerlos en boca de personajes, en el diálogo, cuando quieras resaltar su escasa cultura.
Recuerda: no es malo usar estos adverbios, lo realmente malo es abusar de su utilización.

Error #2: variar el tiempo de la narración
Comienzas a escribir, te entusiasmas, te metes en la historia, te apasionas, las palabras acuden a ti como un torrente, no puedes parar de escribir, las escenas se agolpan, los acontecimientos se suceden… en algún momento has pasado de contar tu historia en tiempo pasado a tiempo presente. O al revés. O a ratos en uno o en otro tiempo, según tu inmersión en el relato.
Es muy corriente que suceda esto, no te preocupes. En fases avanzadas de escritura incluso se puede utilizar como recurso narrativo (escribiré un post sobre esto cuando hable del tiempo narrativo y los puntos de vista).
También es frecuente cambiar la persona gramatical del narrador: comienzas contando la historia en tercera persona (él hacía) y pasas a contarla en primera persona (yo hacía).
De nuevo te aconsejo que no detengas ese estado de creatividad torrencial para subsanar este error. Para eso está la revisión, pero debes tomar conciencia del problema cuando corrijas. Con la práctica dejarás de saltar de un tiempo verbal a otro y a ser más consciente de tu propia voz narrativa, así como de la voz del narrador.
Recuerda: debes tener en cuenta el tiempo verbal con que empiezas a narrar y la persona gramatical del narrador.

Error #3: pasar olímpicamente de la ley causa-efecto
Este es un fallo a menudo difícil de detectar sin una lectura a fondo. Se produce cuando una situación se resuelve de manera “milagrosa” o un personaje cambia de actitud o pensamiento sin que un acontecimiento provoque dicho cambio. Es decir, saltarse a la torera la máxima siguiente: todo efecto está precedido por una causa.
Ejemplo: “el hombre estaba sentado, contemplando en un estado absorto cómo crecía la hierba de su jardín. De repente, se levantó presa de un frenesí incontenible y se dirigió a la cocina, donde devoró con ansia un bocadillo de chorizo”.
¿Cuál es el desencadenante de ese frenesí incontenible? ¿Cuál la sucesión lógica de pensamientos que le hace levantarse, que le hace ser consciente del hambre?
Cuidado con los “de repente, de pronto, en un momento dado…”.
Puedes hacer actuar a tus personajes por impulsos, hacerles tener reacciones imprevistas… pero asegúrate de dejar claro que los personajes se comportan así por un motivo que les hace ser así.
Igual sucede con las situaciones. No puedes resolver un asesinato sin haber hallado todas las pistas. Pasito a pasito, siguiendo una sucesión coherente de acontecimientos. Queda fatal, dicho sea de paso, sacar un as de la manga en el último instante para cuadrar algo que no has sabido resolver. ¿Al asesino se le cae del bolsillo el casquillo de la bala asesina? ¿Es esa la prueba irrefutable? ¡Vamos, anda, no me tomes el pelo! Porque esa sensación es la que le produce al lector.
En tu relato o novela nada debería suceder por azar, y cuando esto suceda, debes decirlo, remarcarlo, dejar patente que la casualidad juega un papel relevante en la historia; que es casi protagonista. De todas formas, la suerte o el azar pueden ser consecuencia de una cadena de acontecimientos cuyas causas que los ponen en marcha desconocemos.
El escritor Paul Auster domina a la perfección este concepto, el cual ha llegado a ser una parte central de su temática, casi una obsesión… a menudo no bien entendida.
Recuerda: cada acto tiene su consecuencia y cada consecuencia está asociada a los acontecimientos precedentes y también a los futuros. Cuando escribas ten presente este principio: Toda acción conlleva una reacción, no hay reacción sin una acción previa.
En conclusión: prestando atención a estos tres detalles, mejorarás sensiblemente tus textos. Denotará preocupación por la forma de escribir, un cierto cuidado en lo que dices y cómo lo dices. Es un signo de profesionalidad, de conocer las reglas básicas del oficio, de no ser un novato en cuestiones narrativas.
Todos, repito, todos los escritores hemos caído en algún momento dado en estos errores. No se nace enseñado, son fallos básicos, son parte del proceso de aprendizaje. Es incluso positivo cometerlos en estadios tempranos de la creación narrativa: ayudan a estar alerta, a tomar en serio las revisiones necesarias.
Se pulen con práctica y, aunque no sea así, en el proceso de corrección se pueden subsanar con mucha facilidad… siempre y cuando sepas detectarlos.