ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

sábado, 20 de junio de 2026

26 frases de William Faulkner para aprender a escribir mejor

 

26 frases de William Faulkner para aprender a escribir mejor














Autor

Mar de fondo*, mayo 05, 2025

Tomado de:

https://www.mardefondope.com/2023/07/las-26-mejores-frases-de-william-faulkner-para-futuros-escritores.html?fbclid=IwY2xjawSkRkRleHRuA2FlbQIxMABicmlkETFjdnNnY3F2RVRlUlNVUnhTc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHnI1-IUNToqN8K6kELFRLer3yJHF_ZiAeUzJmP1YaORgFI3WW8l-qF2ghUIE_aem_2k7aZxZMoTc_QSsN7aNJCQ

 

Frases inolvidables de William Faulkner sobre escritura, disciplina y el oficio de convertirse en escritor.

 

 

William Faulkner reflexiona sobre la escritura y comparte consejos para futuros escritores

Las lecciones de escritura que dejó William Faulkner.

¡Hola, queridos lectores! 😀Las frases de William Faulkner tienen algo especial: no buscan ser amables, sino verdaderas. Hablan de disciplina, talento, lectura, técnica, fracaso, vanidad, crítica y de esa vocación extraña que empuja a una persona a escribir incluso cuando nadie le garantiza éxito, dinero o reconocimiento.

 

En este artículo de Mar de fondo reunimos 26 consejos de William Faulkner para escritores, ideales para quienes están empezando un  libro, corrigiendo un cuento, peleándose con una novela o simplemente tratando de entender qué significa vivir cerca de la literatura.

Faulkner no fue un escritor cómodo. Tampoco fue un autor fácil. Pero quizá por eso sus ideas sobre la escritura siguen teniendo tanta fuerza. Leerlo es entrar en contacto con una visión radical del oficio: escribir no como pose, sino como trabajo, obsesión, riesgo y búsqueda personal.

¿Por qué William Faulkner sigue inspirando a los escritores?

William Faulkner fue uno de los grandes narradores estadounidenses del siglo XX. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1949 y es autor de novelas fundamentales como El ruido y la furia, Mientras agonizo, Luz de agosto y Santuario.

Su obra es reconocida por la complejidad de sus personajes, el uso del monólogo interior, las estructuras narrativas fragmentadas y una mirada profunda sobre la memoria, la culpa, la violencia y la condición humana. No escribía para complacer al lector distraído. Escribía como quien excava una zona oscura de la experiencia humana.

Por eso, sus frases no suenan como simples mensajes motivacionales. Son más bien advertencias, provocaciones y pequeñas lecciones sobre lo difícil que puede ser convertirse en escritor.

 

Mi relación con Faulkner

Hoy aprecio más a Faulkner. Leer algunas frases suyas me permite identificarme con el escritor que quisiera ser. Sin embargo, no siempre fue así. Me peleé con Faulkner, me disgusté con él, no lo entendí.

 

En el verano pasado compré el libro Santuario, novela publicada en 1931 y una de las más reconocidas que escribió. La dejé a la mitad. No me atrapó o, tal vez, yo no estaba preparado en ese momento para entrar al universo de William Faulkner. A pesar de ello, pienso que merece otra oportunidad.

 

En una de estas frases, el mismo Faulkner reconoce que muchos no entendían sus  libros, pero poco le importaba. Incluso Julio Ramón Ribeyro, en su diario, reconoció que Faulkner era un escritor que no terminaba de atraparlo.

 

 

Y aun así, Faulkner está ahí: como una montaña literaria. Un escritor estadounidense de la talla de Ernest Hemingway, ganador también del Nobel, aunque Faulkner recibió el premio antes que el autor de El viejo y el mar.

 

En resumen, tal vez leyendo estas frases de William Faulkner para escritores, en la etapa en que que te encuentres de tu camino creativo, recibas una dosis de motivación, incomodidad y encantamiento. No saldrás vacío de este post.

 

Las 26 mejores frases de William Faulkner para escritores

A continuación he juntado una selección de consejos de William Faulkner sobre escritura, lectura, disciplina, crítica y vocación literaria. Las hemos organizado por temas para que puedas leerlas mejor y volver a ellas cuando necesites una sacudida creativa.

1. Frases de William Faulkner sobre disciplina y trabajo creativo

Lo más triste es que la única cosa que se puede hacer durante ocho horas al día es trabajar.

La sabiduría suprema es tener sueños bastante grandes para no perderlos de vista mientras se persiguen.

Para ser grande hace falta un noventa y nueve por ciento de talento, un noventa y nueve por ciento de disciplina y un noventa y nueve por ciento de trabajo.

No te preocupes por ser mejor que tus contemporáneos o predecesores. Intenta ser mejor que tú mismo.

Nada puede destruir al buen escritor. Lo único que puede alterar al buen escritor es la muerte. Los que son buenos no se preocupan por tener éxito o por hacerse ricos.

Había muchas cosas que yo podía hacer durante dos o tres días a fin de ganar suficiente dinero para vivir el resto del mes.

Estas frases muestran a un Faulkner poco romántico, pero profundamente comprometido con el trabajo. Para él, escribir no dependía solo de inspiración. Requería disciplina, resistencia y una relación casi obstinada con el oficio.Libros y literatura

 

2. Frases de William Faulkner sobre lectura y formación literaria

Leer, leer, leer todo, clásicos, desconocidos, buenos, malos, ver cómo escriben, leer y absorberlo. Luego escribes. Si es bueno lo conservas, sino lo tiras por la ventana.

Los libros que leo son los que conocí y amé cuando era joven y a los que vuelvo como se vuelve a los viejos amigos: El Antiguo Testamento, Dickens, Conrad, Cervantes… leo el Quijote todos los años.

Uno de los grandes consejos para escritores que deja Faulkner es sencillo y contundente: leerlo todo. No solo los libros admirables, también los fallidos. Porque de cada lectura se aprende algo: una estructura, una atmósfera, una voz o incluso aquello que uno no quiere repetir.

 

3. Frases de William Faulkner sobre técnica y oficio narrativo

Un escritor es intrínsecamente incapaz de decir la verdad; por eso llamamos ficción a lo que escribe.

Un escritor necesita tres cosas: la experiencia, la observación y la imaginación, dos de las cuales, a veces una de las cuales, puede suplantar la falta de las demás.

Si el escritor está interesado en la técnica, más le vale dedicarse a la cirugía o a colocar ladrillos.

Cuando la técnica no interviene, escribir es también más fácil en otro sentido. Porque en mi caso siempre hay un punto en el  libro en el que los propios personajes se levantan, toman el mando y completan el trabajo.

Componer en forma de Alegoría, ofrece la misma ventaja que representa para el carpintero construir esquinas cuadradas al construir una casa cuadrada.

Un escritor trata de crear personas creíbles en situaciones conmovedoras creíbles de la manera más conmovedora que pueda.

La composición de una historia es simplemente cuestión de trabajar hasta el momento de explicar por qué ocurrió la historia o qué otras cosas hizo ocurrir a continuación.

Los escritores siempre se han nutrido, y siempre se nutrirán de las alegorías de la conciencia moral, por la razón de que las alegorías son incomparables.

Faulkner no desprecia la técnica, pero advierte contra la obsesión técnica. La escritura necesita forma, claro, pero también necesita vida. Un relato no se sostiene solo por sus recursos narrativos, sino por la fuerza interior de sus personajes, sus conflictos y su verdad emocional.

 

4. Frases de William Faulkner sobre la vocación del escritor

El artista, Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro.

Un artista, es completamente amoral en el sentido de que será capaz de robar, tomar prestado, mendigar o despojar a cualquiera y a todo el mundo con tal de realizar la obra.

El escritor no necesita libertad económica. Todo lo que necesita es un lápiz y un poco de papel. Que yo sepa nunca se ha escrito nada bueno como consecuencia de aceptar dinero regalado.

Yo no soy un literato; sólo soy un escritor. No me da gusto hablar de los problemas del oficio.

El escritor joven que siga una teoría es un tonto. Uno tiene que enseñarse por medio de sus propios errores; la gente sólo aprende a través del error.

Estas ideas pueden sonar duras, incluso incómodas. Pero revelan algo central en Faulkner: la escritura no es solo una actividad intelectual, sino una forma de entrega. Para él, el escritor aprende escribiendo, equivocándose, corrigiendo y enfrentándose a su propio fracaso.

 

5. Frases de William Faulkner sobre críticos, lectores y vanidad artística

No tengo tiempo para pensar en quién me lee. No me interesa la opinión de Juan Lector sobre mi obra ni sobre la de cualquier otro escritor.

El artista está un peldaño por encima del crítico, porque el artista escribe algo que moverá al crítico. El crítico escribe algo que moverá a todo el mundo menos al artista.

El artista no tiene tiempo para escuchar a los críticos. Los que quieren ser escritores leen las críticas, los que quieren escribir no tienen tiempo para leerlas.

La cualidad que un artista debe poseer es la objetividad al juzgar su obra, más la honradez y el valor de no engañarse al respecto.

El buen artista cree que nadie sabe lo bastante para darle consejos, tiene una vanidad suprema. No importa cuánto admire al escritor viejo, quiere superarlo.

Aquí aparece el Faulkner más desafiante. El escritor no puede vivir pendiente de los críticos ni de la aprobación inmediata. Pero tampoco debe engañarse. La verdadera exigencia está en mirar la propia obra con honestidad, sin complacencia y sin miedo.

¿Qué podemos aprender hoy de William Faulkner?

De estas frases de William Faulkner se desprenden varias lecciones para cualquier persona que quiera escribir mejor:

 

Lee de todo: los grandes  libros enseñan, pero los malos también.

No esperes condiciones perfectas: un lápiz y un papel pueden bastar para empezar.

No escribas para complacer a todos: la literatura exige una voz propia.

Aprende de tus errores: ningún taller reemplaza la experiencia directa de escribir.

Trabaja más que sueñas: el talento sin disciplina se evapora rápido.

Faulkner no ofrece una receta fácil. Más bien nos recuerda que escribir implica incomodidad, paciencia y una relación muy honesta con lo que uno quiere decir.

 

Preguntas frecuentes sobre William Faulkner y sus consejos para escritores

¿Quién fue William Faulkner?

William Faulkner fue un escritor estadounidense ganador del Premio Nobel de Literatura en 1949. Es considerado uno de los narradores más importantes del siglo XX.

 

¿Cuáles son los libros más importantes de William Faulkner?

Entre sus obras más reconocidas se encuentran El ruido y la furia, Mientras agonizo, Santuario, Luz de agosto y ¡Absalón, Absalón!.

 

¿Por qué William Faulkner es importante para los escritores?

Porque su obra transformó la narrativa moderna y sus ideas sobre el oficio literario siguen siendo una fuente de reflexión para quienes desean escribir ficción.

 

¿Cuál es el mejor consejo de William Faulkner para escribir?

Uno de sus consejos más recordados es leer todo: clásicos, autores desconocidos, libros buenos y malos. Para Faulkner, la lectura era una escuela esencial para cualquier escritor.

 

Para pensar luego

Espero que hayas disfrutado de estas 26 frases de William Faulkner y que te hayan servido de inspiración para trabajar más y mejor en tu escritura. De todos modos, la carrera literaria es larga y el descubrimiento del estilo es estrictamente personal.

 

Faulkner puede incomodar, exigir y hasta alejarnos por momentos. Pero también puede recordarnos algo poderoso: escribir no es buscar aplausos inmediatos, sino aprender a escuchar una voz propia y sostenerla hasta el final.

 


*Sobre el autor: Mar de fondo

𝐵𝑟𝑦𝑎𝑛 𝑉𝑖𝑙𝑙𝑎𝑐𝑟𝑒𝑧 (Lima, 1990) Director del Blog de Mar de fondo. Estudié Comunicaciones, Sociología y soy autor del libro "Las vidas que tomé prestadas". Amante de los cuentos, cartas, diarios y novelas. Convencido de que "𝑈𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑙𝑒𝑖́𝑑𝑜 𝑛𝑜 𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑑𝑖́𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑖𝑑𝑜."

 

sábado, 9 de mayo de 2026

DECÁLOGO DE ANTI-CONSEJOS Y UN COLOFÓN DESENCANTADO Juan Manuel Roca

 DECÁLOGO DE ANTI-CONSEJOS Y UN COLOFÓN DESENCANTADO

Juan Manuel Roca
















Leyendo un agudo y divertido decálogo de Darío Jaramillo Agudelo para escritores, que parece escrito con cicuta más que con tinta, me dieron ganas de entrarle al mismo asunto.
La verdad, resulta mejor desaconsejar que dar consejos:
1. No le importe ser obvio si se trata de asuntos irrefutables: no ceda al deseo de decir verdades nuevas sin permiso del sol. Recuerde lo dicho por uno de los hermanos Goncourt: “un cuadro colgado en un museo es probablemente lo que tiene que escuchar más tonterías en todo el mundo”. No dudemos entonces en decir que es raro que las neveras no mueran de hipotermia. (posible lección para escritores realistas).
2. Aunque usted no hable, y menos escriba en alemán, lea en su lengua a los hermanos Schlegell. Hay que leerlos en esa lengua aunque no se entienda. Cuando ellos dicen -otra pareja que hablaba en contubernio como los Goncourt-, “que un crítico es un lector que rumia” y que necesita varios estómagos, no los oiga. Atienda a su único estómago de mamífero humano. De cualquier manera el único estómago que debe interesarle de las vacas en su anhelo de convertirse en escritor, debe ser, sin lugar a dudas, el librillo.
3. Ojo a los devaneos de Homero: no es prudente recibir caballos de madera de parte de un griego. Si uno de estos mañosos griegos le habla de calendas, de tiempos inexistentes pues los muy sabihondos no tenían calendas, cúbrase de cera los oídos. Si alguno le explica una etimología, no lo escuche, o caerá en la trampa que le tiende y no volverá a escribir por andar investigando el origen remoto de las palabras. No corra detrás de la sombra de Helena a no ser que así se llame la vecina pelirroja que tiene los ojos de un azul de piscina. Confórmese con el desabrido vecindario.
4. No haga caso ni siquiera a sus padres literarios. Ellos lo negarán tres veces antes de que cante un gallo. En verdad usted es su padre, su madre, su hijo y usted mismo, como diría un rebelde al que enjaularon por desobediente en un sanatorio francés.
5. Una severa recomendación: no lea decálogos de más de 5 puntos. Si acaso, quincálogos. Pero también el manifiesto del pintor Fernando Oramas, un bicálogo de cuño anarco-patafísico que dice de la siguiente manera: Artículo Primero, haga lo que le venga en gana. Artículo Segundo, si no quiere no cumpla el artículo primero.
6. Gesualdo Bufalino apunta que los escritores contemporáneos en vez de leerse se espían. Mejor ni los lea ni los espíe. Mientras no lo haga seguirán siendo buenos escritores, hasta unos artistas ejemplares. Seguro. Si no los lee no se llevará ningún chasco. Usted verá.
7. Consejo solo para poetas: no les crea nada, ni poquito, a los maestros de la lírica. Si son grandes, son redomados mentirosos. Ni siquiera a Rilke o a Pessoa, fingidores de oficio.
8. Siembre en su huerto un espantapárrafos.
9. No escuche los consejos de seres desdichados que se viven disputando la gloria a codazos, mendrugos de baratijas y caretas de sabio. Si no recuerda de quién es una frase inquietante con la que quiere impresionar, no lo dude, diga que es de Borges. Es de buen tono citarlo en los salones del verano.
10. No atienda a este decálogo. Ni a ningún otro. También puede dejar de escribir y dedicarse a otros menesteres. Fuera de usted no se lo reprochará nadie.
UN COLOFÓN DESENCANTADO
(Ejercicios de misantropía)
Remar a contravía de la isla de los obedientes y sentir la alegría de verla cada vez más lejana. Navegar hacia atrás para irse alejando del punto de destino.
Oír con alivio el vocerío de la fiesta que se apaga al mover los remos hacia atrás.
Sentir la alegría del pájaro que a la vez es su nido.
Escuchar el monótono taconeo del escuadrón que en vez de desfilar hacia el enemigo marcha hacia atrás.
Aplaudir la bandada de ciclistas que se rehúsa a la meta.
Trazar el camino que conduce al regreso. Deshacer una a una las jugadas de la partida de ajedrez hasta quedar en veremos.
Comprar boleto en un tren que no aspire a tocar la lejanía, sonar la campana para despedir a los que acuden a saludarnos.
Todo con tal de no encontrar la manada que habla de la misma manera, que piensa de la misma manera, mata de la misma manera y camina en puntas de pies para no perturbar su limbo.
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viernes, 23 de enero de 2026

Los 11 mandamientos de escritura de Henry Miller

 

Los 11 mandamientos de escritura de Henry Miller

Los 11 mandamientos de escritura de Henry Miller

Tomado de: https://hojaenblanco.com/posts/mandamientos-escritura-miller/


Lo ames o lo odies, Henry Miller escribía bien. Y, a pesar de esa imagen de bohemio de París hace cien años, era un trabajador disciplinado con una rutina férrea. Como prácticamente todos los escritores que hicieron algo y luego creaban esas narrativas de genio y caos alrededor de sí mismos.

Sabían que lo único importante es el mito y lo cultivaban, es una historia mucho más atractiva que la realidad del trabajador aburrido.

Y esa disciplina en el caso de Miller atendía a 11 reglas de escritura que seguir siempre, según él, y que me parece interesante compartir.

Son estas:

  1. Trabaja en una cosa a la vez hasta que la termines.
  2. No empieces más libros nuevos, no añadas más material nuevo.
  3. No te pongas nervioso. Trabaja con calma, con alegría y con temeridad en lo que tengas entre manos.
  4. Trabaja según el programa y no según el estado de ánimo. Detente a la hora señalada.
  5. Cuando no puedas crear, puedes trabajar.
  6. Cimenta un poco cada día, en lugar de añadir nuevo abono.
  7. ¡Sigue siendo humano! Queda con gente, ve a los sitios, bebe si te apetece.
  8. ¡No seas un caballo de tiro! Trabaja sólo por placer.
  9. Descarta el programa cuando te apetezca, pero vuelve a él al día siguiente. Concéntrate. Limita. Excluye.
  10. Olvídate de los libros que quieres escribir. Piensa sólo en el libro que estás escribiendo.
  11. Escribir es lo primero siempre. La pintura, la música, los amigos, el cine… todo eso viene después.

En general, son buenas reglas, contradictorias como la vida, porque, a veces, hay que ser caballo de tiro y es lo que hay, cosa que él mismo reconoce implícitamente en las reglas 4, 5 y 6.

Además de esos mandamientos, tenía su «Programa diario», al que hace referencia en ellos. Consistía en esto.

MAÑANAS:

Si estás aturdido, escribe notas y asígnalas donde corresponda, como estímulo.

Si estás bien, escribir.

TARDES:

Trabajo en la sección que toque, siguiendo escrupulosamente el plan de sección. No hay intrusiones, ni desviaciones. Escribir para terminar una sección a la vez, bien y del todo.

TARDE-NOCHE:

Ver a los amigos. Leer en los cafés.

Explorar lugares desconocidos: a pie si el suelo está mojado, en bicicleta si está seco.

Escribir, si se está de humor, pero sólo en un programa menor.

Pintar si se está vacío o cansado.

Tomar notas. Hacer gráficos y planos. Hacer correcciones de manuscritos.

Nota: Deja tiempo suficiente durante el día para hacer una visita ocasional a los museos o pintar un boceto ocasional o dar un paseo ocasional en bicicleta. Haz bocetos en cafés, trenes y calles. Dejar de lado las películas. Ir a la biblioteca en busca de referencias una vez a la semana.

Como vemos, incluso un agente del caos y la depravación como podía ser Henry Miller, tenía un plan, muy parecido al de la mayoría de escritores (trabajo por la mañana, lo demás luego). De hecho, era incluso demasiado rígido a veces, pura rutina en la que insertaba sus correrías, que también eran parte del programa a seguir.

Porque esa es la aburrida realidad del escritor.

lunes, 18 de agosto de 2025

¿Cómo narrar las “historias duras” de desigualdad social? Diez reflexiones de Ginna Morelo

 

29 de mayo de 2025
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¿Se puede evitar la revictimización en la construcción de una noticia? Ginna Morelo reflexiona sobre el desafío de narrar con ética, datos y enfoques innovadores para evitar reducir a las personas a 'personajes'.




Kirvin Larios

¿Cómo evitamos la revictimización de las personas si, al hablar de ellas y exponer un caso específico, se corre el riesgo de representarlas como ‘las víctimas’ de un relato?  “Tenemos que ir y tomar las historias, darles una categoría a las personas”, dice al respecto la periodista Ginna Morelo. ¿Pero se puede evitar la revictimización en la construcción de unos hechos? ¿Es inevitable convertir a la persona en personaje?

Durante los tres días del taller ‘Brechas y oportunidades: narrativas periodísticas para la equidad’, se escucharon este tipo de preguntas en las que resulta decisiva la ética del reportero que investiga, descubre unos datos, cuenta y le pone rostro a su narración. A veces la respuesta puede ser tan corta como tratar de hacer el mejor periodismo posible. A veces, simplemente, depende de la circunstancia, del tema abordado y de lo que, aunque suene cursi, pase por el corazón de cada periodista.

Se trata, dice Morelo, de “divertirnos contando historias duras, pero divertirnos haciéndolo bien”. ¿Cómo lo hacemos bien? Ésta es, quizás, toda la cuestión. En la Red Ética recopilamos algunas reflexiones destacadas de este taller dirigido por Morelo y organizado por la Fundación Gabo en alianza con el Banco Mundial. Preguntas, ideas y lugares comunes que se discutieron a lo largo de los tres días de esta actividad enfocada en la desigualdad social; un asunto que reclama la atención de los datos, pero también de nuestro sentido humano.

1. La gente ya tiene voz

Es costumbre en el periodismo decir que los periodistas le dan voz a la gente. Morelo afirma: “La gente ya tiene voz, tiene sus propios altoparlantes”. Lo que un periodista hace es conectar a las personas “con explicaciones, para subirle el volumen al fenómeno y que este sea comprend6ido”. En otras palabras: no es dar voz a quienes ya la tienen, sino prestar atención a lo que pasa y llevarlo a otros escenarios posibles.

 

2. No hace falta ser el héroe: la información empodera

Otro pensamiento recurrente es el que trata de vestir de ‘héroe’ al periodista que se encuentra en un contexto en el que otros –tal vez sus fuentes– pasan peligro, hambre o sufren por una calamidad. ¿Qué hacer? La respuesta puede ser personal y circunstancial. Lo que no es personal, y puede permitir trascender cualquier gesto rápido y eficaz  –sin dejar de ser profundamente humano–, es hacer un buen trabajo.

“Como periodistas, una forma de devolverle o retribuir algo a las comunidades es hacerlo bien. Que tu pieza esté tan bien hecha, tan bien puestos los datos, que estos sean capaces de explicar fenómenos de forma sencilla”.  Así, añade Morelo, con el conocimiento y la información, la gente puede “empoderarse”.

 

3. Tratar de que la historia trascienda 

Según Morelo, el ejercicio de construcción de una historia tiene cuatro formas discursivas de presentarse: la descripción, la narración, la explicación y la argumentación. “Una buena historia periodística tiene los cuatro elementos en una proporción importante”, dice. “Si nos basamos solo en lo testimonial, pero tenemos una ausencia enorme de datos, nos quedamos en la descripción de una situación, en echar un cuento. Eso suena chévere, pero tenemos que hacer que la historia trascienda”.

 

4. Mirar hacia atrás

“El periodismo de los datos permite que la ciudadanía pueda comprender de forma dimensional un fenómeno. Las historias de inequidad tienen que tener esa dimensión”, agrega.

Es crucial examinar los hechos, los datos históricos y traer patrones de comparación con los cuales establecer vínculos. “Todos los temas tienen conexiones, solo que el periodista tiene la obligación de detectar cuáles son”, añadió Morelo recordando a  Miguel Ángel Bastenier, otro periodista y maestro de la Fundación Gabo.

 

5. La comunicación rompe el verticalismo 

“Hay que entender la comunicación como un proceso inmerso en la construcción narrativa de una historia. Cuando lo vemos así, el proceso de comunicación rompe el verticalismo y obliga al ‘feedback’ de forma mucho más poderosa que el mismo ejercicio concebido desde quien reportea la historia y la traslada como diciendo ‘soy el todopoderoso’”, dice Morelo.

 

6. Combatir los sesgos con multidisciplinariedad

“Somos seres políticos. Eso no podemos cambiarlo. Vamos contra nuestra carga política al ejercicio periodístico”, dice Morelo.

Consciente de que los sesgos pueden determinar nuestro discurso, cree que la forma de resolverlo no es quitarse “la camiseta de periodista”, sino acudiendo a las distintas voces y campos del saber. Como maestra, por ejemplo, Morelo ha aprovechado para acercarse a economistas y revisar con ellos sus trabajos. Igualmente, considera necesario el trabajo con los sabios de las comunidades y no solo con los expertos o especialistas en una materia. El periodista debe “encontrar esas sinergias”.

 

7. Transformar la agenda

Uno de los aspectos en que más insiste Morelo es el de cambiar las agendas consabidas. Dice que una de las responsabilidades del periodismo es “precisamente instalar una agenda que vaya en contra de las agendas ya trasnochadas o instaladas en las regiones”. Agrega que los periodistas pueden participar de los cambios en las agendas: “Ningún tema muere; se transforma. Se convierte en algo más. Las agendas son cambiantes, transformadas por los periodistas”.

 

8. Más allá de la denuncia

Morelo pone el acento en la “capacidad asertiva” de los periodistas para “llamar la atención sobre un problema que aporta caminos”. Es decir, no quedarse en la sola denuncia de los hechos. “La denuncia por sí sola no necesariamente conduce a que la audiencia pueda ver el problema.  ¿Con la denuncia vamos a lograr empoderar a la ciudadanía sobre el conocimiento de lo que puede estar andando mal? Creo que hasta cierto punto. Luego hay que hacerle ver otras cosas”, dice.

 

9. En las historias hay oportunidad y esperanza, no solo pobreza

En los cubrimientos sobre desigualdad es frecuente asociar la pobreza con ciertos hábitos y estilos de vida. “A veces tenemos asentadas ciertas realidades desde nuestra imagen o de nuestra construcción de pobreza”, dice Morelo. Los relatos de desigualdad apuntan a eso: “un asunto agobiante”; consumimos piezas que nos hacen decir “esto no tiene futuro”.

Morelo considera que, sin dejar de ver el problema, “hay un ejercicio de exploración en otros lugares que podría ser el espejo en donde mirarnos”.

“El periodismo tiene la obligación de tratar de esos espacios para construir narrativas de oportunidades. La oportunidad no es que todo es positivo y cambió. Es que seamos capaces de mirar que hay otras formas de contar y de generar una transformación desde el periodismo. Si lo reconozco, pueden empezar a suceder cosas. Si no lo veo así, y me instalo en el discurso de la pobreza como desesperación, no veré qué hay más allá del túnel y las narrativas van a terminar aburriéndonos a todos”, agrega.

 

10. Cuidado al contar el dolor

Al representar a personas que han sido víctimas de algo, ¿es inevitable la revictimización? Morelo es consciente de que este tema crea puntos de vista encontrados. Dice que no puedes acrecentar la revictimización, “pero cada vez que cuentas la historia de la persona afectada la estás revictimizando”.

Los periodistas hacen “extractivismo”, afirma. “Tenemos que ir y sacar cosas para contar”. Y añade: “Tenemos que ir y tomar las historias, darles una categoría a las personas, hacer una fotografía de esas personas, y muchas veces nuestras decisiones pueden ser acertadas o no”.

La invitación es a ser precavidos al “magnificar” el dolor, la desigualdad, la tragedia o el drama. “Ser muy cuidadoso en pensar cómo queremos describir a nuestros personajes en las historias”. ¿Una alternativa? Buscar las mejores fuentes. Morelo puso como ejemplo el medio digital ecuatoriano GK, que para un trabajo sobre la Amazonía creó un “directorio de fuentes”, diferentes a las que solían citar los medios. El directorio fue una forma de oponerse a los discursos y análisis imperantes, y de diversificar el enfoque (y el sexo: casi siempre hombres) de las fuentes expertas. Al hacerlo, los resultados fueron “muy diferentes” y los trabajos “se salían de los lugares comunes”.



domingo, 29 de septiembre de 2024

¿Por qué escribir libros para niños?Isaac Bashevis Singer 10 razones



¿Por qué escribir libros para niños?Isaac Bashevis Singer 





Tomado de: https://elcarritorojo.com/2020/07/05/por-que-escribir-para-ninos/#_ftn1

En 1978, el escritor judío Isaac Bashevis Singer cerró su discurso del banquete, luego de recibir el Premio Nobel de Literatura, con este decálogo:

“Hay quinientas razones sobre por qué empecé a escribir para niños, pero para ahorrar tiempo mencionaré sólo diez”, dice Isaac Bashevis Singer, autor de obras para niños y para adultos. Estas diez razones son:

Número 1) Los niños leen libros, no reseñas. Les importan un pepino las críticas. 

Número 2) Los niños no leen para encontrar su identidad. 

Número 3) No leen para liberarse de la culpa, para saciar la sed de rebelión o para deshacerse de la alienación. 

Número 4) No les sirve la psicología. 

Número 5) Detestan la sociología. 

Número 6) No tratan de entender a Kafka o Finnegans Wake. 

Número 7) Siguen creyendo en Dios, en la familia, en los ángeles, en demonios, brujas, duendes, en la lógica, en la claridad, en la puntuación y otras cosas obsoletas. 

Número 8) Aman las historias interesantes, no los comentarios, guías o notas a pie de página. 

Número 9) Si un libro es aburrido, bostezan abiertamente, sin ninguna vergüenza o miedo a la autoridad. 

Número 10) No esperan que su querido autor redima a la humanidad. Jóvenes como son, saben que no está en su poder. Sólo los adultos tienen ilusiones tan infantiles. [1]

El decálogo de Isaac Bashevis Singer evoca una forma de leer (y también una forma de escribir) que yo calificaría como inocente. Es decir, pareciera que el autor de Satán en Goray sólo escribe por el placer de escribir, así como los niños leen por el placer de leer: sin reseñas, sin notas a pie de página y sin buscar otra cosa que una historia verdaderamente entrañable que los mantenga soñando despiertos. Escribir y leer sólo por el placer de hacerlo es una forma de libertad y también una forma de felicidad, una “felicidad desesperada”, como dice el filósofo André Comte-Sponville.

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Isaac Bashevis Singer (Radzymin, Polonia, 1904 – Surfside, Estados Unidos, 1991), hijo y nieto de rabinos, vivió en el barrio judío de Varsovia hasta 1935, cuando emigró a Estados Unidos. Su obra, sin embargo, tuvo siempre Polonia como horizonte: el tema recurrente en las novelas y cuentos de Singer es la vida en su país natal en diferentes períodos históricos, con particular atención a la vida cotidiana de las comunidades judías. Galardonado con el National Book Award en 1974 y el Premio Nobel en 1978, es autor de las novelas Satán en Goray (1935), La familia Moskat (1950), En el tribunal de mi padre (1966), La casa de Jampol (1967) y Los herederos (1969), entre otras, así como de los libros de relatos Gimpel el tonto (1957) y Un día placentero (1973). En esta editorial han aparecido el relato La destrucción de Kreshev (2007), las novelas El seductor (2022) y Keyle la Pelirroja (2023).