ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

miércoles, 17 de octubre de 2018

Nahum Montt y la creación literaria. Recopilación de entrevistas


Nahum Montt y la creación literaria. Recopilación de entrevistas

Del escritor colombiano Nahum Montt, dice Wikipedia:

Egresado de Literatura de la Universidad Nacional y Maestría en Educación en la Universidad Externado de Colombia. Autor de las novelas Midnight dreams (1999) y El Eskimal y la Mariposa,​ con la cual obtuvo el Premio Nacional de Novela en el 2004; reeditada por Alfaguara en el 2005 y considerada por la crítica como una “radiografía visceral y poética de la violencia colombiana de los años ochenta y noventa del siglo XX”. Autor de la novela Lara, que versa sobre la vida y el asesinato del Ministro de Justicia colombiano Rodrigo Lara Bonilla, a manos de los carteles de narcotráfico en el año 1984. Lara fue recientemente traducida y publicada en Francia. También es autor de una biografía de Miguel de Cervantes Saavedra titulada Versado en desdichas.​
Ha sido docente de literatura en las más importantes universidades del país y asesor pedagógico en el proyecto de uso de medios y nuevas tecnologías del Ministerio de Educación Nacional.
En la actualidad es director del taller de narrativa Ciudad de Bogotá, uno de los más importantes semilleros de narradores en el país. Este taller es auspiciado por el Ministerio de Cultura, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, SCRD, y la Red Nacional de Talleres de escritura creativa, RENATA, en el marco de Bogotá, capital mundial del libro.
Seleccionado entre los cuarenta narradores colombianos después de García Márquez, cuya exposición fotográfica, a cargo de Jorge Mario Múnera, se realizó en Liber Madrid 2006 y en el marco del IV Congreso de la Lengua Española 2007 en Cartagena. Escritor invitado a la XXI Feria Internacional del Libro de Guadalajara en noviembre de 2007.

En su rol de divulgador pedagógico de los procesos de escritura literaria, hemos seleccionados de sus múltiples entrevistas, las que tienen que ver con los asuntos del arte de la creación, sus influencias, sus métodos:

Su más reciente novela la protagonizan Shakespeare y Cervantes. ¿Cuál de los dos ha llegado más al fondo de su corazón?

En mi corazón palpitan los ecos de Sancho Panza suplicándole a Don Quijote que no se muera: “No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía”.

 ¿De qué manera se encontraron en la historia estos dos grandes escritores?

Shakespeare y Cervantes se encuentran gracias a la ratificación del tratado de paz entre Inglaterra y España, firmado en Valladolid en 1605. Cervantes ya ha publicado su Don Quijote, y Shakespeare ya ha montado Hamlet en su compañía de teatro.

 ¿Adorador del Quijote?

Lector asiduo del Quijote. Creo que el mundo se divide entre quienes leemos Don Quijote y aprendemos de él y los que no lo han leído y se han perdido el maravilloso encuentro con el más hermoso y complejo personaje literario. Personaje que terminó opacando al ser humano que lo concibió.

 ¿Qué rasgo del carácter del Quijote le gustaría tener?

Su decencia, su integridad, su coherencia. Quisiera que mi epitafio dijera: “Vivió loco como Don Quijote, murió cuerdo como don Alonso Quijano”.

Más allá de Don Quijote, ¿qué obras de Cervantes recomienda?

Hermanos de tinta está muy cerca de las Novelas Ejemplares, en particular de El coloquio de los perros, El casamiento engañoso y Rinconete y Cortadillo. Pero la novela ejemplar que más me gusta y que siempre recomiendo para entrar en la obra de Cervantes es El licenciado Vidriera: la historia de un estudiante brillante que es hechizado por una bruja mediocre y amanece convencido de que se convirtió en vidrio. Un hombre de cristal que camina por en medio de las calles por temor a romperse, con una gran sabiduría e ingenuidad. Un chiflado que dice las más grandes verdades.

 Y de Shakespeare, ¿cuáles son sus personajes favoritos?

Mis entrañables son los secundarios, en escenas memorables, como en Hamlet cuando Polonio le da consejos a su hijo Laertes. Le dice:

“Primero prudencia. No te precipites a decir lo primero que se te pasa por la mente, y piensa dos veces antes de actuar. En tu comportamiento sé simpático, pero jamás vulgar. Si tienes amigos, y lo son a toda prueba, no los sueltes. Aférrate a ellos con lazos de acero. Pero no despilfarres tu dinero en agasajos a cualquier fanfarrón recién aparecido. Tampoco busques lucirte en peleas necias. Pero cuando te toque pelear, pórtate de tal manera que tu contrincante te respete. A todos presta oídos, a pocos da tu voz. Escucha la opinión general, pero que las decisiones en últimas sean tuyas…”.

 ¿Cuál es la obra de Shakespeare que más veces ha leído?

Hamlet en la traducción de Joe Broderick. Es muy bella, es como sentir que Hamlet era colombiano.

¿Qué virtud de Shakespeare quisiera para su obra?

Su lucidez trágica.

 ¿Y de Cervantes?
La terquedad.

¿Qué viajes fundamentales formaron parte de la investigación para esta novela?

Viajé al siglo XVI de la mano de Henry James. Este autor me enseñó a conjurar los desafíos técnicos de Hermanos de tinta.

¿Por qué autores se ha sentido influenciado?

William Faulkner y Gabriel García Márquez, que para mí son un mismo autor. Existen otros autores que son aburrídisimos pero a los cuales se les aprende bastante, como Henry James, Joseph Conrad, Virginia Woolf. Y otros que se los lee como un acto de fe en el oficio de escribir: Raymond Chandler y Dashiell Hammett, que también son uno solo. Pero los papás de todos ellos siguen siendo las bellezas de Shakespeare y Cervantes.

¿Escribir para qué?

Perdón si sueno arrogante, pero yo escribo para hacer posible lo imposible, como los magos, como los locos.

 Usted es un abuelo joven. ¿Cuál es su plan favorito con sus nietos?

Jugar a leerles, jugar a abrazarlos y besarlos. Jugar y jugar con la desvergüenza de un abuelo que perdió el sentido del ridículo y el pudor ante el qué dirán (sentido que sí tenía con los hijos).

 ¿Cuál es el recuerdo más vivo que tiene de su natal Barrancabermeja?

Son fragmentos que se juntan en una sola imagen: tengo catorce años y hundo mis pies desnudos en la calle: el asfalto hierve con el calor del mediodía y quedo en trance. Respiro el olor a bocachico frito y escucho en la distancia la voz de Rubén Blades: “Dígame, Madame Kalalú, en su bola de cristal qué ve”.

 Usted ha sido maestro de escritura. ¿Cuál es el más recurrente de sus consejos a quienes quieren aprender a escribir?

Aunque suene a verdad vieja de Perogrullo, no conozco otra manera distinta de enseñar a escribir sino a través de la lectura. Donde leer como escritor y escribir como un buen lector forman parte del mismo proceso de aprendizaje. Eso sí, hay que leer muy atentos, como recomendaba Gabriel García Márquez, leer con los ojos bien abiertos para no dejarse hipnotizar y descubrir los trucos de los grandes escritores, que como buenos magos escondían entre sus líneas las claves de por qué una anécdota funciona mejor que otra o de por qué un personaje encaja mejor en una situación dramática que en otra.

¿Su mundo, desde la infancia, siempre estuvo rodeado de libros?

 Pertenezco a la generación de Círculo de Lectores, donde cada tres meses llegaba el promotor de ventas con una revista llena de colores y libros posibles. Mi padre nos regalaba un libro. Yo era el tercero de cinco hermanos y el hermano mayor tenía voz y voto para elegirlo. El que seguía tenía voz y yo sólo ganas. Cuando llegaba el libro escogido por mi hermano mayor contemplaba embelesado como le quitaba el plástico -esa especie de condón para libros- y luego, desarrollé una absurda paciencia para contar los días que tardaban mis dos hermanos para leerlo. Eso sí teníamos un código de honor de no hablar ni mal ni bien de ellos hasta no haberlos leídos para no dañar la lectura. De esa forma leí y releí El Padrino y Papillón, novelas de Robert Ludlum y Stephen King, Sven Hassel, Ken Follet, entre otras.

¿Cuál fue el primer libro que lo cautivó y que aún recuerda con especial cariño?

Un libro me acompaña en la memoria. Lo gané por mi desempeño académico, ocupé el tercer lugar de primer año de primaria y me dieron una mención de honor y un libro que hojeo en mis recuerdos: era un Don Quijote grande y delgado en pasta dura con ilustraciones para niños. Fue mi primer libro y me acompañó hasta entrada la adolescencia. Aunque se terminó dehojándose en medio del intenso calor de mi pueblo, Barrancabermeja, sigo consultándolo en los archivos privados de mi memoria.

 ¿Cuál fue la protagonista literaria que le robó los sueños?

Olga Forever, de Paco Ignacio Taibo II. Me encanta y me seduce tanto que ya tengo los esbozos de un personaje femenino inspirado en esa belleza silvestre e irascible de Olga.

¿A qué novela o novelas recurre siempre?

Me encanta volver a los cuentos y novelas de Sherlock Holmes de Conan Doyle. Me gusta reencontrar el tono, la pregunta vital que esconden y que te hacen seguir con las tramas. Pero más allá de los casos resueltos me queda la impresión de haber sido testigo de una amistad entrañable entre Holmes y Watson. Santuario de Faulkner es la novela que siempre vuelvo: su intensidad, su atmósfera y la sensación de estar dentro de un mundo donde lo trágico se asume como una forma del destino, inevitable como el amor.

 ¿Cuáles han sido sus autores favoritos?

 Cervantes y Faulkner. Trato de que me acompañen cada día de mi vida: ni un día sin la gracia de sus textos, a los cuales uno se acerca como a esos viejos amigos que no necesitan grandes protocolos ni invitaciones solemnes: cualquier momento es bueno para entrar en los textos de Cervantes y Faulkner.

 ¿Es verdad que cuando se tiene un libro en las manos jamás se siente uno solo?

 Los libros siempre acompañan: algunos son perturbadores, te llenan de desasosiego y te hunden en la tristeza, otros te sacuden el corazón, otros te hacen agarrar la barriga de la risa y otros, los mejores somníferos del mundo. Así como hay poetas que recetan poemas contra el amor no correspondido o la tristeza después de las separaciones, se deberían recetar algunas novelas que te hacen dormir profundamente apenas lees un par de páginas. En fin, yo no leo sólo para ser feliz o infeliz, yo leo para mantenerme lúcido y crítico frente al mundo que habito.

¿Toda feria del libro debería ser como un Hay Festival de la vida?

 Bonita esta imagen: como si la vida y los libros estuvieran llena de momentos aburridos, olvidables. Y sólo en breves, en fugaces instantes o escenas alcanzamos eso que podríamos llamar la sensación de estar vivos: el encuentro feliz y deslumbrante entre una página y su lector. La Filbo es una fiesta cargada de sorpresas y mucho entusiasmo.

 ¿Cómo nació la idea del premio de novela convocado por el MinCultura?

 Nace ante la necesidad de reconocer que existe en Colombia una comunidad deliberante de lectores. Tomar la iniciativa de premiar las novelas publicadas en Colombia durante los dos años anteriores implicó también reajustar y continuar apoyando los estímulos que otorga el Ministerio de Cultura a los proyectos de obras literarias inéditas y en proceso de creación.

¿Qué tipo de escritor es usted?

 Yo tengo una imagen maniquea de los escritores. Yo creo que hay dos tipos, los que escriben antes de media noche y los que escriben en la madrugada. Cada vez que me levanto a las dos de la madrugada a escribir, sé que hay otro que no se ha acostado, pegado a su computador.

Creo que las horas de la madrugada son las más privilegiadas para entrar en contacto con todo ese ambiente mágico de la creación literaria. Creo en la musa, en mi musa, que pasa a eso de las cuatro de la madrugada, y lo sé porque a esa hora empiezan a cantar los primeros pájaros que la saludan.

Los indús dicen que más o menos a esa hora pasa la diosa fortuna que es venturosa con aquellos que a esa hora están haciendo algo. Por eso, esa hora para mi es privilegiada para escribir.

Yo escribo de dos de la madrugada a siete de la mañana, a la hora que la gente de mi casa comienza a levantarse. A esa hora yo ya siento que he cumplido con mi deber. El resto del día lo planea para vivir esa otra realidad que me corresponde vivir. 
A menudo, incluso, he sentido esa esquizofrenia de que los problemas de mi ficción son más importantes que la misma realidad. Eso quiere decir, pues, que me acuesto muy temprano. Siempre me duermo viendo las malas noticias del país. Como usted sabrá, los noticiarios a esa hora se dividen en dos: Una primera parte trata los problema políticos y de orden público, y una segunda parte trata los deportes y la farándula.  Así que estoy roncando a las siete y veinte.  Mis hijos, entonces, aprovechan esas circunstancias para salir los fines de semana y llegar luego tarde, y los pesco después de la media noche entrando.

¿Qué es lo que primero hace al despertar? ¿Planea antes la historia que escribe?

Lo primero que hago al despertar es tomarme un café y fumarme un cigarrillo. Solo escribo literatura a esa hora. Siento que la musa me castigaría si invierto ese tiempo en otra cosa distinta, por ejemplo, a adelantar deberes atrasados del Ministerio de Cultura.

Cuando estoy escribiendo el borrador de un primer texto, por lo regular escribo muy a lo pasional, muy a lo que me salga. Después hago una decantación de lo que he escrito para superar esa mirada narcisista sobre el texto, entonces me doy cuenta que de catorce páginas solo salvo media hoja.  De ahí entro en un proceso distinto, escribo más pausado, más lento, menos impulsivo, y siento que comienzo a superar esa simple anécdota utilizando los recursos del lenguaje y de la narración.

Por otro lado, la lectura siempre es para mi indispensable en mi formación como escritor. Siempre llevo en la mochila un libro que saco en esos momentos muertos del día.

¿Escribe varios textos a la vez?

Yo he conocido escritores que tiene mañas increíbles, como por ejemplo escribir en dos computadores distintos a la vez, dos relatos o novelas al tiempo; es el caso de Guillermo Fadanelli, escritor mexicano.

Gracias a que me gané el premio de novela 2004 con El eskimal, me metí enserio en el oficio de la escritura y comencé a pesar en varios textos al mismo tiempo. Por ejemplo, a Lara le dediqué mucho tiempo por la investigación.  Ahora en este momento estoy dedicado a la voluptuosidad de la dispersión creativa. Me siento como en una maratón de tramas y de historias que se me están dando y no sé cuál de todas estas ideas va en últimas a consumirme.



¿Cómo fue el proceso creativo de El eskimal y la mariposa?

El eskimal es una novela que quiero mucho porque fue ella la que me abrió las puertas al ámbito literario nacional.  Yo vine a ganar el premio después del enorme éxito que fue Al diablo la maldita primavera, de Alonso Sánchez Baute. También fue una obra que fui escribiendo de forma clandestina. En una época muy dura.

Recuerdo que estaba escribiendo sobre la obra y a la misma vez investigando sobre ella. Estaba manejando tensión porque sentía la necesidad de un reconocimiento, ya que llevaba veinte años escribiendo y escribiendo. A esto se le suma que en aquel tiempo estaba haciendo una maestría en las noches, y dictaba clases para enseñarle a escribir a estudiantes de comunicación y a futuros docentes del área del lenguaje.

Por otro lado, puedo decir que mi novela nace de esos vacíos históricos que tuvieron los asesinatos de dos candidatos a la presidencia. Uno de ellos muerto en la sala de espera del aeropuerto El Dorado, Bernardo Jaramillo Ossa, y días después el asesina en pleno vuelo de Carlos Pizarro León Goméz.

A mi, esos hechos, que me parecieron sacados de la ficción, comencé a investigarlos, amarrando cabos sueltos que se me presentaban, y que en últimas me llevaron hasta la muerte de Luis Carlos Galán, ocurrida en agosto de 1989. Digamos entonces que tenía sobre la mesa un montón de piezas y de acontecimientos importantes que marcaron una generación. Lo otro fue reorganizar los eventos y contarlos, no desde el lado que siempre se contó, desde las víctimas, sino desde los asesinos, de cómo fue la conspiración, el complot.

Entiendo que en su caso, su incursión en este género (novela negra) no es tanto producto del estudio concienzudo. ¿Qué lecturas lo condujeron a él?

La verdad es que fue más el resultado de meterme con la realidad y la historia de este país. Yo siento que de manera natural uno termina construyendo relatos propios de la Novela Negra, porque la realidad del país es propia de este género. De niño siempre leía novelas de vaqueros, los trillers norteamericanos y demás, y tenía la predisposición, pero siento que lo que finalmente termina definiendo mis textos como Novela Negra es que ha habido una toma de posición como escritor de empezar a narrar este país por sus hechos, sus eventos, sus acontecimientos históricos. Y cuando uno lo narra a través de la literatura, casi de manera natural cae en el género Negro.

¿En algún momento ha temido que los espacios reales aludidos en estas novelas disminuyeran su significación frente a un lector no familiarizado con ellos?

Interesante la pregunta. Los relatos se construyen con la intencionalidad de ser autónomos e independientes en sí mismos de esa realidad a la cual se refieren, de esa historia de la cual se nutren. Es probable que sí, y eso es lo bello de la literatura, que admite distintas lecturas. Un lector no familiarizado con este contexto va a leer un relato tal vez de aventura donde siempre hay un final desdichado. Lo curioso es que detrás de ese final desdichado y ese relato de aventuras hay unos hechos que ocurrieron y que están ocurriendo ahora en el país. Pero eso le queda más bien al lector. La función del autor es proponer y tratar de escribir un relato que ante todo sea verosímil, que sea convincente y que atrape al lector para que pueda disfrutarlo.

Además de esos referentes, a algunos lectores jóvenes les puede resultar un poco ajeno el marco de la novela por estar basada en hechos del pasado (acá aproximamos más a la Novela Histórica ). ¿Cómo hace para conciliar con lectores de edades tan dispares?

Fíjate que yo siento que escribo para los jóvenes. Siento que los jóvenes son extranjeros del pasado de este país, y viven en este país como si fuera un eterno presente. La novela no puede caer en la trampa justificar o intentar explicarles a los jóvenes lo que pasó. No. Simplemente muestra unos eventos, y si el joven está interesado en saber más, es éste quien tiene que investigar y rastrear. La novela es sólo un punto de partida para avanzar… Más que en novelas históricas, yo pensaría en novelas policíacas, donde generalmente ocurre un evento, se investiga y al final hay un desenlace fatal.

¿Usted compartiría la apreciación de que en sus novelas la ciudad marca a los personajes?

Por supuesto, porque yo no concibo un personaje in vitro, metido en una especie de tubo de ensayo. Y siento que la ciudad es un recurso expresivo que tiene el escritor para darle una dimensión humana a esos personajes. «Somos en el mundo», decía Ortega y Gasset. Y ese mundo nos sirve para iluminar los estados de ánimo del personaje, sus preocupaciones estéticas, sus obsesiones, su condición humana. Es un medio que uno utiliza en la narrativa para mostrar al personaje como es. Te doy un ejemplo sencillo: «Pepito Pérez estaba muy triste». Eso es muy fácil de decir desde la oralidad y la cotidianidad. Pero si tu dices: «Pepito Pérez el día que salió a recorrer las calles se encontró una ciudad muy fría y lluviosa, que le calaba los huesos, que le llevaba a recordar aquella época en que empezada a…». ¿Entonces, si ves? El espacio, la ciudad, en ese momento se vuelve un detonador que ilumina la condición humana del personaje.

En entrevistas anteriores, refiriéndose a la novela Lara, usted ha dicho que algunos de estos personajes de la vida pública nacional eran, de por sí, novelescos. ¿Cuándo sabe uno que un personaje de la vida real tiene ese potencial?

Esa es la gran capacidad que debe tener un escritor. La capacidad de observación más allá de esos días que transcurren con eventos aparentemente insignificantes. Todos tenemos en potencia cualidades novelescas, pero depende de la capacidad de observación del escritor encontrarlas y poderlas representar a través de la literatura —dicho esto, Nahum Montt giró a su derecha y observó a un policía de tránsito haciendo guardia—. Personaje novelesco puede ser un vigilante que sostiene una valla en medio de la noche, en una calle del Centro Histórico de Cartagena. Que es portador de muchas historias. Que tiene familia, tiene hijos, tal vez tenga amante o novia. Y que a pesar de estar cumpliendo simplemente una labor allí, es un personaje digno de ser llevado a la literatura. No hay nadie que no lo sea, y, en esa medida, siento que los escritores estamos allí para tratar de ver lo que otros no ven, e intentar contarlo lo mejor posible. Esa es la función social de un escritor.

En un coloquio de la Universidad Distrital, la escritora y profesora Alejandra Jaramillo dijo que prefería arriesgar su estómago escribiendo sobre estos temas considerados «de violencia», a tener que volver a vivir esa historia del País. ¿Siente que a usted le pasa lo mismo?

Por supuesto, y es una toma de posición consciente, deliberada. Yo no me veo escribiendo sobre un intelectual que tiene problemas para comprar el cornflakes o el cereal del desayuno, en Barcelona, sintiendo un vacío existencial. Eso funciona por allá en Europa, para esa gente que vive en esas realidades tan aburridas. Yo siento la enorme necesidad de contar la historia de este país a partir y a través del asombro. Aquí ocurren cosas que no ocurren en otro lugar del mundo. Y me siento feliz de arriesgar ese estómago, como diría la profe Jaramillo.

Otra cosa que le he escuchado decir es que a un escritor nunca hay que creerle. ¿Entonces en qué términos queda esta entrevista?

(Risas) Lo que pasa es que el escritor es un mentiroso profesional, que se sirve de la ficción para contar la verdad. Esa es la gran paradoja. Entonces al escritor hay que aprenderlo a descifrar, hay que aprender a descubrir en sus mentiras dónde se halla escondida esa verdad.

Esta es la apuesta literaria de Nahum Montt, quien en la actualidad escribe una obra de teatro ambientada en su ciudad: Tomar hechos de la historia reciente para escribir relatos ficticios que terminen comunicando una idea muy próxima a la realidad histórica y actual; o como resume la frase célebre de John Ford, incluida como epígrafe en la tercera novela del barranqueño: «Es todo inventado, pero todo es verdad».

Usted en El eskimal y la mariposa (2005) y en Lara (2008) aborda desde la ficción la violencia colombiana de finales de los ochenta. Háblenos del oficio del escritor a la hora de contar los problemas que enfrenta la sociedad a la cual pertenece.
Colombia es un país de novela. Lo novelesco ocurre a diario: sicarios que disparan en aviones, ministros perseguidos y abandonados a su destino trágico; magos que hipnotizan niños y no pueden despertarlos; safaris organizados por el ministerio del Medio Ambiente para asesinar hipopótamos que estaban depredando las fincas de poderosos ganaderos; un agente de la DEA asesinado por un payaso que nunca había estado en un circo… No es necesario tener mucha imaginación para ser escritor en Colombia. Lo importante es mantener vivo el asombro, estar siempre atento y dispuesto a la sorpresa.

La historia reciente del país ha sido contada, al menos la de los tiempos del narcotráfico y el paramilitarismo, por los medios de comunicación en formatos como la serie televisiva. Qué opinión tiene del auge de estas narraciones y su impacto en la memoria nacional.

El cuento de recuperar la memoria histórica da para todo. Incluso para terminar haciendo apologías de los criminales más tenebrosos que hemos tenido en Colombia en los últimos años. Lo que han hecho en las series televisivas resulta tan escandaloso que es como si en Alemania actual hicieran una serie de televisión sobre el campo de concentración de Auschwitz. Y con el lema “Nosotros también recordamos” narraran esa historia desde el punto de vista de los soldados nazis y dejaran en esa zona penumbra de personajes menores y secundarios a los judíos víctimas inocentes de dicha campaña de exterminio. Los guionistas de estas series colombianas habría que obligarlos, como hacen en las escuelas de secundaria, a que leyeran A sangre fría, de Truman Capote, y aprendieran que cuando uno narra desde el punto de vista de los asesinos es inevitable terminar identificándose con ellos, no importa lo crueles y canallas que hayan sido.

En el proceso de investigación para El eskimal y la mariposa y Lara ¿siempre tuvo claro que el producto final sería una ficción? ¿No le coqueteó la no ficción? ¿Qué pesó en la decisión?

La historia de este país da para todos los géneros: desde el fantástico, la ciencia ficción, la novela negra, romántico sentimental, hasta el gótico más delirante: acabo de ver un periódico donde dicen que lo ocurrió en Bogotá el 9 de abril de 1948 fue en realidad un ataque zombie. No existe una línea divisoria que separe la realidad de la ficción: una especie de frontera donde el escritor salta y dice: “Oh, acabo de entrar en el país de la ficción.” y luego da otro salto y exclama: “Ahora regreso a esta cosa loca que llamamos realidad.” Por otra parte, nunca me creí el cuento de la no ficción: es un concepto tan absurdo como escuchar a una linda muchacha decir que está un poquito embarazada: “Sí mira, estoy un tris de embarazada, ¿cómo te parece?” Y uno se queda pensativo. Y se pregunta qué le hizo falta a la pobre muchachita para embarazarse por completo. Y le responde la voz de la conciencia: “Eso fue que de niña comió mucho choco-ramo.”

Usted ha estado vinculado a diferentes procesos de formación en escritura creativa, especialmente como coordinador de talleres de novela ¿cuáles son las principales inquietudes y ambiciones de los noveles escritores? ¿Se puede, a raíz de esta experiencia, saber hacia dónde va la literatura colombiana?

Los espacios de los talleres son vitales para los escritores en procesos de formación. Les ayudan a romper el aislamiento que viven quienes se dedican a este extraño oficio de escribir literatura. Les permiten trascender las valoraciones subjetivas de sus familiares y amigos que no van más allá de asentir con la cabeza y decirles: “Ay, qué lindo escribe el muchacho.” Y si no le entienden ponen cara de preocupación y dicen: “Eso es como filosófico, ¿no te parece?”

Los talleres amplían el horizonte del proceso creativo de la escritura. Y además, ayuda a precisarlo, a concretarlo: allí se habla en términos de construcción de los personajes, manejo de diálogos, estructura dramática del relato, manejo del tiempo, de los puntos de vistas… Y lo más importante, quien escribe se reconoce como alguien perteneciente a una tradición literaria, a una comunidad de lectores y escritores.

¿Cómo fue tu primer encuentro con la novela negra?

Nací y crecí en Barrancabermeja, una población que gira en torno a una refinería, una especie de Arabia Saudita pero versión latinoamericana: pura desigualdad y puro medio oeste. Mataban a los jóvenes que fumaban marihuana. Mataban a uno y preguntaban: ¿Y por qué lo mataron? Y la misma gente respondía: Por marihuanero. Y todos lo aceptaban. Ser marihuanero era causa suficiente para ser asesinado. En la década del Ochenta se dieron paros cívicos organizados por los empleados de la refinería. Hubo algunos desórdenes en el pueblo y nos enviaron un contingente de paracaidistas: los boinas verdes. Los soldados mejor preparados del ejército colombiano. Entraron a mi pueblo en un camión gigante, que se detuvo en uno de los semáforos. Y todos los chicos que estábamos curioseando nos quedamos viendo la nube de humo que salía de la parte trasera del camión…Pura marihuana. Nuestros Rambos, los defensores de nuestra democracia eran un grupo de marihuaneros. Esta imagen siempre me persigue cuando escribo novela negra. La paradoja: el lado bueno de los asesinos y el lado malo de los buenos. Creo que esta paradoja define lo que intento escribir.

 ¿Qué autor de novela negra consideras indispensable?

Más que un autor —ser autor es una circunstancia, un accidente— pienso en libros indispensables: el primero: Cosecha roja, de Dashiell Hammett. La historia del tipo que llega a un pueblo llamado Personville pero que todos llaman Poisonville, o Villa veneno y desata una matazón ni la hijuemadre; es la novela que más me impresiona (Me encanta la escena donde el investigador habla con un sindicalista llamado Bill Quint y el hombre le hace un resumen ejecutivo de los bajos fondos del pueblo). También me impresiona mucho Santuario de William Faulkner: sus atmósferas y el truco de dejar por fuera lo más importante de la narración (La escena del velorio de un joven asesinado por Popeye: están en un bar y uno de los dolientes lleva un montón de botellas que desencadena una borrachera babilónica, donde los asistentes terminan tumbando el cuerpo del muchacho muerto).

¿De qué escritor has leído más libros?

Silver Kane y sus novelas de vaquero. Me leí más de cien cuando era un candoroso seminarista en mi pueblo natal. Era apenas un muchacho y vivía en el medio oeste, en la ciudad de las tres PPP: Petróleo, Plata y Putas. También había muchos bandoleros y sheriff corruptos. Y un calor, que no se imaginan: al mirar las calles, desprendían tal cantidad de vapor que parecía uno estar entrando en el mismo infierno.

¿Cuál te parece el mejor detective de todos los tiempos y por qué?

El noctámbulo de Dupin, el detective creado por Edgar Allan Poe. ¿Y saben por qué? Porque Dupin no pertenece a esa raza de investigadores que rastrean y siguen huellas como si fueran pinches perros: comenzando por el periquero de Holmes y terminando con esa saga de sabuesos gringos y las franquicias de CSI. Dupin piensa y resuelve los casos como si fueran un simple ejercicio mental. Se toma su tiempo y deja que los demás se vayan detrás de las huellas. Su talento analítico está por encima del olfato y las intuiciones de Holmes.

A esta estirpe de investigadores pensadores pertenece el inspector y después comisario Martín Beck, creado por esa pareja genial de suecos Maj Sjöwall y Per Wahlöö. Me encanta por el equipo de incompetentes con quienes trabaja.

De todos los criminales literarios conocidos, ¿cuál te parece el mejor construido?

El Anibal Lecter, creado por Harris, iluminado por la traumatizada Clarice Sterling. Aunque creo que Anibal sin Clarice es como el Quijote sin Sancho, Holmes sin Watson.

¿Qué debe tener una novela negra para atraparte?

Un buen arranque y después la suficiente pericia narrativa para mantener el ritmo y el interés sin caer en trucos efectistas, de esos que usan los autores nórdicos para mantenerte en vilo, donde cierran capítulos con frase del tipo: “alguien tocó su hombro, giró la cabeza y no pudo ocultar su sorpresa…”

Si la novela negra fuera un automóvil, ¿qué modelo sería?

Es más, una bicicleta, donde tienen que pedalear autor y lector ganar un premio de montaña fuera de categoría.

Y si fuera una bebida…

Un café de la sierra nevada de Santa Marta, el más delicioso y alucinógeno del mundo.

Una ciudad…

Bogotá: a 2.600 metros de altura: con poco oxígeno y ni una pizca de nieve. Una jungla con soroche.

 Si tú fueras una novela negra, ¿cuál sería tu título?

Las aventuras del capitán Venganza. Y sería un bandolero fantasmal que administra justicia en un pueblo sin ley ni derechos.

¿Qué te motiva a escribir novela negra? ¿Cómo eliges el crimen que quieres contar?

Las barbaridades que pasan en mi país y el resto del mundo. He tomado como punto de partida para escribir mis relatos de ficción los magnicidios que ocurrieron en la década de los Ochenta. He contado desde la novela El Eskimal y la Mariposa, los crímenes de dos candidatos a la presidencia. Y en Lara narré los últimos días del ministro de justicia, Rodrigo Lara Bonilla, antes de ser ejecutado por las mafias del narcotráfico.

En Colombia, como en el resto del mundo, nadie le pide verosimilitud a la realidad. Y por eso nos divertimos cuando escuchamos en la radio o vemos en la televisión que en una isla asiática adoraron como una divinidad a una muñeca inflable que cayó del cielo. O que en California dos tipos disfrazados de ninjas asaltaron una camioneta que distribuía marihuana medicinal a pacientes terminales. O que en el De efe, después de un aguacero torrencial, la gente le tomó fotografías a un ataúd que flotaba sobre los arroyos de sus calles inundadas.

Nosotros no nos quedamos atrás: hace varios años, un mago fue arrestado porque hipnotizó a un grupo de cuarenta niños en una escuela y no fue capaz de despertarlos; los niños fueron llevados en ambulancia al hospital y el mago fue a dar a la cárcel para evitar su linchamiento.

Hace poco fue arrestado un loro llamado Lorenzo. La policía adelantaba una redada sorpresa para atrapar a una banda de pequeños traficantes que se hacen llamar los Panaverdes. Y los hubieran capturado pero el loro gritó desde su jaula, sobre un balcón: “corre, corre, corre, que te coge el gato”. Al único que pudieron arrestar fue a Lorenzo, el loro campanero.

Aquí, a este tipo de eventos extraordinarios que desafían la imaginación les llamamos Colombianadas. En México les dicen Mejicanadas; y así, de manera sucesiva, las demás repúblicas resultamos hermanadas por el absurdo de nuestras realidades.

Los hechos superan la imaginación. Lo cual no es lo mismo que decir que la realidad supera a la ficción.

¿Qué peso tiene el concepto de impunidad en tu obra?

Es un síntoma de una anomia, un problema que es mucho más complejo que la ausencia de justicia, aunque sea poética.

¿Dónde ocurren tus historias y cuál es el peso del lugar en ellas?

Es el espacio quien define a mis personajes. Es la atmósfera la que da sentido y coherencia al relato.

¿Crees en los finales felices?

Claro que creo en los finales felices. En Buenaventura, principal puerto de Colombia en el Pacífico, en un taller de escritura creativa, un niño sordo escribió la mejor fábula que jamás haya leído. El niño sordo escribió:

“Había una leona que tenía tres cachorritos. La leona estaba muy preocupada porque creía que sí ella moría, sus cachorritos también morirían. Un día la leona murió.”

Durante muchos años la vi como un reflejo cruel de nuestra historia reciente y me imaginé cómo uno de esos cachorritos que nada sabían del mundo, estrenando orfandad. Un día como hoy, tengo otra interpretación. Creo que a pesar de sus apariencias el texto del niño sordo no es una fábula sino una parábola, una alegoría de nuestra historia reciente.

Hoy, más de una década después de que este niño escribiera este pequeño relato, mi visión es más esperanzadora. Hoy creo que la leona es una metáfora de la guerra, que siempre estuvo con nosotros. La guerra ha terminado y ahora tendremos que aprender a vivir sin ella, como cachorros que estrenan la paz.

¿Tiene algún ritual a necesita estar en algunas condiciones especiales, para sentarse a escribir?

 Sí.  Yo me levantó a las 2:00 AM. a escribir, hasta las 8:00 ó 10:00 AM.  Y para llevar ese ritmo, siempre me acuesto, a las 7:00 PM. y me duermo, como a las 7:15, cuando están mostrando la parte de las noticias malas, en el televisor.  Tengo 8 hijos y en mi rincón en el mundo, que es mi casa, en La Castellana (Bogotá), he tratado de generar un ecosistema sensible alrededor de la escritura, con pájaros, palomas, tortugas y mucha gente que me ama.  Ese es el entorno afectivo que me permite escribir.

¿Cuál es la clave para recrear minuciosamente situaciones de momentos históricos y conversaciones que usted jamás podrá saber cómo se dieron realmente?

Mucha imaginación.  Uno se rige por una premisa básica que es verosimilitud, no veracidad.  Uno busca que lo que aparezca ahí resulte convincente.  En esa medida, me costó muchísimo llegar a un tono para que el lector pudiera creer lo que está leyendo.  Cuando comencé a entrar en la dimensión humana de los personajes, empecé a descubrir esas voces, esos diálogos... Evité, por ejemplo, ponerlos mucho a reflexionar.  Esta novela se mueve desde la acción y los personajes siempre se están moviendo y no reflexionando sobre el mundo, sin hacer nada por cambiarlo.

¿Para esta novela(LARA), se situó desde el enfoque de escritor, periodista o historiador?

Un poco de las tres.  Hubo un proceso riguroso, de más de 2 años, de rastreo de fuentes, entrevistas e investigación y después, articular toda esa información que había recopilado, que fue muchísima, y comenzar a pensar en un texto.  La historia siempre se ubica en eventos públicos, pero nunca alumbra esas zonas oscuras que son las cotidianidades de los seres humanos y el ser humano como tal. Y la ficción le ayuda a uno a meterse por ahí y a llenar los vacíos de la historia.

UN Periódico: La sociedad colombiana tiende a olvidar su historia reciente, es como querer sepultar el dolor padecido. Y en su novela están los magnicidios, la corrupción, la ilegalidad, el asesinato de dos grandes líderes: Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro. ¿Por qué se interesó en contar esa historia?

Nahum Montt: No he intentado librar una cruzada contra el olvido, ni aclarar los enigmas de sus muertes, ni mucho menos asumir posiciones panfletarias o emocionales. Creo, como Borges, que la memoria esta hecha de olvidos: "Somos lo que olvidamos, no lo que recordamos". ¿Qué hice entonces? Amarré unos cabos sueltos a una trama policíaca, me inventé unos personajes y reescribí una historia que indaga por la condición humana de los asesinos. El mundo está lleno de canallas sentimentales capaces de cometer las más atroces brutalidades y después acariciar conmovidos a sus mascotas, a sus hijos, a sus amantes.
Además, lo que ocurrió en aquella época fue muy lamentable, muy triste. Había un desencanto, una desesperanza, una tristeza colectiva. Como si nos hubieran matado un sueño.

UNP: ¿Hubo alguna dificultad en escribir sobre los asesinos y no juzgarlos, es decir, hacer sentir que no se estaba hablando de villanos sino de seres humanos?

NH: Es muy complejo llegar a lo que se llama "distancia estética". La trampa más próxima que uno tiene cuando empieza a escribir es tomar partido a favor de sus personajes y envilecer a otros. Lo otro, es que me considero un escritor de personajes. Me empiezan a llegar, los visualizo, y poco a poco los voy armando; después, cuando ya los conozco, los pongo en circunstancias problemáticas. Por eso es que el jurado dice que la novela tiene personajes entrañables, pero creo que son personajes delirantes, con concepciones de mundo muy particulares. En la realidad hay acontecimientos más insólitos y ficticios que en la misma literatura. Los atrapo, les doy un nuevo sentido y se los devuelvo a los lectores para que se miren allí como en un espejo.

UNP: ¿Qué ventajas tiene el lenguaje literario frente a otros lenguajes a la hora de narrar sobre estos personajes históricos?

NH: Asumir una posición estética implica distanciarse de los lugares comunes, clichés y de tanta flacidez de pensamiento. La literatura nos permite profundizar en lo humano y nos salva de valoraciones y apreciaciones superficiales. Uno no puede quedarse en la sangre, hay que hacer catarsis de tanto muerto. Si la literatura me sirve para realizar un acto de fe en la vida, aunque tenga que despertar a los asesinos y sus víctimas, y traerlos a esta época, pues lo hago. Para mí siempre será una afirmación vital. Y más allá de esa concepción de la memoria que intenta recuperar recuerdos, yo veo una memoria fundada en olvidos que se reconstruye a diario, que se rehace, se repiensa. Al transformarla en literatura, el lector puede volver a vivir una atmósfera e inferir que no somos ni buenos ni malos, sino una contradicción entre el bien y el mal.

UNP: ¿Qué tan difícil es hablar sobre la historia del país?

NM: Al escribir la novela tuve también mis crisis y me pregunté: ¿Vale la pena intentarlo? Emergía cada madrugada. Porque meterse con la historia de este país es muy complicado. Algunos escritores lo han in-tentado y pocos han salido bien librados; muchos prefieren otras temáticas, otras épocas, otras formas sutiles de evasión; tal vez nuestra realidad no les dice mucho o ya están anestesiados y no los cuestiono, pues la literatura como el arte en general, está más allá de presupuestos éticos o moralistas. Los únicos principios en los cuales creo son la calidad y la autenticidad.

UNP: ¿Qué significa ganarse este premio?
NH: Enrique Serrano, ganador del Juan Rulfo, me dio una imagen que aún me ronda. Me dijo que había una fila muy larga de escritores. Y los concursos te sacan de esa fila, te hacen cruzar el umbral iniciático y permite estos encuentros, que ustedes me conozcan, me lean. Ahora me siento muy tranquilo. Entre un costal de moralejas he guardado algunas verdades de Perogrullo; por ejemplo, recuerdo lo que decía Kipling: "Cuando sepas encontrarte con el fracaso y el éxito y tratar del mismo modo a esos dos impostores.". Ahora asumo el oficio de escribir con mayor rigor, constancia y seriedad, más allá de estas imposturas.

UNP: ¿Qué está preparando ahora?
NH: El Eskimal y la Mariposa explora la pérdida del horror de matar. Llevo dos años escribiendo una novela sobre Rodrigo Lara Bonilla, el ministro de Justicia asesinado hace más de 20 años. Ésta se ubica del lado de la víctima. Ya está prácticamente acabada, tengo varios meses para pulirla y publicarla el año entrante. Me llamó la atención que Lara Bonilla pasó a la historia de este país como un mártir en la lucha contra el narcotráfico, pero en realidad fue un político con una visión integral de la justicia, lo social, lo ideológico, además que era un ser humano excepcional con una memoria prodigiosa y un sentido del humor chispeante e ingenioso. Al comienzo había escrito un texto argumentativo más próximo a lo historiográfico, después lo escribí en forma de crónica y al final me dije: ¿A quién trato de engañar? Si yo no soy historiador ni periodista, lo único que sé es narrar. Así que me lancé a la novela y siento que no me equivoqué, pues la literatura nos permite acercarnos a esas metáforas eternas, a esas historias donde los ideales puestos a prueba por la adversidad se enaltecen y salen fortalecidos.

Los asesinos responsables de dos magnicidios que cambiaron la historia del país toman la palabra en un texto policíaco que obtuvo el Premio Nacional de Novela, otorgado por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo (Idct). UN Periódico conversó con el autor, un barranqueño egresado de la Universidad Nacional.







miércoles, 10 de octubre de 2018

Decálogo del imperfecto novelista, por Pedro Rangel Mora


Decálogo del imperfecto novelista, por Pedro Rangel Mora

15/ 04/ 2013 | Categorías: DestacadoHerramientasOpinión
Tomado de: http://ficcionbreve.org/decalogo-del-imperfecto-novelista-de-pedro-rangel-mora/
Para Rafael Cartay
“Ninguna obra de arte nace sin la
colaboración del demonio”
André Gide

Ante la pregunta que me han hecho —y me hago—, sobre cuáles son las claves para escribir una novela, decidí arriesgar una propuesta. Para poder reseñar éstas claves, fue necesario tomar prestado dichos de otros autores, así como ideas que están en el “aire” y son de utilidad. Había además una referencia obligada que consultar: el Decálogo del Perfecto Cuentista de Horacio Quiroga, quien en la regla número VIII afirma: “Un Cuento es una novela depurada de ripios”. En consecuencia, una Novela es un cuento saturado de ripios. Siguiendo éste camino llegamos a la conclusión ineludible, como Borges, de que por su extensión no es posible escribir una novela perfecta. Esta es la razón del título Decálogo del Imperfecto Novelista, el cual, siguiendo la lógica de Los Tres Mosqueteros, que eran cuatro, de dios, que es rubio y de ojos azules, está conformado por trece reglas principales, que expondremos a continuación:
I
“La Literatura es una Aventura del Espíritu”. No ates antes de nacer el destino de la novela y recorrerás caminos inesperados, hallarás tesoros nunca imaginados.
II
Parte de una idea fija. Aliméntala, acaríciala, mírala crecer. Cuando esté madura y sientas que va a estallar en tu pecho exhortada por la danza de tus demonios, libérala, comienza la novela.
III
No tengas temores, juega como un niño, experimenta, el placer de escribir será mayor. Después de todo no corres ningún riesgo, siempre podrás usar el borrador.
IV
Toda novela está compuesta por muchos cuentos, anótalos junto a noticias, canciones, tornillos, sueños, sensaciones, vericuetos, recetas de cocina, bicicletas rotas, vivencias, miradas, telegramas, expedientes, dibujos, declaraciones de amor o de odio. Todo vale para saciar el hambre terrible de la novela. Pero recuerda que el animal sólo come ciertos alimentos, los necesarios para subsistir.
V
Conoce la historia de cada uno de los personajes, sus miedos, obsesiones, habilidades, fantasías. Conócelos tanto que cada vez que intervengan puedas(n) ver sus rostros, escuchar sus voces. De esta manera, aunque te traicionen, serán coherentes consigo mismos y con el relato, serán seres “de carne y hueso”, inconfundibles para el lector.
VI
Aunque traces un camino a seguir, déjate “arrastrar por el río de la historia”, después de todo la escritura tiene sus riegos, como la vida. Descubrirás que los personajes tienen vida propia y viven en un mundo con sus leyes, que a veces el autor desconoce. Pon los acentos donde deban ponerse, pero no impongas tu voluntad contra esas leyes, o los personajes, la novela, la aventura, serán un ensayo fallido.
VII
Si sientes que te dictan el texto, toma nota, no te niegues a ser vocero de las musas, los dioses, la literatura, o como quieras llamar a quién —o que— te susurra al oído.
VIII
Trata de escribir un texto perfecto, aunque pienses que es imposible. Ten ojo crítico, elimina todo lo que esté de sobra, rescribe las veces que sea necesario. “Una frase al día, si es perfecta, es un gran logro”. La línea de la trama puede ser oblicua, en zigzag, elíptica, incluso puede no existir, pero sí tomaste alguna decisión incorrecta sobre la ruta, regresa y modifica el texto, o mejor, vuelve a empezar, es una de las ventajas que tenemos cuando somos dios.
IX
Un texto terminado se puede llamar Novela cuando, conjugados las innumerables telas y tejidos que la conforman, haz creado un mundo autónomo, coherente, creíble, inteligible (a diferencia de la vida), por muy fantástico que sea. Cumpliste el propósito sí “el círculo cierra perfectamente”.
X
No te pongas un plazo para terminar la novela, porque corres el riesgo de cumplirlo. El tiempo que emplees debe ser el necesario, ni un minuto más ni un minuto menos.
XI
La literatura es, también, “un medio de expresión, una forma de comunicación”. Utiliza el genero que se adecue a tus necesidades. Si el volcán que hace erupción en tu pecho necesita incendiar un bosque de páginas, la novela debe ser el recipiente adecuado. Si el tema es un crimen, podrías escribir una Novela Policial, entonces debes conocer las características de la modalidad, para ignorarlas incluso.
XII
Si eres un escritor ambicioso, y quieres extender los límites establecidos para la novela, entonces debes dinamitar el barco de la lógica, romper en mil pedazos la maquina del tiempo, a la que hemos sido condenados sin ser escuchados. Eso sí, el texto tiene que parecer real, conformar un mundo.
XIII
Y por último, la clave más importante, la regla de oro de la literatura: No creas en ninguno de los principios enarbolados antes que tú. Esto quiere decir que todo lo dicho en el decálogo es completamente falso, pues todo escritor debe descubrir finalmente sus propias reglas del juego, su propio juego, de lo contrario sería como andar con los zapatos de otro, o peor aún, como vivir una vida —novela— ajena, lo que sería la mayor de las imposturas.

Nota: Pedro Rangel Mora es un abogado y escritor venezolano nacido en 1956, autor de novelas, cuentos y ensayos

Anotaciones sobre el arte de escribir -Varios Autores

Anotaciones sobre el arte de escribir

27/ 04/ 2014 | Categorías: DestacadoEspecialesHerramientas

Tomado de: http://ficcionbreve.org/anotaciones-sobre-el-arte-de-escribir/

Aunque es cierto que no existe método ni manual que trasmita los conocimientos necesarios para desarrollar una obra literaria, también es cierto que los jóvenes autores siempre están atentos a cuanto apunte hagan autores más experimentados en torno al oficio, a fin de tratar de aprovechar esa experiencia en el desarrollo de la propia obra. Ficción Breve reúne, a continuación, fragmentos de algunas reflexiones y apuntes sobre los elementos resaltantes de la escritura creativa para algunos autores y críticos venezolanos.
“No hay género menor, hay escritores menores. Sólo hay dos tipos de escritores: los buenos y los malos. A un escritor no lo hace un género, lo hace la escritura. Es muy simple. Sería absurdo negar la presencia de la crónica en todos los géneros: incluso en la poesía; hay una poesía contemporánea donde se percibe una cierta ironía urbana que se toca con la actitud del cronista.”
Elisa Lerner (En entrevista con Milagros Socorro)
“Una de las cualidades de un buen narrador es su capacidad para oir. Fijar el sentido de la atención en los múltiples sonidos que viene de su memoria, de la tradición, de su entorno inmediato y del mundo exterior forma parte del entrenamiento y aprendizaje del narrador, pues de aquel concierto polifónico extraerá una significativa porción de sus materiales de trabajo. El oído fino y agudo, desarrollado en la perseverancia para escuchar, le permitirá discernir entre el mero ruido y una composición musical.”
Ednodio Quintero (De su libro De narrativa y narradores)
“La cualidad fundamental del escritor, supuesto el talento, posiblemente resultaría ser la voluntad, puesto que otras cualidades importantes como la experiencia, la capacidad de observación o el dominio del lenguaje, pierden significación o quedan anuladas si no existe la firme voluntad de crear la obra. Sin voluntad no hay obra.”
Eduardo Liendo (De su ensayo Reflexiones en torno al oficio de escritor y la creación novelística)
“Cuando escribo registro lo escuchado y ello tiene su origen en una perversión que cultivo desde niña: escucho las conversaciones ajenas. Escucho el tono, la manera en que las personas dicen las cosas en el transcurso de los contactos de rutina. Cómo habla la señora de la farmacia, la cajera del automercado, las mujeres que van en el metro, las personas que hacen cola en la taquilla del cine, los que están en la mesa vecina en un café, y de ahí en adelante. Lo escucho registrando sus modos de comunicación, me interesa lo que dicen pero sobre todo la manera en que lo dicen. En el lenguaje delatamos la manera de ver el mundo, y más aún el mundo de cada quien.”
Ana Teresa Torres (Fragmento de El oficio por Dentro)
“La cualidad de maravillosa historia que aceptamos como característica del cuento supone que en este género literario el autor no sólo debe exponer enigmas, misterios y milagros, sino que debe resolverlos. Al plantear así el cuento como problema de arte encontramos su límite y la cualidad -evidentemente secundaria- de su corta extensión.”
Guillermo Meneses (Del prólogo a la Antología del cuento venezolano)
“El cuento no admite vacilación en ninguna de sus palabras. Cada una deja de existir por sí misma para conducir a la próxima. Y la última es, proporcionalmente, la primera.”
José Balza (Del ensayo El cuento Lince y Topo)
“Hay que vigilar la claridad y la precisión, aún cuando se esté trabajando cuentos sugeridos, o un cierto hermetismo con finales ambiguos, pero tu sintaxis, tu trabajo de lenguaje debe ser claro, y un cuento que funciona es aquel que nadie tiene que explicar y te conmueve, y te ha tocado esa parte no tangible. Porque el cuento que necesita ser explicado pierde su esencia. Incluso siendo un cuento difícil.”
Israel Centeno (En entrevsita con Ficción Breve)
“La vecindad genérica permite que el cuento visite a la poesía en su habitación y, también, que ambos se reúnan a conversar en las áreas comunes con el ensayo y la novela. Luego, cada quien puede tornar a su dormitorio y repetir en sueños el encuentro.”
Ángel Gustavo Infante (Del prólogo a Poética del cuento)
“El cuento es un acto de puntería. En el cuento se dispone de una pistola con una sola bala. Si yerras, se pierde todo el esfuerzo. Y no hay reposición. Ni rewind, ni control zeta. A diferencia de la novela, en el cuento no hay parque, municiones para gastar, por lo que tienes que emplear lo poco que tienes de la manera más eficaz (eficacia en el sentido del areté griego, como en la guerra). No hay manera de desvariar, no hay manera de arborizarse (…) Con dos trazos tienes que pergeñar una historia que tiene que estar imbuida de un discurso y tienes que producir un efecto.”
Oscar Marcano (En entrevista con Ficción Breve)
“Un cuento debe de alguna manera rebasar los límites de la localización, aunque su tema parezca reducido a un cierto espacio geográfico muy específico. Luvina (de Juan Rulfo) no es un buen cuento porque plantee la situación particular de un pueblo mexicano abatido por la soledad, sino porque a partir de allí el lector es motivado a intuir una situación similar para cualquier pueblo del mundo en cualquier época.”
Luis Barrera Linares (Del ensayo Apuntes para una teoría del cuento)
“Si eres un escritor ambicioso, y quieres extender los límites establecidos para la novela, entonces debes dinamitar el barco de la lógica, romper en mil pedazos la maquina del tiempo, a la que hemos sido condenados sin ser escuchados. Eso sí, el texto tiene que parecer real, conformar un mundo.”
Pedro Rangel Mora (Del Decálogo del imperfecto novelista)
“Escribir es también una manera simultánea de aprender. El escritor, al ampliar el espectro de la memoria personal al enigma del inconsciente colectivo, como guiado por una mano mágica, se pregunta, devela incógnitas, indaga en diccionarios, enciclopedias y libros especializados, hasta dar con la respuesta tranquilizadora.”
Antonieta Madrid (Del ensayo El arte de novelar)
“Me parece que el cuento, con sus tensiones y sus pausas, tiene una clave, un secreto que se me escapa, que exige unas habilidades, de humor chirrirante, ironía, de golpear duro y con la mano izquierda en el momento preciso, de un sentido de la fatalidad del que carezco.”
Victoria De Stefano (En entrevista con Ficción Breve)
“La documentación siempre es necesaria. En esto el rubor no puede ser un límite: desde libros de medicina hasta revistas de moda; desde entrevistas a especialistas hasta visitas a cárceles; desde grabaciones de discusiones de bar hasta búsquedas en internet. Películas, videos, documentos, códigos, horarios de recolección de basura, lo que sea necesario. El expediente más usado, probablemente, es la prensa diaria. El expediente extremo: ensayar a vivir personalmente la escena antes de relatarla”.
Carlos Noguera (De nuestros archivos)
Y, para concluir, un ejercicio de escritura:
“El primer día escribe un máximo de media cuartilla resumiendo tu vida. Al día siguiente otra mitad sobre lo que te sucedió durante el año. Al tercer día sobre lo que te pasó en la semana. El cuarto sobre lo que te sucedió ayer. El quinto sobre lo que harás al día siguiente. En el sexto escribe durante media hora sobre todo lo que te pase por la cabeza. Esta última prueba debes realizarla frente a un reloj para no hacer trampa. El séptimo día descansarás como Dios de todo lo que has hecho y creado.”
Federico Vegas (De su novela Miedo, pudor y deleite)

CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA POLICÍACA Ronald Knox



CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA POLICÍACA Ronald Knox



Ronald Knox, teólogo y escritor inglés, fue autor de seis novelas y creo al personaje  Mile Bredon, investigador de seguros. Partiendo de su método, escribió diez ideas sobre cómo escribir una novela policíaca, que pueden considerarse un resumen personal de las de Van Dine. Estas normas acerca de cómo escribir una novela policíaca se incluyeron en el prólogo escrito por Knox  en el libro “Las mejores historias de detectives de 1928-29″, en el que el escritor enumeraba una serie de normas que debían cumplir las novelas de misterio. Puedes conocer el decálogo de Knox sobre cómo escribir una novela policíaca a continuación:
 
  1. El personaje que resultará ser el asesino tiene que haber sido mencionado al comienzo de la novela, pero no podemos ser conocedores de sus pensamientos.
Si pudiéramos leer los pensamientos del asesino, sería fácil descubrir el crimen, y la novela perdería interés. Por eso el narrador de la historia no puede ser el asesino y no podemos utilizar la voz narrativa en primera persona sobre su personaje o un omnisciente que nos permita conocer lo que piensa.
Hay que decir que la novela de Agatha Christie El asesinato de Roger Ackroyd no sigue esta norma, pero puede considerarse una excepción. Estamos hablando claro está, de las novelas de detectives de principios de siglo que se corresponden con la novela policíaca clásica. Hoy en día, sin embargo, existen muchas variantes de este tipo de novelas en las que sí podemos conocer los pensamiento del criminal, es el caso de El talento de Mr. Ripley, de Patricia Highsmith.
 
  1. No podemos buscar una explicación sobrenatural a lo que suceda en la novela.
Todo tiene que tener una explicación razonable dentro de las leyes de la naturaleza.
 
  1. La existencia de una habitación oculta donde se esconde el asesino para no ser visto o un pasadizo secreto por donde puede escapar es una solución muy fácil no puede ocurrir más de una vez.
 
  1. Si decidimos matar a nuestra víctima con un veneno, este debe ser un veneno real, conocido y probado su efecto como tal. Tampoco puede mencionarse un aparato científico que requiera ser explicado con detalle para que los lectores entiendan su funcionamiento.
No vale inventarse una nueva clase de veneno que nadie conocía y por tanto nadie podía descubrir. Se trata de que con las pistas que el escritor proporciona, el lector pueda llegar a descubrir al asesino.
 
  1. Nuestro asesino tiene que tener un motivo para matar.
 
Nada de crear el personaje de loco asesino que mata sin razón. No debe haber  lo que Konx llama un “Chinaman“, que es un asesino loco que mata sin razón y que tiene su origen en la novela escrita por Stephen Leather con el mismo título.
 
  1. En una novela de detectives, como se ha dicho se tiene que poner de manifiesto el dominio de la lógica y de la razón, por eso el detective no puede solucionar las cosas en base a su intuición, sino como consecuencia de su trabajo. Como en cualquier novela, tampoco puede suceder nada por azar, así que el detective no puede obtener las pruebas por accidente.
 
  1. El asesino no puede ser el que realiza la investigación. No puede ser el detective, sino otro personaje.
 
El criminal debe ser un personaje distinto del que realiza la investigación porque precisamente una novela policial se trata de eso, de enfrentar al detective con el criminal y que al final, como el gato al ratón, el detective consiga atraparlo.
 
  1. El detective no puede, en el desenlace de la novela, presentar pruebas nuevas que no hayas sido explicadas y puestas a disposición del lector con anterioridad.
Todo tiene que estar a la vista del lector durante la investigación que el detective lleve a cabo, sino se trataría de un engaño.
 
  1. Cuando el detective tiene un acompañante en la investigación, ese personaje que en la mayoría de las novelas no tiene la misma inteligencia que el detective, debe mostrar sus pensamientos al lector. Pero tampoco se trata de que sea un auténtico estúpido, su inteligencia solo tiene que estar un peldaño por debajo del lector medio.
 
  1. Intentar confundir al lector con la aparición de un doble o un hermano gemelo de forma sorpresiva es un truco fácil. Si tienen que aparecer gemelos, lo mejor es que se conozca de antemano su existencia.
Esta son las normas de Knox, pero ya sabrás que para escribir no hay reglas fijas. Si eres de los que piensas que estas reglas para escribir una historia de detectives están para romperlas, no serás el primero. Josef Svoresky escribió una historia de detectives titulada “Los pecados del padre Knox” en la que rompía deliberadamente estas diez reglas.


Según apunta John Curran, en Agatha Christie. Los planes del crimen (2013, 50), Knox ideó este decálogo para encontrar la esencia de la novela de detectives, a fin de diferenciarla del thriller.

A pesar de lo desafortunadas, en cierto modo, de algunas de las reglas del decálogo de Ronald Arbuthnott Knox, en la Introducción de su decálogo, sí supo transmitir con bastante éxito la esencia de una historia de detectives: ¿Qué es una historia de detectives? […] Una historia de detectives debe tener como principal interés la resolución de un misterio; un misterio cuyos elementos están claramente presentados al lector en  la primera etapa de la historia y cuya naturaleza posee la capacidad de  despertar la curiosidad (al lector, espectador u oyente) y que dicha curiosidad se alargará hasta el final.


Tomado de:













martes, 9 de octubre de 2018

CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA NEGRA Consejos de Lester Dent


CÓMO ESCRIBIR UNA NOVELA NEGRA 
Consejos de Lester Dent


Lester Dent (1904-1959, La Plata, Missouri), el escritor de más de 160 novelas negras durante las décadas de los años 20, 30 y 40 en Estados Unidos, creador de la mítica serie Doc Savage, fue un prolífico autor de numerosas historias de Pulp Fiction. Pulp Fiction es un término que designaba un formato de encuadernación rústico y barato, de revistas que publicaban narraciones e historietas de ficción de diferentes géneros. Las historias contenían argumentos simples con ilustraciones artísticas en los que se mostraban escenas de la trama. Lester Dent sintetizó el sistema que utilizaba para escribir este tipo de historias:  Se trata de una fórmula, una trama principal genérica, aplicable (según él) a cualquier hitoria de género de 6000 palabras. Dent ha aplicado esta fórmula a historias de aventura, detectives, del oeste y de guerra. Hace un esquema donde nos sugiere dónde poner cada elemento de la trama y de qué manera hacerlo. Divide la historia tipo en cuatro cuartos de 1500 palabras.
Si, como asegura el autor, que "el negocio de la construcción de historias no es muy diferente de la del negocio de la construcción de cualquier otra cosa", vamos por buen camino. Durante la primera mitad del pasado siglo, la novela negra vivió una edad dorada (no sólo en Estados Unidos), vilipendiada luego, eso sí, por autores también negrísimos como Raymond Chandler por la simplicidad de sus planteamientos. Pero, claro, Chandler también le daba cera a Agatha Christie... Además, su principal crítica era que no se trataba de verdadero arte, pero ¿quién está hablando de arte? Además fue Dent quien inspiró a Dashiel Hammet, y eso ya son palabras mayores.

Ahora, además, casi un siglo después, el pulp se vuelve a reivindicar como género (a ver si se ponen de acuerdo).

El propio Dent creó una fórmula mágica para diseñar una novela negra de detectives que lleva años circulando entre aspirantes a escritores de novela negra, que hemos desempolvado para guiarnos en nuestro intento de convertirte en un escritor de novelas de misterio. "Se trata de una fórmula, una trama maestra, para cualquier historia de 6.000 palabras. Se dice exactamente dónde poner todo. Demuestra definitivamente sólo lo que debe suceder en cada sucesivas mil palabras", plantea Dent. Bien, un método fácil de copiar. Nos vale.


Así es como tienes que comenzar, según escribió Dent:

1. "Piensa en un método poco habitual de asesinar para tu villano".

2. "Busca también una motivación diferente para que el asesino cometa sus crímenes".

3. "Trata que la ubicación de la historia se salga también de lo común".

4. "Debe pender una amenaza sobre el héroe principal que puede o no estar relacionada con el crimen principal".

"Si eres capaz de encontrar sólo una cosa diferente, perfecto. Si son dos o tres, mucho mejor. Deberías tenerlas claras antes de sentarte a escribir", te recomienda Dent desde su tumba. na de estas cosas diferente sería bonito, mejor dos, tres oleaje. Puede ayudar si están plenamente en cuenta antes de abordar el resto.

¿De qué hablamos cuando hablamos de una forma diferente de asesinar?
¿Apuñalamiento? Aburrido. ¿Asfixia? Aburrido. ¿Descuartizado? Aburrido. ¿Escorpiones y su picadura venenosa? Más visto que el tebeo. "¿Tal vez mosquitos o moscas tratadas con gérmenes mortales?", sugiere Dent.

"También te sirve si las víctimas son asesinadas por métodos ordinarios, pero sus cuerpos se encontraron en extrañas circunstancias. Eso sí, si tiras por aquí, el lector, por supuesto, no puede saber hasta el final que el método de asesinato es ordinario. Piensa en un cadáver cuyo torso en la autopsia revela mariposas dentro que echan a volar", apunta el autor.

¿A qué se refiere Dent con lo de buscar una motivación diferente para el villano?
Pues a que no acabe con sus víctimas por una obsesión no resuelta con su madre -o con las madres de sus compañeros de colegio, que le dieron un nuevo sentido a El Graduado... uff, me parece que nos vamos del tema aquí-, o porque ha robado unas piedras preciosas, o porque detrás hay el botín robado de un banco. Busca algo que sea nuevo, recomienda Dent.

¿Y a qué se refiere con encontrar un escenario único?
A encontrar un espacio que encaje con el crimen. Dent recomienda tirar de la experiencia personal, tratar de buscar lugares que nos resulten comunes, pero que no sean lugares comunes para el común de los mortales.


¿Hasta aquí todo claro? Bien, vamos con la plantilla de Dent para una novela de detectives perfecta. Aquí está la segunda parte de la trama principal.

¿Su primer consejo? Para una novela pulp de 6.000 palabras, divide la estructura del texto en cuatro partes de 1,500 palabras.

Primeras 1.500 PALABRAS
1 - "En la primera línea, o tan cerca como sea posible a la misma, introduce al héroe y métele en problemas. Deja caer un misterio, una amenaza o un problema que tiene que ser resuelto, algo a lo que el héroe tiene que hacer frente", plantea Dent.

2 - El héroe trata de resolver ese problema, pero todavía no lo consigue.

3 - Presenta a todos los otros personajes tan pronto como sea posible. Que participen en la acción desde el principio.

4 - Los desvelos del héroe para resolver su problema o desentrañar el misterio le llevan a un enfrentamiento físico antes de que se acabe este primer bloque de 1.500 palabras.

5 - Cerca del final, hay un giro en la trama que produce sorpresa en el lector.

Es momento, según este escritor, de preguntarse:

¿El texto tiene suspense?
¿Existe una amenaza creíble para el héroe?
¿Sucede todo de forma lógica?
¿Sí? Sigamos.

"Imagina que el héroe tiene que rescatar a Eloisa, que no está precisamente debajo de un almendro. El protagonista se enfrenta al villano o a alguno de sus secuaces y aunque no es capaz de rescatarla, resulta que Eloisa, ¡sorpresa!, es un orangután", pone Dent como ejemplo.

Segundas 1.500 palabras
1 - Haz que tu héroe sufra más.

2 - El héroe continúa luchando para resolver su problema, lo que hace que...

3 - Tenga un nuevo enfrentamiento físico.

4 - De nuevo, cierras este bloque de 1.500 palabras con un sorprendente giro de la trama.

Más preguntas.

¿Se mantiene el suspense durante esta segunda parte?
¿Crece la amenaza sobre el héroe como una nube negra?
¿Siente el héroe que tiene el agua al cuello?
¿Tiene sentido todo lo que ha ocurrido en este segundo bloque?
Y lo más importante: ¿Hay acción? "No cuentes las cosas, haz que los personajes, con sus acciones, las cuenten. Este es uno de los secretos de la escritura; Nunca decirle al lector lo que pasa, sino mostrárselo con las acciones de los personajes. Tienes que conseguir que el lector lo vea", aconseja Dent. ¡NO LO DIGAS, Muéstralo! Este es uno de los secretos de la escritura, nunca hay decirle cosas al lector, debes mostrarle (temblando, ojos errantes, mandíbula floja, y así…) Que el lector lo vea y deduzca por sí mismo.

"Ah, y trata de introducir pequeñas sorpresas a lo largo del texto. Si puedes meter una sorpresa menor en cada página, mejor que mejor", sigue Dent. Es razonable esperar que estas sorpresas menores ayuden al momento de seducir al lector y mantener su interés. Ellos no tienen que esforzarse. Un método para llevar a cabo de vez en cuando es éste: el héroe está examinando la escena del crimen. La puerta detrás de él comienza lentamente a abrirse. Él no lo ve. Lleva a cabo su examen sin contratiempos. La puerta se abre más y más, hasta que ¡sorpresa! El vidrio de la ventana de la habitación se abre completamente. Debe de haberse abierto poco a poco, y el aire que soplaba en la habitación ha causado que la puerta se abra. Entonces, ¿qué diablos hacía que se abra tan lentamente? Más misterio.

La caracterización de un personaje de la historia consiste en darle algunas cosas que le hacen pegarse en la mente del lector. ‘Etiquételos’ con algo que los haga fácil de recordar.

Construya a conciencia sus escenarios para que la acción pueda ser continua.

Tercer bloque de 1.500 PALABRAS
1 - Ahonda todavía más en el dolor del héroe.

2 - El héroe hace algunos avances a la hora de resolver el misterio y consigue acorrarlar al villano o alguno de los implicados en el crimen en una escena que le lleva -sí, lo has adivinado-...

3 - ... a un nuevo conflicto físico. Puñetazo por aquí, estrangulamiento por allá.

4 - De nuevo toca un sorprendente giro de la trama, en la que al héroe se le pone el futuro negro negrísimo justo en las últimas palabras.

Tus preguntas aquí son:

¿Continúa el suspense?
¿La amenaza es cada vez más angustiosa?
¿El héroe siente que está dentro de un infierno particular sin solución?
¿Tiene lógica lo que has contado en este bloque?
Dent era consciente cuando escribía todo esto que es una plantilla, una fórmula estática, que, según sus propias palabras, "sólo sirve para asegurarte de que hay conflicto físico cada equis palabras y de que hay giros en la trama que introducen suspense y consiguen que la amenaza no decaiga. Sin ellos, no hay novela negra".

"Trata también de que el enfrentamiento físico sea diferente en cada bloque. Si en uno luchan con los puños, en el siguiente utiliza espadas y gas venenoso. Si el héroe tiene algún golpe particular puede utilizarlo más de una vez, pero trata de que no sea dos veces seguidas", apunta este autor desde la ultratumba.

La idea, como te podrás imaginar, es evitar la monotonía. Hay recursos para esto:
Escenas de acción: Deben ser vívidas, rápidas, sin palabras de más. Es preciso crear suspenso, hacen que el lector vea y sienta la acción.

Escenarios: Oír, oler, ver, sentir y saborear.

Descripciones: Los árboles, el viento, el paisaje y el agua.

El secreto de toda la escritura es hacer que cada palabra cuente.

Último bloque (1.500 PALABRAS)
1 - Echa más dificultades encima del protagonista de la historia, hasta tal punto que...

2 - ... el héroe queda enterrado en esas dificultades. El villano le hace prisionario. Le meten en la cárcel por un crimen que no ha cometido. El orangután que tenía que rescatar puede que esté muerto. Y, lo más importante de todo, el héroe está a punto de sufrir en sus propias carnes el método de asesinato que has elegido y que es tan diferente de todo lo que estamos acostumbrados a leer.

3 - El héroe consigue salvarse utilizando sus propios medios. No vale si alguien le salva. Tienen que ser sus esfuerzos, su fuerza, su intelecto, el plan que ha trazado, no una fuerza externa que llega por casualidad.

4 - El resto de misterios que has ido dejando caer, se solucionan al mismo tiempo que el héroe retoma las riendas de la historia.

5 - Debes introducir un giro final, una gran sorpresa. Puede que el villano sea una persona inesperada o que el tesoro era una trampa.

6 - Elige una frase lapidaria con la que acabar tus 1.500 palabras. El remate, la gracia de ponerle fin con estilo.

Las últimas preguntas y ya acabamos y te puedes poner a escribir:

¿Has conseguido mantener el suspense hasta el último párrafo?
¿La amenaza ha sobrevolado al héroe hasta su resolución final?
¿Has explicado todos los misterios que has planteado?
¿Has conseguido que haya una sucesión lógica de acontecimientos?
¿Es la resolución tan buena como para dejar al lector satisfecho?
¿Dios mata al villano? ¿O lo hace el héroe?
Si respondes positivamente a todas estas preguntas, vas por el buen camino. Estamos deseando leer lo que has escrito.

Para terminar, esta frase:
“Ningún escrito mío, hecho siguiendo esta fórmula, ha fallado en las ventas. El sistema para la construcción de historias no es muy diferente que el método para construir cualquier otra cosa.”