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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Adam Michnik, Decálogo para periodistas

Adam Michnik, Decálogo para periodistas


  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas
    El Dios que a nosotros nos sacó de la casa de esclavos tiene dos nombres: Libertad y Verdad. Y a ese Dios, Libertad y Verdad, tenemos que someternos incondicionalmente. Es un Dios celoso que exige una lealtad absoluta. Si nos inclinamos ante otro Dios (el Estado, el pueblo, la familia, la seguridad pública), a costa de la libertad y de la verdad, seremos castigados.
  2. No tomarás en falso el nombre de Dios.
    Libertad y Verdad son dos palabras de gran valor y contenido sagrado y no pueden ser usadas sin prudencia y sensatez. Cuando se abusa de las palabras sagradas pierden su valor y se convierten en términos vacíos y triviales.
  3. Santifica el sábado.
    Tu trabajo es una constante carrera contra el reloj acompañada por el alboroto. Sabes que el diario tiene que estar a primera hora de la mañana en los kioskos y que antes tienes que elaborar tu artículo, información o comentario o preparar la fotografía. Todo lo haces con la falta de tiempo pisándote los talones, en medio de una gran tensión y, por consiguiente, muchas veces lo haces de manera rutinaria y mecánica. Ocurre que en más de una ocasión ese ritmo te hace preguntarte a ti mismo por el sentido de tu trabajo. Más de una vez no sabrías responder a la pregunta de por qué haces todas esas cosas. ¿Están acaso al servicio de alguna causa? ¿Forman parte de alguna concepción más amplia? ¿Realmente describes el mundo de manera honesta y, cuando opinas, eres justo? Tienes que acordarte del sábado. Es el día apropiado para la reflexión. Aprovéchalo para alargar la distancia que te separa de ti mismo y del mundo.
  4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
    Hay que respetar la herencia recibida. No trabajas en una tierra virgen ni en una tierra estéril. Antes que tú trabajaron otros y tú eres su descendiente, heredero, discípulo, continuador y también contestatario.Hay que ser crítico, pero siempre con respeto y conocimiento de las cosas. Ésa es una condición indispensable a cumplir para poder dar una reseña honesta de la historia de una nación, de una ciudad, de un círculo de personas o de una familia.
  5. Ama al prójimo como a ti mismo.
    Tienes que respetar tu propia dignidad y cultivarla. ¿Qué significa cultivar la dignidad? Pienso que significa cultivar la conciencia, plantearse uno mismo preguntas difíciles y responderlas con honestidad. Significa también ver en uno mismo a un sujeto y no un objeto; o sea, sentir responsabilidad también por el prójimo. Ese prójimo puede ser un extraño, puede pertenecer a otro clan o a otra nación, pero hay que tratarlo como a uno mismo.    Todo lo dicho significa que tienes que rechazar el nacionalismo
  6. No matarás.
    Con la palabra se puede matar. La palabra puede ser letal. La lengua es algo más que la sangre, decía Víctor Klemperer. En eso precisamente consiste el envenenado hechizo que tiene la profesión periodística. Pero también con la palabra se puede hacer el bien. Con ella se puede combatir el hechizo ejercido por el totalitarismo; se puede enseñar la tolerancia; se puede dar testimonio de la verdad y ejercer la libertad.
  7. No cometerás adulterio.
    Debes ser fiel al menos a los principios que tú mismo consideras valiosos y a la persona que consideras que tienes obligación de serlo. No prostituyas tu profesión para conseguir poder, dinero o tranquilidad. Debes ser fiel, porque esa es una condición indispensable para que puedas ser libre. Sólo la libertad te permite ser fiel.
  8. No robarás.
    Ése es un mandamiento válido para la ética de todas las profesiones. Por eso, para el periodista nada puede ser tan vergonzoso como el plagio, que no es otra cosa que el robo de algo ajeno. El plagio no es sólo un golpe asestado a otra persona. El plagio es un atentado contra el sentimiento general de justicia. El plagio equivale a la aceptación de la corrupción en la vida pública y de la deshonestidad como método. El plagio equivale a la destrucción de la ética del periodismo, porque significa que quien lo comete está dispuesto a permitir cualquier deshonestidad.Y la difamación, ¿no significa acaso el robo del buen nombre del difamado? Y la mentira, ¿no nos roba acaso la seguridad de que podemos vivir con la verdad?
  9. No darás testimonio falso contra tu prójimo.
    El testimonio falso tiene su lógica letal: arrastra el debate democrático hacia una guerra fría civil; transforma al interlocutor en adversario y a éste en un enemigo mortal. La lengua del testimonio falso trata de deshumanizar al adversario. Si eres contrario a que el aborto sea castigado por el Código Penal, te comparan con los genocidas de Auschwitz y del Gulag; si eres partidario de la separación de la Iglesia del Estado, te proclaman enemigo de Dios, del bien y de las verdades del Evangelio; si te niegas a discriminar a las personas que tienen otras biografías, dicen que traicionas al pueblo y eres un cómplice de los crímenes del totalitarismo.
  10. No codiciarás la casa de tu prójimo.
    No debes desear nada que sea de otro; tampoco el respeto que le tienen, la popularidad de que goza o la simpatía que se ha ganado. Si te gustaría tener lo que él tiene, trata de conseguirlo con tu trabajo, con tu talento, con tu valentía, pero nunca tratando de destruir al semejante. Ser ambicioso es muy positivo, porque enriquece a la persona; pero ser envidioso o codiciar los logros de otros es autodestructivo, porque genera frustraciones, conduce a las bajezas y produce mucha hiel. La envidia atonta y encanalla, destruye los sentimientos nobles, la sensibilidad.
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  11. No hagas mezclas.
    El periodismo no es política ni tampoco actividad pastoral. No es una tienda de flores y tampoco una conferencia universitaria. No es la elaboración de una guía telefónica ni tampoco un partido de fútbol. Pero ocurre que, en cierto grado, el periodismo es a la vez todas esas cosas. Cada esfera de la vida tiene sus peculiaridades, sus propias reglas de juego y sus propias normas éticas. El político no debe presentarse como si fuese un sacerdote, ni el periodista como si fuese un político.



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