ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

viernes, 27 de mayo de 2016

Gramática de la conversación (Decálogo de aquel que escucha) Julio Cesar Londoño

Gramática de la conversación

(Decálogo de aquel que escucha)
Julio Cesar Londoño
Las habilidades lingüísticas son cuatro: leer, escribir, hablar y escuchar. Las tres primeras son estudiadas y promovidas. Leer y escribir, porque sobre ellas descansan las estrategias pedagógicas. De hablar no se habla. Se supone que todo el mundo sabe hacerlo. Pero algunos cultivan esta habilidad porque abrigan la esperanza de alcanzar una curul o un púlpito y llevar una vida descansada. Escuchar, en cambio, es el patito feo del grupo. Nadie, si exceptuamos los servicios de inteligencia, quiere escuchar a nadie. Quizá es por esto que fracasan los diálogos.
Escuchar es una actividad tan descuidada que ni siquiera hay una buena palabra para designar al que la domina, como sí existen, sonoras y prestigiosas, para las otras habilidades: orador, lector, escritor.
Debemos prestarle más orejas al asunto porque si no escuchamos naufraga la conversación, ese arte que nos permite pensar en grupo, seducir y conspirar en privado, hacer negocios con extraños y fiestas con los amigos.
Todos dicen amar la conversación pero olvidan que se trata de un contrapunto delicado, del equilibrio justo de frases y silencios, de pausas y cortesías. Propongo, entonces, que inventemos una gramática de la conversación. Por ejemplo:
Regla 01: si le preguntan ‘cómo está’, entienda que es una fórmula social, no una pregunta. No le vacíe al infeliz su historia clínica ni el proyecto que tiene entre manos. Diga simplemente ‘Bien gracias, ¿y usted?’, como un inglés, o ‘excelente y mejorando’, como los paisas, o ‘¡A usted que le importa!’, como los alemanes.
Regla 02: no haga intervenciones largas, a no ser que hable desde el púlpito o desde una curul.
Regla 03: respete al mudo. Hay personas que hablan poco. Cuando una de ellas intervenga, muérdase la lengua. Es probable que no tenga otra oportunidad de escucharla.
Regla 04: sostenga el tema. Si alguien dice que está feliz leyendo a Z, no lo interrumpa para decir que a usted le encanta K, porque entonces otro gritará que no hay como H, y al final no hablarán de Z ni de K ni de H. Es de elemental urbanidad sostener el tema durante un lapso prudente… o cerrar la jeta.
Regla 05: Yo. El tema más difícil es uno mismo. Termina uno minimizándose, reptando bajo la mesa como cualquier Gregorio Samsa, o pavoneándose con una ‘modestia’ que no convence a nadie. Consejo: si lo acorralan, diga dos frases y escurra el bulto, generalice, vaya de lo particular (usted) a lo general (su profesión, por ejemplo).
Regla 06: los temas tabú. Si el anfitrión le insinúa que no hable de política ni de religión, aséstele una conferencia sobre ecuaciones diferenciales, para que no joda.
Regla 07: no arme corrillos. Hable en voz alta, para todos, y mírelos a los ojos. (Inciso: no le mire fijamente los pechos a su interlocutora).
Regla 08. no dé consejos… ¡o trépese de una vez a su maldito púlpito!
Regla obvia: no interrumpa nunca, y menos al principio. Si alguien empieza una historia, o aún no redondea su intervención, es una guachada cambiar el tema. Excepción: interrumpir al parlanchín, al zoquete que vive extasiado con el sonido de su propia voz, es un deber cívico, un imperativo categórico y una bondad social.
Regla recta: evite la digresión. Si la tentación es irresistible, sintetice y retome rápidamente el tema central.
Reglita: sea breve. Todos perdonamos las bobadas cortas. Las largas arruinan hasta la mejor fiesta.
Regla de reglas: escuche con sus oídos y con su corazón. Póngase en los zapatos del otro. Trate de entenderlo.



Ñapa: otro decálogo del profesor Londoño: 
http://decalogosliterarios.blogspot.com.co/2015/01/julio-cesar-londono-cuestionario-para.html