ANTOLOGIA DE DECALOGOS LITERARIOS

"Los Diez Mandamientos, considerados útiles reglas morales para vivir en sociedad, tienen un excelente uso literario. El escritor, al contar sus historias, debería hacer que sus personajes violen constantemente estos mandamientos, en conjunto o por partes. Mientras alguien robe, mate, mienta, fornique, blasfeme o desee a la mujer del prójimo tendremos un conflicto y en consecuencia una historia que contar. Por el contrario, si sus personajes se portan bien, no sucederá nada: todo será aburridísimo."
Fernando Ampuero


Uno de los más interesantes y que recoge más sabiduría, tiene un solo postulado. Se lo leí a Alejandro Quintana y dice:

"Porque en realidad ya se ha contado todo; lo novedoso es contarlo de forma interesante".

Es muy común que los escritores, cuando gozan de cierto reconocimiento, decidan organizar sus ideas en forma de recomendaciones que suelen enumerar en listas, generalmente en forma de decálogos, muy a manera de configurar una suerte de "Tablas de la Ley"o de "Diez Mandamientos" , en los que pontifican,-con razón o sin ella, en concordancia con su prestigio y sabiduría o apenas haciendo gala de una vana pretensión un tanto ególatra- sobre sus verdades decantadas acerca del oficio de escribir.

Unos condensan verdaderas sentencias, otras son apenas esbozos que naufragan en su propia babosería; unos son un compendio de ingenio, otros verdaderos destellos de humor, mientras algunos apenas sí resbalan como peligroso chascarrillo en el reino del lugar común.

De todas maneras, en esta página recopilamos algunos de ellos, como elemento para el análisis y estudio de los interesados en el ejercicio de escribir. Muy recomendado para aprendices y aficionados, para lectores desprevenidos, para alumnos de talleres literarios y para todos los que se deleitan del bello arte de la Literatura.

Al final citamos los más ingeniosos, clásicos, reconocidos o polémicos.

Lo que comenzó como un divertimento, pasó a ser una disciplina que permite enriquecer la teoría de la creación literaria, en la voz de los maestros. La idea original parte de la página www.emiliorestrepo.blogspot.com
Comentarios y aportes, favor remitirlos a emiliorestrepo@gmail.com

miércoles, 30 de agosto de 2017

DECÁLOGO PARA ESCRIBIR LA NOVELA NEGRA PERFECTA J.L.Rod

DECÁLOGO PARA ESCRIBIR LA NOVELA NEGRA PERFECTA
J.L.Rod

CONSEJO # 1

Despídete de tu pareja, familia y amigos. "Hasta pronto, muchachos, me esfumo. Voy a escribir una novela y desaparezco del mundo. Pero volveré". Mándales a todos este mensaje por el conducto que más rabia te dé. A todos menos a tu cuñado. No seas imbécil, aprovecha la ocasión para demostrarle de una vez por todas que no es santo de tu devoción. Cuando te llame para preguntarte por qué él no ha recibido el aviso de tu próxima desaparición, confiésale que el hecho de que te bebieras esa botella de Vega Sicilia a solas en tu casa el día de Nochebuena media hora antes de salir hacia la suya para cenar con tu suegra no fue una mera casualidad.

CONSEJO # 2

El punto anterior no incluye a tus gatos o a tu perro. Si tienes un canario, también vale. No les saques de tu vida como si fueran un cuñado más. Necesitarás alguien a quien poder abrazarte cuando te entre un llanto desesperado a las cuatro de la mañana porque el capítulo siete es una auténtica mierda. Y puedo asegurarte una cosa: tu pareja ya no estará en casa a esas alturas. Te habrá dejado más o menos cuando estés escribiendo la mitad del capítulo cuatro.

CONSEJO # 3

Date de baja inmediatamente en Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest y WhatsApp. Este punto es importante, porque si aguantas una semana, no volverás a perder el tiempo en esas tonterías durante el resto de tu vida, y a partir de ese momento volverás a leer, escribir, cocinar, viajar y escuchar música. Incluso podrás follar de vez en cuando. Tu pareja (si es que no te ha dejado todavía) te lo agradecerá. De nada.

CONSEJO # 4

Desconecta la televisión. Pero hazlo ahora mismo, deja de leer esto inmediatamente y des-co-nec-ta-la-te-le-vi-sión. ¿Ya has vuelto? Fenomenal, sigamos. Coge este decálogo y vete al baño. Mírate al espejo. Levanta la mano como si fueras Obama jurando por sus niños que va a cerrar Guantánamo. Lee esto en alto: "Juro solemnemente que a partir de este momento no leeré ni un solo periódico ni escucharé ningún programa de radio ni volveré a ver jamás de los jamases un solo programa de televisión. Amén". No te va a pasar absolutamente nada, puedo asegurártelo. Cuando retomes dicho hábito unos cuantos meses después, el mundo seguirá siendo un infierno del carajo y, al fin y al cabo, con una hora de tertulia de radio te pondrás rápidamente al día con su rápido repaso diario de asuntos tremendamente dispares perpetrados a manos de expertos en nada. Si tienes alguna duda sobre este punto del decálogo, aplíquese lo indicado en el consejo número tres.

CONSEJO # 5

Ha llegado el momento de la verdad. Cómprate una Nespresso. Me da igual que no tomes café, hazme caso. Cómprate una Nespresso y aprovecha la pasta de los gastos de envío para hacerte con veinte o treinta cajas de Fortissio Lungo. Con esas solo tendrás para el primer mes, pero así, en el siguiente pedido aprovechas para hacerlo por teléfono y charlar un par de minutos con la teleoperadora. Te vendrá bien para mover un poco la comisura de los labios, ya que después del primer mes encerrado en casa escribiendo sin hablar con nadie, empieza uno a acartonarse. Cuando cuelgues el teléfono, repite en voz alta el abecedario cuatro o cinco veces. Las veces pares de atrás hacia adelante y las impares también. Si no te encasquillas y lo recitas de corrido, todo va bien, todavía no se te ha ido la olla. Insisto, tira a la basura el té verde, el colacao o cualquier otra cosa que tengas a bien desayunar habitualmente. Toma solo café y en grandes cantidades. Si no me haces caso, la segunda noche que te den las tres de la mañana sin que te salga una puñetera frase decente te acordarás de mí. Y entonces, no me llames ni me escribas. Te lo avisé.

CONSEJO # 6

Cómprate un par de cartones de tu marca de tabaco preferida, así te ahorrarás varios viajes diarios al estanco. ¡Cómo! ¿¡Qué no fumas!? Vamos, no me jodas. ¿Y pretendes escribir una novela negra? ¡Venga coño! Déjate de tonterías y hazme caso. Aprovecha tu visita semanal al estanco para intercambiar unas palabras con el dependiente, será el único ser humano al que verás durante una larga temporada. Si no se te ocurre nada inteligente que comentarle, dile lo mismo que ponías antes en el Facebook, se trata tan solo de mantener un mínimo contacto con el ser humano. Algunas sugerencias: "Jo, es lunes", "Yupi, es viernes". Si estas propuestas no te convencen y de verdad lo que deseas fervientemente es hacer el ridículo para llamar la atención, tienes varias opciones verdaderamente infalibles. "Mucho frío en Soria", "Mucho calor en Sevilla" o la primera del ranking de cualquier gilipollas que se precie: "¡Por fin es juernes!". Venga, ya has hecho el ganso diez minutos. Deja en paz al del estanco, vuélvete a casa y siéntate en el ordenador a escribir, que llevas siete meses con la novela y vas por el capítulo doce. Por cierto, se me olvidaba: cómprate también un par de ceniceros. Los vas a necesitar.

CONSEJO # 7

Han pasado doce meses. Si has seguido los consejos anteriores no habrás parado de escribir y escribir. Ha llegado el momento de comprobar si has hecho bien tu trabajo. Ahí va un test de autocomprobación. Contesta sí o no a las siguientes preguntas:

¿Tu cara tiene el mismo moreno cobrizo que Iniesta?
¿Has engordado doce kilos porque llevas un año comiendo bocatas de mortadela para no moverte del ordenador?
¿Cuando te levantas por la mañana toses justo como lo hacía tu abuelo tres meses antes de espicharla?
¿Ya tienes tus nuevas gafas de cerca con siete dioptrías más?
Cada "sí" equivale a un punto. Cada "no", resta dos puntos y además eres un mentiroso, tú no has escrito una novela negra. Suma los puntos. Si tienes menos de cuatro, vuelve al punto uno de este decálogo. Si suma más de cuatro, sería bueno que dejaras la bebida. Si, según tus cuentas, después de repasarlas varias veces -porque a estas alturas de tu vida tu cerebro no da para más- te da justo, ni uno más ni uno menos que un cuatro (la cara de tu retrato), ¡¡Enhorabuena!! Has escrito una novela negra

CONSEJO # 8

Necesitas contrastar la calidad de tu manuscrito. Alguien que te dé un mínimo feedback de tu trabajo. Tu madre no vale. No porque sea tu madre, que ya sabemos que te adora y te va a decir que la novela es una maravilla aunque le mandes algo de Paul Auster. No, no es por eso. Es que llevas un año sin hablar con ella y como que queda mal. Ya lo arreglarás en cualquier otro momento, basta con que vayas a comer un domingo a su casa y le digas que no hay nada como sus croquetas. Necesitas alguien que te diga la verdad, solo la verdad. Tu mujer tampoco vale. Te dejó a mitad del capítulo cuatro ¿Te acuerdas? Entonces es cuando decides llamar a tu mejor amigo para que se la lea.

- ¡Paco! ¿Qué pasa? ¡Ya he acabado la novela!. Confío mucho en tu criterio, me gustaría que te la leyeras....

- Hombre... ¿cómo estas?... estaba pensando en llamarte... es que... verás... no sé como decírtelo pero... Verónica lleva siete meses acostándose con Jaime. Sí, Jaime, nuestro amigo, el del mus, el que está en el paro. Dice que le podía dedicar tiempo y, ya sabes, es algo realmente importante. ¿Que por qué no te lo he dicho antes? ¡Coño, si nos mandaste un mensaje a todos diciendo que hasta pronto muchachos, me esfumo, voy a escribir una novela y desaparezco del mundo, ¿te acuerdas? Oye, te dejo que tengo que entregar unos informes. ¡Suerte con la novela!".

Joder, cuelgas el teléfono y llegas a la conclusión de que tu vida se ha ido verdaderamente a la mierda por esa puta novela. Pero no te arrepientes. "¡El esfuerzo ha merecido la pena! ¡Que coño, se la voy a mandar a las editoriales! ¡¡Pero si esto que he escrito es una obra maestra!!"

CONSEJO # 9

Ha pasado algo de tiempo desde que mandaste el libro a las editoriales. Unos doce meses más o menos. Se llama elipsis, te lo dijo el mentecato del profesor ese que era poeta en aquel curso de escritura creativa que hiciste. Sí, coño, el que se había autoeditado una antología poética que se titulaba Nódulos concéntricos helicoidales. Aprovechando que ya le has cogido el tranquillo, estás ya con la segunda novela. Eres feliz como un conejo. Tus gatos y tu perro te miran con cara rara, aunque no sabes exactamente por qué. Tu vida empieza por fin a encarrilarse. Has dejado la mortadela, el chóped es mucho más barato y engorda el doble. Ya te has acostumbrado a tu look de Marilyn Manson, con tu cara blanca y tu pantalón de chándal negro que usas a diario porque no te vale ni un vaquero. Y ya tienes el tabaco bastante controlado, has bajado de los tres cartones semanales a dos y medio. Todo te vuelve de nuevo a sonreír. Solo hay un problema. No te queda ni un puto duro y las editoriales sencillamente no contestan, se la trae al pairo. Tienen cubiertas sus ventas editando a presentadores de televisión que hasta ahora nos habían engañado y que habían ocultado hasta el último momento que realmente eran la reencarnación del mismísimo Benito Pérez Galdós. Decides darte algo más de tiempo. Al fin y al cabo, has escrito un novelón, alguien acabará por contestar, como a Jo March en Mujercitas.

CONSEJO # 10

El señor Amazon se ha convertido en tu mejor amigo y pasáis varias horas juntos al día. Han pasado doce meses más y no te ha contestado ni Dios. Has subido la novela a Amazon a un euro. Al fin y al cabo, lo que quieres es darte a conocer, el dinero ya llegará después. Compruebas tu lista de ventas a diario, así como los comentarios de los lectores. Si ves que ambos parámetros van bien, puede que estés en el camino del éxito. Aguanta amigo, puede que la cosa salga bien, solo te faltan dos cosas para garantizarte que vas a dar el pelotazo.

La primera de ellas, que quince hijos de puta cuelguen tu novela gratis en su web de descargas ilegales. Esta es una condición indispensable. Si todo el mundo que lee tu novela ha pagado el puto euro, estás jodido amigo, has llegado al final de tu carrera literaria. Estás fuera de onda, no eres guay, no eres cool. Estás muerto.

Si has tenido suerte y tu libro circula por la red a mansalva de forma gratuita sólo te falta una segunda condición completamente indispensable para alcanzar el éxito. Que a los cientos de opiniones de lectores dándote cinco estrellas, diciendo que tu novela les parece divina de la muerte se sume de vez en cuando un voto de una estrella de un tipo que dice que tu novela es una mierda, porque le falta una tilde en la página 43 y el protagonista conduce una Harley. Mi querido amigo escritor, cuando te pase eso, ten por seguro una cosa: estás dando el pelotazo literario del año. Cuando otros escritores, envidiosos de tu éxito, se toman el esfuerzo de poner un comentario para intentar joderte el libro, es que lo estás haciendo bien. Cuando te pongan diez es que vas a triunfar, puedo asegurártelo. Créeme, confía en mí.

Y entonces, cuando te pase eso, apaga tu último cigarro, tira el chóped a la basura, y coge el teléfono para llamar a tu chica y dile que te perdone, que la quieres mucho y que Jaime no deja de ser un gilipollas integral, y que además ella lo sabe. Si te dice que sí, date una buena ducha de una puta vez, que ya va siendo hora, aféitate esa barba, que no te sienta nada bien y sal a la calle. La vida te está esperando ahí fuera. Y si tu ex te dice que no, que le gusta Jaime y que además es un tío estupendo porque adora a su madre, sal a la calle también y observa la vida para después contarla. Te vendrá bien.

CONSEJO # 11

"Oye, ¿pero esto no era un decálogo?", estarás pensando. Pues sí. Consejo Número Once. Es que soy un mentiroso. Soy escritor, ¿sabes? Mi trabajo es mentir. Mentir al lector. Mentirle página tras página para llevarle a un viaje alucinante, a un mundo nuevo y desconocido para él. Mentirle hasta el final de la novela para que cuando acabe el libro, lo cierre y piense "¡¡Hostias, que bueno!!". Esa será tu única recompensa. Imaginar el brillo de los ojos de tus lectores mientras devoran esas líneas que escribiste aquella noche en la que estabas aterrorizado porque se te había acabado el tabaco y el café. Si consigues eso, un día, el menos esperado, te llamarán cuatro o cinco editoriales para decirte que están como locos con tu novela. Pero esa es otra historia que ya te contaré. Ahora no importa. Tú ya has triunfado. Lo has conseguido. Hay miles de personas que te leen. Te ha acompañado la suerte. La buena, la mala o ninguna de las dos. La suerte de los irlandeses.

@jlrodbooks

J.L. Rod es guionista y escritor. Autor de La suerte de los irlandeses, la novela negra más vendida en la Historia de Amazon en España. Ahora en papel en Ediciones B.


martes, 29 de agosto de 2017

El cuento de toda la vida…decálogo de Carlos Sánchez Lozano




El cuento de toda la vida
Autor: Carlos Sánchez Lozano

Por decirlo de un modo sintético, los buenos cuentos cumplen 10 requisitos:

1) Atrapan a los lectores con un hecho inédito.
2) Los hechos se presentan según la forma hecho positivo –hecho negativo.
3) Siempre hay una pizca de humor o ironía.
4) Los personajes son definidos en rápidos trazos, con adjetivos precisos que no se repiten.
5) No complacen las expectativas del lector; se le hace zancadilla, se le sorprende.
6) Hay una acción que domina la historia; no hay espacio para irse por las ramas.
7) No deja parpadear; se lee de una sentada.
8) Siempre lo deja a uno pensando.
9) El primer y el último párrafo son sagrados.
10) Siempre reverencia las reglas de los maestros… Siempre las traiciona.

Anotaciones:
“Hoy está claro que no podemos vivir sin cuentos, sin ficción, sin narraciones. La vida – resulta una obviedad decirlo- es un extenso relato con introducción, nudo y desenlace.  Nacemos, crecemos, nos desarrollamos y morimos como un buen cuento. Está bien,  puede ser un mal cuento, pero eso es harina de otro costal. Los niños nos han enseñado que necesitan que les lean cuenten cuentos. Sin cuentos vivir no es vivir.”

“Desde el primer cuento hace millones de años contado alrededor del fuego hasta el que una mamá acaba de contar a su hijo o una bibliotecaria a un grupo de niños expectantes, todos los cuentos tienen reglas invariables: narran una única historia (sí, es cierto, algunos tienen dos o tres subhistorias, pero atadas a un hilo narrativo central); esta historia le sucede a alguien (ser humano, animal o cosa antropomorfizada); y presenta un conflicto que los lectores u oyentes esperamos se solucione o al menos tenga visos de cierre  prontamente.”

“Buenos y malos cuentos hay en todas partes. Pero es claro que los buenos cuentos son terapéuticos (observen que por ninguna parte he dicho que nos enseñan algo o nos dejan moraleja) y nos dan una representación del mundo más elaborada. Frente a las habituales narraciones simplistas de la televisión, de los videojuegos y ahora de internet, el cuento de ficción nos podría ayudar a tener mejores referentes y más holísticos de la realidad.”

“Los buenos cuentos nos previenen contra el pensamiento unidimensional, contra los  prejuicios y cierta mojigatería burguesa que considera como válida una forma de vida convencional donde las cosas deben seguir igual para que no cambie nada: para que no se nos altere el pulso. Los buenos cuentos –y excusen la comparación si molesta a alguien- como los buenos orgasmos ponen a correr la sangre, quitan el aire, raptan a la vida un momento de verdad.”


“…necesitamos de los buenos cuentos para sobrevivir. Necesitamos de tu voz narrativa Scherazada para que nos prestes el hilo de Ariadna y nos ayudes a movernos en ese laberinto que llamamos vida. Y a hacerlo de manera inteligente, estudiosa, serena. Solo el arte y entre ellas la literatura –vital, atrevida, que desafía sus logros con nuevos desafíos, con todos sus anhelos ilimitados- nos permite ser incluidos en la única familia a la que legítimamente pertenecemos: la familia humana.”

martes, 4 de julio de 2017

DECÁLOGO DE DAVID BETANCOURT


DECÁLOGO DE DAVID BETANCOURT



















Con sus libros, sus premios en concursos literarios y las polémicas en las que se ha visto envuelto, además de su indiscutible calidad como narrador de cuento urbano, David Betancourt se ha vuelto un notable y reconocido cuentista. De la entrevista que publicó la Revista Corónica, y otras varias, extrajimos sus ideas sobre el cuento, y sin querer(queriendo), quedó diseñado un decálogo para ser leído, discutido, disertado o cuestionado por los interesados en estas lides y en los talleres se escritura creativa. Bienvenida la polémica.



1.     EL MÉTODO. Yo no escribo todos los días ni me pongo horario para escribir ni escribo para ejercitarme ni para soltar la mano ni para no dejar de sentirme escritor... El método mío es no tener método. Si tuviera horarios y esas cosas escribir se me volvería como un trabajo y no pasaría tan bueno como le digo. Desde hace casi un año no he escrito una sola línea, pero sí he leído parejo y comido ensalada y montado bicicleta.La musa de inspiración no es otra cosa que tener cosas por decir. Mi musa no sabe de disciplina. A veces se aparece durante seis meses y no me deja descansar, me dicta cuentos y cuentos, pero a veces sale a paro por un año y no escribo nada. Cualquier día me levanto con ganas de escribir y tengo algo para decir y escribo. No soy de los que tienen la escritura como un trabajo, mi caso es de más libertad, de disfrute. No me obligo a escribir. Cuando digo que un libro lo escribí en un año cualquiera solo estoy diciendo que me senté a redactarlo (escribo los cuentos primero en papel, los reescribo varias veces en papel, y luego los paso al computador, y puliéndolos, podándolos, corrigiéndolos… me quedo otro rato largo). Antes de ponerme a redactar ya tengo muy claro todo.

2.     ADEMÁS DE ESCRIBIR. Dejar de leer si no me dejo, no me lo permito. Yo escribo únicamente cuando me dan ganas y tengo ideas y cosas en la cabeza y como no trabajo ni estudio me puedo dar el lujo de sentarme un año enterito y darle todos los días todo el día. Pero siempre voy sin afán. Eso sí, todo el tiempo, cuando estoy barriendo, trapeando, cocinando, sacudiendo, arreglando el solar, jugando con los gatos, matando zancudos, viendo partidos, remendando las medias… estoy escribiendo cuentos en la mente y apuntando cosas en un cuaderno. Ahora tengo un libro terminado, sobre vicios, que no me falta sino escribir.

3.     PERSONAJES. Estos tres libros son los que más he disfrutado escribiendo y los escribí como te dije: se me ocurre algo, leo o veo o escucho algo que me gusta, lo pienso bien, lo voy escribiendo en la cabeza y cuando ya está terminado en mi cabeza lo escribo en papel. Los libros con un personaje que protagonice todos los cuentos se me facilitan más, paso más bueno escribiéndolos porque no tengo que ponerme a buscarle un tono a cada cuento (diez o quince tonos en total por libro), ni un personaje por cuento (o sea diez o quince), ni necesito inventarme diez o quince maneras de hablar ni diez o quince estilos…, sino que el mismo personaje se despacha, se desahoga, se contradice, se equivoca solo y el escritor, creo, el autor del libro, no se ve o se ve menos. El que se ve es el personaje.  Mis personajes son puras cosas leídas, vividas, escuchadas e inventadas.Los personajes de mis cuentos son pura gente inventada de la vida real, que a veces se quiere parecer a mí más de la cuenta, pero ahí sí me pongo serio y no la dejo. Que sean ficción ellos que para eso están y a mí que me dejen tranquilo porque, si no, si se empiezan a parecer mucho a mí, les hago lo que les hacía a los personajes de mis primeros cuentos. Ellos saben que yo soy capaz.  A los personajes les pongo zancadillas, los pongo a fracasar, a perder, me los invento pobres y feos y de malas y llenos de problemas, les pongo enfermedades y se las quito y les pongo otras más graves, me desquito de algunos volviéndolos hinchas del Nacional o uribistas o filólogos, los mato y los resucito y los vuelvo a matar dos y tres veces más duro y cosas así por el estilo. Ese humor es de ese de las puras ironías de la vida: a mucha gente buena le va mal y a la que le va mal le va más mal de lo que se merece. Cuando parece que se asoma una luz llega el totazo más fuerte y barre con las esperanzas. La risa y la desgracia ocurren a la vez.


4.     INFLUENCIAS. Yo no sé cuáles cuentistas me han ayudado a comprender los mecanismos de la ficción corta, como vos decís, pero sí sé que Felisberto Hernández hoy es el que más me gusta. Su humor, la espontaneidad, la ironía, la gracia, el personaje de sus libros, lo patético, lo raro. Felisberto no se pone a inventar cambiando de narrador cada dos renglones ni se inventa estructuras complejas ni se pone a inventar cambiando de tiempo todo el tiempo ni le interesa tener una “prosa potente” que vaya a mil ni lucírsele al lector ni quiere descrestarlo con trucos y experimentos… Lo que le interesa a Felisberto, como a mí, es contar una historia sencillita, cotidiana, en primera persona (excepto la novela corta Las Hortensias, que escribió en tercera persona) y listo. Pare de contar. Parecen cuentos chiquiticos, pero son inmensos y algunos llegan muy adentro de uno. También me gustan mucho Ibargüengoitia, Cepeda Samudio, García Márquez, Rulfo y muchos otros, por lo mismo.

5.     DEFINICIÓN. Antes  hubiera contestado que el cuento no debe desviarse, no debe irse por las ramas, que debe tener tensión e intensidad, que no debe contar más de una historia, que no puede ser más largo de la cuenta porque deja de ser cuento y se vuelve novela o más corto porque cambia de nombre, que debe ganar por nocaut y tener un inicio, un nudo y un desenlace y todas esas cosas que dicen los manuales y que la gente repite y que enseñan en algunos talleres. Ahora, hoy, te contesto que un cuento para mí puede ser cualquier cosa, que hay muchas maneras de escribirlo, que cada cuento tiene sus propias reglas, que nadie tiene la razón y todos la tienen cuando hablan de lo que es el cuento y que lo único que tiene que importar es que esté bien escrito.

6.     CARACTERÍSTICAS. Un cuento necesita libertad, que lo escriban como se le antoje al escritor. A mí me gustan mucho los cuentos espontáneos, que son como narraciones orales, con gracia, sin lenguaje rebuscado o refinado, sabiendo que detrás de esa espontaneidad hay muchísimo trabajo, mucho cerebro para que se lea espontáneo, o sea cero espontaneidad.No soy capaz de escribir con ciertas palabras, ni tonos, ni sobre ciertos temas. Me gusta escribir como hablo, con mis palabras y con mis exageraciones, con el lenguaje de la calle, del barrio, el que le escucho a la gente común y corriente. Me gusta escribir sobre los personajes que me encuentro en los parques, en las fiestas, sobre un ladrón propio que tuve en Medellín que me robaba todos los fines de semana y que me está haciendo como falta en México, por ejemplo. Sobre lo que conozco y me interesa me gusta escribir.


7.     PREMIOS. Los premios me han servido para motivarme a escribir, para agarrar confianza, para no tener que pasármela buscando editoriales que publiquen mis libros y para que lo que escribo sea más fácil de conseguir y la gente me lea más. Cuando uno no tiene amigos en este medio ni en los medios, cuando uno vive fuera del país, cuando uno no es de los que se mantiene tirando elogios por ahí a todo el que se le atraviese ni se mantiene metido en ferias y reuniones de escritores y redes sociales… ganar premios es una de las poquitas maneras de hacerse ver.

8.     DETRACTORES. Eso sí, ganar concursos también sirve, y mucho, para conseguir enemigos y gente que no lo quiera a uno ni poquito y, por eso mismo, que lo lea a uno todo el tiempo con juicio y hable de uno y lo mantenga vigente.

9.     MEDIOS. Con mis cuentos y con mis libros y con los premios que he ganado he conseguido más amigos y gente que me quiere y que piensa y habla bien de mí. Sin embargo, esta gente buena gente conmigo no ha logrado con sus comentarios positivos lo que sí han logrado los cinco que no me quieren. Por ejemplo: los cinco dicen algo malo sobre mí y entonces me entrevistan más, me buscan editoriales, revistas, aumenta la gente de la que es querida conmigo y por eso se venden más mis libros y a mí me va mejor. También me escriben escritores y me dicen puras cosas buenas y me apoyan y algunos me hablan de la frase famosa que una vez dijo Cochise. Además, me escribe gente contándome que los cinco que no me quieren aprovechan los talleres que dan para seguir hablando mal de mí. Eso pasa siempre en la vida. A muchos les duele que a los otros les vaya bien. Si los cinco que no me quieren tuvieran la razón y sus acusaciones fueran ciertas no me apoyarían escritores ni me buscarían editoriales ni me publicarían cuentos ni me invitarían a ferias del libro ni a charlas ni me estuvieras entrevistando vos ni llegaría tanta y tanta gente de la que es querida conmigo.

10. PLAGIO. Esto es algo personal que ya, y me lo han dicho varias personas, es evidente, patente. Ellos me acusan de algo que García Márquez, y solo lo menciono a él, hizo muchísimo: jugar, algunas veces, con una idea de otro escritor, sin copiar ni una sola línea. Desconocen que en la literatura las ideas no se protegen porque si se protegieran no existiría ni la mitad de los libros que existen. Yo a este tema no le paro bolas y no le voy a perder más tiempo. Mi tiempo lo invierto leyendo y escribiendo. Apunten lo primero, para que no lo olviden: la originalidad es un imposible.

...ninguno de los cuatro cuentos, constituyen plagio, pues no hay nada literal, simplemente parten de una idea de otro con la intención de profundizarla, o mejorar, con mis limitaciones, lo que en otro me pareció una falencia, o acomodar una historia a mis palabras, a mi lenguaje, a mi estilo, a mi manera de ver el mundo, entre muchas otras cosas. Por favor, déjenme jugar.

... Es decir, gracias a las versiones, a los homenajes, a las imitaciones, a las reescrituras, en general a la intertextualidad (jamás el plagio) es que la literatura se ha nutrido y no estancado. Estas formas de escritura alimentan la literatura, la transforman.

   11  TEMAS. Para mí cualquier cosa es un tema. Mis historias parten de cualquier situación cotidiana. Y los temas en mis cuentos no varían de un libro a otro, del primer libro al último. Mis cuentos son de desamor, de vida, de muerte, de locura, de crímenes, de desencuentros, de enemigos, de muchachos… En fin, de lo que son todos los cuentos. Mis temas son los mismos de todos los escritores, la diferencia no está en el tema sino en la manera de abordarlo, en la manera de narrar la historia, entre otras cosas. Eso sí, en la mayoría de mis cuentos la niñez y la juventud son los protagonistas.

  12. GENEROS.Escribo cuentos simplemente porque es el género literario que más me gusta leer, el género que más disfruto y me divierte, el género que va más con mi personalidad. La extensión es lo de menos. He escrito cuentos de una página, pero también de veinte. Y mis libros tienen la extensión de novelas. Me gusta contar historias sin irme por las ramas, eso es todo.Se dice que el cuento es el entrenamiento para escribir una novela, y no estoy de acuerdo. No es más complejo escribir una novela que un libro de cuentos, es más, creo que es más difícil lograr un buen libro de cuentos que una buena novela. La diferencia entre los dos géneros es que la novela es extensa y el cuento intenso. Faulkner, por ejemplo, decía irónicamente que “todo novelista quiere escribir poesía, descubre que no puede y a continuación intenta el cuento, y al volver a fracasar, y solo entonces, se pone a escribir novelas”.Además, no he pensado en escribir una novela porque el cuento me gusta mucho. Me reta eso de la economía del lenguaje, escribir sin retórica, sin adornos, sin rodeos, sin ripios, sin irse por las ramas dejando abandonada la historia, sin personajes secundarios, digresiones… Me gusta el cuento porque va al grano, mientras que la novela divaga. A mi juicio, y entendiendo que la novela busca otros efectos y se mueve en un universo diferente, en su mayoría son ripiosas, relatos a los que les sobran muchas páginas, cuentos hipertrofiados. El novelista, el mal novelista, decía el escritor Julio César Londoño, es un parlanchín que sigue hablando cuando el lector ya se ha ido. Por eso me quedo con el cuento, porque le doy más importancia a la historia (a la anécdota), característica del cuento, que a la reflexión, característica de la novela.


13.   CONCURSOS. Sí, siempre es sorpresivo ganarse un concurso, a menos de que esté arreglado y uno sepa de antes que ganó. Uno confía en su libro, en su escritura, claro que tiene esperanzas, pero uno también sabe que hay gente muy buena que como uno puede ganar. Los concursos, además de la calidad de la obra, tienen un gran porcentaje de suerte: que no participe un libro mejor, que el jurado sea el más pertinente para el ganador (los mismos gustos), que en el momento de la lectura de tu libro los jurados no tengan sueño, que tu sobre de manila con el manuscrito llegue a la dirección correcta, que el concurso no tenga ganador antes de que salgan las bases, que los jurados no se encuentren con un amigo entre los participantes, muchas cosas.

14. HUMOR. Yo no es que quiera escribir cosas cómicas. Lo que pasa es que a mí me están gustando últimamente personajes raros o personajes no muy comunes y entonces yo solo escribo lo que son ellos y lo que hacen y a lo que se enfrentan, y eso hace reír. El humor en mi literatura está más que todo en los personajes que elijo. Me gusta mucho el humor, la literatura que es pura imaginación, la absurda, la que arriesga, la que le pierde el respeto a la misma literatura, la que ignora la solemnidad, la que está llena de ironía, gracia, sarcasmo, caricaturas, exageraciones, espontaneidad.A veces con el humor pasa todo lo contrario. Alguien se indigna o llora con un comentario que a otro hace reír. El humor es relativo, depende de cada persona, de su inteligencia, de lo cultural, de lo social, de lo histórico, de lo económico… Yo me puedo enojar porque alguien dice que ser enano es muy bueno porque se le facilita ver tangas y vos reírte de eso e imaginarte a un enano en esas. El humor es muy subjetivo. Para escribir con humor se necesita cierta personalidad. Cierta gracia. Cierta torpeza. Una inteligencia distinta. El escritor de humor vive siempre corriendo riesgos en cada frase y a casi nadie le gusta correr riesgos.Para escribir con humor se necesita cierta personalidad. Cierta gracia. Cierta torpeza. Una inteligencia distinta. El escritor de humor vive siempre corriendo riesgos en cada frase y a casi nadie le gusta correr riesgos.  



15. NOTORIEDAD. En general se publica y se vende al autor y no a la obra. Alguien con “nombre” no hace la fila, tampoco alguien recomendado por alguien con “nombre”, entonces la opción es enviar a concursos, que tardan meses o años en dar el resultado y solo gana uno. Además, los concursos tienen poca difusión como para sacar a un autor del anonimato. El tiempo y la calidad de la obra, creo, sacan del anonimato a cualquier escritor bueno. O un escándalo u otras cosas que no tienen que ver con la calidad.






A propósito de este escritor, cae muy bien este comentario crítico de un agudo lector

David Betancourt escribe por obra y gracia de... su antimétodo

 

Orlando Ramírez Casas <orcasas45@gmail.com>

 

Hola, jóvenes:

Estoy enfrascado en la lectura del libro “Veinte escritores colombianos nos revelan sus secretos de creación”.

¿Qué puede encontrar de nuevo en este libro un aspirante a escritor, un aprendiz de los talleres de escritura literaria? ¡Todo! Todo el libro está plagado de consejos, de tips, para ayudarlo en la tarea.

Para los que por años trasegamos esos talleres, para los que llevamos años inmersos en la tarea con más o menos dedicación, con más o menos éxito, con más o menos estilo que otros, tal vez es poco lo nuevo que podamos encontrar porque para nosotros todo está dicho en uno u otro decálogo, en uno u otro prólogo, en una u otra entrevista. Todo está dicho ya, para los veteranos.

Sabiendo esto, no esperaba encontrar nada que me sorprendiera, pero sí lo encontré.

En los consejos para escribir es un tópico aquello de que hay escritores que requieren de absoluto silencio y aislamiento, en plena sobriedad, para poder hacerlo; mientras otros pueden escribir en medio de una ruidosa fiesta y con gran cantidad de tragos entre pecho y espalda. Muchos requieren sentarse en su silla preferida frente a la máquina de escribir, pero William S. Burroughs hacía fichas tecleando de pie como en un atril, y las pegaba en una cartelera para luego irlas acomodando en distinto orden hasta tener un corpus con un hilo conductor. Ese era su estilo y, diría yo, era un transgresor del método imperante entre sus demás colegas. En esto no hay verdades absolutas, y la fórmula del uno no es aplicable a los otros porque cada quién es un caso aparte.

Yo suelo comparar la habilidad de escribir con la habilidad de montar en bicicleta, la habilidad de tocar violín, la habilidad de ser un nadador de competencia, para explicar que uno no se hace artista en estas lides de un día para otro, de la noche a la mañana, sino que requiere de talento innato, de preparación, de apoyo y orientación, y de práctica constante para fortalecer los músculos y mejorar las técnicas. He dicho a veces que uno no se hace escritor por obra y gracia del Espíritu Santo, como tampoco se hace ciclista del Tour de Francia en un instante tras ser tocado por un rayo.

Tengo que tragarme mis palabras, porque me encuentro en este libro con el testimonio de David Betancourt, un paisa nacido en 1982 que es cuentista, periodista, y filólogo hispanista. Como cuentista, ha ganado cuatro premios en concursos nacionales e internacionales, y ha sido mención de honor en otro de ellos. Todo un palmarés. Él, dicen los editores de este libro “se ha vuelto un notable y reconocido cuentista… de indiscutible calidad”, y dicen también que se ha visto envuelto en polémicas.

 

 Ignoro cuáles sean esas polémicas, pero hace él unas afirmaciones que me obligan a quitarme el sombrero ante él porque las encuentro verdaderamente sorprendentes y, diría yo, sus consejos no son aplicables a los aprendices del común porque, de ser así, habría que concluir con que el arte de la escritura no es uno que se adquiere y se forma con las lecturas y los talleres de escritura y los consejos de otros escritores, sino que cae del cielo por obra y gracia… me estoy repitiendo. Leamos su testimonio:

“Yo no escribo todos los días, ni me pongo horario para escribir, ni escribo para ejercitarme, ni para soltar la mano, ni para no dejar de sentirme escritor…”.

Es el curioso caso de una bicicleta o un violín que permanecen colgados en la pared del garaje y de pronto, pasados unos días y tal vez semanas, son descolgados y se desempeñan con virtuosismo y soltura, sin requerir de ningún entrenamiento, por obra y gracia de las piernas y las manos de su ejecutor, así de facilito. Es un caso especial y aparte, no comparable con el del resto de la humanidad que sí tiene que esforzarse.

“El método mío es no tener método. Si tuviera horarios y esas cosas, escribir se me volvería como un trabajo y no pasaría tan bueno como digo”.

Entiendo que no tenga horarios, está bien, aunque sé que algunos como García Márquez escriben mejor en horas de la mañana, y hay otros como Mejía Vallejo que pueden escribir en la tarde noche, y otros como William Ospina que escriben mejor en la medianoche o en la madrugada, eso está bien. Lo que no me cabe es el hecho de que no escriba con frecuencia y que, cuando lo haga, lo haga bien por obra y gracia… Pero la explicación tal vez resida en el hecho de que:

“Pero sí he leído parejo, y comido ensalada, y montado en bicicleta”.

Este escritor es un mamagallista y, si nos atenemos a sus consejos, para escribir bien hay que comer ensalada y montar en bicicleta.

La afirmación siguiente es más difícil de digerir y, francamente, no me cabe en la cabeza:

“Desde hace casi un año no he escrito una sola línea”.

Un año sin escribir y, cuando lo hace, escribe doce o quince cuentos, no sé, y queda de finalista o gana el primer premio en un concurso. No sé de ningún otro escritor que obtenga tan exitosos resultados con un método que consiste en no tener método, y en no escribir una línea en meses de meses. Su caso es sorprendente, a decir verdad.

“La musa de inspiración no es otra cosa que tener cosas por decir. Mi musa no sabe de disciplina. A veces se aparece durante seis meses y no me deja descansar, me dicta cuentos y cuentos, pero a veces sale a paro por un año y no escribo nada. Cualquier día me levanto con ganas de escribir, y tengo algo para decir, y escribo”.

 

 

 

Según esto, la tarea de escribir no es una tarea persistente sino el resultado de una indisciplinada musa que se pierde por tiempos y de pronto aparece bendiciendo a su elegido. Que yo sepa, muchos no son tan afortunados con sus musas y les cuesta más trabajo conseguir lo suyo a base de arduos esfuerzos.

Creo que aquí hay un problema de comunicación entre lo que el escritor nos quiere decir y lo que con aire provocador y transgresor nos dice, porque tal vez lo que nos está queriendo decir es que no se sienta a escribir directamente en el computador sino que maquina sus cuentos con apuntes a mano, en borrador, los arma en la cabeza, y cuando tiene todo articulado sí se sienta a escribir y a pulir frente al teclado. Eso ya viene a ser otra cosa, porque hay el reconocimiento de un trabajo oculto que no se ve, pero existe. Es otra cosa.

“No soy de los que tienen la escritura como un trabajo, mi caso es de más libertad, de disfrute. No me obligo a escribir. Cuando digo que un libro lo escribí en un año cualquiera, sólo estoy diciendo que me senté a redactarlo porque escribo los cuentos primero en papel, los reescribo varias veces en papel, y luego los paso al computador. Me quedo otro largo rato puliéndolos, podándolos, corrigiéndolos… Antes de ponerme a redactar (en el computador), ya tengo muy claro todo (en la cabeza)”.

Tiene él una herramienta sin la cual nadie, ni él, puede salir adelante con la tarea de escribir: Él es un buen lector. Ahí está el secreto. Lee mucho, y cita a Felisberto Hernández, a Jorge Ibargüengoitía, a Álvaro Cepeda Samudio, a Gabriel García Márquez, a Juan Rulfo, y a muchos otros, ¿Qué más bagaje para escribir que el de ser aficionado a las buenas lecturas? Obsérvese que ni Corín Tellado ni Virginia Vallejo ni el Osito Escobar figuran entre sus escritores preferidos:

“Dejar de leer, sí no lo dejo, no me lo permito. Yo escribo únicamente cuando me dan ganas y tengo ideas y cosas en la cabeza, y como no trabajo ni estudio, me puedo dar el lujo de sentarme un año enterito y darle todos los días, todo el día. Pero siempre voy sin afán. Eso sí, todo el tiempo, cuando estoy barriendo, trapeando, cocinando, sacudiendo, arreglando el solar, jugando con los gatos, matando zancudos, viendo partidos, remendando las medias, estoy escribiendo cuentos en la mente y apuntando cosas en un cuaderno. Ahora tengo un libro terminado sobre vicios, que no me falta sino escribir”.

No trabaja ni estudia, es amo de casa que remienda medias, y escribir para él es un lujo que bien puede permitirse. Eso me queda claro. Pero también me queda claro que haga lo que haga siempre está pensando en las cosas que tiene por escribir, que está escribiendo dentro de su cabeza, antes de sentarse a teclearlas. Pónganle el nombre que quieran, pero eso para mí es un método y no un antimétodo. Un método muy sui generis, pero un método.

Como esos perros guardianes de finca que hacen su autopresentación ante el visitante que llega a la portada, terminados los ladridos y gruñidos y mostradas de colmillo, acompañan al dueño a abrir el portón y vuelven a las voleadas de cola, satisfechos porque ya hicieron su papel de meter susto; este escritor, terminadas las provocaciones al interlocutor y al lector, pasó a hablar en la entrevista de cosas más serias, que tienen mucho sentido.

 

 

Habla de que su participación en concursos, y de que haber ganado en ellos le ha dado un reconocimiento y aprecio de mucha gente, la comodidad de no tener que rogar a las editoriales para que le publiquen sus trabajos, y la tranquilidad de poder seguir adelante sin afugias, teniendo ya un mercado cautivo que compra sus libros. Pero también le ha ganado enemigos, y habla de algunos que, como en los carteles de tauromaquia, son (5) cinco de pura casta (5).

“Cuando uno vive fuera del país, cuando uno no es de los que mantienen tirando elogios por ahí a todo el que se atraviese, ni se mantiene metido en ferias y reuniones de escritores y redes sociales, ganar premios es una de las poquitas maneras de hacerse ver… Eso sí, ganar concursos también sirve, y mucho, para conseguir enemigos y gente que no lo quiera a uno ni poquito y, por eso mismo, que lo lea a uno todo el tiempo con juicio y hable de uno y lo mantenga vigente”.

Amo a mis enemigos, porque ellos me mantienen alerta, le oí decir a alguno.

“Con mis cuentos y con mis libros y con los premios que he ganado he conseguido más amigos y gente que me quiere y que piensa y habla bien de mí. Sin embargo, estos buena gente conmigo no han logrado con sus comentarios positivos lo que sí han logrado los cinco que no me quieren. Ellos dicen algo malo sobre mí, y entonces me entrevistan más, me buscan las editoriales, las revistas, aumenta la gente que es querida conmigo y por eso se venden más mis libros y a mí me va mejor… y algunos me hablan de la frase famosa que una vez dijo Cochise (En Colombia la gente se muere más de envidia que de cáncer)… me escribe gente contándome que los cinco que no me quieren aprovechan los talleres que dan para seguir hablando mal de mí. Eso pasa en la vida. A muchos les duele que a otros les vaya bien. Si los cinco que no me quieren tuvieran la razón y sus acusaciones fueran ciertas, no me apoyarían escritores ni me buscarían editoriales ni me publicarían…”.

No he leído los cuentos de este escritor, para poder juzgar su obra, pero muy herido en sus sentimientos se muestra con esos cinco contradictores a los que él ha dedicado esta entrevista. Sus razones tendrá, pero tengo mis sospechas de que eso de andar lanza en ristre pueda ser una estrategia publicitaria de autopromoción que seguramente le ha redituado beneficios. No es el primero al que el truco le dé resultados.

Al parecer ha sido acusado de plagio, pero él defiende la intertextualidad y habla de que una cosa es el plagio flagrante y otra cosa es tomar una idea y darle un tratamiento diferente del que le dio el otro autor.

“Desconocen que en la literatura las ideas no se protegen porque, si se protegieran, no existiría ni la mitad de los libros que existen… la originalidad es un imposible… la diferencia no está en el tema, sino en la manera de abordarlo, en la manera de narrar la historia, entre otras cosas”.

Estoy de acuerdo con Betancourt. Cualquier cantidad de novelas se han escrito con el tema del hacendado que se casa con la hija del mayordomo, del presidente de la empresa que se casa con la secretaria, del hijo de la patrona que se casa con la muchacha del servicio, de la millonaria que se casa con su instructor de tenis. Todas son variaciones alrededor de la idea del cuento de La Cenicienta, y no por eso pueden ser tildadas de plagios.

 

 Dice una frase que los editores tomaron como epígrafe de este capítulo:

“La diferencia entre una novela y un cuento es que aquella es más extensa, y éste es más intenso… me gusta el cuento porque va al grano, mientras que la novela divaga”.

Afortunada definición que deja claro un punto indiscutible: Los dos, son géneros distintos. Aunque las dos sean música, no se compara una balada con una zarzuela, ni se compara un tango con una ópera, así el argumento sea el mismo (el amor, la traición, el desamor).

Mi experiencia personal me hizo desencantarme hace rato de los concursos, y en algún momento tuve la sensación de estar haciéndole el juego a concursos amañados, arreglados para que se los gane determinada persona, y eso me fastidia y enerva. Todo concurso necesita una masa de participantes que haga bulto y entre en las estadísticas para que el anuncio del ganador no sea un escándalo. Dos participantes insignes en concursos, y ganadores, son Betancourt y don Mario Escobar Velásquez. Ambos coinciden en que un participante depende de la suerte, y también de los gustos de los jurados, y de otras circunstancias que se salen de las manos del participante. El hecho de que ambos hayan ganado, indica que no todos los concursos coinciden en esas características; pero el hecho de que ambos hagan la observación, indica que tales cosas pueden suceder.

“Los concursos, además de la calidad de la obra, tienen un gran porcentaje de suerte: Que no participe un libro mejor, que el jurado sea el más pertinente para el ganador o sea que tenga sus mismos gustos, que en el momento de la lectura de tu libro los jurados no tengan sueño, que tu sobre de manila con el manuscrito llegue a la dirección correcta, que el concurso no tenga ganador escogido antes de que salgan las bases, que los jurados no se encuentren con un amigo suyo entre los participantes, muchas cosas”.

Esto me confirma en que yo no andaba tan descaminado cuando tomé la decisión de no volver a participar en concursos, después de haberlo hecho en dos o tres cuando daba los primeros pasos. Resolví escribir en primer lugar para mí mismo, y no depender del gusto o de la opinión de los demás. Fue una decisión liberadora. Resolví hacerlo, en primer lugar, porque el asunto de la fama o de la gloria me tenía sin cuidado; y, en segundo lugar, porque el asunto del dinero del premio sí revestía algún interés para mí, pero no al punto de sacrificar la tranquilidad de lo que me resta de vida al prurito de adquirirlo. El tiempo me ha dado la razón. García Márquez se quejaba de que tras ganar el Premio Nobel no volvió a tener tranquilidad, porque por toda parte donde iba lo rodeaban admiradores, gentes conocidas y gentes extrañas, gentes que querían tener un autógrafo o que querían hacerle una entrevista. Él hubiera querido volver a ser pobre, feliz, e indocumentado, pero la fama lo hizo su prisionero y ya no lo quiso soltar.

Betancourt es un provocador y un transgresor, pero tiene que ser bueno. No es gratuito que una persona gane premios en los concursos y sea solicitada para entrevistas y opiniones. Esas son cosas que no se sostienen si no van avaladas por una buena obra, porque la crítica literaria no perdona pero, sobre todo, los lectores son implacables.

 

 

 

Alguien me dijo alguna vez que no le gustaba Isabel Allende, y yo le dije:

“Profesor, está en su derecho de tener sus gustos, pero no perdamos de vista que ella, con sus defectos, ¡Vende! Los suyos son libros que ¡Se venden!”.

Eso es algo que no todo el mundo puede decir.

Leído lo anterior, sentí curiosidad por ver al personaje, y encontré esta entrevista que le hicieron en la FILU (Feria Internacional del Libro Universitario) 2019, en México:

https://www.youtube.com/watch?v=4or8HaFeXtA

Bueno, ya puesto en estas, será mejor que busque algún escrito de este cuentista para… para poder saber de quién diablos es que estamos hablando. Es como maluco uno hablar de alguien y no saber exactamente de qué se trata. ¿Sí o qué? Dos o tres cosas leí, y me gustaron. Escribe bien. Entretenido. Dan ganas de seguir leyendo. Ya me había quitado el sombrero, pero se me quitaron las ganas de volvérmelo a poner. Pa qué. El hombre es un teso.

https://www.planetadelibros.com.co/libros_contenido_extra/36/35661_1_La_vida_me_vive_amargando_la_vida.pdf

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)

Celular: 301 – 441 52 58

Email: orcasas1945@gmail.com

 

Referencia: Veinte escritores colombianos nos revelan sus secretos de creación.  Recopilación y notas: Emilio Alberto Restrepo. 2020, Editorial Libros para pensar











domingo, 11 de junio de 2017

BLOQUEO DEL ESCRITOR: Consejos para superarlo

BLOQUEO DE ESCRITOR: EL FAMOSO TERROR A LA PÁGINA EN BLANCO
Consejos para superar el bloqueo del escritor

Empecemos por MIS PROPIOS TIPS (No es común que me ocurra, pero me ha pasado. )

Esto he tratado:
1.        Entiendo que es un proceso pasajero, común y connatural. Mientras más pienso en él, más me estresa, entonces no peleo, dejo que pase y no me presiono ni me desgasto. Es de verdad: dura unos días, pero nunca para siempre.

2.        Mientras tanto, aumento la lectura de autores favoritos que tenía en remojo, o de recomendados que no había tenido la oportunidad de conocer.

3.        Escojo una lista de películas, sobre todo clásicas, con más argumentos que efectos especiales y estudio la estructura de sus historias. Son particularmente útiles y entretenidas, las de  cine negro o de intriga.

4.        En esta época, hago resúmenes o sinopsis cortos, tanto de los libros como de las películas. Sin darme cuenta, de cada uno me queda un artículo, que bueno o malo, puedo utilizar posteriormente.

5.        Aprovecho para escribir un artículo en cualquiera de los blogs en los que colaboro, de un tema diferente al de mis últimos textos puramente literarios. Tomo temas de reflexión, o de opinión,o médicos, o noticias, o informes de lectura o reseñas de los libros o películas.

6.        Normalmente, hago 1 hora de ejercicio diario. En estos días de sequía, aumento quince minutos mi jornada de entrenamiento físico. Siento que se me activan las neuronas.

7.        Voy a actividades a las que hacía tiempo no iba, como conferencias, cineclubs, lanzamientos de libros, conversatorios, obras de teatro, comediantes, carteleras culturales de universidades, etc.

8.        Veo en internet cursos en video de creación literaria, talleres de escritura o de guión , hasta de ortografía y gramática,  conferencias y entrevistas de grandes escritores, biografías, historia del cine o la literatura. Lo hago de manera pasiva, sin hacer todos los ejercicios que proponen, solo los veo y los pienso, y a veces tomo notas.

9.        Cuando uno está lento mentalmente o se siente bajo de reflejos, un viejo profesor me dijo, sin aportarme prueba alguna, que a él le funcionaba comer menos grasas y más frutas y jugos con poco azúcar, tomar licor de manera recreativa, buscar más conversaciones frívolas y risueñas, (tan poco serias y trascendentes como sea posible), más sexo, más vida social y de un momento a otro, aparece una idea salvadora que permite retomar el ritmo. No tengo pruebas con rigor científico, pero le he hecho caso, y créanme que funciona.

10.      Me pongo retos mentales: escribir apuntes de temas, reales o imaginarios de un asunto en especial: por ejemplo, qué recuerdo tengo de mi primera ida para la costa, qué sentí cuando vi el mar, qué recuerdo tengo de mi primera semana en la universidad, qué sé  de la vida que fue o que pudo haber sido de 3 de mis ex novias, los peores defectos de mis ex amigos, 3 planes de venganza terrible (pero sin dejar huella ni que nadie me pille ni que nadie se entere de mis planes) para los amigos que me traicionaron  y me jugaron sucio sin yo merecerlo, o si tuviese súper poderes, cómo castigaría a los políticos corruptos o a los secuestradores o a los violadores de niños. Lo importante es escribir, aunque sea una página de cada ejercicio, y conservar los apuntes. Me asombro de las ideas loquísimas y muchas veces eficaces que salen de estos divertimentos un tanto perversos.

Les garantizo, si no les sirven, por lo menos pasan el rato entretenido sin tanta angustia. A mí, doble propósito: me sirvieron y pasé un rato sin aburrición. Y miren: me quedó una nueva entrada al blog…



Más comentarios literarios y consejos de EMILIO ALBERTO RESTREPO:

https://decalogosliterarios.blogspot.com.co/2014/10/decalogo-arbitrario-para-aspirantes.html

https://decalogosliterarios.blogspot.com.co/2015/04/errores-comunes-en-la-elaboracion-de.html

http://emiliorestrepo.blogspot.com.co/search/label/entrevista

http://emiliorestrepo.blogspot.com.co/p/entrevistas-prensa-resenas.html

De todas maneras, les tengo una recopilación de consejos de expertos, tomados de aquí y de allá, que yo sé que a algunas personas les han servido. Echemosles una mirada:

Cuando estás escribiendo una novela, casi siempre llega un momento en que te quedas bloqueado. La escritura se ralentiza, no sabes por dónde continuar, te asaltan las dudas y, al final, deja de apetecerte proseguir con esa historia. Ha sucedido: ¡estás bloqueado!

Tomar conciencia de que sufres un bloqueo puede generar mucha ansiedad. Y sin embargo, no debería ser así. Pero todavía no hemos comprendido que los bloqueos forman parte del proceso normal de la escritura. Simplemente, tu cerebro se está tomando el tiempo que necesita para crear, para resolver problemas con la trama, los personajes, etc. Así que no percibas el bloqueo como un problema, sino como una oportunidad.

En el fondo, lo que sucede es que tienes miedo a que ese bloqueo sea algo permanente que te impida volver a escribir nunca más. Pero eso no suele suceder.

Sin embargo, para rebajar la ansiedad, vamos a darte algunos trucos que puedes poner en práctica para que esa frase de ralentización en la escritura dure lo menos posible. Aquí tienes algunas ideas para superar el bloqueo del escritor.

1. Deja de escribir y haz otra cosa

Para superar el bloqueo del escritor, deja en suspenso durante una temporada la historia en la que estabas trabajando. Para sentirte mejor, puedes fijarte un tiempo determinado, por ejemplo un día, o una semana. Eso te tranquilizará porque sabes que hay un momento ya fijado para retomar lo que estabas escribiendo.

Sin embargo, debes aprovechar ese tiempo. Y debes hacer que durante ese lapso tu creatividad se ejercite: pinta, toma fotos, teje, haz manualidades. Así lograrás que tu mente se reenfoque.

Además, mientras piensas en otras cosas tu cerebro no habrá olvidado la historia en la que trabajabas. De manera inconsciente sigue trabajando en ella y buscando la mejor forma de proseguir allí donde lo dejaste.

2. Prueba la escritura libre

La escritura libre consiste en escribir de forma ininterrumpida durante un periodo de tiempo prefijado, sin un tema preestablecido y sin prestar atención a la ortografía y la gramática.

Es decir, se trata de dejarse llevar y escribir libremente todo lo que se te pase por la cabeza. Eso sí, debes hacerlo durante un tiempo fijo. Lo recomendable es de diez a veinte minutos.

Te aconsejamos hacer tus ejercicios de escritura libre escribiendo a mano (con bolígrafo y papel), y no con un teclado. ¿Por qué? Está demostrado que el cerebro piensa mejor cuando escribimos a mano, porque al hacerlo más despacio, tiene más tiempo para articular los pensamientos.

Prueba la escritura libre y te sorprenderás de sus resultados para superar el bloqueo del escritor.

3. Date permiso para escribir

El bloqueo del escritor no es más que un estado mental. Muchas veces es la inseguridad o la falta de preparación las que te conducen a él. Dudas sobre tu escritura, temes estar haciendo algo que no merecerá ser leído. Te preguntas sobre si tienes la capacidad y los recursos para llevar esa historia a término con solvencia.

Por eso es necesario que te formes como escritor. Sabrás manejar los diferentes recursos y cuándo usarlos. Recibirás la opinión experta e imparcial de un lector formado sobre tus textos y tu estilo. Y eso te dará la seguridad para escribir sin temores.

Así que para superar el bloqueo del escritor, solo tienes que darte permiso para escribir. Para hacerlo mal, para equivocarte, para cometer un error tras otro. Solo así podrás mejorar. El mundo no se va a terminar porque escribas una mala novela. La siguiente será mejor.

4. Crea mapas mentales

Hacer mapas mentales es una de las mejores cosas que puedes hacer. Sirve para deshacer un bloqueo, pero también puedes hacerlos cuando empieces a escribir.

Coge una hoja en blanco (o una pizarra, o una pared y postit) y escribe en el centro el tema o la idea principal sobre la que gira tu novela. Por ejemplo, viajes en el tiempo.

A continuación, crea un segundo nivel de ideas relacionadas con la principal. Siguiendo con el ejemplo de los viajes en el tiempo podríamos pensar en relojes, pasado, presente, futuro, tecnología, etc.

Desciende todavía más por la escala de los conceptos relacionados. Pero ahora debes pensar en ideas que guarden relación con las palabras del segundo nivel: reloj-calculadora, pasado-carruajes, presente-crisis económica, futuro-viajes espaciales, tecnología-computadoras, etc.

Por último, relaciona las palabras del tercer nivel con la idea central: ¿cómo se relaciona una calculadora con los viajes en el tiempo?, ¿y un carruaje?

Ten por seguro que este procedimiento te va a proporcionar algunas ideas sobre las que querrás ponerte a trabajar de inmediato. Y habrás superado el bloqueo del escritor.

5. Evita que el bloqueo del escritor te vuelva a suceder

De la misma manera en que a veces la escritura se ralentiza, otras, por el contrario, parece que no puedes dar abasto a escribir todas las ideas que se te ocurren. Pues bien, ese es el momento de trabajar para prevenir que sobrevenga un bloqueo.

Cuando tengas una etapa de efervescencia creativa, invierte una fracción de tu tiempo de escritura en tomar notas y hacer esbozos con todas esas ideas que manan sin cesar.

Así, cuando te quedes paralizado tendrás un arsenal de ideas de las que echar mano que, bien organizado, va a serte muy útil como semillero. Y mientras te pones a escribir y las desarrollas, seguro que se te ocurren más.

Ya lo sabes, la próxima vez que te suceda y te encuentres bloqueado, pon en prueba alguna de estas ideas. Verás que alguna te funciona y podrás salir del estancamiento creativo. Pero aprende a darte tiempo, conoce tu proceso de escritura. Así también sabrás qué te funciona mejor a la hora de superar un bloqueo.

Otra manera de superar el bloqueo es unirte a nuestra comunidad de escritores para recibir todas las semanas en tu correo ideas inspiradoras. Deja abajo tu correo. No podrás parar de escribir.
Que no cunda el pánico
No te obsesiones con el problema. Cuanto más te agobies intentando encontrar ideas, mayor será el bloqueo. Deja de darle vueltas porque ¡no es tan grave! Has tenido ideas antes y volverás a tener ideas en el futuro. ¿Que estos días no tienes ninguna? Bueno, no pasa nada.

De hecho, te diré un secreto: en realidad sí que tienes ideas. Siempre. Tu cabeza está llena de ideas, lo que pasa es que hoy, por el motivo que sea, no aciertas a verlas o las deshechas enseguida pensando que son basura. El problema del bloqueo no está en tu imaginación, sino en otro lugar. En el siguiente punto veremos dónde localizarlo.

Analiza el origen del problema
La mejor forma de solucionar un problema de creatividad es localizar el origen y atacarlo desde la raíz. De hecho, puede que sea la única forma.

Según Mark McGuinness (profesional que se dedica al coaching creativo), cada bloqueo tiene sus peculiaridades, con sus diferentes soluciones. Si queréis echarle un vistazo al artículo que ha escrito sobre el tema, está en inglés pero es muy interesante: 7 Types of Creative Block (and What to Do About Them).


Personalmente, creo que un bloqueo creativo puede tener diferentes causas y cada persona es un mundo, pero las más habituales pueden ser las siguientes:

1. Estrés o problemas personales. Es muy difícil ser creativo bajo estas circunstancias. Si, por lo que sea, estamos atravesando una etapa complicada a nivel personal o con mucho estrés por el trabajo, es probable que sintamos que la escritura no fluye bien.

Lo mejor que podemos hacer en estos casos es tomárnoslo con calma. No hace falta que dejes de escribir, pero no te presiones. Si te apetece, escribe un ratito por escribir, por desahogarte un poco. Y si no, no pasa nada. Son rachas. Ya pasará. Es más importante que centres tu energía en solucionar los focos de la ansiedad para poder seguir hacia adelante.

2. Inseguridades y miedos. Otro motivo bastante frecuente para el bloqueo creativo es que empecemos a sentir dudas sobre nuestras ideas y lo que escribimos. Todo nos parece malo, mediocre, inservible, nos sentimos mal con nuestra escritura y nuestras ideas. Al final lo único que conseguimos es no escribir nada.

Este fue uno de mis problemas en el pasado, así que lo conozco bien, y sé que es difícil porque la única solución para vencer al miedo está dentro de nosotros mismos. Hay que darse cuenta de que todos esos fantasmas interiores que nos acechan al escribir no son más que eso: fantasmas. ¡Ignóralos!

Al respecto de este tema de los miedos y los pensamientos negativos, el especialista en productividad Alfonso Alcántara escribió en su blog un artículo muy interesante sobre la metáfora del autobús: todos somos conductores de nuestro propio autobús y llevamos sentados en la parte de atrás a nuestros miedos. Si tenéis un ratito, os recomiendo echarle un vistazo: La inútil lucha diaria contra los pensamientos negativos.

3. Autoexigencia extrema. Nada de lo que hacemos nos parece lo suficientemente bueno, nos obsesionamos con querer hacerlo mejor, con una idea más brillante y, de nuevo, lo único que logramos es no escribir nada en absoluto.

El origen de este problema es el mismo que el anterior. Esa exigencia, ese perfeccionismo extremo, es otro de los pasajeros del autobús del que nos habla Alfonso Alcántara en su blog. La solución es similar: deja de obsesionarte con ello, deja de escuchar a esa voz interior que te da la lata.

Disfruta de la escritura, intenta hacerlo lo mejor que puedas, reconoce tus puntos fuertes (que los tienes) e intenta fortalecer tus puntos débiles, pero sin obsesionarte. No tienes que ganar el Nobel de Literatura (al menos no por ahora) ni tienes que demostrarle nada a nadie. Lo único que tienes que hacer es ¡divertirte escribiendo!

3. Cansancio: si, por el motivo que sea, no descansas bien y tu cuerpo no está como tiene que estar, tu cerebro tampoco podrá ser tan productivo como tú le pides que sea. Dormir las horas necesarias y unos hábitos de vida saludables son la mejor receta para una vida creativa. Así de simple, y así de complicado.

4. Agotamiento mental. Nuestros cerebros son maravillosos, capaces de cosas que a veces nos sorprenden a nosotros mismos, pero también tienen sus límites. Después de una etapa muy productiva (como, por ejemplo, tras escribir una novela o al terminar un período de estudio muy intenso) es posible que esté agotado y no tenga ganas de producir más ideas.

¡Deja que descanse! Es una buena temporada para alimentar al cerebro y dejar que repose: leer, ver películas, pasear, visitar sitios nuevos, aportarle estímulos diferentes… Así se irá recuperando y, antes de que nos demos cuenta, estará a tope de nuevo.

Relájate y diviértete
Al igual que el cuerpo ha de estar descansado y sano, una actitud alegre y optimista ayuda a que la creatividad fluya mejor. La buena noticia es que esa actitud se basa en hábitos, se puede entrenar. Empieza por sonreír, ahora mismo. Fíjate en cuál es la expresión de tu cara y cámbiala hacia una sonrisa. Sonríe todo lo que puedas a lo largo del día, hasta que acabes haciéndolo sin darte cuenta.

Intenta relajarte, dedica tiempo a aficiones distintas a la escritura (si no tienes ninguna, ¡ya te puedes poner a buscar! Porque cuando llegue el momento en que te dediques profesionalmente a escribir, vas a necesitar una vía de escape). La mejor forma de no obsesionarse con escribir cuando estamos bloqueados es desconectar, hacer otras cosas que nos distraigan.

Lee en lugar de escribir
Si hagas lo que hagas no puedes escribir o estás bajo una situación estresante, dedica el tiempo de la escritura a leer. Lee mucho más de lo habitual, todo lo que puedas. Lee, por supuesto, a autores que suelan darte ganas de escribir cuando los lees.

Yo, en esas temporadas en las que me cuesta más escribir, suelo recurrir a los cuatro autores que más me estimulan: Bradbury, García Márquez, Murakami y Auster. ¿Cuáles son los vuestros?

Prueba la escritura terapéutica
Hay una forma de escritura automática que puede ayudar en determinadas circunstancias, y es echarse a escribir para desahogarse. Escritura automática de la de verdad, no con la finalidad de escribir historias sino de soltar lo que nos esté atenazando por dentro: pueden ser miedos, rabias, odios, cansancios, enfados, frustraciones… Lo que sea.

Empieza a escribir las primeras palabras que se te ocurran, lo que te esté quemando por dentro. Ponlo todo sobre el papel sin preocuparte lo más mínimo por el estilo o la calidad literaria. De hecho, lo mejor que puedes hacer en cuanto termines de escribirlo es leerlo, analizarlo para intentar comprender mejor qué se cuece dentro de esa cabecita tuya, y luego destruir el papel. Quémalo como acto simbólico y haz borrón y cuenta nueva.

Escribe una entrada en tu blog
¿Que no tienes blog? ¡Pues a hacer uno ya! Es lo mejor para esos días o semanas en que la escritura no fluye bien: escribir una entrada que no sea una historia de ficción, hablando de cualquier tema.

Puede ser un post sobre el bloqueo creativo, sobre la situación política en las Maldivas o sobre lo mucho que te gustan las palabras esdrújulas. Da igual. El caso es escribir una entrada de al menos quinientas palabras para demostrarle a tu cerebro que todavía puedes escribir y que es mejor que se deje de tonterías.

No sobrevalores las ideas
En general, solemos darle demasiada importancia a las ideas, mucha más de la que tienen en realidad. Esta es una buena lección que he ido aprendiendo poco a poco a base de escuchar y observar: las ideas no son tan importantes. Hay cientos de libros basados en la misma idea, y son distintos. No te obsesiones con las ideas. Prueba a escribir cualquier cosa, aunque te parezca una tontería.

Si estás en una etapa en la que te parece que no tienes ideas, prueba a practicar técnicas literarias, a fortalecer tus puntos débiles. Pueden ser la puntuación, las descripciones, los diálogos… Lo que sea. Aprovecha y practica.

Sal de tu zona de confort
Si hay un estilo o un género en el que te sientas cómodo y suelas escribir siempre, intenta salir de ahí. Prueba cosas nuevas: escribe algo fantástico, o un relato de detectives, o algo para niños… No sé. Algo que se diferencie mucho de lo que sueles hacer.

Si lo haces, tu cerebro podría decir: “uy, no me gusta esto, no me siento cómodo. Vale, vale, me dejo de tonterías. Yo vuelvo a comportarme como siempre si tú vuelves a nuestro estilo habitual”, o bien puede que se estimule ante la perspectiva de algo nuevo y las ideas surjan como antes. Cualquiera de las dos opciones nos vale.

Utiliza un disparador creativo
Otra forma de poner en marcha la escritura cuando no se nos ocurre nada, es emplear disparadores creativos y lanzarnos a escribir lo primero que se nos ocurra. Por ejemplo, prueba a coger una serie de palabras al azar y escribir un texto que las contenga todas. O bien un disparador de primeras líneas y continúa escribiendo a partir de ahí.

Por si ayuda, aquí os dejo un par de ejemplos de la app de ideas para Escribir:

Cinco palabras:
Armario, retrato, beso, venganza, miedo.
Pacto, nostalgia, autobús, jardinero, prisa.
Poder, pájaro, soledad, armadura, hereje.
Infamia, cadáver, montaña, curiosidad, tejado.

Primeras líneas:
Recordó su advertencia y ocultó las pruebas…
Recibió un extraño paquete el día de la boda…
El pirata escuchó un aullido…
Al actor le sorprendió el mensaje…

1. Deja de lado el síndrome de “no soy un escritor”. Todos tienen potencial para ser escritores. Decirte eso no es más que una excusa vacía. Invierte la energía. Puedes ser un escritor. Dite a ti mismo: “Soy sumamente capaz de escribir”.

2. No esperes las palabras perfectas. Si cada oración debe estar perfecta entonces continuarás teniendo miedo. El sudor puede salir, pero las palabras no. Empieza a redactar palabras en una hoja. Una vez que empiezas puedes regresar y revisar lo que tienes. Pero hasta que empieces nunca sabrás hacia dónde puedes ir.

Si escribes para entregarlo en un plazo corto, es aún más crítico que dejes ir la noción de que todo sea perfecto. Un amigo escritor me ofreció una analogía que dice que escribir es como limpiar un cuarto sucio: la única manera en que se limpia el desorden es comenzando con una esquina a la vez.

3. Háblate a ti mismo-en fuerte. Es menos estresante para la mayoría de la gente hablar con un amigo con una cerveza que escribir una propuesta (aunque el contenido de una conversación sea sobre la propuesta en sí).

En una conversación es generalmente aceptado que nos detengamos para corregirnos y seguir hablando. Permítete esa misma libertad en tu proceso de escritura. Si eso es difícil de hacer, háblate en fuerte para hacer que los pensamientos fluyan.

4. Mueve palabras, oraciones y párrafos alrededor de la página como piezas de rompecabezas. La belleza de escribir en una computadora es que puedes mover palabras y grupos de palabras sin esfuerzo. La idea de que las palabras serán vistas por una audiencia exactamente a medida que fluyen en la página, puede ser paralizante.

Si estás sobresaturado por la cantidad de ideas rebotando en tu cabeza, anótalas una por una, en un esquema organizacional o como notas. Luego lentamente puedes trabajar por medio de esa lista quitando conceptos y poniéndolos en oraciones o párrafos sin preocuparte que olvidarás algo crítico.

5. Cristaliza tu punto en pocas palabras. Cuando te sientas a escribir un pitch de negocios, una gran propuesta o un discurso, asegúrate de que hayas hecho tu investigación y que sabes precisamente lo que quieres comunicar.

Si te resistes a escribir puede ser una señal de que estás confundido sobre lo que quieres decir. Pon la idea principal de lo que estás tratando de decir en una frase corta o larga y tendrás una mejor oportunidad de componer una pieza organizada.

6. Deshazte del internet. Muchas personas inteligentes pasan mucho tiempo todos los días tratando de atraer tu atención en el internet. Son muy buenos haciéndolo. Elimina esas distracciones al desconectarte y abriendo un documento que te permita escribir. Un amigo escritor recomienda usar la aplicación Freedom al tratar de escribir. Cuando la instalas, bloquea todas las conexiones a internet por un tiempo determinado.

También tener una rutina física asociada con escribir ayuda a algunas personas a comenzar. Tal vez hay un lugar donde te puedes sentar que asocies con la escritura. Tal vez escribes mejor a cierta hora del día o necesitas un vaso grande de agua fría cuando redactas.

7. No te quedes con la idea que debes comenzar por el principio. Sólo porque lo llaman introducción no quiere decir que debes empezar por ahí. Si sabes lo que quieres como párrafo de en medio, comienza por ahí. Escribe la porción que sepas y continúa.

8. Ponte fechas límite. Aunque no necesites escribir para cierta fecha, póntela y atente a ella. Una amiga con la que hablé me dijo que ella tiene compañeros y familia que están al pendiente para asegurarse de que cumpla con sus fechas.


Cómo superar el bloqueo al escribir: detecta tu punto débil

Debes saber, oh querido lector, que todo esto son males que aquejan a escritores de todo tiempo y condición.

Y debes saber también que todo esto tiene solución…

tan solo con identificar a qué tipo de bloqueo te enfrentas, ya das el primer paso

Estos son los tres tipos básicos de bloqueo al escribir y algunas de sus variantes.

Suelen estar asociados a la personalidad del autor. ¿Te identificas con alguno?

Tipo de bloqueo #1: el clásico síndrome del escritor atascado

Descripción: comienzas un texto y lo abandonas en algún punto (suele ser un poco antes de llegar a la mitad).

Sencillamente, no sabes cómo continuar. Se te han acabado las ideas o te has metido en un embrollo del cual no sabes salir.

Tipología: esto puede darse porque eres una persona algo caótica.

Te dejas llevar muy a menudo por las emociones, muchas veces para arrepentirte después.

Cuando tienes buenas ideas no puedes evitar precipitarte y hacer algo con ellas.

Bullen en tu cabeza pero te cuesta transmitirlas de forma ordenada y coherente a un texto.

Solución: un buen remedio para desbloquearte puede ser planificar lo que vas a escribir.

Siéntate, respira hondo y haz un resumen de tu relato, novela, ensayo, artículo o lo que sea.

Después agrúpalos: por partes, por capítulos, por conceptos…

En pocas palabras: ten claro antes de escribir lo que quieres transmitir.

Variante: el síndrome de la página en blanco.

Sucede cuando no logras ni siquiera comenzar o bien el bloqueo al escribir te asalta muy pronto, tras la primera frase o párrafo.

Para poner remedio a esto, estimula tu creatividad:

Toma muchas notas en esa libreta que todo escritor debe llevar siempre encima

Presta especial atención a aquello que te conmueve, por insignificante que te parezca.

Tu mente está gritando que ahí está el germen de una idea.

Agrupa y asocia ideas sueltas para crear algo nuevo con esta mezcla.

Mira este divertido y a la vez interesante vídeo para saber cómo opera nuestro cerebro y estimular la creatividad.

Tipo de bloqueo #2: la búsqueda de la perfección produce monstruos

Descripción: te plantas delante de la pantalla (o la hoja en blanco) y esperas a que surja la idea perfecta, la frase ideal, el personaje maravilloso, la trama sin fisuras…

Para el año 2046 conseguirás terminar ese relato de dos páginas… y no te convencerá del todo.

Eso sí, de vez en cuando atisbas algo semejante a la perfección y te sientes más o menos bien… pero deseas la euforia.

Tipología: poco que decir. Eres el Perfeccionista.

Raras veces encuentras algo bien hecho o hecho a tu gusto.

No es malo, siempre y cuando no traslades tus exigencias de perfección a los demás, porque los demás tenemos derecho a ser humanos imperfectos.

Si eres jefe y te comportas así, que Dios guarde a tus subordinados.

La búsqueda de la perfección no es negativa en sí misma… pero sí cuando es llevada al extremo.

Solución: intenta encaminar tu perfeccionismo hacia la exigencia razonable y tu intransigencia hacia la tolerancia.

Buscar la perfección es lícito, encontrarla es una utopía

Puedes ser buen escritor si añades un puñado de imperfección a tu creatividad: te hará más humano, no menos virtuoso al escribir.

Está muy bien que escribas de manera cerebral y racional, pero tus textos mejorarán mucho con una pizca de visceralidad.

Variantes del perfeccionista:

El obsesivo: escribes con bastante fluidez hasta cierto punto, vuelves atrás y comienzas a revisarlo todo con lupa, buscando tener un texto acabado antes de terminarlo.
El texto se eterniza y terminas por agobiarte.

Eres un trabajador eficiente e incansable, aunque incompleto, y te retrasas cuando debes entregar algo a tiempo.

Cuando sientas deseos de volver hacia atrás, reprímete y piensa en esto: te hartarás de corregir y perfeccionar en la fase de revisión ¿para qué adelantar acontecimientos?

Corregir es precisamente tu fuerte ¡guarda lo mejor para el final!

El inseguro: te interrumpes a cada paso para documentarte.
Ser coherente y preciso con lo que quieres decir es bueno para la mayoría de textos, pero no tanto cuando ese afán perfeccionista coarta el proceso creativo.

Haz un trabajo de investigación antes de ponerte a escribir y toma notas cuando no estés seguro de algo.

En la fase de revisión, repasa esos apuntes.

Tipo de bloqueo #3: el bloqueo del impulsivo

Descripción: sientes de repente el impulso de escribir, adelantas un buen trecho antes de darte cuenta del sinsentido que estás escribiendo.

Lo detestas y repudias, borras todo lo escrito y te enfadas contigo mismo.

Pero no tardarás en sentir otro impulso y lanzarte de nuevo… para repetir el ciclo.

Tipología: eres una persona impulsiva, caótica y visceral.

También muy creativa y, seguramente, hiperactiva; un culo inquieto, vaya.

Tal vez tienes tendencia a la bipolaridad: pasas de estados creativos muy profundos y activos a otros de inactividad y apatía.

Solución: utiliza esa impulsividad para lanzarte a planificar antes de escribir.

Es decir, toma apuntes de las ideas que te han venido de repente, no las tomes como el texto definitivo a desarrollar.

Después estructura en partes, capítulos o conceptos. Y una vez tengas el esquema de lo que quieres contar…

¡desenfrénate! ¡no le hagas demasiado caso a tus planes! Solo consúltalos cuando te bloquees

Escribe por impulso y recapacita cuando te descontroles.

Recuerda el spot de aquella marca de neumáticos: “la potencia sin control no sirve de nada”.

Variantes del impulsivo:

El ansioso: tienes arrebatos de pasión y momentos de euforia creativa.
Te lanzas a escribir como un poseso, a menudo entras en una especie de trance.

Pero a medida que avanzas te vas diluyendo, apagando, te deprimes hasta abandonar.

Date cuenta de que

no escribes ningún sinsentido: eres un creador variable, que pasa por diferentes estadios en su creatividad

No destruyas tus textos, seguro que gustan a alguien; sólo falta que te gusten a ti.

Déjalos reposar unos días y ármate de paciencia.

El exagerado: te agotas mentalmente en una sesión, presa de un apasionado frenesí.
Te obsesionas, te cuesta desconectar, incluso dormir.

Cuando, por fin, decides descansar, no puedes retomar el hilo de nuevo hasta caer en otro trance.

La solución pasa por el mismo punto que la de tu tipo básico:

utiliza ese estado para la PLANIFICACIÓN, no para la creación

Podrás acometer tu texto de forma ordenada y tus frenéticas sesiones serán mucho más productivas.

También puede serte útil planificar un horario para ponerte a escribir, con una hora tope.

Mira este interesante artículo sobre la gestión del tiempo.

Conclusión:

No hay mejores o peores formas de encarar la escritura.

Cada uno trabaja según su propia personalidad, con sus rasgos positivos y negativos.

Potenciar unos y contrarrestar los otros conociendo cuáles son, identificando puntos fuertes y débiles, es tarea que sólo precisa un requisito:

VOLUNTAD DE HACERLO

Algunos consejos comunes a todo escritor:

Escribe según eres y serás auténtico, serás tú mismo.

Escribe con el corazón, escribe desde las tripas poniendo toda la pasión a lo que haces.

Es la mejor forma de encontrar tu propio estilo.

Asimila e interioriza las técnicas narrativas.

Y después corrige con la cabeza.

No es necesario escribir en el orden lógico tal y cómo va a desarrollarse tu libro, relato o artículo.

Escribe partes aisladas si así te lo pide el cuerpo… de hecho, si escribes novela de ficción te recomiendo escribir primero el final.

Luego ya lo ordenarás. ¿Sabes cuándo?

¡Premio! ¡En la fase de revisión!

Si te atascas y no encuentras el camino ni siquiera con tus notas y tu planificación, vuelve atrás en tu texto ya desarrollado y tira de un hilo: una palabra, frase o idea e intenta continuar desde allí.

Si no da resultado, deja reposar lo escrito en un cajón por unos pocos días.

Mientras tanto, pasea, realiza alguna actividad cultural o relacionada con lo que estás escribiendo.

Cuidado si escribes novela negra, no vayas a “eliminar” a alguien.

SUPERAR EL BLOQUEO

Nos sentamos con toda la ilusión frente a la pantalla de la computadora en blanco (o frente a la hoja de papel, si es más tradicional) y, por más que nos esforzamos no sale nada, las tres frases que logramos escribir nos parecen malísimas, fáciles, sin sentido, borramos y empezamos de nuevo incapaces de escribir ni una sola palabra.

¿Le suena de algo? ¿Alguna vez ha sentido la angustia frente a la página en blanco? ¿Arranca a escribir con impulso, pero luego de unos párrafos se encalla y no sabe cómo seguir? ¿Es usted de los que escriben sólo cuando les ha pasado algo importante, algo grave, y en caso contrario no produce nada? ¿Cree que no es creativo o que le falta imaginación?

El bloqueo del escritor se asocia mayormente con la escritura del primer proyecto, pero es algo que le puede suceder también a escritores experimentados: Franz Kafka, Gustave Flaubert y Thomas Mann entre ellos.
Una de las principales causas del bloqueo es un exceso de perfeccionismo, que nos lleva a escribir y corregir al mismo tiempo, lo que paraliza el avance de la escritura. Otra causa es la idea, errónea pero muy extendida, de que un buen escritor no necesita borradores. Lo que sucede es que confundimos el proceso creativo de la escritura con el resultado: la novela. Pero la escritura no es un producto, es un proceso. Antes de teclear una sola palabra, el escritor lleva horas, días y hasta semanas escribiendo dentro de su cabeza; imaginando, pensando, incubando el texto. Se empieza a escribir mucho antes de la fase propiamente dicha de redacción del primer borrador y se sigue escribiendo mucho después, en las revisiones.

Si sucede que su crítico interior no deja trabajar tranquila a su musa, aquí tiene algunas técnicas para superar el bloqueo:

1. Tómese su tiempo
Escribir una novela no es una carrera. Nadie le está cronometrando, por lo que puede trabajar a su propio ritmo y disfrutar mientras lo hace. Sí, ya sé que es un poco obvio, pero usted se sorprenderá de cuánta gente ven la escritura de una novela como una especie de prueba.

Paradójicamente, cuanto menos se preocupe por llegar a la final, más pronto llegaremos. ¿Por qué? Debido a que no se verá afectado por el bloqueo del escritor en el camino.

Si uno se fija objetivos diarios posibles de conseguir y se concentra en lograrlos, lo más probable es que su musa interior prospere. Si le toma doce meses producir su obra maestra, eso es genial. Si le lleva doce años, eso es genial también. Mientras le divierta escribir a lo largo del camino, ¿quién lleva la cuenta de los días? Sin notarlo cada paso que damos nos acerca a la meta.

2. Manténgase enfocado
El hecho de que la escritura de una novela signifique producir varios cientos de páginas de prosa es suficiente por sí mismo para generar un caso grave de bloqueo, por la inmensidad del trabajo que queda por delante. Y es precisamente por eso que no hay que pensar en escribir ficción en esos términos. La escritura de varios cientos de páginas de prosa, da miedo, pero escribir sólo una o dos páginas (o incluso uno o dos párrafos) nos parece bastante asequible. Así que céntrese en lo que le gustaría lograr hoy (el pequeño paso siguiente en su plan de avance) e ignore los miles de pasos que vienen después. Usted se sorprenderá de lo rápido que las páginas se van acumulando de ésta forma.

3. Escriba en el entorno adecuado
Escribir ficción exige concentración. Si no puede liberarse de las distracciones en casa, encuentre otro lugar tranquilo para trabajar (el parque, la biblioteca, el coche, donde sea). La comodidad es importante, por supuesto, es difícil concentrarse si el cuerpo no está relajado.
La interrupciones son las principales enemigas de la concentración, por eso es tan importante aislarse del mundo exterior para conectar con el interior.

4. Debe planear qué decir de antemano
Los principiantes sufren la gran tentación de saltarse la fase de planificación del proceso de escritura de la novela a una velocidad vertiginosa para llegar a la parte emocionante: escribir un primer borrador.
Gran error.
El bloqueo del escritor a menudo nos asalta cuando se trata de hacer dos cosas a la vez, la planificación de lo que decir y trabajar en cómo lo dice. La planificación es en gran medida una actividad del hemisferio izquierdo, llevada a cabo por su crítico interno, mientras que la redacción de la novela es un proceso artístico, del lado derecho del cerebro. La mitad izquierda del cerebro es la parte lógica y la derecha es la parte creativa, intuitiva. Como usted sabe, no trabajan bien juntos, se deben ir alternando.

Zambullirse directamente en el primer borrador sin planificación significa que usted tendrá que planificar (crear la estructura y la lógica general del relato) en el momento mismo de escribir. Pero si usted ya tiene los detalles más importantes elaborados antes de escribir, sólo tiene que preocuparse de la propia escritura.

5. No escriba su novela en orden cronológico
Este es un consejo personal. Si su planificación es lo suficientemente detallada, usted tendrá una idea bastante buena de lo que ocurre en cada capítulo. En qué punto se encuentra al iniciar una escena y a que punto debe llegar al concluirla. Eso significa que es libre de abordar la escritura en orden que desee.

Si el capítulo 3 está amenazando con un caso grave de bloqueo del escritor, salte sin remordimiento a la emocionante escena de la persecución del capítulo 30. Otro día podrá volver al capítulo 3, cuando se sienta más en ese estado de ánimo.

6. Prepárese hoy para el mañana
Si se realiza una tarea manual (la colocación de algunos estantes, por ejemplo) es mucho más fácil empezar el día con todas las herramientas perfectamente a la mano y los muebles fuera del camino. Y es lo mismo con la escritura de ficción. Si usted se sienta a escribir sin haber planeado de antemano qué capítulo o escena va a trabajar, no puede esperar lograr mucho. Pero si el día antes ha planeado con precisión qué escena para enfrentar y tal vez incluso escribió la frase inicial (para actuar como un trampolín hacia el trabajo del día siguiente), deberá tener una sesión de trabajo muy productiva.

7. Saque el capítulo de paseo
Así como los velocistas tienen que prepararse mentalmente para la carrera, visualizándola en su mente antes de que hayan dado la orden de salida, los novelistas no podemos esperar a escribir bien si tenemos la mente en otras cosas. Por lo tanto, antes de escribir el borrador de un capítulo, es importante poner todas las otras preocupaciones un lado y concentrarse en cambio en el capítulo que va a escribir.

Para esto es útil dar un paseo antes de escribir, desconectar, dejar el teclado tranquilo y empezar a ir armando el capítulo mentalmente, imaginándolo como si fuera una película mental. Si otros pensamientos luchan por su atención, aléjelos suavemente. Concéntrese en la ficción, como en imágenes, sonidos, sensaciones, olores; luego podrá ponerle palabras. Y la gran ventaja de caminar es que cuando, se siente a escribir, no sólo estará preparado mentalmente, también físicamente.

8. Trabajo significa trabajo
Lo siento, no se puede ser menos directo en esto. Si se sienta a escribir, pero no puede empezar, pruebe con un poco más de determinación. Haga lo que haga, no se siente a esperar que la inspiración se presente sola, eso simplemente no ocurre. El bloqueo es un abusador, pero tiende a dejarle en paz a la primera señal de resistencia.

Las primeras frases del día son a menudo son las más difíciles de escribir (esto se debe a que la musa se despierta tarde y el crítico está siempre dispuesto a agarrar la pluma). Una vez que tenga las primeras frases en su haber, la musa se interesará en lo que está haciendo y le quitará la silla al crítico. Sin que ni usted se dé cuenta verá como magia y las palabras empiezan a fluir.

9. Escriba tan mal como quiera
Escribir un primer borrador de una novela es exactamente eso, sólo un primer borrador, algo que probablemente va a terminar en la papelera de reciclaje. Muchos escritores dicen que tienen que revisar sus borradores 5, 10, 15 veces antes de que estén satisfechos.

Y así, el hecho de que usted no deba preocuparse demasiado por la calidad del primer borrador le sacará toda la presión de encima. Usted sólo tendrá que llenar las páginas con palabras, con la materia prima que más tarde puede pulirse.

Aceptar de antemano que lo que escribe como un primer borrador va a tener un montón de correcciones y ediciones durante la etapa de revisión le dará la libertad de escribir de forma desinhibida.

10. Haga algo diferente
Si usted está cansado de escribir el primer borrador de su novela, trate de revisar uno de los capítulos que ya han redactado. Incluso si usted sigue todas las sugerencias anteriores, todavía habrá mañanas en las que simplemente no puede hacer frente a otra página en blanco, no importa lo mucho que esté “en contacto” con su musa. Esto tiene solución: Mire hacia una página que ya han rellenado con palabras. Hacer algún tipo de trabajo en su novela es mejor que no hacer ningún trabajo en absoluto. Sólo asegúrese de que al día siguiente volverá a la redacción, incluso si es para redactar un párrafo o dos. Prolongar los “paréntesis” de la escritura a menudo significa abandonar el proyecto.

11. Intente escribir otra cosa
Si llega al punto en que no puede hacer frente a redactar un primer borrador o revisar los borradores anteriores (todos tenemos días así), tómese un día o dos de descanso de su proyecto principal. Tome su registro de ideas y póngase a desarrollar un mini cuento, un tema para una próxima novela, un personaje que aún no tiene historia, pero que le pareció terriblemente interesante.

Mientras casi todos los días no se conviertan en días de descanso, todo irá bien. Después de todo, hay más en la escritura creativa que su primera novela. Y le garantizo que estará ansioso por volver a su historia en poco tiempo, con nuevos bríos.

12. No se olvide de divertirse
No olvide nunca que nadie le obliga a escribir una novela. Si quisiera, podría dejarla ahora mismo e ir armar rompecabezas o a jugar al golf o a la playstation. Pero no va a dejar de escribir, porque la escritura es algo que quiere con pasión.

No estoy diciendo que siempre será fácil resistirse a abandonar, pero si se concentra en el placer que da podrá seguir adelante. Lo que debe tener claro es que escribir ficción nunca debe convertirse en una tarea auto impuesta, que con el tiempo mutará en castigo. Acérquese siempre a la escritura con una mentalidad positiva, llena de espíritu creativo, y el bloqueo del escritor le dejará en paz.

En esta página tuvieron una idea similar e hicieron una integración de muchas páginas que tocan el tema. Cuando tengas un poco más de tiempo, vale la pena ponerse a revisarlo, puede servir, y si no sirve, al menos entretiene mientras sigues bloqueado:



Quince formas de encontrar ideas para escribir cuando estás bloqueado

Decía Picasso que “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”.

Y es cierto. La inspiración no viene por sí sola, de repente, para regalarte un guion completo, bien estructurado, con sus puntos de giro y su clímax.

Como mucho, la inspiración te dará una escena sugerente, una imagen, un personaje con un conflicto… pero vas a tener que trabajar mucho para ir tirando del hilo hasta acabar consiguiendo un guion completo.

Pero… ¿Por qué esperar a que la inspiración venga? ¿Por qué no ir a buscarla?

Te presento quince recursos que puedes utilizar para encontrar ideas sobre las que escribir.

Aunque el texto está dirigido específicamente a guionistas, no hace falta decir que sirve también para cualquier otro tipo de escritor.

1. Medios de comunicación (I).

Que muchos guiones de cine y televisión han nacido a partir de un hecho publicado por los medios de comunicación es evidente: asesinatos que han impactado en la sociedad, robos espectaculares, ejemplos de superación personal, etc.

Pero tomar un crimen famoso y convertirlo en guion sería una adaptación de un hecho de la vida real, no un guion original.

Para que sea un guion original, una historia enteramente tuya, debes tomar ese material que te proporcionan los medios de comunicación como inspiración, como punto de partida de una historia que acabará no pareciéndose en nada a aquello que leíste en el periódico o viste en televisión.

Es lo que pasa cuando tienes noticia de un crimen que te llama la atención y empiezas a divagar sobre él, buscando sospechosos entre las personas relacionadas con el caso que aparecen en los medios de comunicación, imaginando situaciones, divagando sobre las relaciones entre la víctima y la gente que habla sobre el asunto…

Y acabas montándote tu propia película (nunca mejor dicho).


2. Medios de comunicación (II).

Otra forma de encontrar la inspiración en los medios de comunicación puede ser quedarse con una frase o una imagen que nos guste y dejar volar nuestra imaginación a partir de ella:

El guionista Robert Towne contaba en una entrevista que la idea para escribir el guion de “Chinatown”, dirigida por Roman Polansky en 1974, le surgió cuando leyó el titular de un artículo en un periódico de California que decía: “O llevamos el agua a Los Ángeles, o llevamos Los Ángeles al agua”. El artículo versaba sobre los problemas de sequía de la ciudad de Los Ángeles.

Los que hayáis visto “Chinatown” sabéis que la trama principal trata sobre un asesinato que intenta resolver el protagonista, Jake Gittes (Jack Nicholson), pero el ambiente de fondo de toda la historia y el punto de partida de la misma se basan en la carencia de agua en Los Ángeles y éste es el asunto que motiva a varios de sus personajes.

3. Escuchar a la gente que te rodea.

Una frase escuchada al azar mientras hacemos cola en la panadería, una conversación en el autobús, esa expresión que siempre utiliza tu abuela cuando la haces exasperar… pueden ser la semilla de un guion si te dejas llevar por ella.

El célebre escritor y guionista colombiano Gabriel García Márquez tuvo la idea para escribir el cuento (que luego se convertiría en serie de televisión) “Me alquilo para soñar” cuando oyó a un hombre decir: “Me gustaría trabajar mientras duermo”.


4. Observar a la gente que te rodea.

Todo el mundo tiene algo interesante y digno de ser contado, hasta la persona más aburrida.

Puede que la cajera del supermercado que te atiende habitualmente no te inspire, de buenas a primeras, una historia de super héroes o de espías de la Segunda Guerra Mundial pero… si la observas con mente abierta y espíritu soñador, es posible que su forma de hablar, la mirada con la que te fulmina cuando le entregas un billete de 50 euros para pagar un paquete de chicles y el gesto de  ”me voy a callar porque si no la lío” con el que los coge pueden ser perfectos para un personaje que se te estaba resistiendo.

5. Transformar el mundo cotidiano.

Supongamos que sigues en el supermercado, esperando tu turno para pagar a la misma cajera del punto anterior…

Delante de ti hay una señora mayor que se empeña en abonar la cantidad exacta buscando todas las monedas de uno y dos céntimos de su monedero mientras la cajera suspira impaciente porque los clientes se están acumulando…

Bueno, no te enerves, no hagas como el resto de los clientes que están empezando subirse por las paredes.

Relájate. Eres un escritor y puedes trabajar en cualquier sitio. Ponte a pensar en la que puede ser la primera escena de tu próximo guion:

Imagina que la puerta del supermercado se abre dando paso a un grupo de alienígenas verdes que vienen a invadir la tierra y han creído que el super de tu barrio es la sede de la ONU.

¿Cómo crees que reaccionaría la cajera? ¿Y la señora mayor? ¿Y el guardia de seguridad?

¿Y si, en vez de extraterrestres, los que han irrumpido en el super son una banda de ladrones que acaba de robar un banco y se han visto obligados a refugiarse de la policía que los persigue? ¿Cómo seguiría la historia?

6. Foros y redes sociales.

Es la versión internauta de los dos puntos anteriores.

Si saber escuchar y observar a la gente que te rodea puede ser una buena fuente de inspiración, navegar por las redes sociales y foros de internet con espíritu creativo puede darte muchas ideas para contar historias, hacer personajes creíbles, crear escenas originales.

Utilizar el vocabulario y las expresiones que usan algunos usuarios de foros o redes sociales puede funcionar muy bien para mejorar tus diálogos y la forma en que se expresan tus personajes.

7. Obras literarias y audiovisuales.

No se trata de que adaptes una novela o escribas una nueva versión de tu película favorita sino de que te inspires en ellas.

A veces nos encontramos con personajes secundarios e incluso menores (de esos que solo tienen una o dos escenas en una película) que están tan bien hechos que uno siente que tienen una historia detrás que puede ser tan interesante o más que la del protagonista.

¿Por qué no poner a trabajar a la imaginación pensando en lo que haría el personaje después de su única escena, o qué tipo de casa tendrá, con quien la compartirá, que clase de relación tendrá con esa persona?


8. Algo sobre lo que sepas mucho.

Todo el mundo sabe mucho sobre algún tema o le interesa investigar sobre él:

Puede ser la Guerra de los Cien Años, la física cuántica, el turismo, la cocina vegetariana, los trabajos manuales… o cualquier otra cosa que se te ocurra.

Puedes escoger el universo de ese tema sobre el que sabes tanto y situar en él cualquiera de las 36 situaciones dramáticas que existen.

9. Ciencia

El mundo de la ciencia es apasionante y los descubrimientos en este campo son cada vez más impresionantes.

Indaga en revistas científicas, en webs de biología, astronomía, física… y usa toda esa información para crear una trama principal o el telón de fondo que le dé interés y color a tu guion.

Por ejemplo: si buscas imágenes de medusas (sí, de medusas, has leído bien) en internet descubrirás que (además de ser esos bichos que producen urticaria si te tropiezas con uno de ellos en la playa) existen medusas de muchas clases y colores y son realmente bonitas.

Son llamativas y visuales, lo que las hace perfectas para un guion ya que nuestra historia se va a contar mediante imágenes.

¿Podrían ser estos animales el telón de fondo de una historia de espionaje protagonizada por un biólogo marino que ha descubierto la forma de curar determinada enfermedad con cierta sustancia que se encuentra en el organismo de las medusas?

10. Temas controvertidos.

Hay temas de debate que provocan una fuerte respuesta emocional en las personas y son sujeto de enfrentamiento entre grupos sociales:

El aborto, las corridas de toros, el terrorismo islamista, la inmigración masiva, la necesidad de vacunarse o no para prevenir ciertas enfermedades, el calentamiento global, etc.

Son temas polémicos que provocan conflicto y por lo tanto son susceptibles de convertirse en una buena historia.

Pueden ser actuales o pasados, políticos, sociales, personales, morales, religiosos, éticos…

Elige uno de ellos y crea personajes que tengan puntos de vista opuestos sobre el tema. Busca después una excusa para mantener a esos personajes juntos durante el tiempo que dura tu historia y tendrás un guion.

11. Situaciones humanas conflictivas.

Problemas o situaciones que pueden sucederle a cualquiera y que tienen un conflicto en sí mismos:

Amor no correspondido, acoso laboral o escolar, embarazo adolescente, la pérdida del puesto de trabajo a los cincuenta años, una enfermedad grave del protagonista o de alguien muy cercano a él, la muerte de un hijo o un ser muy querido…

No es difícil pensar en alguien que se encuentra en una de estas situaciones e ir creando una historia a partir de ella.

12. Historia

Si te gusta la historia seguro que tienes tus épocas, sucesos o guerras favoritos:

La Revolución Rusa, la Primera Guerra Mundial, la burbuja especulativa de los tulipanes en los Países Bajos en el siglo XVII…

Lee, busca, indaga y seguro que encontrarás algún personaje histórico sobre cuya vida escribir… o puedes usar esa época o suceso que te atraen para situar en ellos a personajes de tu invención.

13. Un personaje y su opuesto.

Imagina un personaje y luego piensa en otro que sea lo más opuesto y antitético posible al primero.

Enciérralos juntos en una habitación y tira la llave a la basura. ¿Qué podría pasar?

Seguro que se te ocurrirán un montón de conflictos que pueden suceder entre ellos y ya sabes: si tienes un conflicto tienes un drama (una historia que se puede narrar mediante personajes y sus acciones).

Lo de la habitación no es literal, claro.

Se trata de que busques una excusa para obligarlos a convivir a pesar de sus diferencias incompatibles:

Pueden compartir oficina porque trabajan en la misma empresa, es posible que estén obligados a convivir por razones familiares o económicas, quizás viajaban en el mismo tren y este se ha quedado detenido en medio de una llanura nevada y aislada a causa del temporal…

14. Escritura automática.

La escritura automática es un buen recurso cuando estás bloqueado. Consiste en ponerse a escribir sin pensar, sin buscar lógica a lo que se escribe, saltando de un tema a otro si así te viene a la cabeza.

No importa si sólo se te ocurren tonterías, no te juzgues a ti mismo ni a lo que escribes. Sólo escribe, escribe y escribe sin parar durante diez o quince minutos.

Después, relee lo que has escrito y seguramente encontrarás algún personaje interesante, una escena que te gustaría desarrollar, una posible trama…

Si es tu día de suerte, puede que hayas empezado escribiendo incoherencias y hayas terminado creando un relato interesante el cual, si se le hacen las correcciones necesarias, se puede convertir en la sinopsis de tu próximo guion.


15. La pintura o la fotografía.

Supongamos que los catorce recursos anteriores no te han servido de nada y sigues bloqueado ante el folio/pantalla en blanco.

No pasa nada, todavía te queda una oportunidad de escribir algo decente hoy: relájate y dedícate a disfrutar de las artes plásticas.

Busca blogs de fotografía, webs de museos o galerías de arte y escoge una imagen que te atraiga. Obsérvala sin prisa y deja que tu imaginación se ponga en marcha:

¿Cómo crees que se sentía la persona o personas de la imagen cuando estaban siendo retratadas? ¿Cómo llegaron hasta ahí? ¿Qué clase de vida tendrían? Si fueran uno de tus personajes ¿a dónde irían después de la sesión de fotografía o pintura? ¿Con quién?

Los hermanos Coen escribieron el guion de “El hombre que nunca estuvo allí” (The man who wasn’t there) a partir de una fotografía. Se trataba de la típica foto de fin de curso de un grupo de niños en los años 50.

A los Coen les hizo gracia el corte de pelo de los chicos y empezaron a bromear sobre el peluquero que les había hecho tal faena a los críos. Bromeando, bromeando, crearon al protagonista de su guion.

Y tú ¿has utilizado alguno de estos recursos para encontrar ideas para escribir? ¿Tienes tus propios “trucos” para vencer al bloqueo?

Si tienes un guion escrito y necesita una revisión, puede que quieras un análisis de guion que te ayude a mejorarlo.

Si tienes una idea y quieres convertirla en guion con la ayuda de alguien que te dé una visión desde fuera, puedes pedir un análisis de proyecto o una asesoría personalizada.

Escribe a info@cineseriesytecnicasdeguion.com para solicitar información y tarifas.