ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

viernes, 27 de noviembre de 2015

Pautas para el buen columnista, según Héctor Abad Faciolince

Pautas para el buen columnista, según Héctor Abad Faciolince



Héctor Abad Faciolince es un hombre que tiene toda la autoridad para dar consejos sobre  cómo escribir. Las siguientes pautas son tomadas de una conferencia dada por el escritor en 2006, en la facultad de comunicación social de la Universidad EAFIT de Medellín, Colombia. Según el escritor, “la constancia vence lo que la dicha no alcanza” y es por esa constancia que según él, se atreve a dar las siguientes pautas:
1. Estudia y practica: en un curso de periodismo de opinión hay que escribir al menos dos artículos de 5000 caracteres a la semana, al principio con un tema asignado y al final del curso con tema libre para adiestrar la recursividad del alumno. Hay que leer críticamente todo el artículo y corregir frase por frase y párrafo por párrafo, por eso un curso de periodismo de opinión no debería tener más de 10 ó 12 estudiantes.
2. Verifica los datos: averigua por medio de distintas fuentes. La memoria es traicionera. Cerciórate aunque te sientas seguro de que Oslo es la capital de Noruega y no de Dinamarca; los enemigos siempre se van a aprovechar de un error menor aunque este no afecte la argumentación de la columna.
3. No seas esclavo de la actualidad. Siempre habrá temas del día que son ineludibles como un magnicidio o el atentado terrorista que derriba unas torres, pero el columnista toda la vida no puede ‘chuparle rueda’ a los medios. Hay que tener una agenda personal, un itinerario propio de intereses que irán de acuerdo con nuestros humores, vivencias, lecturas e inclinaciones; si uno tiene alguna curiosidad vital que no se limite a un solo campo del saber, esto le dará variedad a la columna. En los temas que no son de actualidad, hay que escribirlos pensando en un lector de hace cincuenta años o de dentro de un siglo; ¿logras que también ese tipo de lector mantenga el interés? Es muy aburrido cuando el escritor se siente predecible. Cuando se abra la revista o al entrar a internet, el lector debe sentir una especie de ansiedad, ¿de qué nos irá a hablar hoy? ¿confirmará lo que pienso o me moverá el piso? No puede ser que piense: seguro que va a hablar bien de Uribe, o mal. Hay que romper las expectativas o la pereza mental del lector, pero no se puede hacer trampa, ni escoger lo insólito por lo insólito; las caries de las muelas de las tortugas es un tema muy raro pero de interés para pocos dentistas.
4. No te resistas ni te fuerces. Uno no es el mismo cada día, y ni siquiera le mismo por la mañana que por la noche. Hay que aceptar e incluso aprovechar los cambios de humor: el buen genio puede producir un artículo fresco y liviano; si estás atormentado, una columna tenebrosa de vez en cuando no está mal; o si estás indignado o iracundo; no vale la pena pelear con lo que uno siente que es en determinado momento, sino sacarle partido a todos los estados de ánimo.
5. Hay que parar oreja. Oír lo que dicen y cómo lo dicen los demás. El propio cerebro y las propias palabras son muy poca cosa. Una buena frase o una ocurrencia original puede estar en la boca de cualquiera. Leer a los grandes escritores y a los buenos comentaristas es muy conveniente, pero también oír lo que dice la vecina de abajo.
6. Salvo por alguna demostrada obra de beneficencia, NO escribas nada gratis. así sea una cantidad simbólica, el oficio de escribir artículos es un oficio intelectual serio que se debe pagar. Cobra aunque te sobre la plata y no te haga falta el pago. No lo harás por ti sino por otros que quieren vivir de saber opinar y de saber escribir y argumentar. Ten en cuenta, eso sí, que el pago más importante es otro, el que te dan tus lectores. Sólo tienes dos cosas: tu nombre y tus lectores, pues ellos serán los que irán a buscarte a otro medio en caso de que te echen del primero. No hay pago igual al recuerdo que tiene un lector de una columna que escribiste hace diez años, ese es el otro pago.
7. Todo artículo debe ser un ensayo breve. Se pueden hacer acotaciones al margen, pero en general, un buen artículo tiene que tener un solo tema. No se puede picotear aquí y allá porque la columna se dispersa y el lector se pierde. Hay que aprender dos cosas: a sintetizar ideas, a condensarlas en el número de caracteres asignados, o a repetir lo mismo con variaciones si ya todo está dicho en el primer párrafo, de esas variaciones alrededor de lo mismo puede salir sin que uno lo sepa, la verdadera novedad del artículo.
8. No trates a tus lectores como bobos ni como genios. Explica, pero no demasiado; insinúa a veces, en lugar de decirlo todo, pero no te pases de sutil porque la gente que lee periódicos no tiene la misma actitud mental de quien está frente a un libro de Hegel. Haz que el lector se concentre pero no que se rompa los sesos.
9. Hoy en día los lectores opinan sobre tus opiniones. como en todos los casos de la vida, ante un ataque injusto o ante una agresión personal, lo mejor es morderse un rato la lengua. No respondas al primer impulso ni con lo primero que se te venga a la cabeza, que casi siempre es fruto de la rabia y no de la reflexión. No seas hipersensible, si escogiste el oficio de exponer tus ideas en público, no todo el mundo podrá estar de acuerdo contigo. Trata de que te crezca un callo en el esternón, para que no te creas ni los halagos desmedidos que te dicen, ni las críticas agrias que te lanzan. Recuerda este aforismo de Lichtenberg: “En la vida me han hecho tantos elogios inmerecidos que bien me puedo aguantar una crítica inmerecida”.
10. No almuerces con políticos ni con poderosos, salvo que sean amigos íntimos de juventud. Apártate de los encumbrados si quieres mantener la independencia. Decía un gran periodista italiano que la corrupción empieza por la mesa, aceptar regalos y favores de los que tienen el poder y la plata es lo mismo que dejarse poner un bozal; el peor bozal es el miedo de decir lo que de verdad piensas, sólo si te van a matar por eso, te puedes permitir la cobardía de no decir algo. Si el tema vale la pena, si tus hijos están grandes y ya no estás tan apegado a la vida, hazte matar.
11. Perdónate los errores y las columnas fallidas. No tengas la vanidad de creer que todo lo que sale de tu caletre está bien. Sé autocrítico pero no te hundas en la paralizante inseguridad del titubeo perpetuo. No se puede ser impúdico, publicar todo lo que se nos ocurre, pero tampoco te puedes enfermar de silencio por miedo a equivocarte.
12. Tener una columna muy leída da un cierto poder. Hay que usar ese poder con prudencia, uno se puede ensañar ni aprovecharse de él. Trata de vez en cuando de ponerte en los zapatos de los demás, no los juzgues como si fueras un dios justiciero e infalible. Considera que a veces tú mismo en esas circunstancias, podrías haber actuado de manera similar. Tratar de entender los motivos ajenos, es un acto de generosidad, pero si tienes que atacar, ataca sin miedo y sin cálculo. Olvídate de la propia conveniencia, lo único que te conviene es el respeto de los lectores; si pierdes el puesto por lo que publicas pero has cuidado tu nombre, encontraras otro sitio donde decir lo que piensas.
  1. Estudia el tema, piénsalo, lee sobre él, investiga; pon en cada párrafo, ordenadamente, una argumentación. Contesta de una vez las objeciones de tus enemigos o las que creas que se le pueden ocurrir al lector mientras lee. Usa con medida los ejemplos, las ironías, las citas y el humor. Trata de ser claro y no te adornes inútilmente. Es un artículo, no es un poema. No recurras nunca o casi nunca al argumento de autoridad ni al ataque personal; básate más en hechos que en ideas. No derribes a la fuerza puertas que están abiertas. Trata de ser profundo pero también a meno. Después de una dosis de teoría abstracta, regresa a la tierra. Escribe platos fuertes pero no te olvides también de los postres. Es bueno para los lectores, pero también para ti. Diviértete en lo que haces, si te aburres se nota. Si esto no te entretiene, dedícate a otra cosa.
Artículo recopilado por: Santiago Molina Roldán

Ver conferencia en: http://www.youtube.com/watch?v=n_TXhOcoI_U

Otras frases de Héctor Abad:

- "Lo que yo hago me resulta muy paradójico: soy una persona sin memoria que escribe de memoria cosas que cree recordar".

- "Tengo cada vez más la impresión de que la gente vive en un mundo fantástico que disfraza de memoria fidedigna y real. Memoria es lo que tienen las computadoras: lo nuestro es una sucia e imperfecta imitación de la memoria verdadera. La memoria humana es una máquina de la distorsión".

- "El escritor no tiene un único objetivo, o tal vez sí: escribir bien, contar bien, hacer que los lectores lleguen, olvidados de sí, hasta el final. Cuando uno consigue que las palabras tengan casi tanto peso como la realidad, cuando un beso leído sea casi como un beso dado, tal vez eso sea un indicio de que lo estamos haciendo bien".

- "Escribo libros como los arquitectos diseñan casas. Tal vez la diferencia está en que los arquitectos lo hacen para vivir. Yo escribiría aunque nadie me pagara por escribir. ¿Será esa la parte sacerdotal de la escritura?".

- "La utilidad de la literatura, para mí, es que paso horas leyendo, y esas horas me han hecho muy feliz. Si consigo lo mismo con algún lector, alguna vez, habré cumplido con mi tarea".

- "Uno no sabe nunca bien si lo que escribe vale la pena o no, pero yo no sirvo para otra cosa".

- "Creo que hay dos tipos de artistas: los que hacen toda la vida variaciones sobre una misma obra, y los que en cada período de su vida se enfrentan con problemas distintos y tratan de meterse por un nuevo camino".

- "La palabra es un vehículo, quizá el mejor, del pensamiento. Si la palabra consigue expresar ideas de justicia y tolerancia, y atraer hacia esas ideas a algunas personas, entonces hay un trabajo de persuasión que tiene efectos positivos. Escribir bien, explicar bien las ventajas de ciertas ideas sobre otras, es un trabajo "palabrero" con efectos reales".

- "Internet es la Biblioteca de Babel, de Borges, trasplantada de la fantasía a la realidad: ahí están todas las maravillas y todas las aberraciones. Lo más exaltante y lo más denigrante, tanto desde el punto de vista humano, como del lenguaje".

- "Mis planes son ya los mismos de siempre: leer, escribir, comentar el presente, encontrar las palabras para contar bien las cosas y tratar de no volverme un fanático en ningún sentido".

Tomadas de:
http://trabalibros.com/escritores/i/16962/56/hector-abad-faciolince