ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

lunes, 8 de diciembre de 2014

Los aforismos de R.H. Moreno-Duran

Los aforismos de R.H. Moreno-Duran

Ad portas de la muerte y sufriendo por un cáncer de estómago que terminaría por llevárselo en noviembre de 2005, el escritor Rafael Humberto Moreno Durán, R.H, compiló varias citas de su obra y sus reflexiones. Siempre se caracterizó por su agudeza y mordacidad. Aquí, una pequeña muestra, en lo concerniente al oficio literario que siempre asumió con gran pasión.

"De espaldas a las miserias de la verdad sólo las coordenadas de la ficción son reales, por lo que el mapa se convierte en metáfora última de la escritura: se abre al lector pero únicamente le ofrece un sentido si éste sabe interpretarlo".

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Todo escritor es un halcón que, gracias a su incesante vuelo, revela y perpetúa los territorios de la imaginación.

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La literatura es la única parcela del lenguaje donde el pan no se llama pan ni el vino, vino.

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El origen de la lengua no es el amor sino el miedo. El amor es un gesto de aproximación, el miedo una súplica de protección. Grita más no quien más quiere sino quien más teme.

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Qué sugestivo resulta comenzar una historia de amor con un crimen. Al contrario de lo que ocurre en la vida real, donde el amor suele ser el crimen de todo final.

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Los escritores se dividen en dos clases: los que escriben y los que no escriben. Y los que escriben, presentan y alaban la obra de los que no escriben...

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Un escritor es alguien que, enfrentando a las 27 letras del alfabeto, debe combinarlas a fin de inventar o interpretar al mundo sobre la nada blanca de la página. El mundo aparece inédito ante sus ojos y es el azar de sus dedos el que lo revelará en su plenitud o lo ocultará para siempre.
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Nunca me he sentido tan desolado y fuera de lugar como ante el polvo de los gruesos volúmenes de la Biblioteca Palafoxiana 1, de Puebla. Al lado de la mujer amada, cuán inútiles me parecieron los libros, es decir, tantas vidas consagradas a querer atrapar el tiempo en la escritura. Fue entonces cuando me repetí en voz alta para que ella lo oyera, porque para ella lo escribí, mi aforismo más sensato: en el ajedrez de mi vida presente, la torre le da jaque mate al libro.

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Estaba triste como un traductor.

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Conozco un editor que jamás leyó ninguno de los libros que publicó. Su analfabetismo le ennoblece la barba.

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¿Por qué escribo? Porque cada nueva línea me hace comprender el sentido de la libertad. Escribo para ser libre. Al escribir, siento que soy otro, que mi mundo tal como lo veo y lo recreo no es como el de los demás. La libertad es tomar de la realidad lo que me interesa para que los demás miren la vida de otra forma.

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A medida que un editor es más ignorante, más blanco se le pone el pelo.

Otras:

—Las ideologías son jaquecas nocturnas  que ciertos individuos insomnes contagian

El artista al colega envidioso:
—Comprenda que mi admiración por su obra no llega al extremo de  sustraerla para darlo a conocer a  usted en el extranjero.

—Su resentimiento y afán de venganza lo  hicieron poeta.

—Las frases más célebres son las que nadie  ha dicho, como “el fin justifica los medios”.  Y que parece confirmarla el destino de los  enfermos: “el fin justifica los médicos”.

—No pierdas la ilusión de llegar más alto —le dijo—. Recuerda que las aves alguna vez fueron reptiles.

«La ironía es el humor de la inteligencia».

«La novela no es para tumbar gobiernos, ni para sacar a la gente de la cárcel, en lo posible es para meter al autor a la cárcel, es lo que casi siempre ocurre».

«En mi país la verdad es incompatible con la historia».

«En este país la política es tan corrupta que corrompió hasta el narcotráfico».

«Es que yo creo que estar satisfecho es la forma más cómoda de decir que uno está muerto, por la satisfacción dejaría uno de escribir, de diseñar, de hacer cine. Cuando yo publico una novela, la novela está terminada, lo que ocurre es que en las reediciones o en las traducciones hay algunos elementos que uno cambia un poco. Todo artista es perfeccionista, aunque por otra parte el perfeccionismo es el brazo armado del masoquismo».

«En el fondo todo escritor, como todo jugador de ajedrez, esconde un asesino. Un escritor es un ajedrecista, está moviendo figuras, personajes y poderes en un tablero, que es la realidad. Tarde o temprano todo ello termina en el triunfo de algo sobre algo o de alguien sobre alguien, y el jaque mate final es la muerte de alguien para que otro triunfe. Por eso, escribir con buenos sentimientos sólo produce mala literatura. La gran literatura, toda, está hecha con lo peor de la condición humana».

«Cuando yo era adolescente creía en casi todo. Entonces se dio un proceso de descreimiento. Dejé de creer en Dios, dejé de creer en el poder y en la historia. Y hubo un momento en que sólo creí en la literatura y el amor, es decir, en la mujer. Ahora, mi último descubrimiento es que en el actual ajedrez de mi vida dama mata a libro».

 «A medida que uno reflexiona más, descubre que, en el fondo, la literatura es una permanente reflexión sobre la enfermedad. Tal vez porque nadie que esté contento escribe. Felicidad, literatura son incompatibles».

«Es elevadísimo el porcentaje de escritores suicidas. Un escritor no se suicida porque está feliz con el mundo ni mucho menos»

 «Que la pluma es un virus, es una metáfora triste, pero cierta. Los escritores suelen decir que la escritura es una enfermedad . Lo dicen de forma coloquial, pero en el fondo están diciendo una profunda verdad.El ejemplo mayor sería Balzac, que iba buscando otro tipo de enfermedades sociales como la avaricia, el arribismo, la corrupción burocrática, en fin, las miserias del ser humano en todas sus manifestaciones, para convertirlas en libros. Enfermedad y literatura son de alguna forma redundantes. Debe ser muy aburrido escribir sobre la salud, o sobre la felicidad. El escritor desde Homero busca el lado anormal de la realidad. No hay nada más enfermo que un escritor».

«La novela es mimética. La novela es canibalizadora».

«...pero siempre me he sorprendido de escritores amigos o conocidos que repudian determinadas etapas de su vida. Me parece muy honorable, pero también muy triste. No es que quiera mis libros porque si, porque son míos. ¡No!, la prueba es que están vivos, se están reeditando y a mí me sorprende mucho la gente cuando me sale con el cuento de que determinado libro les apasiona, entonces yo les pregunto ¿y porqué no tales otros?. Pero en ese sentido mi respuesta contundente es: no puedo elegir ninguno de mis libros, porque todos me parecen absolutamente especiales y sobre todo, absolutamente amados por mí».

«Muchos de ellos (los escritores jóvenes de la nueva generación)y no solamente los mencionados, han creído que encarnan el Génesis. Es estupidez, ignorancia o mala fe. Creo en su talento,  pero me parece que les ha hecho daño la publicidad. Sus méritos no deberían implicar el desconocimiento de la generación anterior. La gente joven siempre tiene el presente como su único espejo. Olvida que esos escritores de diez o quince años antes todavía están en activo y que, comenzando apenas su madurez, habían recibido ya un reconocimiento internacional, similar a este del cual ellos gozan ahora. Es lo que llamo el síndrome de dinastía chinaLa historia de un novelista comienza cuando ofrece su gran libro. Tienen cosas importantes, pero no han producido todavía su tejedora, su virgen, sus cóndores, su fémina, obras de cuya existencia saben pero que han querido ‘ningunear’ para acudir a este hermoso mejicanismo. Todos esperamos la respuesta de esa generación a las expectativas de lectores y sobre todo sus apologistas».

«En un escritor hay dos hombres. Uno, el ciudadano, que debe tomar partido. Otro, el creador, que debe poner sus convicciones ideológicas al margen de su obra narrativa. El escritor da testimonio de la realidad a través del ensayo, el periodismo, la crítica, el panfleto».

«La generosidad intelectual debe ir pareja con el oficio de escribir. Ahora no hay generosidad, ni reconocimiento a los maestros, sino odio y antipatía. Hay un protagonismo que es como el dinero fácil del narcotráfico. En cuestión de días se quiere llegar a la cúspide. Con escritores así no se va a ninguna parte. El facilismo es el brazo armado del arribismo. Pero los arribistas de hoy no tienen las agallas de los arribistas de antes, que al menos temían al ridículo».

Tomado de: