ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

sábado, 9 de mayo de 2026

DECÁLOGO DE ANTI-CONSEJOS Y UN COLOFÓN DESENCANTADO Juan Manuel Roca

 DECÁLOGO DE ANTI-CONSEJOS Y UN COLOFÓN DESENCANTADO

Juan Manuel Roca
















Leyendo un agudo y divertido decálogo de Darío Jaramillo Agudelo para escritores, que parece escrito con cicuta más que con tinta, me dieron ganas de entrarle al mismo asunto.
La verdad, resulta mejor desaconsejar que dar consejos:
1. No le importe ser obvio si se trata de asuntos irrefutables: no ceda al deseo de decir verdades nuevas sin permiso del sol. Recuerde lo dicho por uno de los hermanos Goncourt: “un cuadro colgado en un museo es probablemente lo que tiene que escuchar más tonterías en todo el mundo”. No dudemos entonces en decir que es raro que las neveras no mueran de hipotermia. (posible lección para escritores realistas).
2. Aunque usted no hable, y menos escriba en alemán, lea en su lengua a los hermanos Schlegell. Hay que leerlos en esa lengua aunque no se entienda. Cuando ellos dicen -otra pareja que hablaba en contubernio como los Goncourt-, “que un crítico es un lector que rumia” y que necesita varios estómagos, no los oiga. Atienda a su único estómago de mamífero humano. De cualquier manera el único estómago que debe interesarle de las vacas en su anhelo de convertirse en escritor, debe ser, sin lugar a dudas, el librillo.
3. Ojo a los devaneos de Homero: no es prudente recibir caballos de madera de parte de un griego. Si uno de estos mañosos griegos le habla de calendas, de tiempos inexistentes pues los muy sabihondos no tenían calendas, cúbrase de cera los oídos. Si alguno le explica una etimología, no lo escuche, o caerá en la trampa que le tiende y no volverá a escribir por andar investigando el origen remoto de las palabras. No corra detrás de la sombra de Helena a no ser que así se llame la vecina pelirroja que tiene los ojos de un azul de piscina. Confórmese con el desabrido vecindario.
4. No haga caso ni siquiera a sus padres literarios. Ellos lo negarán tres veces antes de que cante un gallo. En verdad usted es su padre, su madre, su hijo y usted mismo, como diría un rebelde al que enjaularon por desobediente en un sanatorio francés.
5. Una severa recomendación: no lea decálogos de más de 5 puntos. Si acaso, quincálogos. Pero también el manifiesto del pintor Fernando Oramas, un bicálogo de cuño anarco-patafísico que dice de la siguiente manera: Artículo Primero, haga lo que le venga en gana. Artículo Segundo, si no quiere no cumpla el artículo primero.
6. Gesualdo Bufalino apunta que los escritores contemporáneos en vez de leerse se espían. Mejor ni los lea ni los espíe. Mientras no lo haga seguirán siendo buenos escritores, hasta unos artistas ejemplares. Seguro. Si no los lee no se llevará ningún chasco. Usted verá.
7. Consejo solo para poetas: no les crea nada, ni poquito, a los maestros de la lírica. Si son grandes, son redomados mentirosos. Ni siquiera a Rilke o a Pessoa, fingidores de oficio.
8. Siembre en su huerto un espantapárrafos.
9. No escuche los consejos de seres desdichados que se viven disputando la gloria a codazos, mendrugos de baratijas y caretas de sabio. Si no recuerda de quién es una frase inquietante con la que quiere impresionar, no lo dude, diga que es de Borges. Es de buen tono citarlo en los salones del verano.
10. No atienda a este decálogo. Ni a ningún otro. También puede dejar de escribir y dedicarse a otros menesteres. Fuera de usted no se lo reprochará nadie.
UN COLOFÓN DESENCANTADO
(Ejercicios de misantropía)
Remar a contravía de la isla de los obedientes y sentir la alegría de verla cada vez más lejana. Navegar hacia atrás para irse alejando del punto de destino.
Oír con alivio el vocerío de la fiesta que se apaga al mover los remos hacia atrás.
Sentir la alegría del pájaro que a la vez es su nido.
Escuchar el monótono taconeo del escuadrón que en vez de desfilar hacia el enemigo marcha hacia atrás.
Aplaudir la bandada de ciclistas que se rehúsa a la meta.
Trazar el camino que conduce al regreso. Deshacer una a una las jugadas de la partida de ajedrez hasta quedar en veremos.
Comprar boleto en un tren que no aspire a tocar la lejanía, sonar la campana para despedir a los que acuden a saludarnos.
Todo con tal de no encontrar la manada que habla de la misma manera, que piensa de la misma manera, mata de la misma manera y camina en puntas de pies para no perturbar su limbo.
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viernes, 23 de enero de 2026

Los 11 mandamientos de escritura de Henry Miller

 

Los 11 mandamientos de escritura de Henry Miller

Los 11 mandamientos de escritura de Henry Miller

Tomado de: https://hojaenblanco.com/posts/mandamientos-escritura-miller/


Lo ames o lo odies, Henry Miller escribía bien. Y, a pesar de esa imagen de bohemio de París hace cien años, era un trabajador disciplinado con una rutina férrea. Como prácticamente todos los escritores que hicieron algo y luego creaban esas narrativas de genio y caos alrededor de sí mismos.

Sabían que lo único importante es el mito y lo cultivaban, es una historia mucho más atractiva que la realidad del trabajador aburrido.

Y esa disciplina en el caso de Miller atendía a 11 reglas de escritura que seguir siempre, según él, y que me parece interesante compartir.

Son estas:

  1. Trabaja en una cosa a la vez hasta que la termines.
  2. No empieces más libros nuevos, no añadas más material nuevo.
  3. No te pongas nervioso. Trabaja con calma, con alegría y con temeridad en lo que tengas entre manos.
  4. Trabaja según el programa y no según el estado de ánimo. Detente a la hora señalada.
  5. Cuando no puedas crear, puedes trabajar.
  6. Cimenta un poco cada día, en lugar de añadir nuevo abono.
  7. ¡Sigue siendo humano! Queda con gente, ve a los sitios, bebe si te apetece.
  8. ¡No seas un caballo de tiro! Trabaja sólo por placer.
  9. Descarta el programa cuando te apetezca, pero vuelve a él al día siguiente. Concéntrate. Limita. Excluye.
  10. Olvídate de los libros que quieres escribir. Piensa sólo en el libro que estás escribiendo.
  11. Escribir es lo primero siempre. La pintura, la música, los amigos, el cine… todo eso viene después.

En general, son buenas reglas, contradictorias como la vida, porque, a veces, hay que ser caballo de tiro y es lo que hay, cosa que él mismo reconoce implícitamente en las reglas 4, 5 y 6.

Además de esos mandamientos, tenía su «Programa diario», al que hace referencia en ellos. Consistía en esto.

MAÑANAS:

Si estás aturdido, escribe notas y asígnalas donde corresponda, como estímulo.

Si estás bien, escribir.

TARDES:

Trabajo en la sección que toque, siguiendo escrupulosamente el plan de sección. No hay intrusiones, ni desviaciones. Escribir para terminar una sección a la vez, bien y del todo.

TARDE-NOCHE:

Ver a los amigos. Leer en los cafés.

Explorar lugares desconocidos: a pie si el suelo está mojado, en bicicleta si está seco.

Escribir, si se está de humor, pero sólo en un programa menor.

Pintar si se está vacío o cansado.

Tomar notas. Hacer gráficos y planos. Hacer correcciones de manuscritos.

Nota: Deja tiempo suficiente durante el día para hacer una visita ocasional a los museos o pintar un boceto ocasional o dar un paseo ocasional en bicicleta. Haz bocetos en cafés, trenes y calles. Dejar de lado las películas. Ir a la biblioteca en busca de referencias una vez a la semana.

Como vemos, incluso un agente del caos y la depravación como podía ser Henry Miller, tenía un plan, muy parecido al de la mayoría de escritores (trabajo por la mañana, lo demás luego). De hecho, era incluso demasiado rígido a veces, pura rutina en la que insertaba sus correrías, que también eran parte del programa a seguir.

Porque esa es la aburrida realidad del escritor.

lunes, 18 de agosto de 2025

¿Cómo narrar las “historias duras” de desigualdad social? Diez reflexiones de Ginna Morelo

 

29 de mayo de 2025
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¿Se puede evitar la revictimización en la construcción de una noticia? Ginna Morelo reflexiona sobre el desafío de narrar con ética, datos y enfoques innovadores para evitar reducir a las personas a 'personajes'.




Kirvin Larios

¿Cómo evitamos la revictimización de las personas si, al hablar de ellas y exponer un caso específico, se corre el riesgo de representarlas como ‘las víctimas’ de un relato?  “Tenemos que ir y tomar las historias, darles una categoría a las personas”, dice al respecto la periodista Ginna Morelo. ¿Pero se puede evitar la revictimización en la construcción de unos hechos? ¿Es inevitable convertir a la persona en personaje?

Durante los tres días del taller ‘Brechas y oportunidades: narrativas periodísticas para la equidad’, se escucharon este tipo de preguntas en las que resulta decisiva la ética del reportero que investiga, descubre unos datos, cuenta y le pone rostro a su narración. A veces la respuesta puede ser tan corta como tratar de hacer el mejor periodismo posible. A veces, simplemente, depende de la circunstancia, del tema abordado y de lo que, aunque suene cursi, pase por el corazón de cada periodista.

Se trata, dice Morelo, de “divertirnos contando historias duras, pero divertirnos haciéndolo bien”. ¿Cómo lo hacemos bien? Ésta es, quizás, toda la cuestión. En la Red Ética recopilamos algunas reflexiones destacadas de este taller dirigido por Morelo y organizado por la Fundación Gabo en alianza con el Banco Mundial. Preguntas, ideas y lugares comunes que se discutieron a lo largo de los tres días de esta actividad enfocada en la desigualdad social; un asunto que reclama la atención de los datos, pero también de nuestro sentido humano.

1. La gente ya tiene voz

Es costumbre en el periodismo decir que los periodistas le dan voz a la gente. Morelo afirma: “La gente ya tiene voz, tiene sus propios altoparlantes”. Lo que un periodista hace es conectar a las personas “con explicaciones, para subirle el volumen al fenómeno y que este sea comprend6ido”. En otras palabras: no es dar voz a quienes ya la tienen, sino prestar atención a lo que pasa y llevarlo a otros escenarios posibles.

 

2. No hace falta ser el héroe: la información empodera

Otro pensamiento recurrente es el que trata de vestir de ‘héroe’ al periodista que se encuentra en un contexto en el que otros –tal vez sus fuentes– pasan peligro, hambre o sufren por una calamidad. ¿Qué hacer? La respuesta puede ser personal y circunstancial. Lo que no es personal, y puede permitir trascender cualquier gesto rápido y eficaz  –sin dejar de ser profundamente humano–, es hacer un buen trabajo.

“Como periodistas, una forma de devolverle o retribuir algo a las comunidades es hacerlo bien. Que tu pieza esté tan bien hecha, tan bien puestos los datos, que estos sean capaces de explicar fenómenos de forma sencilla”.  Así, añade Morelo, con el conocimiento y la información, la gente puede “empoderarse”.

 

3. Tratar de que la historia trascienda 

Según Morelo, el ejercicio de construcción de una historia tiene cuatro formas discursivas de presentarse: la descripción, la narración, la explicación y la argumentación. “Una buena historia periodística tiene los cuatro elementos en una proporción importante”, dice. “Si nos basamos solo en lo testimonial, pero tenemos una ausencia enorme de datos, nos quedamos en la descripción de una situación, en echar un cuento. Eso suena chévere, pero tenemos que hacer que la historia trascienda”.

 

4. Mirar hacia atrás

“El periodismo de los datos permite que la ciudadanía pueda comprender de forma dimensional un fenómeno. Las historias de inequidad tienen que tener esa dimensión”, agrega.

Es crucial examinar los hechos, los datos históricos y traer patrones de comparación con los cuales establecer vínculos. “Todos los temas tienen conexiones, solo que el periodista tiene la obligación de detectar cuáles son”, añadió Morelo recordando a  Miguel Ángel Bastenier, otro periodista y maestro de la Fundación Gabo.

 

5. La comunicación rompe el verticalismo 

“Hay que entender la comunicación como un proceso inmerso en la construcción narrativa de una historia. Cuando lo vemos así, el proceso de comunicación rompe el verticalismo y obliga al ‘feedback’ de forma mucho más poderosa que el mismo ejercicio concebido desde quien reportea la historia y la traslada como diciendo ‘soy el todopoderoso’”, dice Morelo.

 

6. Combatir los sesgos con multidisciplinariedad

“Somos seres políticos. Eso no podemos cambiarlo. Vamos contra nuestra carga política al ejercicio periodístico”, dice Morelo.

Consciente de que los sesgos pueden determinar nuestro discurso, cree que la forma de resolverlo no es quitarse “la camiseta de periodista”, sino acudiendo a las distintas voces y campos del saber. Como maestra, por ejemplo, Morelo ha aprovechado para acercarse a economistas y revisar con ellos sus trabajos. Igualmente, considera necesario el trabajo con los sabios de las comunidades y no solo con los expertos o especialistas en una materia. El periodista debe “encontrar esas sinergias”.

 

7. Transformar la agenda

Uno de los aspectos en que más insiste Morelo es el de cambiar las agendas consabidas. Dice que una de las responsabilidades del periodismo es “precisamente instalar una agenda que vaya en contra de las agendas ya trasnochadas o instaladas en las regiones”. Agrega que los periodistas pueden participar de los cambios en las agendas: “Ningún tema muere; se transforma. Se convierte en algo más. Las agendas son cambiantes, transformadas por los periodistas”.

 

8. Más allá de la denuncia

Morelo pone el acento en la “capacidad asertiva” de los periodistas para “llamar la atención sobre un problema que aporta caminos”. Es decir, no quedarse en la sola denuncia de los hechos. “La denuncia por sí sola no necesariamente conduce a que la audiencia pueda ver el problema.  ¿Con la denuncia vamos a lograr empoderar a la ciudadanía sobre el conocimiento de lo que puede estar andando mal? Creo que hasta cierto punto. Luego hay que hacerle ver otras cosas”, dice.

 

9. En las historias hay oportunidad y esperanza, no solo pobreza

En los cubrimientos sobre desigualdad es frecuente asociar la pobreza con ciertos hábitos y estilos de vida. “A veces tenemos asentadas ciertas realidades desde nuestra imagen o de nuestra construcción de pobreza”, dice Morelo. Los relatos de desigualdad apuntan a eso: “un asunto agobiante”; consumimos piezas que nos hacen decir “esto no tiene futuro”.

Morelo considera que, sin dejar de ver el problema, “hay un ejercicio de exploración en otros lugares que podría ser el espejo en donde mirarnos”.

“El periodismo tiene la obligación de tratar de esos espacios para construir narrativas de oportunidades. La oportunidad no es que todo es positivo y cambió. Es que seamos capaces de mirar que hay otras formas de contar y de generar una transformación desde el periodismo. Si lo reconozco, pueden empezar a suceder cosas. Si no lo veo así, y me instalo en el discurso de la pobreza como desesperación, no veré qué hay más allá del túnel y las narrativas van a terminar aburriéndonos a todos”, agrega.

 

10. Cuidado al contar el dolor

Al representar a personas que han sido víctimas de algo, ¿es inevitable la revictimización? Morelo es consciente de que este tema crea puntos de vista encontrados. Dice que no puedes acrecentar la revictimización, “pero cada vez que cuentas la historia de la persona afectada la estás revictimizando”.

Los periodistas hacen “extractivismo”, afirma. “Tenemos que ir y sacar cosas para contar”. Y añade: “Tenemos que ir y tomar las historias, darles una categoría a las personas, hacer una fotografía de esas personas, y muchas veces nuestras decisiones pueden ser acertadas o no”.

La invitación es a ser precavidos al “magnificar” el dolor, la desigualdad, la tragedia o el drama. “Ser muy cuidadoso en pensar cómo queremos describir a nuestros personajes en las historias”. ¿Una alternativa? Buscar las mejores fuentes. Morelo puso como ejemplo el medio digital ecuatoriano GK, que para un trabajo sobre la Amazonía creó un “directorio de fuentes”, diferentes a las que solían citar los medios. El directorio fue una forma de oponerse a los discursos y análisis imperantes, y de diversificar el enfoque (y el sexo: casi siempre hombres) de las fuentes expertas. Al hacerlo, los resultados fueron “muy diferentes” y los trabajos “se salían de los lugares comunes”.



domingo, 29 de septiembre de 2024

¿Por qué escribir libros para niños?Isaac Bashevis Singer 10 razones



¿Por qué escribir libros para niños?Isaac Bashevis Singer 





Tomado de: https://elcarritorojo.com/2020/07/05/por-que-escribir-para-ninos/#_ftn1

En 1978, el escritor judío Isaac Bashevis Singer cerró su discurso del banquete, luego de recibir el Premio Nobel de Literatura, con este decálogo:

“Hay quinientas razones sobre por qué empecé a escribir para niños, pero para ahorrar tiempo mencionaré sólo diez”, dice Isaac Bashevis Singer, autor de obras para niños y para adultos. Estas diez razones son:

Número 1) Los niños leen libros, no reseñas. Les importan un pepino las críticas. 

Número 2) Los niños no leen para encontrar su identidad. 

Número 3) No leen para liberarse de la culpa, para saciar la sed de rebelión o para deshacerse de la alienación. 

Número 4) No les sirve la psicología. 

Número 5) Detestan la sociología. 

Número 6) No tratan de entender a Kafka o Finnegans Wake. 

Número 7) Siguen creyendo en Dios, en la familia, en los ángeles, en demonios, brujas, duendes, en la lógica, en la claridad, en la puntuación y otras cosas obsoletas. 

Número 8) Aman las historias interesantes, no los comentarios, guías o notas a pie de página. 

Número 9) Si un libro es aburrido, bostezan abiertamente, sin ninguna vergüenza o miedo a la autoridad. 

Número 10) No esperan que su querido autor redima a la humanidad. Jóvenes como son, saben que no está en su poder. Sólo los adultos tienen ilusiones tan infantiles. [1]

El decálogo de Isaac Bashevis Singer evoca una forma de leer (y también una forma de escribir) que yo calificaría como inocente. Es decir, pareciera que el autor de Satán en Goray sólo escribe por el placer de escribir, así como los niños leen por el placer de leer: sin reseñas, sin notas a pie de página y sin buscar otra cosa que una historia verdaderamente entrañable que los mantenga soñando despiertos. Escribir y leer sólo por el placer de hacerlo es una forma de libertad y también una forma de felicidad, una “felicidad desesperada”, como dice el filósofo André Comte-Sponville.

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Isaac Bashevis Singer (Radzymin, Polonia, 1904 – Surfside, Estados Unidos, 1991), hijo y nieto de rabinos, vivió en el barrio judío de Varsovia hasta 1935, cuando emigró a Estados Unidos. Su obra, sin embargo, tuvo siempre Polonia como horizonte: el tema recurrente en las novelas y cuentos de Singer es la vida en su país natal en diferentes períodos históricos, con particular atención a la vida cotidiana de las comunidades judías. Galardonado con el National Book Award en 1974 y el Premio Nobel en 1978, es autor de las novelas Satán en Goray (1935), La familia Moskat (1950), En el tribunal de mi padre (1966), La casa de Jampol (1967) y Los herederos (1969), entre otras, así como de los libros de relatos Gimpel el tonto (1957) y Un día placentero (1973). En esta editorial han aparecido el relato La destrucción de Kreshev (2007), las novelas El seductor (2022) y Keyle la Pelirroja (2023).

miércoles, 12 de junio de 2024

Los 10 mandamientos del gran estafador Victor Lustig

 

Los 10 mandamientos del gran estafador Victor Lustig



Victor Lustig
(Victor Lustig)

Victor Lustig es uno de esos hombres cuya vida podría ser contada en el cine, sin muchas florituras, y aun así nos parecía un poco exagerada. Además, simpatizaríamos con él, porque en la pantalla los estafadores y ladrones de guante blanco siempre son bien recibidos. Si no, recuerden a Robert Redford y Paul Newman en El Golpe. Quizás ya exista esa película, después de todo.

Nacido en 1890 en lo que entonces era el Imperio Austrohúngaro, acabó siendo buscado por decenas de cuerpos policías de distintos países. Fue capaz de estafarle varios miles de dólares al mismísimo Al Capone. Sin duda, eso demuestra valor y coraje, pero aun así no es su golpe más conocido. Lustig alcanzó la cumbre cuando vendió la Torre Eiffel.

La Torre Eiffel había sido construida para la Exposición de París de 1889 y unos años después había dudas sobre su destino, como las había habido antes. En ese contexto Lustig acompañó a varios hombres de negocios a una visita, haciéndose pasar por un funcionario francés. Vendía la torre como una gran columna de chatarra e incluso fue capaz de inventar una mentira para anular las dudas y reticencias que tenía uno de aquellos hombres de negocio, que había picado el anzuelo. Lustig fingió ser un corrupto para continuar la mentira y al final la operación fue un éxito.

En lo suyo Lustig era un maestro y, sabiéndolo, en 1936 escribió una lista de las normas que debe seguir cualquiera que desee convertirse en estafador. La lista, volviendo al mundo del cine, encaja con lo que podría ser el patrón de comportamiento de un gran personaje, como verán.Victor Lustig aprovechó su estancia en la cárcel para recopilar las diez claves o mandamientos que debe seguir todo buen estafador, y por ende, las claves que debe tener en cuenta cualquier hombre de negocios, vendedor o persona que por los distintos motivos tenga necesidad de influir y persuadir a una persona con un propósito concreto.

Con los estafadores uno siempre se engaña. Como cuento en mi libro EL PRIMO Y EL TIMO, en mi caso personal un familiar al cual le brindé todo el amor y la confianza "me hizo un tunel por el corazón para poder llegar a mi bolsillo". Por poco me deja en la cochina ruina, en la inmunda. Los estafadores suelen ser encantadores, pacientes, persuasivos y casi siempre uno se engaña con ellos, pese a las advertencias de los que los miran desde afuera y les parecen evidentes sus intenciones, que la víctima no alcanza a percibir.

Esta entrada nos parece interesante para los que quieren alimentar presonajes de género negro, estafa y pillaje y thriller, y hasta para la vida real, para tratar de posponer una acometida de uno de esos personajes que piensan que "primero se acaba el helecho que los marranos" y que están ahí, a la vuelta de la esquina para tratar de apropiarse de lo poco que tenemos.

Vamos a la explicación:

1. Debes ser un oyente paciente. Escucha con paciencia (por eso, y no por hablar deprisa, triunfan los golpes de un estafador).

A las personas les gusta sentirse escuchadas y que les prestemos atención. Y además, mientras la otra persona habla nos estará dando una valiosa información, en ocasiones, incluso sin necesidad de preguntar. Sé paciente y únicamente escucha.

2. Nunca muestres aburrimiento.Nunca parezcas aburrido.

Damos por hecho que una persona que habla sin parar es un casposo, un mamón, pero si le hacemos creer que es muy interesante, ganaremos su confianza y se sentirá bien con nosotros, pues por fin alguien aprecia su conversación, y por tanto, le estamos haciendo aumentar su confianza y capacidades en sí misma y bajar las defensas.

La mayoría de las personas quieren mostrar su inteligencia y parecer el más inteligente de la sala. Los estafadores, así como los seductores, saben que lo mejor es hacer que esa persona (a la que quieres estafar) se sienta la más inteligente a tu lado.

3. Deja que la otra persona revele su ideología y opiniones políticas. A continuación, estaremos de acuerdo con ella.

La idea de un estafador es estafar a una persona, no casarse con ella, por lo que cuanta más similitud haya entre ambos, más fácilmente nos ganaremos la confianza de esa persona. Lo cierto es que cuando se habla de política, la gente tiende a decir demasiadas tonterías en base a sus sesgos políticos, pero es su ideología, y encontrar a otra persona que tenga la misma, genera una familiaridad inmediata, la cual es necesaria para la influencia y, por supuesto, para un timo.

4. Deja que la persona te revele sus puntos de vista religiosos, y luego, ten los mismos puntos de vista.

Ocurre igual que con las ideologías políticas. Si esta persona pertenece a alguna religión extraña de estas que tres días al año comen excrementos de vaca para coger la energía del universo, únicamente debes decir: «Qué interesante!!, llevo tiempo queriendo coger energía del universo a través de la mierda de vaca».

5. Alusión a hablar de sexo, pero no darle curso a menos que la otra persona muestre un fuerte interés.Insinúa una conversación sexual, pero no la sigas a menos que la otra persona muestre un gran interés.

Hay una cosa que es cierta, y es que si consigues llevarte a la cama a «tu víctima», timarla ya es fácil, pero en ocasiones, el sexo rompe el hechizo del timo, sobre todo cuando se trata de una timadora, la cual necesita que su «victima» esté fuertemente interesado sexualmente, pero sin llegar a culminar el acto. En el caso de un timador, debe tener muy claro que hay fuerte interés por parte de la «víctima mujer», porque si hace una insinuación sexual, y la víctima la rechaza, también estará rechazando todo el poder de influencia que hayas ejercido sobre ella.

6. No hablar de temas de preocupación generales (hambre del tercer mundo, enfermedades, etc…) a no ser que la otra persona muestre un especial interés en ellos.

Necesitamos generar mensajes positivos, y no llamar al sentimiento de la negatividad en el cerebro de esa persona. Recuerda que para la mayoría de las personas, su dolor de muelas es más importante que la epidemia de cáncer,o de SIDA y un pequeño logro empresarial, mucho más importante que el hambre en el tercer mundo. Evita que las conversaciones tornen a temas de preocupación social global.

7. Nunca curiosear en las circunstancias personales de la persona. Ten en cuenta que si haces de oyente paciente, te las va a contar sin preguntar.

Curiosear donde no debes curiosear es ser «curioso», y las personas demasiado curiosas provocan desconfianza, al poder pensar la otra persona «¿qué interés tiene esta persona en saber tanto acerca de mí?»

8. No hables demasiado sobre ti.Nunca alardees. Sólo deja que tu importancia resulte silenciosamente obvia.

Es mejor mantener el misterio sobre nosotros que generar dudas. Sobre todo, no debemos darnos mucha importancia. Recuerda que se trata de hacer que la otra persona se sienta importante.

9. No seas desordenado o desaliñado(o por lo menos no demasiado).

Por algún motivo, a nuestro cerebro les gusta las personas que son ordenadas, mientras le provoca un profundo rechazo el confiar en personas desordenadas. Imagina que quieres poner las cuentas de tu empresa en manos de un contable, y cuando entras a su despacho, sólo ves desorden. Indudablemente, te imaginas el balance y facturas de tu empresa perdidas en aquel despacho. Asimismo, sé limpio y viste decentemente. Pero sin caer en el extreño de ser un "filipichín perfumado". Tanta aparente perfección también genera desconfianza. 

10. Nunca te emborraches.

Muchos son los tratos que se van al traste en el mundo de las ventas porque una parte se emborracha y hace comentarios o actuaciones que nunca debería haber hecho. Un timador sabe que nunca puede despistarse ni un momento, ni bajar la guardia, pues todo el trabajo que has hecho en días o meses, lo puedes perder en unos segundos. Pero fingir que estas borracho sirve, desde que la víctima sí esté tomando de verdad, no vaya ser que quiera hacernos su víctima

Fuente:  https://www.curistoria.com/2017/02/los-10-mandamientos-del-gran-estafador.html

https://negocios1000.com/2016/06/los-10-mandamientos-de-los-estafadores.html

 

jueves, 4 de abril de 2024

Decálogo del imperfecto cuentista Homero Carvalho Oliva

 Decálogo del imperfecto cuentista

Homero Carvalho Oliva



Tomado de:https://www.laotrarevista.com/2022/01/decalogos-de-escritores-homero-carvalho/ 

1.- El cuento es el infinito cuya puerta es la página. Si el poeta Vicente Huidobro propone que "el verso sea una llave/ que abra mil puertas", que el narrador sea quien nos cuente porqué están esas puertas. En la superficie llana del papel el narrador recuerda que es un cazador perdido, contando historias alrededor del fuego de la horda, y ahora intenta atrapar el dinosaurio de Augusto Monterroso; mientras persigue las huellas del animal da cuenta del universo. Lleva la cuenta de los hechos y los transforma en palabras, las palabras se convierten en imágenes y la historia de la humanidad sigue su curso.

2.- El cuento es la fuente eterna de la comunicación, en la que se mezcla lo popular y lo sublime, buscando nuevas formas de significar lo ya dicho, en la búsqueda cotidiana de escapar de la mediocridad. Hace un tiempo atrás escribí estas definiciones: La novela es un caballo desbocado cabalgando hacia el vacío; el cuento es un salto mortal sin saber la distancia del vacío; y la poesía — ¡ah, la poesía! — es el par de alas que sobrevuelan al vacío.

3.- El escritor es un marinero desatando nudos para levar anclas y navegar en las ominosas aguas del lenguaje, la mar oceánica de las palabras, al mismo tiempo que busca a la ballena blanca. Es un náufrago solitario escribiendo un diario con su bitácora terrestre. Es un jugador de ajedrez, las palabras son las piezas y el argumento el tablero; juega contra sí mismo tratando de no descubrirse o ser descubierto en el otro.

4.- El narrador es un buscador de tesoros, el brillo de las palabras lo deslumbra y sólo su experiencia puede hacerlo distinguir el oro entre la arena de los ríos de la memoria. Es un ser inconforme, un rebelde, nunca se siente a gusto con lo que escribió. Es un guerrero, aprende de cada una de las batallas y no espera morirse en el próximo combate: el miedo lo mantiene con vida. El miedo, el gran hacedor de historias. El narrador es Descartes insepulto, vive en sus palabras; escribe, luego existe.

5.- Es Homero relatando la historia de una guerra causada por un simple lío de faldas y contando que los dioses traman desgracias para que los hombres tengamos algo que contar. Es Odiseo atado al mástil de la nave para escuchar los cantos de sirena, porque sin el riesgo la vida no vale nada. De sirenas y de prostitutas está hecha ahora la noche y la calle y por ahí andamos sin ángel de la guarda. Es un asesino privilegiado, es el único con licencia para matar. Así como es testigo omnisciente de los grandes acontecimientos de la humanidad, tanto pasados, presentes, como futuros; es también un historiador de las rutinas cotidianas, de las epopeyas domésticas.

6.- Es un niño frente a una pared blanca y un lápiz en las manos, está fascinado con el desafío de transformarla; es un adolescente encantado mirando a su vecina desnuda. El narrador es el hada de la mañana, el pirata del mediodía, la enamorada mirando llover en una tarde gris y el fantasma de la medianoche.

7.- El narrador sabe que en los jardines la maleza siempre puede esconder algo y que los espacios vacíos pueden llenarse con lo sobrenatural. Es un músico sin instrumento, que busca en su propia voz los sonidos que le darán el tono necesario para satisfacer el estilo que cree suyo entre inagotables estilos que están en la memoria de la Tierra desde que el hombre aprendió a escribir. Es un alquimista buscando la piedra filosofal en el alfabeto. Es un hierofante, un sacerdote que oficia rituales sin feligreses presentes. Es un adicto, sabe que el relato de hoy no será el último.

8.- El narrador es Giacomo Casanovas, los vacíos sin palabras le sugieren el cuerpo de la mujer deseada, es el amante que cuida de no violar la hoja virgen, simplemente la seduce. Es un onanista, la escritura es su orgasmo.

9.- Es un hacedor, inventa y destruye mundos en cada oración. Es un pequeño dios creando personajes, circunstancias, espacios, tiempos y, sin embargo, sus personajes, como en toda creación, cobran sus propias vidas y se encarnan en la mano del escritor. Sabe que hay muchos mundos y que todos ellos están en su interior, su imaginación es su propio universo, diverso, multiverso, que discurren como un río en su interior.

10.- El narrador es un hechicero penitente, sabe que su escritura no cambiará el mundo y aspira a que, por lo menos, lo ayude a cambiar a él mismo.

(*) Homero Carvalho Oliva, Bolivia, 1957, escritor y poeta, ha obtenido varios premios de cuento, poesía y novela a nivel nacional e internacional. Su obra literaria ha sido publicada en otros países por prestigiosas editoriales y traducida a varios idiomas; poemas, cuentos y microficciones suyas están incluidos en más de cincuenta antologías internacionales, además de revistas y suplementos literarios por todo el mundo. Es autor de antologías de poesía boliviana, de cuentos y microcuentos internacionales publicadas en varios países.
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.
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