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martes, 20 de enero de 2015

CONSEJOS Y REFLEXIONES LITERARIAS DE JOHN GARDNER

CONSEJOS  Y REFLEXIONES  LITERARIAS DE JOHN GARDNER
 dedicado a Luis Fernando Macías
 “Si hay algo bueno que decir, el escritor debe acordarse de decirlo. Si hay algo malo que decir, debe decirlo de manera que refleje la verdad, esto es, que si bien vemos el mal, hemos elegido seguir entre los vivos.  Estas son algunas recomendaciones:

- Aportar detalles para guiar la imaginación del lector.
- La viveza del detalle da vida a la ficción.
- Mantener siempre el interés, lo peor que le puede ocurrir a un escritor es  que la mente del lector se   distraiga.
- Ser capaz de transmitir lo que ve y siente el personaje. Tener empatía.
- Huir de los términos abstractos, hay que ser lo más concreto posible.
- Los verbos simples son más potentes.
- Evitar en lo posible la voz pasiva.
- Las frases deben  ser  claras,  hay que tener cuidado con las subordinadas.
- Poner atención al efecto poético del ritmo y la prosa.
- Evitar las largas descripciones, explicar las  situaciones a través de la acción y los diálogos.
- No explicar los sentimientos de los personajes, es el propio lector el que debe interpretarlos.
- Escribe sobre lo que te interesa y entretiene.
- Mostrar, no contar.
- Cuidar el ritmo.
- Tener un amplio vocabulario, incorporar palabras nuevas.
- Transmitir emoción sin caer en el sentimentalismo.
- No buscar la originalidad, viene dada por la personalidad del propio escritor.
- Para que una narración sea fresca no  debemos tenerlo todo previsto, el escritor conocerá el desenlace de la novela cuando lo escriba.

Otras, dispersas:
“El que va a ser buen escritor, debe tener muy en claro qué es lo que desea llegar a ser y qué ha de hacer a fin de conseguirlo”.

“La capacidad de escribir es sobre todo el producto de una buena enseñanza (conseguida por medios propios a través de lectura, observación, intuición o de la mano de un tutor), respaldada por un profundísimo (y esclavizante)amor por la escritura”.

“Hay que llegar al conocimiento profundo del método, de la esencia: Qué pretende la ficción, cómo funciona, (…) qué es realmente el arte de la ficción, (…), del dominio de la escritura”.

“No será necesario llamarle la atención sobre los efectos que un uso extrañamente irónico del tono y el estilo pueden tener sobre la propia narración”.

“Si bien nunca viene mal el talento, el verdadero novelista “de fondo” es aquel que le dedica tiempo y tiempo no sólo al acto mismo de escribir, sino también de corregir lo ya escrito y pulir los detalles hasta que la escena de la novela queda de la misma forma que se la había imaginado.”

“Lo que por lo común necesita el escritor principiante es un conjunto de reglas sobre lo que ha de hacer y lo que no ha de hacer”.

“Algunos vicios de los que adolecen incluso los escritores más famosos: el exceso de adjetivación, la repetición de algunas palabras, la excesiva complejidad en las oraciones, etc.”

"Al escritor le corresponde crear seres humanos convincentes y crear para ellos situaciones y acciones básicas, por medio de las cuales consigan conocerse y revelarse ante el lector". Para ello nada mejor que "la viveza del detalle que es como la sangre que riega la ficción y le da vida"

"Uno de los principales errores que puede cometer un escritor consiste en permitir que la mente del lector se distraiga, incluso momentáneamente, apartándose así del sueño de la ficción".

"Todas las preguntas legítimas que se planteen en la mentalidad del lector han de encontrar respuesta, por sutil que sea, dentro de la obra".

“Cualquier temor es una ilusión. Parece que hay un obstáculo pero en realidad no existe. Lo que sí existe es la oportunidad de hacer el mejor esfuerzo  y obtener los resultados”

“La buena narrativa origina en la mente del lector un sueño vívido y continuo. Es «generosa» en el sentido de que es completa y autónoma: responde, explícita o implícitamente, cualquier pregunta razonable que el lector se pueda plantear. No nos deja en el aire, a menos que la propia narración justifique su inconclusión. No hay en ella juegos absurdamente sutiles, como si su autor hubiera confundido el narrar con hacer rompecabezas. No «pone a prueba» al lector exigiéndole que posea algún tipo especial de conocimiento sin el cual los acontecimientos carecen de sentido. En resumen, busca satisfacer y agradar, pero sin rebajarse para conseguirlo. Tiene categoría intelectual y emotiva. Es elegante, y efectiva con concisión; es decir, no hay en ella más episodios, personajes, detalles físicos o recursos técnicos de los necesarios. Tiene intención, finalidad. Proporciona ese placer especial que sentimos cuando contemplamos con admiración algo bien hecho. En otras palabras, al darnos cuenta de los auténticos logros del escritor, nos sentimos bien tratados; «¡Qué fácil parece!», comentamos, conscientes de lo espléndidamente bien que ha superado las dificultades. Y por último, en toda historia estéticamente lograda tiene que intervenir, como en la vida, lo extraño, por ordinarios que sean sus ingredientes.”

“La buena novela tiene hondura intelectual y emotiva, lo cual significa que una historia cuya idea central sea estúpida, por brillantemente contada que esté, lo será igualmente.”

“El error más grave de muchas novelas  es que no empiezan por el personaje, sino por la situación. El personaje es la vida de la novela. El ambiente existe sólo para que el personaje tenga un entorno en el que moverse, algo que ayude a definirlo. El argumento existe para que el personaje pueda descubrir algo de sí mismo, y, en el proceso, revelar al lector cómo es él realmente: el argumento obliga al personaje a decidir y a actuar, lo transforma de estética construcción en ser humano vivo que toma decisiones y paga las consecuencias u obtiene recompensas.(...)En casi toda buena novela, la forma básica -casi ineludiblemente- de la trama es: un personaje central quiere algo, lo persigue a pesar de la oposición que encuentra (en la que, quizá, se incluyan sus propias dudas) y gana, pierde o se inhibe.”

“En la mejor ficción narrativa, la trama no es una sucesión de sorpresas, sino una sucesión cada vez más emocionante de descubrimientos, o de momentos de comprensión. Uno de los errores más habituales de los escritores noveles (de los que entienden que escribir novela es contar historias) es creer que la fuerza del relato radica en la información que se retiene, es decir, en que el escritor consiga tener al lector siempre en sus manos, para descargarle el golpe definitivo cuando menos se lo espera. La ficción avara es aquélla en la que el autor se niega a tratar al lector de igual a igual.”

“A mí me parecía que nada de lo escrito valía la pena. (…) Para entonces, ya había descubierto la dolorosa verdad que todo joven escritor comprometido debe afrontar: está solo”.

“Escribir con buen gusto, en el sentido más elevado del término, equivale a escribir a sabiendas de que una de cada cien personas que nos lea puede estar muriéndose, o puede estar asistiendo a la muerte de un ser querido; equivale a escribir de modo que nadie se suicide, que nadie desespere; escribir, como escribió Shakespeare, de modo que las personas entiendan, sientan simpatía, comprendan la universalidad del dolor y se vean fortalecidas, si no directamente animadas a seguir viviendo. Con esto no quiero decir, por descontado, que el escritor que no tenga una experiencia personal del dolor y del terror jamás deba escribir a la ligera, humorísticamente; tan sólo pretendo señalar que todo escritor ha de ser consciente de que puede ser leído por los desesperados, por personas que pueden dejarse inclinar hacia la vida o hacia la muerte. Tampoco pretendo indicar que los escritores deban escribir desde un punto de vista moral, como predicadores. Sobre todo, no pretendo indicar que los escritores deban mentir. Sólo pretendo recomendar que piensen, siempre, en el daño que por inadvertencia pueden causar y que también pueden evitar."

“El verdadero artista nunca se halla tan perdido en su mundo imaginario como para llegar a olvidar el mundo real, en donde los adolescentes tienen una propensión química a la angustia, las personas de treinta y tantos o cuarenta y algunos propenden al divorcio y las personas de setenta y tantos tienden a la soledad, a la pobreza, a la autocompasión y también a la ira. El verdadero artista elige no ser nunca un mal médico. Obtiene su sentido de la valía y del honor a partir de su convicción de que el arte es poderoso, incluso el arte de mala calidad».


Tomado de los libros El arte de la ficción,  y Para ser un Novelista de John Gardner, reseñados en las páginas:



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