ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

martes, 23 de enero de 2018

COMO ESCRIBIR UN LIBRO Consejos de Jorge Franco


COMO ESCRIBIR UN LIBRO
Consejos de Jorge Franco





1. Tener una inquietud
Todo libro se trata de algo. Ese 'algo' es generalmente una inquietud: es lo que nos impulsa a escribir. En mi caso, por ejemplo, siempre supe que quería contar historias. Y aunque hoy en día aún no tengo claro por qué quiero contar historias, siempre estuve en una búsqueda de cómo hacerlo. Intenté con la fotografía, la pintura, el cine... De todas esas artes tuve aprendizajes que aún me sirven, hasta que por fin descubrí que era la escritura la mejor manera de materializar las cosas que quería contar. Tener un tema, enfocarlo y saber si la escritura es el mejor lenguaje para que eso que queremos contar tome la forma que nos imaginamos, es el primer paso para hacer un libro.



2. Ser buen lector
Siempre lo dicen y es muy cierto. Saber qué han escrito otros y cómo lo hicieron es algo que enriquece en todo sentido tu escritura: no sólo es una exploración del lenguaje, también encuentras estilos, conceptos, ideas, te identificas con unos y descartas otros... Así vas construyendo una voz propia, aquella que represente mejor lo que quieres decir, que sientas como tuya. Esa es una de las cosas más difíciles de encontrar en la escritura y leer mucho es una de las mejores formas de buscarla.



3. Perder el miedo a escribir
Generalmente la gente que quiere escribir siente un poco de miedo de mostrar lo que ha escrito. Yo, por ejemplo, pasé mucho tiempo escribiendo a solas, casi que a escondidas, y así acumulé un montón de relatos que nunca le enseñé a nadie y que ahora ni siquiera conservo. Hasta que un día me decidí: si se quiere publicar un libro o dedicarse a escribir de lleno, en algún momento tienes que enseñarle tu texto a alguien más. Yo recomendaría empezar por un amigo en el que tengamos plena confianza, tanto en su sinceridad como en su criterio como lector. Se trata de tener una especie de selecto lector confidente en cuya objetividad nos guiaremos para saber qué podrían encontrar otros en nuestra escritura. Así, de a poco, el miedo a que nos critiquen o juzguen lo que escribimos se va haciendo cada vez menor.




4. Ser disciplinado
Terminar un libro no es fácil. Se requieren muchas, muchas horas de dedicación hasta sentir que lo que hemos escrito está en su punto y puede dar el siguiente paso, que es convertirse en libro. Incluso, muchas veces esa sensación de que nuestro texto está listo no es completa. Si bien escribir en muchos casos es un tema mediado e impulsado por la vocación, a veces esa vocación es incierta: conozco personas que han escrito desde la adolescencia y otros que sólo empiezan después de los 30, cada uno con resultados muy diferentes, entonces confiar en eso es muy relativo. La inspiración también puede ser una chispa que nos ayuda a sacar 3, 5, 7 páginas de una sola sentada, pero así como viene se va y puede tardar mucho en volver... Por eso creo que hay que tener una disciplina en el proceso. Lo mejor, creería, es tener una rutina: sentarse día a día en un momento determinado y proponerse escribir algo a como dé lugar. Lo que sea, corto o largo, pero escribirlo. Así se va construyendo el libro que uno quiere o, al menos, te vas dando cuenta si el camino que estás tomando sí es el que estabas pensando.



Escribir corto. Consejos del columnista de opinión. Ernesto Ochoa Moreno

Escribir corto. Consejos del columnista de opinión Ernesto Ochoa Moreno

Publicado en El Colombiano el 20 de enero 2018: http://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/escribir-corto-AJ8038323

Hace ya muchos años escribí una columnita que a riesgo de que me digan “médico, cúrate a ti mismo”, me atrevo a reproducir, resumida, al empezar el año. Son algunas normas que me inventé sobre escribir corto. Y que siguen siendo aspiración y propósito.

Ley del K.O. Un artículo de opinión es un “knockout” en el primer asalto. Eso decía Vargas Llosa del cuento en contraposición a la novela, que sería un combate prolongado. Un lector de páginas de opinión no aguanta sino un “round”. Si la cosa se prolonga, usted no solo pierde al lector sino que también perdió el tiempo que gastó en escribir largo.
Nota: en realidad esto lo preconizó Julio Cortazar, aunque Vargas Llosa también lo puede haber citado: http://decalogosliterarios.blogspot.com.co/2014/10/10-consejos-de-julio-cortazar-para.html

Ley de la caricia. Escribir, con delectación literaria, es un acto de amor. Y el verdadero amor cabe en una mirada, en una mano cogida, en una suave caricia. Téngale miedo a la pornografía literaria, que es pura retórica. Paja, que llaman.

Ley de Azorín. No dé rodeos. Diga una cosa detrás de otra. Las perífrasis o circunloquios acaban metiendo tanto al que escribe como al que lee en un laberinto sin salida.
Nota: La perífrasis o circunloquio es una figura retórica que consiste en utilizar más palabras de las necesarias para expresar una idea o un concepto. Fundamentalmente se trata de dar un rodeo para evitar una expresión estereotipada o común más usual, utilizando para ello varias palabras que la evocan sin citarla de forma expresa. (https://es.wikipedia.org/wiki/Per%C3%ADfrasis_(ret%C3%B3rica)


Ley del principio y el fin. No empiece a escribir sin saber cuál va a ser el fin. Si no conoce la meta se perderá en el camino y prolongará innecesariamente los intentos de poner punto final. Sirve también para cuando se habla en público.

Postulado. Los artículos de opinión son periodismo de opinión. Una cosa es una noticia, una crónica o un ensayo para una revista, y otra muy distinta una columna para un periódico.

Ley de la reducción. En periodismo todo se puede recortar (“capar” decimos en el argot). Lo que se dice en una página puede ser dicho en media; cinco párrafos pueden reducirse a dos; un párrafo a la mitad, y una frase a una palabra. Todo lo que puede ser “capado”, sobra.

Ley de oro. Válida para cualquier escrito. Si no tiene nada que decir, no escriba. El silencio, oral y escrito, es una invaluable contribución a la cultura y a la formación de la opinión pública.

Ejercicio 1. Relea sus artículos. No el mismo día en que son publicados, porque eso suele ser autoerotismo literario. Si usted dice, como una amiga mía, que eso no lo lee ni un preso, acepte que escribió largo y aburrido.

Ejercicio 2. Tome un artículo suyo publicado y empiece a caparlo. Quítele palabras, frases, párrafos. Verá que cabe en la mitad. Si descubre que puede resumirse en una frase, felicítese: ¡está aprendiendo a escribir!


Los lectores me perdonan. Esta columna resultó demasiado larga. Mea culpa.

sábado, 13 de enero de 2018

9 características de la novela negra

9 características de la novela negra para enganchar a los lectores


O lo que es lo mismo, algunas de las condiciones esenciales que toda novela negra debe tener para que guste a quienes te lean.

Y como estoy segura de que quieres conocerlas (y sobre todo aplicarlas) cuanto antes, vamos allá.

Algunas de las reglas que te describiré a continuación, tienen mucho que ver con Raymond Chandler, creador del mítico y entrañable Philip Marlowe.

Este escribió un decálogo en el que muestra algunas de las ideas básicas sobre cómo debes escribir una novela policíaca.

Y precisamente en algunos de esos 10 puntos están basadas las características que te traigo.

ESTAS SON LAS 9 CARACTERÍSTICAS DE LA NOVELA NEGRA CON LA QUE ENGANCHARÁS A TUS LECTORES

1- La situación inicial y el desenlace deben tener unas motivaciones verosímiles.

No todo vale cuando hablamos de investigación criminal; de hecho, cuando más realista y creíble sean tanto el comienzo como el final, mucho mejor.

¿Por qué? Porque la novela negra siempre está basada en los más bajos instintos del ser humano, siempre hay un móvil para la muerte. Eso es precisamente lo que debes trabajar. Que esa causa sea “posible” ante los ojos del lector.

Por ejemplo, un final poco creíble cuando hablamos de novela negra es que el muerto haya sido asesinado por marcianos. Y sí lo será si el asesinado ha muerto por un ajuste de cuentas.

2- No cometas errores técnicos respecto a los métodos del crimen y de la investigación.

Apunta una palabra clave: indagación.

Si vas a escribir novela negra, no olvides de investigar cómo se lleva a cabo un proceso de investigación.

Si el protagonista de tu historia va a ser un policía, aprende cómo actúa en estos casos. E igual si hablamos de un periodista, un investigador privado o un forense.

Cuanto más investigues y más información aportes, mayor credibilidad tendrá tu novela.

LOS PERSONAJES Y EL MISTERIO
3- Apuesta por personajes, ambientes y atmósferas que sean plenamente realistas. Es decir, se trata de que la historia hable de personas reales que desarrollan su vida diaria en un mundo real.

No olvides que los asesinatos suelen estar movidos por odio, sexo, pasión, dinero, poder… Y eso tiene que ver con la vida misma.

Pues eso mismo es lo que debe transmitir tu novela negra, realidad, verdad.

Cuando pienses en los personajes, estos deben actuar, pensar, hablar… como personajes reales, casi de carne y hueso. E igualmente sucede con los ambientes en los que la historia tiene lugar.

Esto no quiere decir que solo tengas que apostar por bares llenos de humo de tabaco o por detectives adictos al alcohol.

Los personajes que incluyas en tu novela han de tener sentido en el ambiente en el que tu historia transcurra.

4- Además del misterio, la intriga debe tener un cierto peso en el desarrollo de tu argumento.

No des toda la información al inicio o al final. Debes ir dosificando el enigma e irlo presentado poco a poco.

¿Una idea? Utiliza giros argumentales relacionados con el misterio, funcionan muy bien para mantener la atención del lector.

5- La estructura de tu libro tiene que ser sencilla para que pueda admitir una fácil explicación cuando el momento lo exija.

Recuerda, el esquema esencial en una novela negra es el mismo que en cualquier tipo de novela.

Salvo que al inicio deberás presentar el asesinato, mientras que en el nudo irá la investigación y en el final, la resolución del caso.

NO OLVIDES ESCRIBIR PARA TODO TIPO DE LECTOR
6- La solución del misterio no debe escapar a un lector razonablemente inteligente.

Todos los lectores, todos, deben comprender el final y la razón por la que has llegado a esa conclusión.

7- Cuando reveles la situación final, esta debe parecer inevitable.

Si el lector cree que el asesinato podría haberse resuelto de otro modo, o que esa resolución es demasiado fantasiosa, te equivocas.

Lo que tu novela debe transmitir es que la resolución del caso era la adecuada y no caben otras posibilidades.

¿QUÉ CASTIGO ESCOGES PARA TU CRIMINAL?
8- Tu novela policíaca no puede hacerlo todo a la vez.

Si escribes la historia de un enigma que funciona a un nivel mental elevado, no puedes convertirla también en una aventura violenta y apasionada, o viceversa. Por eso debes elegir cuál es la función que quieres cumplir con tu historia.

Apuesta por una historia más sencilla, o arriesgarte con una trama más elevada, solo comprensible al alcance de unos pocos y donde el componente psicológico suele jugar un papel elemental.

9- Es preciso que al final tu criminal reciba su castigo. Eso no quiere decir que tenga que ser siempre a través de los tribunales o la justicia.

Puede morir, por ejemplo, o que el “destino” o el azar juegue en su contra.

Lo más importante a la hora de darle un “final” al criminal es que sea creíble, como te decía antes, y que ese final esté siempre en consonancia con la historia que has ido trazando.

CONCLUSIONES
Escribir una buena novela negra no es sencillo. Primero, porque armar sus características y hacerla creíble no es sencillo porque requiere trabajo e investigación. Y segundo, por la competencia.

¿Has visto la enorme cantidad de obras del género que salen todos los días al mercado?

Pero hay algunas pautas que puedes seguir para conseguir una buena obra. Que tenga una estructura bien definida, personajes creíbles, y una resolución del caso que deje al lector con ganas de más.

No olvides, por ejemplo, incluir una buena dosis de misterio a lo largo de toda la obra. Investiga, lee, habla con especialistas que te ayuden con el proceso de creación.

Cuanto más sepas sobre los aspectos técnicos (cómo actúan los policías, por ejemplo), más creíble será tu novela. Tampoco pases por alto aspectos como la sencillez en la estructura o esquema. Ten muy claro cuál será la finalidad de la obra para que, según vayas escribiendo, cada una de las partes se ajuste a la perfección.

PLAN DE ACCIÓN PARA PONER EN MARCHA
¿Consideras que el inicio y el final de tu novela son creíbles para el lector? ¿Por qué?

Sopesa qué métodos de investigación has empleado para escribir tu novela con verisimilitud. ¿Has consultado con expertos? ¿Has leído libros y artículos relacionados con las técnicas policiales? ¿Qué otras fuentes has empleado?

¿Consideras que la trama de tu novela está equilibrada y cada elemento encaja? ¿Por qué?

Analiza cómo es el investigador de tu novela. ¿Cuáles son sus características esenciales? Recuerda que debe ser un personaje creíble y que genere cierta empatía con el lector.

¿Cuál es el castigo que has escogido para tu criminal? ¿Por qué has elegido ese?


No basta con que solamente leas, sino que es importante que comiences a implementar desde hoy cada una de estas características para conseguir una novela negra exitosa.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

EL DECÁLOGO DEL BUEN ESCRITOR FANTASMA

EL DECÁLOGO DEL BUEN GHOSTWRITER


A la hora de trabajar como ghostwriter solemos pensar que lo más importante, prácticamente lo único, es cuando llega el momento de ponerse ante el teclado y empezar a escribir. En realidad no lo es, es una parte más del proceso.

Son varias las cuestiones que hay que tener en cuenta y cuidar, tanto antes como después de escribir y que difieren mucho de cuando trabajas en una publicación propia. De aplicarlas correctamente depende que llegues a ser un buen escritor fantasma.

Y para que esto ocurra te he preparado el decálogo del ghostwriter, porque esto va de mucho más que darle a la tecla.



No es tu libro. Es algo que tiene que quedarte claro, especialmente cuando empiezas a trabajar como escritor fantasma. Tienes que adaptarte a lo que te pide quienes te hayan contratado y aunque puedes hacer sugerencias nunca has de incluir aportaciones propias sin antes haberlas consensuado. Recuerda que no es tu libro, durante todo el proceso.

Es un trabajo. Puede sonar redundante, incluso ridículo, pero muchas veces nos olvidamos de que es así. Organízate, crea un planning y sigue las directrices que te han marcado. Nada de improvisar ni dejarlo para última hora.

Sé un escritor diferente en cada nuevo proyecto. Ya comentamos antes que no es tu libro, así que no has de escribirlo como si lo fuera. Has de meterte en la piel del autor que quieren que seas y adaptarte a un estilo y vocabulario propio. Es fundamental en el trabajo de un buen ghostwriter y normalmente requiere un trabajo de investigación previo a la escritura.

Cumple los plazos. Si tú escribes una novela porque te apetece lo más probable es que lo hagas en tu tiempo libre, sin plazos marcados y sin prisas. En este caso no es así, es un trabajo que debes entregar a tiempo y siguiendo las directrices que te hayan marcado.

No trabajes en dos libros diferentes al mismo tiempo. En cada proyecto has de convertirte en un escritor diferente, incluso adaptar la forma de escribir de otros, así que si trabajas en dos proyectos al mismo tiempo puedes ‘contagiarte’. Separa el tiempo que dedicas a cada uno para evitarlo.

Ten claro qué quiere el cliente. Nos centramos siempre en la parte de la escritura, pero esta no tendría sentido si antes no se habla y concreta qué es lo que quiere el cliente. Tenlo claro antes de empezar a teclear porque te ahorrará perder el tiempo y reescribir.

Concreta las condiciones. No dejes ningún detalle al azar para evitar sorpresas de última hora. Antes de asumir el encargo has de saber de cuánto tiempo dispones para hacerlo, qué extensión quieren, en qué formato se va a publicar e indicaciones sobre estilo, vocabulario y orientaciones.

Contrato de confidencialidad. Es habitual que cuando se contrata a un escritor fantasma se firme un contrato de confidencialidad a fin de preservar la identidad del verdadero autor de la obra. Es una garantía que no debes saltarte.

Seguimiento del proyecto. Aunque te hayan pedido escribir un libro y no te hayan exigido ningún tipo de supervisión es importante mantener el contacto con quien te ha contratado. Así puedes saber si ha habido algún tipo de cambio en las previsiones iniciales en cuanto a estilo, publicación o extensión de la publicación.

Tu vinculación tiene fecha de caducidad. El último punto del decálogo es muy parecido al primero. Debes recordar que el libro que has escrito no es tuyo legalmente, así que tu vinculación con él acaba una vez lo has entregado y han hecho las correcciones o consideraciones oportunas.




EL DECÁLOGO LITERARIO DE ETGAR KERET

EL DECÁLOGO LITERARIO DE ETGAR KERET, EN SUS PROPIAS PALABRAS


Enlace Judío México – El pasado martes 2 de mayo de 2017 en el auditorio de la librería Gandi de Miguel Ángel de Quevedo, se presentó el libro titulado “Tuberías” del escritor israelí Etkar Keret.
El escritor Etkar Keret nació en Israel en 1967, en la ciudad de Ramat Gan. Entre su obra se encuentran colecciones de cuentos cortos, guiones para televisión y cine; además, está considerado como uno de los máximos exponentes de la narrativa moderna israelí por su amplio empleo del lenguaje coloquial con el que teje historias donde la vida cotidiana, el humor negro y el surrealismo conviven con lo grotesco e incluso lo pueril.
Como escritor goza de inmensa popularidad, especialmente entre el público adolescente, ávido lector de sus obras.
Para Keret la literatura es una herramienta más para comprender al mundo. Durante la concurrida presentación de su libro, el prolífico escritor ennumeró un “décalogo” para todo aquel que quiera navegar en el mar de las letras.

1. Asegúrate de que te lo estás pasando bien
A los escritores les encanta presumir de lo duro que es el proceso creativo. Están mintiendo. No quieren admitir que se ganan la vida pasándolo bien. Escribir es una manera de vivir otra vida. Muchas vidas. Las de incontables personas que nunca serás pero que son completamente tú. Cada vez que te sientes y te enfrentes a una página en blanco, da las gracias. Es divertido. Elegante. Chulo. Y no dejes que nadie te diga lo contrario.

2. Ama a tus personajes
Para que un personaje sea real, tiene que existir al menos una persona en este mundo que sea capaz de entenderlo, les guste o no lo que haga y diga el personaje. Eres el padre y la madre de los personajes que creas. Si tú no los quieres, nadie lo hará.

3. No le debas nada a nadie
En la vida real, si no te comportas puedes acabar en la cárcel o en un psiquiátrico, pero en la literatura, todo vale. Si hay un personaje en tu historia que te atrae, bésalo. Si hay una alfombra que odias, métele fuego. Cuando se trata de escribir, puedes destruir planetas enteros y erradicar civilizaciones a golpe de teclado. Aún así tu vecina mayor no te va a retirar el saludo.

4. Empieza siempre desde la mitad
El principio es como el  borde chamuscado que se ha quedado en el molde de una tarta. Quizá lo necesitas pero no es realmente comestible.

5. Intenta no saber el final
La curiosidad es una fuerza poderosa. No te dejes arrastrar por ella. Cuando vayas a escribir un relato o un capítulo, toma el control de la situación y de las motivaciones de los personajes, pero déjate sorprender siempre por los giros de la trama.


6. No hagas algo porque «siempre ha sido así»
Párrafos, comillas, personajes que siempre estarán incluso cuando pases de página. Todo eso son convenciones que están a tu servicio. Si no te sirven, olvídate de eso. El hecho de que cada libro tenga unas reglas no quiere decir que tengan que servir para tu libro.

7. Escribe con tu estilo
Si intentas escribir como Nabokov, siempre habrá por lo menos una persona —cuyo nombre es Vladimir y apellido es Nabokov— que lo hará mejor que tú. Pero cuándo se trata de escribir como tú sabes, siempre serás el campeón del mundo.

8. Asegúrate de que estás solo en la habitación cuando escribes
Aunque escribir en cafeterías suene romántico, tener a gente a tu alrededor te distraerá, aunque no te des cuenta. Cuando no hay nadie a tu alrededor, puedes hablar contigo mismo y tocarte la nariz. Y meterse el dedo en la nariz es una misión menos natural cuando hay gente mirando.

9. Deja que te animen las personas a las que le gusta lo que escribes
E intenta ignorar a los demás. Simplemente, cualquier cosa que escribas no es para ellos. No importa. Hay un montón de escritores en el mundo. Si buscan lo suficiente, encontrarán a uno que cumpla con sus expectativas.

10. Oye a todos pero no escuches a nadie (excepto a mí)

Escribir es uno de los territorios más privados del mundo. De la misma forma que nadie puede enseñarte a hacer café, tampoco nadie te puede enseñar a escribir. Si alguien te da un consejo que suene bien y funcione mejor, úsalo. Si te dan un consejo que suene bien pero que no funciona, no pierdas ni un segundo. A lo mejor le sirve a otro.

jueves, 5 de octubre de 2017

12 lecciones para el ensayista contemporáneo. Andrés Malamud

12 lecciones para el ensayista contemporáneo. Andrés Malamud

Una buena idea puede malograrse en un texto pantanoso, poco claro. Y una idea simple puede brillar si el texto está bien resuelto. El politólogo Andrés Malamud se ha convertido en un experto en el arte del ensayo breve y polémico. Hace poco le pidieron el secreto de su método y lo sistematizó en un decálogo que, como todo buen decálogo, contiene más de diez lecciones.
“¿Cómo escribís una nota?” – me preguntó Juan Pablo Varsky al aire. Varias veces le había dado vueltas al tema, pero la respuesta salió medio improvisada. Decidí que tenía que pensarlo mejor.

La ocasión surgió en el Congreso Nacional de Ciencia Política, a principios de agosto de 2017. En un panel sobre periodismo y ciencia política, el mismo Juan Pablo, María O’Donnell, Esperanza Casullo y yo reflexionamos en voz alta y con el público. María tiene la virtud de ser periodista con título de politóloga; Esperanza, el talento para ser politóloga con título de comunicóloga. Para satisfacción de los cuatro, el auditorio estaba lleno, intrigado y entusiasta. Transcribo acá lo que dije entonces, una suerte de decálogo que resume mi experiencia como politólogo que procrastina en los medios. Espero que sea de utilidad para quienes, además del trabajo académico, deciden dedicar su tiempo a la divulgación científica o el análisis político.



1. Prioridad. Los médicos tienen un lema: primum non nocere – lo primero es no dañar. Si pueden, curan; si no, al menos no empeoran. Salvando las distancias, la comunicación de ideas debería parafrasearlos: primum non abhorrere, lo primero es no aburrir. El mejor argumento es estéril si la audiencia cambia de canal.


2. Tema. Para elegir el contenido no hay reglas: puede responder a un pedido del editor, a un tema candente, a una antigua obsesión. Pero el supremo estimulante son las ganas de ganar una discusión, de demostrar que el otro está equivocado. Los argumentos mejoran cuando tienen rivales.

3. Objetivo. Aunque la motivación sea ganar una discusión, la finalidad es ayudar a entender al que la mira de afuera. Un artículo cumple su función no cuando el público aclama sino cuando exclama: “ahhh…”.

4. Foco. Pensar, decía Borges, es olvidar diferencias. No sirve de nada el mapa cuando tiene el mismo tamaño que el territorio. Hay que identificar lo esencial y relegar lo accesorio. Los matices son importantes, pero el detallismo y los firuletes juegan para el rival.

5. Secuencia. Los mejores artículos de opinión o difusión siguen la fórmula de The Economist: entender, simplificar, exagerar.

6. Estilo. La clave de la buena escritura es KISS: Keep It Short and Simple. Frases cortas y sin miedo al punto y aparte. Ni cero ni dos: una idea fuerte por párrafo. Limitar las enumeraciones y los adjetivos. Minimizar las oraciones subordinadas. Riqueza de vocabulario sí, jerga no.

7. Conceptualización. Hace falta definir los conceptos, sobre todo cuando el uso cotidiano es ambiguo o disputado. Pero puede hacérselo mediante metáforas, que denotan menos pero connotan más. El truco es convertir al lector en cómplice, y no en víctima, del texto.

8. Datos. Las opiniones son como las narices: todos tenemos una, y sólo nos sirve a nosotros. Los argumentos se defienden con evidencia, no con impresiones. No pretendamos que el lector crea en nuestra palabra sólo porque es nuestra: a la brigada de los sin datos se la combate mostrando aquello que más detestan.

9. Fuentes. Una nota periodística no es un paper: hay que evitar el tono y la forma del académico. Pero tampoco hay que robar. Cuando una idea tiene autor, es cortés recordarlo. Y también es útil: el lector curioso (o desconfiado) puede así chequear nuestras afirmaciones y, si lo desea, ir más allá y ampliar sus lecturas. La presentación conjunta de datos y fuentes contribuye a tornar una columna de análisis política en una de divulgación científica.

10. Encuadramiento. ¿Nuestro tema es un caso de qué? ¿A qué reino, familia, género y especie pertenece? Es crucial distinguir si tratamos de una regularidad histórica o una coyuntura crítica, de tiempos normales o excepcionales, de un estado, un gobierno o un régimen. Si hay dudas, las respuestas están en El Príncipe, El 18 Brumario, El político y el científico o cualquier trabajo de Giovanni Sartori.

11. Comparación. A partir de un caso es imposible generalizar, ¡pero también es imposible individualizar! ¿Cómo saber que algo es único si no miramos otra cosa? Quien solo conoce su país no conoce ningún país. Y así con todo.


12. Humor. Un chiste contribuye a no aburrir, pero además cumple otra función: enfriar. El humor obliga a tomar distancia y da perspectiva. Porque un ciudadano indignado es un buen ciudadano, pero un analista indignado es un mal analista.

sábado, 30 de septiembre de 2017

“¿Qué es una buena novela?”, Virginia Woolf

“¿Qué es una buena novela?”, Virginia Woolf

1.       Una buena novela es cualquier novela que le hace a uno pensar o sentir.

2.       Tiene que meter el cuchillo entre junturas del cuero con el que la mayoría de nosotros estamos recubiertos.

3.       Tiene que ponernos quizás incómodos y ciertamente alerta.

4.       El sentimiento que nos produce no tiene que ser puramente dramático y por tanto propenso a desaparecer en cuanto sabemos cómo termina la historia.

5.       Tiene que ser un sentimiento duradero, sobre asuntos que nos importan de una forma u otra.

6.       Una buena novela no necesita tener trama; no necesita tener final feliz; no necesita tratar sobre gente simpática o respetable; no necesita ser lo más mínimo como la vida tal como la conocemos. Pero tiene que representar alguna convicción por parte del escritor.

7.       Tiene que estar escrita de modo que transmita la idea del escritor, ya sea simple o compleja, tan fielmente como sea posible. No tiene que repetir aquello que es falso o trillado simplemente porque al público le resulta fácil mascullar una y otra vez sobre lo falso y lo trillado.

8.       Todo esto se refiere a las novelas escritas en el pasado. Es imposible estar seguro de cuáles serán las características de una buena novela en el futuro. Las novelas contemporáneas nos sorprenden a menudo por ser muy distintas de aquello que hemos aprendido a admirar y crean una belleza que, al ser tan distinta de la antigua, resulta mucho más difícil de apreciar. Pero lo contrario también es cierto; algunas de las mejores novelas también se han hecho inmediatamente populares y del todo fáciles de entender.

9.       El único método seguro de decidir si una novela es buena o mala es simplemente observar nuestras propias sensaciones al llegar a la última página. Si nos sentimos vivos, frescos y llenos de ideas, entonces es buena; si quedamos hartos, indiferentes y con poca vitalidad, entonces es mala. Pero estar seguro de lo buena que es una novela y el tipo de virtud que tiene resulta extremadamente difícil.


10.   El mejor método es leer lo antiguo y lo nuevo uno al lado del otro, compararlos y así desarrollar poco a poco un criterio propio.

lunes, 4 de septiembre de 2017

EL OFICIO DE ESCRIBIR (APUNTES DE MEMO ANJEL SOBRE EL CUENTO)


EL OFICIO DE ESCRIBIR (APUNTES DE MEMO ANJEL SOBRE EL CUENTO)

José Guillermo Ánjel Rendo, “Memo Ánjel”

Extractos de una conferencia dictada en UNAULA. Tomado de : http://publicaciones.unaula.edu.co/index.php/ratiojuris/article/view/239/219

1. En esto del oficio de escribir es como todo, un oficio. A mí me gustan mucho las frases de las señoras antioqueñas cuando le dicen a alguien: coja oficio, usted no tiene oficio, fulano no tiene oficio. El oficio es aquella tarea que hago permanentemente y en la cual, de tanto estarlo haciendo, necesariamente mejoro y desarrollo lo que nunca antes se me había ocurrido. Entonces, cuando hablamos del oficio de escribir o del oficio de pintar o del oficio de tomar fotos, por ejemplo, hablamos de oficios que se mejoran en la medida en que vamos haciendo más. Si el día de mañana alguno de ustedes quisiera escribir, tiene que empezar por escribir todos los días, o si quiere pintar tiene que pintar todos los días. Es como aprender un idioma, asunto que resulta muy fácil cuando uno repite todos los días las palabras que va aprendiendo, porque las palabras son una costumbre. En el momento en el que a usted se le vuelve una costumbre hacer algo, en ese momento usted mejora necesariamente. Se discute mucho sobre las rutinas. Una rutina es rutina cuando no tengo conciencia sobre ella, pero si logro racionalizar una rutina, eso que es rutina de todos los días se convierte en un nuevo descubrimiento. Esto, más o menos, es lo que pasa cuando empezamos a escribir.

2. ¿De qué escribimos? ¿Cuál es el territorio de la escritura? El territorio más cercano de la escritura es mi propia gente. O sea, cuando soy capaz de contar historias sobre los míos.

Personajes: Y cuando estoy hablando de mi gente, hablo de mis tíos, mis primos, mis hermanos y demás parentela, que es la gente más cercana. Ahí lograríamos una primera idea de producir literatura. Estas personas que nos son cercanas son muy fáciles de imaginar para nosotros. En todas las casas antioqueñas hay uno que siempre ha vivido no sabemos cómo. A ese lo sostiene la familia y si algo hace, no sabemos cómo lo logró. Pero ese señor sobrevive a lo largo de la historia y se muere de viejo y más sano que todo el resto. Aparece, entonces, este territorio cercano, que es el primer ejercicio y espacio propicio de escritura.

Entorno: Eso es lo más importante de todo, situarse. Por eso Borges decía: “lo primero que hice fue poetizar mi barrio”. Y escribe un libro bellísimo sobre su propio barrio, Adrogué, que se llama Fervor de Buenos Aires, donde define la ciudad a partir de su propio espacio: por ahí caminaba, por ahí lo conocían, por ahí sabían quién era quién, quién era el uno, quién era el otro. Así, toda esa cercanía nos permite dar un testimonio de si estoy en el mundo, ¿dónde estoy?

Influencias: Lo mismo pasa con la escritura. En la medida en que uno lee buenos escritores, en esa medida uno se motiva a escribir. O sea, los que escribimos somos el fruto de otros escritores. No sería capaz de decir que  a mí no me ha influenciado nadie. Sí, he tenido el influjo de mucha gente, incluso tengo un maestro y ese fue el que seguí. Un escritor que me gustó, un escritor muy completo, al que me puse a estudiarlo para saber cómo escribía, de qué hablaba, cómo desarrollaba su mundo. Ese maestro fue Isaac Bashevis Singer. Si uno no tiene un maestro es muy difícil acertar. Lo mismo pasa en las profesiones, uno siempre tiene un referente teórico grande.. Lo mismo sucede con la literatura, uno tiene que ser un gran lector y, aclaro, un gran lector no implica leer muchos libros, sino leer bien un libro. Cuando me gusta un libro, lo fotocopio y digo que me dejen libre la hoja de atrás porque ese libro lo leeré haciéndole anotaciones en la hoja que está limpia. De esa manera me puedo gastar dos meses, lo que sea, y logro sacarle al libro lo mejor que contiene. Ya, el libro que compré, lo tengo en la biblioteca para llevármelo a leer. Un libro se debe aprender a trabajar. Ya, cuando uno logra hacer carrera literaria, es porque domina a ese maestro que lo influyó. Y ese dominio es contar lo que él no pudo contar.

Inmersión en el tema: Hay un tercer elemento que a mí me gusta mucho cuando estamos hablando de estos temas y es que un escritor tiene que caminarse la ciudad. Y caminársela es a pie, es meterse a todas partes, es comer lo que la gente come, es no privarse de nada de lo que me da la ciudad, la ciudad me da de todo. Ahora que venía para la Autónoma, había un montón de negocios en donde venden madera, telas, de todo, ahí hay cantidad de historias para contar, que las lograré contar si tengo muy claro el espacio que yo camino, si soy curioso con mi propia ciudad. Medellín a mí, por ejemplo, todos los días me asombra. Cada vez que estoy aburrido (o estoy, como les pasa a todos, desmoralizado) me voy a caminar la ciudad. Y ahí vuelvo y me reconcilio con la vida porque encuentro gente que está haciendo algo maravilloso por simple que sea. Vuelvo y repito, no podemos caer en la trampa en la que se está cayendo ahora en Colombia de producir sólo novela de violencia, como si un panadero no pudiera ser un gran personaje de novela, como si un estudiante universitario no pudiera contener en sí una historia maravillosa. Hay historias más especiales y trascendentes que esa, que es noticia rutinaria en los periódicos. Este tercer elemento, y es muy bueno que hagamos de esto un conversatorio, es mi ciudad. Montar en buses, dominar el metro. Eso es lo que uno tiene que saber narrar, porque yo no puedo narrar sólo lo que veo, tengo que narrar lo que siento.

Dominio del tema: Hay un cuarto espacio importante y es que yo no puedo narrar nada que no conozca a pesar de que la literatura es una ficción y se define como algo que pudo haber pasado. El sitio donde se da la historia tiene que ser completamente real, el momento histórico en el que se da la ficción tiene que ajustarse a lo que realmente pasó. Lo anterior implica que, para uno narrar, tiene que conocer sobre eso que narra. A mí me gusta narrar esas historias de los inventores que fallan, pero para eso tiene uno que estudiar física y geometría a fin de saber de qué máquina está hablando. De inmediato se nota que un escritor sabe de qué está hablando, no está inventando nada, lo único que no es cierto es la historia que cuenta, el resto existe, es cierto.

Y viene un quinto elemento: es la pasión, uno sin pasión no hace nada. La pasión es lo que lo lleva a uno a hacer posible las cosas. Soy profesor en la universidad y cuando uno pone un trabajo, los alumnos lo miran a uno y se preguntan: “¿este señor cree que yo tengo tiempo, que a mí me sobra el tiempo, será que cree que yo me puedo partir en dos?” Uno a los estudiantes les pide lo imposible para que hagan cosas que ellos mismos no creían que eran capaces de hacer. Así que la exigencia es para que desarrollen pasión. Cuando uno crea pasión por algo, llega a donde no se imagina. Y llegar donde no se imagina es el primer marco de la escritura. Pero no basta la pasión. El escritor se fundamenta, toda literatura y toda forma de escritura se fundamenta en algo.

3. Tipos de escrituras. Cada vez que usted está escribiendo, está escribiendo historia, o sea, usted está produciendo un documento que en las manos de un historiador, dentro de 100 ó 200 años será tremendamente valioso si está bien escrito. Nosotros sabemos qué ha pasado, cómo estudiaba la gente, qué cosas estudiaba, precisamente porque hubo gente que escribió bien sus trabajos y quedaron tan claros que después los tomó un historiador, como Georges Duby, por ejemplo, que investigó la vida privada, y a partir de ellos recreó lo que la historia oficial no cuenta: la historia de las mentalidades. O sea, al escribir algo uno no está cumpliendo con una mera tarea. Uno, en la universidad se está imponiendo una tarea. Y es la de que a través de mí doy testimonio de lo que yo soy capaz de hacer, de lo que pienso, de la manera de resolverlo. Ese testimonio es lo que se convierte en historia el día de mañana. Diría que la primera forma de escritura es cualquier documento, cualquier trabajo que esté bien hecho, ¿para qué?, para no equivocarme, para que nos podamos reconocer en la historia y no nos condenemos a repetirla. Esto ya se ha discutido mucho.
Habría un segundo tipo de la escritura y es aquella escritura que discute conceptos. Los filósofos, los científicos, los teóricos sociales, discuten formas de pensar y actuar. Y si bien pueden estar equivocados, al menos hay un documento de partida. La verdad es una búsqueda que vamos construyendo y a partir de ahí mejoramos. Nadie tiene la verdad, la verdad es la exposición de unos códigos, porque el código tiene que partir como verdad para que las sociedades funcionen o sino no funcionarían nunca. De igual manera damos como ciertos los manuales tecnológicos, construyendo verdades normativas, verdades para que esa tecnología nos funcione. Ya el día de mañana, le agregarán cosas al código, le agregarán nuevas normas al manual, lo que sea, pero hoy estamos dando fe de cómo pensamos y de cómo, a través de nuestras normas, evitamos cometer el mayor error. La norma es clara, es escritura que plantea lo que ahora damos como lógico.
Con la escritura doy, dejo de estar solo, soy útil. Pero no se trata de escribir tonterías sino de dar un testimonio. La poesía, por ejemplo, se encarga de nombrar lo que no está nombrado, de encontrar posibilidades donde no han sido halladas. La poesía no es hacer versos que rimen, no. La poesía es como una fotografía. Una buena fotografía se convierte en una idea, y esa idea tiene palabras y a partir de ahí se descubren nuevas formas de ver y sentir.

4. La búsqueda. La búsqueda hace parte de cualquier profesional que se respete. Así, en lo que escribimos hay una búsqueda. El trabajo del escritor es el de buscar y en eso que busca (en las preguntas que se hace) está la literatura. En aquello que accionamos, inventamos todo el tiempo con base en dos inventos nuestros: las palabras y los números. Hay dos cosas que nunca existieron en la naturaleza, las palabras y los números. Esto lo inventamos nosotros para comparar las cosas, para medirlas, para darles un sentido, pero de palabras y números no existe en la naturaleza. El mundo es un problema de lenguaje, una construcción de nuestro lenguaje. La creación de nuestras palabras y números sirve sólo para nosotros. Escribimos para dar testimonio de nuestra época, para contar qué pasa, para contar cómo me siento, para contar lo que es capaz de hacer un ser humano.

5. La necesidad de hacerlo verosímil. La literatura ha terminado salvando la condición humana, porque, como los escritores contamos lo que no es mera realidad sino algo más, lo que no es sólo cierto sino posible, logramos trascender lo evidente. La literatura advierte sobre un asunto y lo representa como verosímil; presenta un valor, la moral verosímil, el desorden moral verosímil. Y con base en la verosimilitud, piensa el ser humano y se hace preguntas. Hay muchas maneras de llegar a las cosas. En mi caso, las novelas que leo, me marcan de alguna manera. Me marca la buena escritura. Esta es la tarea del escritor, marcar al lector, darle una idea del mundo. Los que escribimos literatura somos más libres para escribir y pensar, no tenemos compromisos, los personajes hacen lo que quieren, piensan como quieren, no se comprometen con nada que no sea su propia historia. El escritor, simplemente, está frente a una ventana mirando y si le gusta mucho la historia, se mete en ella y da sus razones sobre la vida y el mundo. Así, siguiendo una frase de Augusto Roa Bastos, el gran escritor paraguayo, uno escribe el libro que uno quisiera estar leyendo. Eso es lo que hace el escritor que, al igual que un buen lector, mientras escribe, se pregunta: esto para dónde va, qué es lo que hacen esos personajes, por qué ven de esa manera el mundo, cómo se aman y se pierden o encuentran, sobre qué discuten y reflexionan. La literatura termina siendo una visión de las cosas, una idea sobre algo. Una gran pregunta que se resuelve.

6. Ir más allá de la anécdota. La anécdota sin reflexión no es literatura, es periodismo o historia objetiva. Esto debe quedar claro. ¿Qué sucede con lo que ha pasado en la ciudad? Si a alguno de ustedes le gusta escribir, la ciudad plantea realidades múltiples. Nosotros, como los de cualquier parte, no tenemos una sola realidad. Esto sería terrible. La realidad es múltiple y diferenciada. Cuando se va a Buenos Aires, lo primero que hace uno es no mirar mucho las vitrinas de las librerías por la cantidad de libros que narran la ciudad. ¿Y por qué hay tantos libros sobre Buenos Aires? Porque todos cuentan situaciones diferentes: amor, delirio, sueños, absurdos, magia, humor, etc.. Nosotros, en Colombia, hemos caído en una trampa. Producimos una sola realidad: la violencia. Y si a esto le añadimos, como dice Javier Marías, el monoteísmo rabioso, sólo tenemos una sola persona para legitimar lo que se hace: un mejor jugador de fútbol, un mejor escritor, un mejor pintor, un mejor tal cosa. Y, claro está, una mejor realidad (la necro filia que las editoriales venden). Es un problema de monoteísmo mal entendido. Como decía Mel Books, un humorista norteamericano, los hebreos eran tan pobres que sólo tenían un solo Dios. Creo que somos muy pobres porque sólo tenemos de a uno. Y si no hay uno, tenemos uno y muchas crías de ese. Nos adelantamos en esto de la clonación. Hace un par de años estuve en una librería en Berlín y allí pedí que, por favor, me recomendaran un libro del mejor escritor alemán. El librero se quedó mirándome y me dijo: “señor, mejor en qué. Aquí hay muchos escritores, dígame qué quiere usted, novela policíaca, histórica, contemporánea, científica”. Fue una buena lección. A García Márquez lo leo como un clásico del Caribe, igual que leo a Homero y el Mediterráneo. Pero no estoy condenado a leerlo ni aceptarlo como escritor único. Pero no, en nuestro medio sólo hay uno y ese uno habrá de resolverlo todo. Como digo, es un monoteísmo mal entendido y una trampa que los medios y las editoriales ponen a los demás escritores, obligándolos a hacer copias o a desaparecer. Este problema, que nos impide leer novelas de amor, de situación de los homosexuales, de problemas financieros, de inmigrantes, etc., como si sólo hubiera un tema único (la tanatofilia) y estuviéramos obligados a rendirle culto, es lo que ha hecho que ya nadie se interese en traducir nuestra literatura. Realmente, no hay nada qué traducir. “Tráigame algo distinto”, me decía un editor en Zürich, algo que no sepamos”.

7. Las opciones. Claro que hay otro problema y es que los lectores no protestan contra esta literatura única, que niega las otras versiones de la realidad. No, hay muchas opciones de novela en la ciudad y los escritores deben buscar esas opciones: la historia de la empleada, la del obrero que estudia, la del cura que se niega a reconocer que no puede serlo, etc. No quiere decir esto que niegue que matan en las ciudades. Claro que sí matan, pero también hay gente que va al cine y enamora, que fracasa con un invento, que vive silenciosamente una tragedia con su mujer. La tarea de escribir, entonces, es hacerse una pregunta y darle rienda suelta a la imaginación, estableciendo lo que pudo haber pasado. Por esta razón, lo primero que se hace necesario para escribir es tener una historia que contar, no necesariamente cierta (para no caer en el anecdotismo). La literatura vuelve verosímil lo que se cuenta.

8. Los temas. No hay nada más libre que la literatura. La literatura reitera los temas: novelas del amor, novelas de la muerte, novelas del odio, novelas de la guerra, novelas de la locura, novelas del absurdo, pero siempre de manera diferente. Cada escritor es un mundo, un asteroide como los que conocía El Principito. Los temas literarios son muy pocos, pero se reescriben permanentemente porque cada uno es una reacción distinta. Así, uno comienza a escribir cuando ya se montó en la historia. Y entonces, comienza la película, con sus escenarios y personajes, con el lenguaje bien escrito, con sus sensaciones y preguntas. Y en esto soy claro, para escribir se necesita saber hacerlo bien. Alguien recomendaba aprender idiomas extranjeros para valorar la propia lengua, para encontrarle más posibilidades.

9. Las herramientas. He descubierto en el español muchas posibilidades después de conocer otras lenguas, porque uno tiene que escribir de manera gramatical. ¿Qué es la gramática? Es pensar en orden. Por eso los grandes profesionales son grandes gramáticos, piensan de manera ordenada. La misma gramática del lenguaje es la gramática de las matemáticas y de la ciencia. Es una manera clara de expresar algo. Y si no se tiene clara la estructura gramatical, pensamos de forma confusa. De aquí que quien está demostrando si piensa de manera ordenada o no, quien tiene una redacción (incluyendo la ortografía) impecable, tiene un orden mental impecable. La ortografía es la forma de escribir correctamente lo que estoy diciendo. La ortografía es la manera de no contradecirse con lo que se dice de manera oral, es llevar sonidos a la escritura, la forma de hablar, por eso las tildes y las letras correctas. La gramática, entonces, es lograr de lo que pienso el orden mayor, el mejor de los órdenes. Y si se pasa por encima de la gramática, lo que se muestra es un gran desorden. Sucede cuando se habla una lengua extranjera: si se habla bien, se obtiene un reconocimiento. Una buena pronunciación, una buena disposición de la frase, acerca a las personas, las hace más confiables. A quien le va mal en un país extranjero, se debe a que no habla bien. Todo inmigrante que comienza a hablar correctamente en el país donde está, sube inmediatamente. Con palabras y frases correctas, los demás saben que lo pueden oír, que ya sabe entender. Llevemos esto a la literatura: nos admite en la medida en que sabemos escribir y lo que se cuenta obedece a un orden. En la escritura todos somos inmigrantes.
El Premio Nobel de Literatura se da a la escritura, a quien cuenta sobre una cultura y da razón de sus espacios y encuentros, de la Filosofía y el Derecho, de lo cotidiano y la humanidad que allí se desenvuelve. Y en esa escritura se hace la demostración de saber argumentar lo que pudo ser, eso que es verosímil porque no va contra la razón.





Un cuento es una situación 
(Apuntes sobre el asunto de la fragmentación)

1.Los hombres —sean éstos mujeres u hombres o una mezcla de los dos— nos inventamos el lenguaje, algo tan enorme que únicamente podemos acceder a él a través del fragmento: la palabra. Y también las matemáticas, con las que medimos y pesamos, establecemos cantidades y un lugar en el espacio, preciso y pequeño para lograr ser entendido. O sea que habitamos el fragmento, un pedazo, nunca nada entero. Por esta razón, frente al cosmos evidenciamos apenas el microcosmos. Y en éste nos encontramos con nuestro yo, con unas circunstancias, con el otro o con lo otro. Somos en espacios reducidos.

2.La vida de una persona está compuesta por muchos cuentos, algunos bellos, otros atroces. La tarea de psicoanalista se centra en reescribir estos últimos. Y de esos cuentos con los que construimos nuestra educación sentimental (los bellos, los feos, los invisibles), nunca sabemos cuáles fueron ciertos o imaginarios. Nuestra vida es un acto de fe. La memoria no es ninguna certidumbre, es sólo la literatura que hemos hecho de nuestra vida. La historia, que trata de demostrar lo contrario, termina mintiendo para que los hechos narrados sean verosímiles. Y si miente, como bien sabemos, imagina. No estoy, entonces en contra de la historia sino de su presunción de convertir lo general en un hecho único, evadiendo los fragmentos que la hicieron posible como algo digno de saber. La historia, como descubrió Georges Duby, más que acontecimientos que se representan en estatuas o en catecismos (hoy los llamamos manuales), es fruto de las mentalidades, de los cuentos que nos creamos para ponernos de acuerdo en lo bueno y en lo malo, en que D’s existe o en que tenemos una geografía y, a partir de ella, un sitio leído para imaginar. Y siendo en el cuento, pues sólo estamos en lo que pensamos, como dice Rabí Israel Baal Shem Tov, nos enteramos de nuestra existencia, que puede ser real o fabularia. Lo importante no es el hecho sino la impresión del hecho, la marca que crea en nosotros, la palabra que tomamos o escupimos, ésa con la que nos untamos o nos limpiamos.

3.El cuento, la situación única posible, no niega el resto de la literatura. Una novela, como bien demostraron Plinio Apuleyo y Miguel de Cervantes, es un compuesto de cuentos que se dan en torno a un mismo personaje. De ahí que la tradición de la novela se centre en cuentos por capítulo. Igual pasa con la poesía, que es un cuento que narra la sensación de sentir. Y con una oración, que narra el cuento de someterse a la obediencia. Y con el ensayo, que narra el cuento de un hombre que reflexiona. Esto quiere decir que seguimos en el fragmento como única posibilidad de saber qué somos y hacemos en un momento determinado.

4.En nuestro medio, salvo algunas dignas resistencias —gracias a cualquiera de los dioses—, la literatura sobre la violencia es una constante (es el tema general) y se pasa de un sicario a otro, de un sapo al otro, de una prepago a la otra, como si el mundo se hubiera reducido a la tanato-porno-miseria. El resto del mundo no existe, sólo el dolor y la necesidad apremiante de dinero. El despecho cantado, la inflamación genital, las balas rezadas, se han apoderado del espacio narrativo. Sólo hay una memoria: la del dolor. Y con ella una expresión única: la guerra. Las demás puertas, esas otras realidades ajenas al religionerismo y a la morbosidad de asistir a la muerte atroz, permanecen cerradas. ¿Qué ha pasado con el amor y el erotismo del que sabe que la caricia existe? ¿Qué ha sucedido con el humor y el absurdo? ¿Ha desaparecido la inteligencia y la capacidad de reflexión? ¿Somos una gran máquina que escupe muertos? Creo que no tenemos cuento. ¿Y cómo tenerlo si únicamente vemos la generalidad y lo que es peor, la más delirante de las generalidades?

5.Los cuentos, eso que los norteamericanos llamaron a short story, son hoy, en primera instancia, la única posibilidad de leer las múltiples realidades humanas. Y si tenemos en cuenta que en cada espacio se da una historia diferente, ya que los hechos son distintos, no importa que se vean asediados por lo mismo (como en el caso del Decamerón de Giovanni Bocaccio), la posibilidad de salirse de la realidad única (la mediática y la que obedece a intereses extraños) es muy amplia. En este momento en una cuidad del tamaño de Medellín, pueden estar sucediendo muchas cosas. Y digo pueden, porque la literatura cuenta lo que pudo haber sucedido y no lo que sucede, para ello están los periódicos libres y autónomos —muy pocos, por cierto—. Digo entonces que pueden suceder hechos que tienen que ver con el amor de una muchacha que espera el bus, con la economía de un obrero, con el asombro de alguien que reza, con la muerte sin sumario de un hombre que debe dinero, con una señora que sube unas escaleras, con un niño que se masturba por primera vez, con una maestra a la que la mens­truación no le llega, con un profesor de química invadido por los celos, con una mujer madura a la que se le ha despertado de nuevo el deseo, etc. Estos hechos son dignos de ser narrados. En lo que puede pasar no sólo está el acontecimiento violento. Sin embargo, nuestro cuento sigue siendo general. Pasa igual con los negocios que se copian y a nadie se le ocurre más sino lo mismo. Ahora, si esto debe ser así, quiere decir que en Colombia no hay inteligencia y menos creación. Los animales se caracterizan por hacer lo mismo. Los hombres por no hacerlo.

6.Pues bien, siempre estamos al lado de algo que se puede narrar. ¿Cómo no hablar de Darío, de sus caminatas bajo el sol y la lluvia, de sus peleas con las palabras (las ciertas y las mentidas), de sus desencantos frente a una ciudad que se automatiza y convierte la acción entre dos (del mismo o de diferente sexo) en un mero acto de consumo? ¿Cómo no hablar de mi pasado, distinto en geografías y concepciones del mundo? ¿Cómo no hablar de mis viajes en bus, de las caricias negadas en un cine, de mis ascensos hasta un séptimo piso subiendo unas escaleras deformes? ¿Cómo no hablar de ustedes, aquí presentes, que oyen lo que decimos, que quizá nos odian o nos quieren? Un escritor siempre vive a la orilla de un cuento, está en vecindad con él, puede ser en él. Ya lo decía Horacio Quiroga en su decálogo: el autor es uno de los personajes.

7.Para hacer literatura hay que saber de qué se habla. Y con eso que se sabe, hacer una transformación. Uno de esos disfraces que tanto le gustaban a Gustave Flaubert. Y en esto soy claro: el cuento que está a nuestra orilla no es un hecho anecdótico sino un acontecimiento fenomenológico. Es decir, enfrento el hecho con lo que sé, los conceptos que tengo del mundo y mis posibilidades de relación con él. Y sumando lo que hay ahí con lo que quiero que sea, y con lo que tengo para que sea así y no de otra manera, lo transformo. El cuento, entonces, aparece como una segunda realidad, más necesaria que la primera para que haya algo nuevo sobre la tierra.

8.Un cuento es una situación inesperada pero posible. Y lo posible es aquello que está dentro de lo verosímil. No es entonces una verdad ni una mentira. Es lo que hay entre estos dos conceptos, la memoria que va entre lo vivido y lo imaginario. Es un acontecimiento fragmentado que permite dobles: Una realidad doble, una situación doble, una palabra doble, una orilla doble como ésa que usan los hombres y mujeres que caminan sobre las aguas.

9.Estar a la otra orilla del cuento es asistir a la vida. Y como dice Norman Mailer, dotarla de una pregunta. Porque la realidad es real (lo que los griegos llaman una apóstasis), cuando nos confronta y nos obliga a responder. Y esta respuesta es un cuento primero, algo inverosímil que se vuelve verosímil a medida que le agregamos o quitamos palabras. De los cuentos de Tennesse Williams nacieron sus obras de teatro. Los cuentos de William Faulkner produjeron novelas. Es que entraron al otro lado de la orilla, haciéndose preguntas, que es la mejor manera de escribir. El cuento, entonces, es una situación. Y entre más simple, más evidente. No es una vitrina llena de asuntos, como las que se ven en los almacenes de promoción. Es un cartel, un grito pegado a la pared. Y como en unas buenas vacaciones, quien pase por él debe salir transformado. O, en términos religiosos, una oración que si al ser rezada no cambia el mundo, sirvió para nada. Así, cada vez que entramos en un buen cuento (leyéndolo o escribiéndolo) pasamos de un paisaje a otro. Y ese paisaje ya no se va, así lo cubran de publicidad y propaganda. Y lo más excepcional: nadie me lo puede quitar, ni D’s ni un presidente loco.


10.Los hombres creamos las palabras para volvernos humanos. Y a más palabras, más humanidad.. De lo que se trata es de que en la orilla, en ese cuento que no habíamos tenido presente a pesar de estar ahí, hay palabras que no habíamos tenido en cuenta, insignificancias que cobran significado. Esto es quizá lo maravilloso de un cuento, que solo tiene más palabras. Y que la orilla no es una barrera sino una entrada. 


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